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Venezuela: Viaje al corazón del populismo

11.05.10

El escrito que sigue no pretende ser exhaustivo. Es apenas el resultado de un viaje por Venezuela durante el verano. Para cualquier persona medianamente interesada en el cambio social este no es un país que pueda resultar indiferente. Sin embargo, la versión de lo que allí sucede suele estar extremadamente simplificada. Las líneas que siguen pretenden ser un aporte para poder pensar un proceso que dista de haberse cerrado.

Border

Santa Helena del Uairén. Frontera de Venezuela con Brasil. Muy cerca la Guyana inglesa. Los trámites bolivarianos para ingresar son laxos. En la radio suena la voz de Chávez y el ambiente es despreocupado entre los hombres de verde de la aduana. Luego de intensos regateos con los taxistas llegamos al pueblo. Hace 4 días que viajamos y olvidamos que es Domingo. No hay gente en la calle, no hay negocios abiertos y mucho menos posibilidad de cambiar reales por bolívares. Pero alguien asoma por una puerta y nos indica que para cambiar conviene hablar con El Morocho. Mientras cambio me explica que el dólar cotiza 2 bolívares en el mercado oficial pero el los paga 3,8. Cierro el trato y me dirijo al hotel.

Los pueblos de frontera suelen vivir de las diferencias con sus vecinos. El combustible venezolano vale 12 veces menos que el de Brasil. Esta diferencia favorece un contrabando que también alimenta las finanzas en la frontera con Colombia. Los brasileros no pueden cargar de este lado más que una pequeña cantidad de gasolina pero los que si cargan toda la que consiguen son los venezolanos que, a su vez, la revenden. Esto configura un panorama de colas perpetuas frente a las gasolineras de Santa Helena. Custodian y piden documentos los militares bolivarianos, boina roja con la inscripción “Socialismo o Muerte”.

Viaje al corazón del populismo

Las noticias que llegan de Venezuela suelen reunirse en torno al significante Chávez, Lo que bajo esta palabra está reunido es muy variado pero siempre de algún modo refiere a un estado de agitación popular. Chávez-pueblo-poder popular parecen ser las palabras claves de lo que se cuenta. Y, en gran medida, dependiendo de cómo estas palabras se conjuguen va a resultar el relato que de la situación venezolana se pueda hacer.

La leyenda “Con Chávez manda el pueblo” aparece en cualquier pared y es la idea fuerza en torno a la cual se articulan los discursos. No es extraño que al profundizar en una discusión con un transeúnte éste termine afirmando que antes de Chávez no se sabía que se podía tener derechos. Además, la presencia del estado y las discusiones en torno a éste son moneda corriente, en la prensa, en la televisión y en la calle. Se podría decir que el rol del estado, el poder popular y la mediación con el liderazgo son algunos de los ejes que estructuran buena parte de la discusión política venezolana y serán, a su vez, objeto de reflexión en las páginas que siguen.

La Casa azul

Me subo a un bus rojo-rojito. El boleto que tengo en la mano dice Ministerio del Poder Popular para el Transporte, el logo es una ruta roja que se dirige al infinito. En el camino a Caracas bajamos a evacuar y la gente de los ómnibus se distribuye en torno de 2 televisores. En uno se ve Globovisión un canal de la oposición, en el otro Telesur. Los mozos van de un lado a otro y mis compañeros de viaje siguen con atención la reunión de Uribe con Bush que transmite Telesur.

Al día siguiente estoy en Caracas buscando alojamiento y compruebo que todo es muy caro para los cánones argentinos. Telefoneo desde la calle a una compañera del Frente Campesino Ezequiel Zamora y quedamos en encontrarnos. Me cuenta de la casa azul. En ocasión del Foro social del 2006 llegaron a Caracas una buena cantidad de activistas de distintos países, entre ellos unos europeos que tomaron en alquiler una casa con muchas habitaciones en un barrio cerca del metro. Una vez finalizado el evento la casa permaneció como un lugar de encuentro de militantes. Y no son pocos quienes se quedan dado que el chavismo ofrecía (y ofrece) empleo a quienes colaborasen en algún emprendimiento social de esos que florecen en distintos rincones del país. La casa azul es entonces un lugar privilegiado para empaparse de la situación política.

