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Carta a las madres

18.10.09

Queridas madres:

La crisis del trabajo ha disminuido la presencia y el papel masculino como proveedor del hogar. Cada vez es más difícil encontrar trabajo y cuando aparece es temporal, precario, inestable, abusivo y sin beneficios sociales. Eso muchas veces genera una crisis existencial en el género opuesto, el macho se queda sin piso y sin encontrarle sentido a la vida, a veces se derrumba y hay que agarrarlo de los pelos para que salga a buscar el sustento, otras veces se cae al frasco y consigue apagar las preocupaciones, al mismo tiempo que aumentan las de ustedes, las madres. Otras veces es la droga y ustedes se quedan con el alma en vilo esperando la llegada del querubín que parece no madurar nunca, que se ha acostumbrado tanto a depender cuando chico de su madre que ustedes más parecen una madre también para ellos haciendo todas las labores de casa, aunque el ángel se quede en cama o viendo el fútbol en el sofá.

Tal vez la única diferencia es que él a la madre no le pega, en cambio a ustedes, se considera con el derecho de sacarles cresta y media.

El bendito ha sido corrompido por sus propios amigos cuando era adolescente, ya que todos en la esquina son gallitos y si uno aún no le ha visto el ojo a la papa es cocinado a tallas por el resto, debiendo deambular por ahí a buscar un cuerpo para salir de perdedores y así regresar ufano al grupo que le ha condicionado el comportamiento reproduciendo la cultura machista.

Ante eso a ustedes no les ha quedado más remedio que crecerse aún más y asumir otras funciones sin abandonar el lavado, planchado, limpieza, cocina, compras, papeleo, escuela de los niños, centro de salud y otras mil. En tanto él se encarga de cambiar el mundo, ir a las reuniones del partido, ir al fútbol, jugar al cacho o dominó, meterse al bar a navegar en un vaso y llegar curado como esponja. Ante las necesidades en aumento ustedes se han visto obligadas a salir también del hogar, asistir a la junta de vecinos, ir a las marchas y buscar maneras de traer algunas monedas a la casa. A veces al regresar cansadas, el jefe está ahí lleno de celos imaginando que como él corretea detrás de todo lo que se le ponga por delante, ustedes van a estar haciendo lo mismo. Y aunque así fuera estarían en su pleno derecho, ya que ley pareja no es dura, pero la realidad cruel es que han salido a sustituir o reemplazar el papel que antes se confería en exclusividad al macho, cumpliendo así doble función, una dentro del hogar y otra fuera.

Las iglesias, partidos e instituciones se mueren de susto de que ustedes abran sus alas como bellas mariposas alborozadas y salgan del encierro doméstico a llenar de ternura el mundo, y así publican en todas partes que ahora la mujer es el pilar del hogar, que no tiene nada que hacer afuera con otra gente, que sólo va a buscar el sustento y así cuidar la casa y la vida doméstica. La idea de ellos es que ustedes vuelvan a cerrar sus alitas, agachen el moño y retomen la exclusividad de ser las reinas del encierro hogareño.

Todos tratan por todos los medios de que ustedes no se vayan a independizar del señor patriarca, que sigan esperando la contribución monetaria a la casa y a los hijos, que siga dependiendo de ese dinero y aunque no le haga falta, pues tal vez tiene lo suficiente, le insisten por todos lados que le saque plata, que pague, que se haga cargo. Le repiten e insisten como canción de moda en la radio, aún sus propias amigas, que al igual que los chicos presionan a uno en la esquina, ellas le machacan a usted con que hay que castigarlo, que no se escape, que todos los hombres son iguales y así descargan en su oído sus propias limitaciones y frustraciones, no porque sean malas, sino que reproducen los valores y conductas del sistema machista patriarcal. Así, en vez de seguir la senda de libertad y expansión que estaba iniciando, regresa cabeza baja a sacarle la plata al macho, como que no hubieran otras alternativas, cosa que él aprovecha muy bien, por supuesto.

Y para que usted nunca se escape de esa dependencia, los políticos en el parlamento hacen nuevas leyes de la familia, el matrimonio, el divorcio, las pensiones y etcétera. Los gobernantes destinan millones de dólares para construir nuevos tribunales de la familia destinados a intentar que el hombre siga siendo proveedor y que la mujer siga siendo dependiente del magnífico señor. Y si el hombre “se le escapa”, lo persiguen, le mandan a la policía, lo meten preso y lo sacuden hasta que escupa la plata.

