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Multiculturalidad e identidad: Actualidad y porvenir del discurso de José María Arguedas II

26.02.09

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El laberinto de la identidad:

Los nombres de las personas, sin duda, son parte importante de las identidades culturales y revelan procesos de los cuales sus protagonistas no siempre son conscientes. En unas ocasiones se eligen libremente, en otras son estructuralmente inducidos. El historiador Augusto Ruiz Zevallos, en un recordado artículo toca el tema de los nombres y la identidad: «Un buen amigo que es sobre todo un destacado jurista de la mal llamada generación cincuenta, defensor de los igualmente mal llamados indígenas, ha renunciado a su nombre anglosajón para encabezar sus apellidos con una W de sonoridad andina. Un destacado alumno de derecho, líder de un movimiento cultural, es más firme aun: ha cambiado su nombre (Walter) por uno quechua (Pokra). Ambos casos, lejos de ser asuntos personales, en estos tiempos en que los discursos étnicos pueden convocar la acción, forman parte de un fenómeno social.»[14] Los cambios de nombres, e inclusive los cambios de apellidos, aceptando la nulidad de herencias, en estos días, es algo común y corriente. Resulta que muchas personas reniegan de sus nombres y de sus apellidos. Sin embargo, estas actitudes irreversibles, distan bastante de conservar una identidad, un sentirse auténtico de un lugar, de conservar una cultura propia. Pero muchas veces, reiteramos, las personas se sienten bien solo cuando han dejado atrás esos nombres o apellidos que de algún modo los atrofiaba o no los dejaba en paz. Ruiz Zevallos concluye su visión así: «No es la primera vez que se concluye de esa forma. Así pensaban conocidos líderes de la izquierda tradicional, cuando se hacían llamar Pumaruna, Santos Huaira o Yawar, y muchos otros militantes quienes, pese a no usar nombres typches o aymaras, sindicaban y sindican como alienante, incluso por escrito. A las jóvenes que tiñen su cabello o a los padres que bautizaban a sus hijos como Jhonny, Paul, Edwin, Evelyn, Wilder. Otros, desde una posición un tanto conservadora calificaron de huachafa la actitud de quienes anteponen estos nombres a unos apellidos quechuas. (…) Por lo expuesto, no es bueno tildar de alienada a la joven mestiza que tiñe sus cabellos, cuida de su peso, no usa correas cuando viste jeans y exclama a la norteamericana cuando se sorprende; tampoco satirizar a quienes bautizan a sus hijos con nombres ingleses, finlandeses, griegos o latinos. Ellos también forman una etnia, la de los nuevos mestizos. Ninguna intolerancia es justificable. Y no puede merecer censura la renuncia a un nombre anglosajón .como en los amigos que mencioné al comienzo. Para adoptar un nombre quechua, sino, al contrario, merecer respeto. Porque tanto en el caso de la joven mestiza como en el de los amigos, sus decisiones son enteramente libres y comportan autenticidad, pues, como dice en sus entrevistas Pedro Almodóvar y pone en labios de La Agrado en Todo sobre mi madre: Uno es más auténtico cuando más se parece a lo que ha soñado de sí mismo…»[15] Pero la identidad no solo se centra en los nombres, es, en verdad, mucho más amplia, abarca muchas otras formas de comportamiento y deja vacíos que urgentemente deben ser tomados en cuenta.

La cuestión de la llamada identidad tiene una larga data, desde la Conquista, la Emancipación y la República. El síntoma social que podemos nombrar como crisis de identidad afecta sobre todo a las capas altas y medias del cuerpo social, se aloja donde se mantiene un desarraigo, es decir, es un síntoma localizado. En un principio, las poblaciones andinas fueron dominadas por el poder imperial español, luego por los gamonales que Arguedas menciona y que ha novelado magistralmente en Los ríos profundos, aún ahora, a la luz de la armonía desplegada en algunos espacios culturales, no puede decirse que el resultado en la subjetividad del hombre andino sea un desequilibrio de sus referentes culturales en cuanto a pérdida de identidad.