Venezuela, me cuentan los de allí, representa una trayectoria atípica en Latinoamérica. Comentan que cuando buena parte de la izquierda se volcaba a la lucha armada, los militantes de este país la dejaban para redescubrir el trabajo de base en los barrios. Basta recordar que cuando en Argentina empezaba a forjarse la llamada “estabilidad”, en Venezuela se producía una rebelión de enormes proporciones que se conoció como el Caraçazo. A su vez, el carácter marginal de su movimiento social en relación a los otros países de la región le permitió evadir la mirada vigilante de los partidos comunistas en los setentas y desarrollar una trayectoria singular a contra mano muchas veces de las corrientes hegemónicas. Con estos ingredientes se cocinó la actual situación que coloca a Venezuela en el centro de los debates latinoamericanos.

Líder de Estado

El descubrimiento del petróleo en los años 50 va a cambiar sustancialmente el mapa socioeconómico de Venezuela. Hay que hacerse la idea de un país cuya actividad casi excluyente esta concentrada en un solo negocio y este negocio se halla bajo control del estado.

En el nivel económico, Venezuela aparece como una suerte de Arabia Saudita que importa una parte significativa de sus alimentos pero con el agravante de que, a diferencia del país árabe, cuenta con tierras pasibles de ser cultivadas. En el nivel político toda actividad esta orientada al estado. Digamos que quien controla Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA) maneja buena parte de los recursos económicos. Gobernar Venezuela es en buena medida distribuir la renta petrolera.

Es usual distinguir entre tres niveles de administración de la vida venezolana. En primer lugar, un poder central presidencializado que maneja el presupuesto nacional, PDVSA y las reservas internacionales. Luego, un sector mas liberal constituido por los poderes municipales, el judicial y el legislativo y que esta articulado en torno a la actividad de los partidos políticos. Por último, un sector de poder comunal que incluye algunas empresas recuperadas, los consejos populares o las iniciativas autónomas.

Si bien el populismo se dice de muchas maneras, es indudable que, uno de los rasgos en el que todas sus caracterizaciones coincidirían es en el de subrayar el rol de líder. El pueblo amplia su ciudadanía a través de su mediación y cada reivindicación que obtiene a su vez valida este modo de asignación de los recursos. En tierras bolivarianas esto aparece sintetizado en la fórmula: “Chávez es el pueblo. Con Chávez manda el pueblo” El populismo es un juego que no es en absoluto desconocido para los argentinos por lo que reconoceremos fácilmente algunos de sus recursos aunque no estén en formato peronista. Por ejemplo, cada vez que Chávez se “equivoca” alguien va a explicar que el problema es su entorno, se da por sentado que es un revolucionario atrapado entre burócratas. Muy similar esto a aquel cerco que la izquierda peronista imaginaba se había tendido en torno a su líder.

Cada iniciativa popular es recuperada por el gobierno que la formatea institucionalmente limando su antagonismo. Este juego de “dame el poder que te doy poder” va a acompañado de un lenguaje que nombra el socialismo y se envuelve en banderas rojas. El poder aparece en el centro de los desvelos chavistas porque este aparece repartido de una manera que no siempre le es favorable. Contrariamente a lo que se supone el chavismo no controla completamente PDVSA o incluso la frontera con Colombia…

Vecinos invasores

Suena el teléfono en la Casa azul. Uno de los colombianos allí alojados nos cuenta que un amigo suyo esta en problemas y se retira abruptamente de la mesa. Nuestro desayuno altamente politizado prosigue hasta que el de Colombia vuelve y nos da parte de las novedades. El amigo que llama integra un grupo de estudio en una universidad bogotana y por este motivo hace escasas 24 horas fueron amenazados por un grupo paramilitar. El mensaje es claro y el exilio aparece como la opción obligada. En pocas horas recoge sus cosas y parte. Llega a la frontera colombiana y pasa sin mayores problemas al lado venezolano donde espera la posibilidad de asilarse. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. Es Domingo y la oficina del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados políticos) está cerrada. El amigo llama para saber que hacer. La respuesta es nerviosa y contundente. Esa provincia venezolana es gobernada por la oposición, los paramilitares colombianos controlan las calles y lo primero que harán es recorrer hoteles buscando a gente como él. Que salga del hotel, que se esconda hasta el lunes y trate de llegar a ACNUR como pueda es la recomendación unánime de los locales.