Por si fuera poco, para no dar margen de escapatoria, todos los cuarteles y recintos policiales abren una sección de la mujer, de violencia familiar, etcétera, para forzar lo que nunca antes habían necesitado hacer. Ustedes creen que es para cuidarlas de los hombres, pero el objetivo es que ustedes siga dependiendo del héroe. ¿De otro modo por qué imagina que las nuevas leyes y los tribunales ponen primero un proceso de mediación? Obviamente para intentar que la mujer no escape del dominio masculino haciendo como que tratan de que el hombre no se escabulla con la pensión.

Y para exagerar aún más, todos los municipios instalan su Corporación o departamento jurídico donde la mujer cuenta con abogados que le ayudarán a perseguir, encontrar y apretarle el cogote al macho fugado, para que pague la pensión.

La famosa pensión del macho por el hijo, que convierte el sexo, el amor y el deseo en una cuestión monetaria. Tú lo pusiste ahí, paga entonces. La mujer jamás comparte su cuerpo con un macho porque le va a pagar pensión por el fruto del amor o el deseo, por más que lo pongan en todas las leyes para que lo creamos, sino porque su propio cuerpo y sentimiento quiso compartir la vida, la ternura o el instante de forma libre. El macho todavía cree que “conquista” a la mujer, sin embargo la única “conquistada” es la que se deja porque quiere, tiene la suficiente libertad personal y reconocimiento de la sensibilidad de su cuerpo como para ir a los brazos de él cuando le da la gana y no sólo porque al bendito se le antoja, está caliente y hay que satisfacerle el deseo. Los machos piensan que porque se casaron ya pueden usar y abusar del cuerpo de ella como les entre en gana.

En el fondo, el hijo o hija es fruto de la madre, pues podría haber sido este macho o el otro. Muchos hombres no tienen la menor idea de lo que significa estar embarazada nueve meses y parir entre medio de los más fuertes dolores. El hombre pone el semen en medio de su placer egoísta muchas veces y es ella la que va a cuidar el capullo en su vientre, lo va a sentir como se mueve, ella siente como da vida, ella y su entorno inmediato van a construir la base de la sicología del fruto dentro de la propia barriga, ya que cada tensión o alegría de la embarazada va a influir directamente en el cuerpo y el sistema nervioso del feto y del niño o niña aún rodeado del líquido amniótico.

Así, cuando sale a luz, nunca se desprende de la vida y del sentimiento de la madre, que le acompaña cuando sale a la calle, camina con él o con ella aún cuando no lo haga realmente, siente cada cosa que le sucede y se angustia si sabe que le va a pasar alguna cosa.

Así la función de mujer que va abriendo sus alas para dejar atrás la prisión machista del hogar tradicional se suma a la de madre que no corta lazos con los hijos, quienes no entienden eso y tal vez nunca lo hagan muchos de ellos, atrapados por la cultura individualista de vivir unos seres humanos separados de los otros.

Para la mujer-madre sería maravilloso que el barrio fuese como una gran familia. Dejaría de vivir preocupada de qué le va a suceder al niño o al joven o a la niña, pues ella misma andaría también por las actividades barriales con otras madres y otros hijos rompiendo el encierro personalista y aprendiendo a comprender que entre varias madres apoyándose mutuamente cambian el mundo inmediato del barrio y crean un espacio donde los hijos pueden crecer mejor, compartiendo y aprendiendo a respetarse unos a los otros.

Como no les gustaría a las mamás que sus hijos estuvieran cerca por ejemplo cuidando una huerta comunitaria donde ellas mismas pueden ir también a compartir y sembrar semillas en la tierra codo a codo con la carne de su carne y sangre de su sangre. Así entre varias madres no necesitan entregar la basura al municipio, sino que puede hacerse compostaje para enriquecer la huerta o utilizar la basura reciclable para artesanías o muchas otras cosas. Habría una reorientación de muchos aspectos de la cotidianeidad que se volcarían desde la soledad al compartir, al estar juntos desarrollando el gusto y la alegría de expandir el instinto de lo común. Tal vez las madres puedan comprar juntas algunos productos necesarios abaratando costos por hacerlo al por mayor o directamente al productor. La huerta no sólo ayudaría a estar juntos y en contacto con la naturaleza, sino también daría alimento sano.

Ya los chicos no necesitan pararse en las esquinas a ofender a cada chica que pasa, sino que pueden hacer cosas juntos en la huerta o una actividad artística el fin de semana al lado de ella y hacer el amor cuando lo quieran. Tal vez la chica embarazada se sentirá más protegida y cuidada por muchos vecinos y amigos y las madres podrán comparar con su época cuando les tocó prácticamente solitas atender al bebé. Cambiar el mundo es cambiar el barrio, sustituyendo las distancias y separaciones por el acercamiento y despliegue del afecto compartido, como una madre, como una gran familia.

