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Discutiendo sobre el etanol: El mito de los biocombustibles

19.03.07

Edivan Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça
Alai-amlatina

Recientes estudios sobre los impactos causados por los combustibles fósiles contribuyeron a poner el tema de los biocombustibles en el orden del día. La aceleración del calentamiento global es un hecho que pone en peligro la vida del planeta. Sin embargo, hay que desmitificar la principal solución que actualmente es difundida a través de la propaganda sobre los supuestos beneficios de los biocombustibles.

En contrapunto a esta idea, la profesora Madre-Wan - Ho, de la Universidad de Hong Kong, explica que: “Los biocombustibles están siendo considerados erróneamente como ‘neutros en carbono’. Se ignoran así los costes de las emisiones de CO2 y de energía de fertilizantes y pesticidas utilizados en las cosechas”.

Un estudio del Gabinete Belga de Asuntos Científicos muestra resultados semejantes. “El biodiesel provoca más problemas de salud y ambientales porque crea una contaminación más pulverizada, libera más contaminantes que promueven la destrucción de la capa de ozono”.

La soja es presentada por el gobierno brasileño como el principal cultivo para obtener el biodiesel. “El cultivo de la soja despunta como la joya de la corona del agronegocio [WINDOWS-1252?]brasileño?, afirman investigadores de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA, en portugués).

En este contexto, el papel de Brasil sería suministrar energía barata a los países ricos, lo que representa una nueva fase de la colonización. Las actuales políticas para el sector son sustentadas en los mismos elementos que habían marcado la colonización brasileña: apropiación de territorio, de bienes naturales y de trabajo, lo que representa mayor concentración de tierra, agua, renta y poder.

Se estima que más de 90 millones de hectáreas de tierras podrían ser utilizadas para producir biocombustibles. Además, la “eficiencia” de nuestra producción se debe a la disponibilidad de mano de obra barata y hasta incluso esclava. Esas características son difundidas por órganos gubernamentales y por algunos intelectuales, que fabrican la idea de que la producción de agroenergía traería grandes beneficios.

“Nuestro país posee la mayor extensión de tierra del mundo que todavía puede ser incorporada al proceso productivo”, afirman investigadores de EMBRAPA. Ellos estiman que la producción de biomasa “podría ser el más importante componente del agronegocio brasileño”. En relación a la expansión de la producción de etanol, concluyen que hay la “posibilidad de expansión de la caña de azúcar a casi todo el territorio nacional”.

Brasil produce actualmente 17 mil millones de litros de alcohol por año. Según el - Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES, en portugués), serían necesarios más de ocho mil millones de litros solamente para atender el mercado interno. Por lo tanto, el Banco prevé que Brasil deberá expandir su producción a otros países. Con la pretensión de controlar el 50% del mercado mundial de etanol, el BNDES estima que Brasil debería llegar a producir 110 mil millones de litros por año.

“Sólo en la región del ´cerrado´, pueden estar disponibles, en los próximos años, para plantaciones de granos, más de 20 millones de hectáreas”, revela un informe de la [WINDOWS-1252?]? EMBRAPA. En el Noreste, según los investigadores, “solamente para la papaya hay un área de tres millones de hectáreas apta par el cultivo”. Ellos afirman también que “La Amazonia brasileña posee el mayor potencial para plantaciones de aceite de palma en el mundo, con un área estimada de 70 millones de hectáreas”.

Sin embargo, este producto es conocido como el “diesel de la deforestación”. La producción masiva del aceite de palma (como es conocido en otros países) ya causó la devastación de grandes extensiones de bosques en Colombia, Ecuador e Indonesia. En Malasia, el mayor productor mundial de aceite de palma, el 87% de los bosques han sido devastados.

Brasil puede también cumplir la misión de legitimar la política externa del gobierno estadounidense. En una visita a Brasil, en febrero de 2007, el subsecretario de Estado, Nicholas Burns, afirmó que “La investigación y el desarrollo de biocombustibles pueden ser el eje simbólico de una asociación nueva y más fuerte entre Brasil y Estados Unidos”. Los dos países controlan el 70% de la producción mundial de etanol. Recientemente, en respuesta al impacto de este tema en la sociedad, el gobierno Bush anunció que pretende reducir el consumo de petróleo en 20%. Según Burns, “La energía tiende a distorsionar el poder de algunos Estados que nosotros creemos tienen un peso negativo en el mundo, como Venezuela e Irán”. (Folha de S.Paulo, 7 de febrero de 2007).

La expansión de la producción de bioenergía es de gran interés para empresas de organismos genéticamente modificados, que esperan obtener una mayor aceptación del público difundiendo los productos transgénicos como fuentes de energía “limpia”.

“Todas las empresas que producen cultivos transgénicos - Syngenta, Monsanto, Dupont, Dow, Bayer, BASF - tienen inversiones en cultivos concebidos para la producción de biocombustibles, como el etanol y el biodiesel. Tienen, además, acuerdos de colaboración con transnacionales como Cargill, Archer, Daniel Midland, Bunge, que dominan el comercio mundial de [WINDOWS-1252?]cereales?, explica Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC de México.

Según Eric Holt-Gimenez, coordinador de la organización Food First, “Tres grandes empresas (ADM, Cargill y Monsanto) están forjando su imperio: ingeniería genética, procesamiento y transporte, una alianza que va a encadenar la producción y la venta de etanol. Y añade que otras empresas del agronegocio como Bunge, Sygenta, Bayer y Dupont, aliadas a la transnacionales de petróleo como Shell, TOTAL y British Petroleum, y también a las automotrices como Volkswagen, Peugeot, Citroen, Renault y SAAB, forman una sociedad inédita que espera grandes ganancias con los biocombustibles.

Experiencias de los pequeños agricultores en el Noreste dedicados a la siembr de la papaya demostraron el riesgo de dependencia hacia las grandes empresas agrícolas, que controlan los precios, el procesamiento y la distribución de la producción. Los campesinos son utilizados para legitimitar al agronegocio, a través de la distribución de certificados de “combustible social”. La expansión de la producción de biocombustibles pone en peligro la soberanía alimentaría y puede agravar profundamente el problema del hambre en el mundo. En México, por ejemplo, el aumento de las exportaciones de maíz para abastecer el mercado de etanol en Estados Unidos causó un aumento de 400% en el precio del producto, que es la principal fuente de la alimentación de la población.

Silvia Ribeiro alerta que “ahora son los automóviles, no las personas, los que demandan la producción anual de cereales. La cantidad de granos que se exige para llenar el depósito de un camión con etanol es suficiente para alimentar una persona durante un año”.

Discutir sobre las nuevas fuentes de energía debe llevar, en primer lugar, a descubrir al servicio de quien estará esta nueva matriz. La construcción de una nueva matriz energética debe tener en cuenta quien será el beneficiario y a qué propósito servirá.

La mayor responsabilidad por el calentamiento global la tienen justamente las grandes empresas que destruyen los bosques y contaminan el medioambiente, las mismas petroleras, automotrices, agrícolas, entre otras, que pretenden lucrar con la bioenergía. (Traducción ALAI)

- Edivan Pinto y Marluce Melo son miembros de la Comisión Pastoral de la Tierra Regional Nordeste de Brasil. Maria Luisa Mendonça integra la Red Social de Justicia y Derechos Humanos.


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