El desayuno no se interrumpe pero una pregunta se me hace inevitable. ¿Cuánto controla el gobierno bolivariano sus fronteras? Alguien afirma, con un café en la mano, que hace rato que la guerra civil colombiana derramó hacia Venezuela. De las tres provincias fronterizas con Colombia, dos son controladas por la oposición quien tiene negocios evidentes con los carteles colombianos. Estos empezaron por comprar con narcodólares una cadena de farmacias y algunos shoppings y se fueron instalando de a poco. Atrás de ellos llegaron los paramilitares ofreciendo sus servicios de protección a los ganaderos que intentaban protegerse de las guerrillas colombianas que hacen retaguardia en Venezuela. Con el tiempo algunas de las peores costumbres de los vecinos “paracos” comenzaron a extenderse. Alguien me muestra un volante de la zona firmado por las “paramilitares” Águilas Negras que anuncia un operativo de limpieza social desde las 19hs. La traducción concreta del operativo es un escuadrón de la muerte que asesina a los “desechables” sociales que son tanto los chicos de la calle como los activistas bolivarianos.

Poder popular

Pero hasta ahora solo pusimos el acento en lo que cualquier lector atento de diarios puede conocer. Efectivamente el liderazgo chavista se asienta en un estado de ebullición popular que no se apaga desde hace una década. De lo que no se habla demasiado es del desarrollo de iniciativas autónomas que son previas a la emergencia del chavismo.

Durante los años 60 las formaciones guerrilleras venezolanas ya llevaban un desarrollo de muchos años y eran el modo de resistencia mas utilizado en Venezuela . En respuesta a estas iniciativas, EEUU a través de distintas organizaciones va a facilitar dinero para fomentar el cooperativismo. Se intentaba en el mediano plazo orientar la movilización en un sentido institucional y pacífico. A raíz de esto es que en diversas partes de Venezuela existen cooperativas que llevan 4 décadas entre ellas la Central Cooperativa del Estado Lara (CECOSEZOLA ) de la cual nos vamos a ocupar en lo que sigue.

Originalmente impulsada por sacerdotes en 1965, esta cooperativa va a pegar un giro en sus concepciones a mediados de los años setenta. Dos son las características de este cambio que nos interesa destacar. La primera es el cuestionamiento del cooperativismo como simple cuestión económica al servicio de sus afiliados y la segunda es el intento de acortar la distancia entre medios y fines que en sus propias palabras es el planteo de que “en el trabajo cooperativo podíamos ir construyendo en pequeño la sociedad que queremos”

Hoy esta Central de Cooperativas que involucra a 300 productores y 50 unidades de distribución es la mayor distribuidora minorista de verduras del país. Aunque circunscripta a una sola provincia en sus ferias se abastecen 40 mil familias y da empleo a alrededor de mil personas. A los fines de este trabajo lo que vamos a considerar son algunos de los principios bajo los cuales se hizo posible este fenómeno.

En el cuadernillo “Buscando una convivencia armónica” señalan que no es posible construir una organización sin poner en cuestión las creencias que organizan la cultura dominante. Vamos a seleccionar algunas de esas creencias que nos parece importante examinar críticamente para entender las dificultades que afronta la emergencia de iniciativas autónomas.