El problema que se advierte en ciertos análisis acerca de la identidad radica precisamente en que reducen cuestiones importantes a un segundo proceso; esto es, no tienen ojos más que para las identidades como intento desesperado por construir comunidades en las nuevas condiciones globalizadas, que resultan precisamente de la destrucción de los anteriores tejidos comunitarios y que terminan siendo en verdad sus sustitutos en esta etapa de la sobremodernidad o la tan famosa posmodernidad. Se ha subrayado el laborioso trabajo de trazar fronteras como formas de dar vida a las identidades. Aquí también se advierten en realidad dos tipos de procesos. Por una parte, las fronteras se trazan o refuerzan para delimitar y proteger comunidades tradicionales, progresivamente amenazadas por los efectos globalizadores. En general, este sería el caso de los pueblos indígenas y otros grupos identitarios. Por otra parte, el esfuerzo social opera hasta cierto punto en sentido contrario: aquí es la acción de trazar las fronteras lo que insufla vida y permite dar sentido a la “comunidad” misma, con lo que las comunidades aparentemente compartidas, son subproductos de un febril trazado de fronteras. No es hasta después de que los puestos fronterizos se han atrincherado cuando se tejen los mitos de su antigüedad y se tapan cuidadosamente los recientes orígenes político- culturales de la identidad con los relatos de su génesis.

El renovado afán identitario de los indígenas a últimas fechas tiene mucho que ver con el hecho de que esa crisis también los ha tocado, a veces en partes vitales. Expresión de ello son los cambios drásticos en comunidades indígenas de apreciables regiones de Puno, Arequipa, Moquegua, y lugares comunes de la sierra por ejemplo, sacudidas por la migración masiva de su población y el consecuente vaciamiento de las provincias de sus miembros productivos que, al mismo tiempo, son piezas claves para la reproducción de relaciones e instituciones medulares. Los de la sierra emigran a la costa, Lima, sobre todo, y, los de Lima, buscan otros países para cambiar su vida, especialmente EE.UU[16]. Esto obliga a mirar hacia adentro, a una constante reconstrucción de la comunidad (lo que no es, de suyo, novedoso), pero ahora a una escala, a un ritmo frenético y en condiciones tan difíciles de mantener bajo control, que colocan a los conglomerados socioculturales en una situación de especial fragilidad y riesgo de quiebre. El nuevo contexto obliga a recomponer o readecuar los pilares tradicionales de la comunidad, por ejemplo los sistemas de cargo tradicionales, al tiempo que la estructura comunitaria se apoya ahora en nuevas columnas. No se puede decir que ya no operan o imperan países colonizadores (como todavía puede advertirse en las recientes ocupaciones colonizadoras de Afganistán e Irak por parte de EE.UU.), pues resulta evidente que aún las empresas y las instituciones «globales», de esas que hablaba ya José María Arguedas en Todas las sangres, tienen que recurrir a los servicios de los Estados para realizar sus propósitos de integración al capital universalizado.

Multiculturalidad e identidad:

Según Montoya Rojas, Arguedas estaba convencido de «perfeccionar los medios, de entender este país infinito mediante el conocimiento de todo cuanto se descubre en otros mundos. No. No hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacamac y Pachacútec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso; Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren; la fiesta de Qoyllu Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a cuatro mil metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. Imitar a alguien desde aquí resulta algo escandaloso.» A estas palabras de Arguedas podemos complementar lo que señala un reportaje aparecido en el suplemento Domingo, con motivo de celebrarse un homenaje más al Perú en las recientes fiestas patrias: somos «el primer país del mundo en variedad de orquídeas: 4,000 especies. El primer país del mundo en variedad de mariposas: 3,532. El primer país del mundo en especies de peces. El primer país del mundo con más platos típicos: 419. El primer país del mundo en variedad de plantas domesticadas nativas: 460 especies. El segundo país del mundo en especies de aves. El país con mayor cantidad de especies de papa en el mundo: 3,000. El tercer país con mayores reservas mineras en el mundo. El país que tiene 84 microclimas de los 103 que tiene el mundo. El país que tiene la ciudad de barro más grande del mundo antiguo, Chan Chan: 20 mil metros cuadrados de superficie»[17] Esta enumeración de motivos patrios son las razones por las que los peruanos nos sentimos orgullosos, además de que obviamente, estas signos son la clara señal de la riqueza de nuestro suelo patrio. Pero no sólo eso, la socióloga y antropóloga Patricia Oliart, en una recopilación de conferencias publicadas en su libro Territorio, cultura e historia (2003), incluye estas líneas: «somos un país diverso y nos cuesta reconocerlo. Somos uno de los países más grandes del mundo. Ocupamos el lugar 19 en extensión entre el conjunto de de casi 200 países. Si preguntamos a jóvenes estudiantes por el lugar que ocupa el Perú por el tamaño de su territorio, pocos acertarían. No sólo por ignorancia, sino por baja autoestima, pocos creerían que estamos ubicados entre los veinte países más grandes del mundo. Dentro de este inmenso territorio, poseemos una enorme diversidad geográfica, biogenética y también cultural. Las dos primeras son ya valoradas positivamente, pero nos cuesta hacer lo mismo con nuestra variedad de razas, lenguas, religiones, costumbres, tradiciones.»[18] Considerando todas estos motivos, realmente son contados los países como el Perú que pueden exhibir, no solamente lo enumerado, sino también, el variado resultado cultural de un constante mestizaje gracias a la adaptación de numerosas razas, lenguas y culturas provenientes de las geografías más diversas de la Tierra, ya que por múltiples razones nuestro país ha recibido, durante su historia, a tres principales grupos de migrantes provenientes de África, China y Japón, que han aportado lo suyo a la peruanidad. La invasión de los españoles es otro tipo de migración. Si consideramos que la multiculturalidad tiene enemigos poderosos y mortales, esto implica que debemos tener algunas formas de contrarrestar esos debilitamientos. La diversidad radical entre las culturas peruanas, así como el número de estas culturas, es una de las mayores riquezas de los peruanos. Gran parte de estas culturas son plenamente vigentes, con capacidad creativa alta; pero también hay varias culturas peruanas que corren el peligro de extinción a muy corto plazo y ahí está la tarea de nosotros como estudiantes, como personas que piensan y que se perpetuarán con las formas de su modus vivendi.

Conclusiones:

En la actualidad, las alternativas novedosas que centren su interés en la búsqueda de la unidad de pueblos mediante un diálogo con iguales caracteres, con rasgos incluyentes, con signos de pluriculturalidad, con banderas de libertad, en contextos de respeto, en geografías de democracia y con objetivos plenos de comunión, todo ello, más que una realidad, son objetivos que se pueden lograr trabajando colectivamente, de modo que se estará desmoronando los poderes de algunos que, a fin de cuentas son los que se encargan de decidir por los demás, esta es la gran verdad, no sólo de Perú, sino de todo nuestro planeta.

Tal vez, algún día, cuando ocurra el anhelo de Arguedas, cuando todos nos reconozcamos, al fin podremos vivir de una manera que nuestra convivencia sea la madre de la solidaridad y la fraternidad, ambas como el camino que nos conduzca hacia una paz y seguridad en esta pachamama, madre nuestra, como soñó aquel niño de nombre Ernesto[19].

Es necesaria una discusión amplia sobre el tema de la multiculturalidad, una discusión que se concentre en aspectos como la realización de una concentración dentro de un rol de ejes temáticos, una revisión de los aspectos multiculturales dentro de los límites de un tiempo necesario, la creación de comisiones que laboren de manera exclusiva en este tema, pero con agendas definidas y que los integrantes de esta comisión sean personas idóneas, por ejemplo: sociólogos, antropólogos, académicos, especialistas y, especialmente representantes de etnias, líderes o autoridades que incluyan a sus comunidades, tribus, etc. Finalmente, darle al tema de la multiculturalidad una profundidad suficiente como para encontrarnos a nosotros mismos y saber que estamos ahí, aquí hoy. Todas las sangres de nuestro país deberán flamear algún día como señal de respuesta a lo que un día quiso Arguedas.

BIBLIOGRAFÍA

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ARGUEDAS, José María, Traducción y prólogo de, Dioses y hombres de Huarochirí, México, Siglo Veintiuno editores, 1966

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CORNEJO POLAR, Antonio. Los universos narrativos de José María Arguedas. Buenos Aires: Editorial Losada, 1973.

FORGUES, Roland. José María Arguedas. Del pensamiento dialéctico al pensamiento trágico. Historia de una utopía. Lima: Editorial Horizonte, 1989.

ESCAJADILLO, T., La narrativa indigenista peruana, Lima, Ed. Mantaro, 1994.

FRANCO, C., Imágenes de la sociedad peruana: la otra modernidad, Lima, CEDEP, 1991.