Una vez nos juntamos varias mamás y papás a conversar con jóvenes de un barrio, entre los cuales algunos hijos e hijas de los adultos presentes, les dijimos que hay diferencias y problemas en cada casa, que eso era notorio, que la comunicación e intercambio era muy raro, que los adultos son autoritarios y distantes, que los jóvenes escapan para nadar en el infinito mar de la vida, que haciéndolo dejan de escuchar y dialogar con los mayores, y así, que es un círculo vicioso. Les propusimos juntarse los jóvenes entre ellos a un lado y los adultos en otro, para que sacaran el tema de la exclusividad de cada uno y lo compartieran con sus similares para encontrar los puntos o ángulos que pudiesen ser comunes en el caso de los jóvenes y que pudieran llegar tal vez al conjunto de los padres y madres presentes, y viceversa. Unos de nosotros acompañamos a los adultos para apreciar como iba saliendo el asunto, sin meter la cuchara como el político tradicional, que siempre tiene que vender la pomada como pastor evangélico o testigo de Jehová, mormón, católico, etc, etc, etc, etc, que para eso está lleno de iglesias que compiten unas con las otras para reclutar prosélitos y ovejas para su rebaño, veíamos como algunos estaban totalmente cohibidos, que era más fácil decirle cualquier cosa a un cura sustrayendo la sensibilidad al acto de compartir y metiéndolo en el tubo-corral del confesionario, que abrir el corazón y donarlo al encuentro. La confesión, penitencia y todas esas boberías, son las que ayudan a mantener la “propiedad privada” del corazón, del sufrimiento y del dolor, ya que lo comparten sólo con un señor invisible sentado en un trono, que además es un macho patriarca y señorial todo bondadoso como viejo pascuero. Esta conversación abierta fue como una novedad y salieron cosas de a poco, pues no hay costumbre de exponer la “privacidad” de los hijos a los ojos y oidos de los demás. Sin darnos cuenta en cada familia y en cada casa somos reproductores de una cultura del encierro. Sin quererlo nosotros mismos hacemos de nuestro hijo o hija un nuevo discípulo del indivualismo y del egoismo, por más que le digamos que se aprenda la biblia o el manifiesto de memoria como en la Unión Soviética, donde todos se sabían el esquema de los valores socialistas al dedillo, de pe a pa, de arriba abajo y de adentro hacia afuera, en las escuelas los profesores cumplían su deber cívico enseñando esos valores y cumplían con la meta prevista por papá estado, ese mismo que Ramiro Valdés en Cuba ha llamado a la población a no ser tan dependientes, a dejar de ser flojos e indiferentes, a desplegar iniciativas (vean la sección Cuba de la página web Rebelión de ayer martes 29 de septiembre). En la fábrica se cumplían las metas de producción, en fin todo caminaba a la perfección, sin embargo eso se cayó y no quedó nada, absolutamente nada. Algunos creen que hubiera sido mejor otro gobernante, o sea, la misma canción de hoy, que si cambia el gobierno podremos llevar al estado hacia donde queramos, sin percatarnos que el estado es como un tren que camina sobre rieles, que podemos cambiar el maquinista, pero éste no puede cambiar el rumbo.

Pero cómo?
El Profesor J me arrebata mi única esperanza!
Quiere qua ya no crea en dios ni en el socialismo ….!
Quiere que deje de creer en promesas de futuro … !
Quiere que saque a mis hijos de la privacidad y los exponga al mundo, que la gente vea que mal los he criado.

No, querida amiga, madre, vecina, simplemente quiero que saques el retrato del Che Guevara de la sala y que retires el crufifijo del cuarto. Basta de símbolos e imágenes, pues es lo mismo que poner una foto de una coca cola, en especial si vomitamos diariamente en lo que hizo y dijo el Che, que percibió hacia donde iba la Unión Soviética y levantó contra el socialismo burocrático la idea del socialismo cotidiano. ¿Qué puede ser eso? Pregúntense por qué las cientos de editoras progresistas que emiten manual tras manual, no dicen nada sobre el socialismo cotidiano. Es como fácil ver un estado piramidal, la gente abajo y la burocracia arriba, pero “cotidiano”? Eso quiere decir del día a día. Piense si eso no podría ser parecido a una forma de vivir más en común en el barrio. La dejo con la reflexión. Si quiere podemos escribirnos y hablar del asunto.

Esperamos que esta carta circule y circule hasta llegar a sus manos. Las conclusiones de la conversación entre hijos y adultos las veremos en la Carta a los hijos.

Para ustedes, madres, en su día, que es todos los días.
Gracias .

Abrazos
Profesor J
profesor_j@yahoo.com
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