Algunas de las creencias reseñadas en este cuadernillo son:
“# Los seres humanos somos individualistas por naturaleza.
#Sin jerarquía no puede haber organización, el resultado sería caótico.
#Para lograr cualquier meta es necesaria la presencia de un líder.
#Compartir responsabilidades implica diluirlas y por lo tanto es un mecanismo destinado al fracaso.
#Confiar es de pendejos.” Y agregan mas adelante: “Estas creencias se van internalizando profundamente, manifestándose como parte esencial de nuestro ser y no como lo que son: una lección bien aprendida a partir del proceso de socialización. Llegamos a convertirlas en verdades incuestionables”

Ponemos la atención en estas conclusiones porque ciertamente estas “verdades incuestionables” son organizadores fuertes de la cultura política dominante en todas partes pero especialmente en Venezuela. Indudablemente en una sociedad fuertemente individualista una de las maneras de unir los átomos sociales serán las jerarquías y la mediación de los liderazgos. De esta situación se deriva que actitudes como las de confiar y compartir responsabilidades sean escasas. Sin embargo sólo a partir de estas actitudes es posible la autovaloración de las propias fuerzas que es la condición sinequanon de la autonomía.

Válvulas de escape

En la Casa azul me comentan que hay en las afueras de la ciudad una fábrica de válvulas que fue recuperada por los trabajadores. Hacia allí me dirijo con una recomendación que me permite empaparme de un aspecto de los menos publicitados de la experiencia venezolana. Invocando el nombre de uno de los azules me encuentro con uno de los integrantes del Consejo Obrero. Me sorprende mencionado las fábricas recuperadas de Argentina donde hizo un curso. Cuenta que aquí es diferente que fueron probando distintas formas de organización y que abandonaron definitivamente la forma cooperativa. Inicialmente se organizaron así, luego pasaron a la manera asamblearia y últimamente previa lectura de Panekoek funcionan al estilo de un Consejo obrero.

Cuando funcionaron en forma asamblearia perdieron eficacia en la resolución de los problemas, los temas a tratar eran infinitos y no había demasiada experiencia en el debate colectivo. Últimamente trabajan en comisiones y estas elevan mandato al Consejo de trabajadores. Votaron que la propiedad sea del estado y que este les pague el salario que ellos fijan en asamblea. La jornada de trabajo es de 7 horas pero 2 de estas corresponden a la Misión Robinson que permite a los trabajadores completar los estudios secundarios.

“El principal problema lo tenemos con PDVSA” me cuentan sentados en la antigua sala de directivos de la empresa. Ante mi sorpresa me dicen que originalmente les compraban toda la producción pero que ahora depende del directivo que los atienda. Algunos comparten el valor de la autogestión pero otros deciden abaratar costos importando de Estados Unidos.

Empresas de Producción Social

Una segunda oleada de cooperativismo va a ser fomentada a partir del 2001 por el chavismo. Se busca en esta ocasión crear un sector de economía social. Para esto se alentó la inscripción de cooperativas a través de créditos otorgados en condiciones favorables por Bancos del Estado. Lo cual provocó un boom del cooperativismo con la aparición de 70 mil cooperativas, sin embargo, no todas fueron buenas noticias. Un sector importante de las cooperativas eran fachadas que encubrían situaciones de flexibilización laboral y pérdida de derechos laborales.

El gobierno toma nota de la situación y hacia el 2005 produce un giro en la orientación de la economía social con la creación de las Empresas de Producción Social (EPS). Las EPS intentan ser “una nueva forma de empresa, que inicialmente debía ser el fundamento de la transición hacia un modelo socialista de producción. (…)Las EPS tienen que valorar más el beneficio social que el beneficio privado y, orientar su producción hacia las necesidades sociales en vez de guiarlas a lógicas de comercialización y de acumulación capitalista.”
En los hechos este tipo de empresas deben tener una organización democrática del trabajo y parte de lo que ganan (15%) debe ser reinvertido en la comunidad.

El intento de reconvertir un sector de la economía es resultado de la última crisis que dejó un tendal de fábricas quebradas y abandonadas por la patronal. Es entonces que el gobierno promueve que alrededor de 1000 empresas de esta naturaleza pasen a manos del estado e invita a los trabajadores a ocuparlas. “Sin embargo fueron tomadas sólo una pequeña parte de las empresas y el número total de empresas tomadas, expropiadas y adquiridas por el Estado se quedó por debajo de las 800 anunciadas. Esto indica una cierta contradicción entre la demanda correcta de darle prioridad a procesos desde abajo y, el nivel existente de organización e iniciativa de los trabajadores. Evidentemente, ni los trabajadores tienen la fuerza, el nivel de organización y de conciencia para hacer las tomas; ni las instituciones estatales tenían suficiente compromiso para promover y apoyar las medidas anunciadas.”