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PÉREZ, I., y C. GARAYAR (eds.), José María Arguedas. Vida y obra, Lima, Amaru Ed., 1991.

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ROWE, William et al. Vigencia y universalidad de José María Arguedas. Lima: Editorial Horizonte, 1984.

ZÚÑIGA, C., José María Arguedas. Un hombre de dos mundos, Quito, Ed. Abya-Yala, 1994.
REFERENCIAS: [1] El Ande es el oasis de la oralidad. Muchas historias se registraron en estas tierras, inclusive aquellas que mencionan el origen del imperio incaico. Al incluir la oralidad dentro de la literatura se deconstruye el estatuto privilegiado de esta última como coronación de un proceso civilizatorio: la cultura oral no es el tiempo precedente de la cultura escrita y la literatura, sino un lugar sobredeterminado que permite visualizar los mecanismos de poder que han constituido lo literario como una hegemonía cultural. Coexisten múltiples relaciones de fuerzas que horadan el antagonismo oralidad/escritura, más aún cuando seguimos la historia de los entrecruzamientos entre estos dos polos aparentemente estables. Escritores de la talla de Antonio Cornejo Polar (Escribir en el aire), Walter Ong (Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra), ángel Rama (La ciudad letrada), además de otros estudiosos, han revisado con profundidad la relevancia de la oralidad en la traslación a la escritura literaria o el texto escrito. [2] Versos del poema ORGULLO AYMARA, texto clásico del poemario Báquica febril, único libro publicado por Nava. [3] PERALTA MIRANDA, Alejandro: Ande [4] En el mes de noviembre de 2008, la UNMSM realizó un merecido homenaje a este poeta indio, el más importante de los poetas vivos con que cuenta la literatura de Puno. [5] Estos versos pertenecen al famoso poema EE del poemario CHOZA, Lima, 1978. [6] Fragmento del discurso de José María Arguedas al recibir, en 1968, el Premio Inca Garcilaso de la Vega. [7] El título Huasipungo se refiere a una palabra quechua que utilizan los indios para designar la parcela por cultivar que les atribuye el hacendado para su supervivencia con la obligación de una diaria prestación laboral. [8] Un tanto alejado de indigenismos peruanos como el de Albújar y Ventura Calderón, el indigenismo de Arguedas se pretendió más auténtico. Por ejemplo, cuando Arguedas, en otro texto principal, Razón de ser del indigenismo en el Perú, pasa revista a las tradiciones culturales y la confrontación entre hispanistas e indigenistas, nos lleva a una tradición ideológica que responde a la razón de ser de dos ámbitos que son irreconciliables por las realidades sociales que representan. Aunque el mismo Arguedas haya rechazado una y otra vez la etiqueta de indigenista para su literatura. [9] MONTOYA ROJAS, Rodrigo: Todas las sangres: ideal para el futuro del Perú. [10] Para el escritor Alberto Escobar, esta novela vendría a ser la más completa en pretensiones literarias que Arguedas pudo escribir. [11] MARTÍNEZ GÓMEZ, Juana: Ángeles y danzantes. Conflictos culturales en la narrativa del Perú (de José María Arguedas a Edgardo Rivera Martínez) [12] CORNEJO POLAR, Antonio: Escribir en el aire, p. 209. [13] MONTOYA, Rodrigo: Visiones del Perú en la obra de Arguedas. [14] RUIZ ZEVALLOS, Augusto: ¿Por qué Astocóndor se llama Kevin Arnold? En el suplemento Identidades Nº 5 p. 14, del diario El Peruano. [15] Ibid. [16] El escritor peruano Eduardo Gonzáles Viaña ha escrito uno de los libros más deslumbrantes mostrando la realidad de los que buscan un nuevo sueño en EE. UU. : Los sueños de América. [17] LOAYZA, Jorge: Un país a medio camino, reportaje aparecido en el suplemento Domingo del diario La República, domingo 27 de julio de 2008, p. 10. [18] DEGRÉGORI, Carlos Iván: Perú, identidad, nación y diversidad cultural conferencia aparecida en el libro de Oliart, p. 214. [19] Ernesto es el alter ego de José María Arguedas. Aparece en la mayoría de sus obras, especialmente en Los ríos profundos, como personaje protagónico que relata las vivencias del autor cuando niño en el pueblo de Viseca.


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