Efectivamente hoy alrededor de 40 empresas están administradas por los trabajadores y constituyen junto a los Consejos comunales en los barrios una expresión del poder popular. Por ejemplo, el Consejo de los trabajadores de la fábrica de válvulas antes mencionada destina una parte de los recursos obtenidos al Consejo comunal y allí participan en calidad de trabajadores junto a los vecinos discutiendo donde invertir ese dinero.

Los problemas que afrontan las empresas recuperadas son similares a los del panorama argentino con la diferencia que cuentan con la anuencia estatal. En las experiencias mas avanzadas todos los trabajadores ganan igual, los cargos son rotativos para atenuar la división intelectual-manual y los delegados al Consejo son revocables. Sin embargo, esto se da en una escala reducida y las empresas claves permanecen en manos de la burocracia. El caso emblemático es PDVSA donde los trabajadores pidieron la cogestión pero esta les fue negada con el argumento de que era una empresa estratégica. Esto estaría confirmando que lo que no es estratégico para el gobierno es la cogestión obrera.

Incluso hubo empresas clave donde se intentó la cogestión como es el caso de Alcasa en el estado Bolívar y el fracaso provino del desinterés de los trabajadores. Allí se designó a un Director con el expreso mandato de democratizar la dirección de la producción, se montó un centro de formación política y se proclamó el objetivo explícito de que la empresa no fuera del estado ni de los trabajadores sino del pueblo. Hubo una fuerte promoción de la participación de los trabajadores quienes eligieron representantes. Sin embargo, en estas primeras elecciones los trabajadores eligieron para las secciones de producción representantes de la izquierda sindical y para los departamentos administrativos a los viejos burócratas sindicales. Estos a cambio de cometer actos de corrupción les anotan a los trabajadores horas extras que nunca trabajaron. El proceso muy estimulado desde la Dirección culminó ni bien el Director renunció a su cargo. Es interesante pensar este caso porque pone de relieve la imposibilidad de desarrollar procesos por arriba cuando no hay un correlato por abajo. La operación chavista de estatalizar las demandas funciona cuando puede trabajar con tendencias existentes a la autoorganización, en este sentido, su suerte va a ser despareja de acuerdo al sector con el que trabaje. La tendencia a organizarse en los barrios es precedente al chavismo y fue rápidamente incorporada al andamiaje constitucional, en cambio, el territorio fabril no contaba con tradiciones similares y los intentos de estimular el control de los trabajadores tuvo escasos resultados.

Socialismo del siglo XXI

En los frentes de los hospitales, en las boinas de los militares y en cientos de paredes aparece la referencia al Socialismo. Todo esto, sin embargo, contrasta con una vida cotidiana donde predomina una cultura fuertemente individualista orientada al consumo. En las charlas venezolanas conviven ambas tendencias en una peculiar combinación. Desde que llegué hago la misma pregunta a todos los que se me cruzan. ¿Qué es para UD. el socialismo?

Las respuestas son vagas pero al menos coinciden en mencionar dos palabras: igualdad y derechos. Y mucho de esto se percibe en los barrios que son sede de las distintas campañas de alfabetización, de salud o de lo que se pueda imaginar. En Venezuela las llamadas Misiones buscan cumplir aquella máxima que afirma que donde hay una necesidad hay un derecho. Mucha gente está movilizada en torno de estas y abarcan una gran cantidad de emprendimientos. Desde la Misión “Sonrisas” que involucra el cuidado odontológico hasta la Misión “Vuelvan Caras” que se encarga de la formación laboral.

“Desde que está Chávez, somos mas iguales” me dice la señora que vende las arepas en la terminal de ómnibus. No es quizás lo que se entiende por Socialismo en otras latitudes, de hecho, no se percibe ningún cuestionamiento a la propiedad privada. Pero lo que es indudable es que en una sociedad violentamente desigual la emergencia de este discurso abre una fisura en un orden que hasta hace una década parecía del orden de lo natural. Una conciencia que no estaba presente en Brasil y comprobaré mas adelante, en mi retorno en bondi hacia Argentina, que tampoco lo esta en Colombia o Perú.

Problemas de la autonomía: Lefort en Venezuela

Decíamos al inicio que el rol del estado, el poder popular y el liderazgo eran las palabras clave para entender la singular situación venezolana. Ahora también podemos decir que la forma en que se conjugan estas palabras es coincidente con una de las formas de decir el populismo en Venezuela. En los fundamentos de esta configuración política suelen encontrarse luchas populares que amplían la ciudadanía a través de la mediación de un líder. El supuesto de este tipo de acción política es la neutralidad de un estado que va a obrar de una manera o de otra de acuerdo a quien lo conduzca. Todos estos elementos están presentes en Venezuela con el agravante de que la principal actividad económica esta en la órbita estatal.

A simple vista, este juego político es estable, sin embargo, esta estabilidad se asienta sobre una variable impredecible. Nos referimos a que hay un proceso de creciente toma de conciencia acerca de los propios derechos por parte de los trabajadores. El liderazgo de Chávez busca traducir estas demandas en formas aceptables para el gobierno de una economía capitalista. Se formatean estas demandas a través de la promoción de reformas constitucionales y continuas campañas electorales. En un sentido, se traduce en democracia representativa la tendencia a la democracia directa. En muchos aspectos, Chávez es el dique que contiene un estallido social que ya no tendría las características desorganizadas del Caracazo que fue el punto de partida de esta historia.

En esta situación, de alguna manera, aparecen trastocadas las causas y los efectos. En general, desde la militancia mas activa hasta la opinión de la calle dan por hecho que Chávez es la causa de un proceso político que ha vuelto a poner a Venezuela en el mapa de América. Nuestra propuesta consiste en pensar al revés esta situación: Chávez es el resultado de las limitaciones de un masivo movimiento hacia la igualdad y la autonomía. Este movimiento, como decíamos, se verifica en la creciente conciencia de los derechos que lo recorre. No son posibles las cooperativas, las televisiones comunitarias , las misiones o los gobiernos comunales sin esta conciencia.

No es menor y sobre todo no es nuevo el tema de los derechos. Es conocida la crítica que Marx realiza a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en su libro La cuestión judía. Allí Marx focaliza su atención en la letra “y” que separa al Hombre del Ciudadano en la Declaración. Y es sabido que esta separación entre hombre y ciudadano le permite una crítica potente del capitalismo naciente. El hombre está sometido en el infierno de la economía real y aparece como libre en el cielo abstracto de la política formal. Los derechos que se enuncian en la Declaración son burlados sistemáticamente por la burguesía que encubre con ellos su dominio. En síntesis, los derechos están en el papel pero no se cumplen.

Sin embargo, no es tan conocida la crítica de Claude Lefort a estas posiciones de Marx. Lefort , en su libro La Invención Democrática acuerda en las críticas marxianas pero entiende que estas son puramente ideológicas y que dejan escapar la dimensión simbólica de los derechos. Mas atento a lo que los derechos encubren no percibió lo que la instauración de los derechos posibilita. En su crítica, Lefort advierte que la conciencia de los derechos es irreductible a cualquier objetivación jurídica. La continua reformulación de las leyes en Venezuela puede ser comprendida si consideramos esto. Todo el tiempo aparecen nuevas exigencias colectivas y se postulan nuevos derechos y ese movimiento es más subversivo del orden vigente que su coagulación en tal o cual ley. Si sólo estamos atentos a tal o cual realización concreta, ya sea cooperativa, fábrica recuperada o consejo comunal perderemos de vista el momento instituyente en beneficio de lo instituido.

El proceso político abierto en Venezuela hace una década sigue incuestionablemente vigente y sus posibilidades no están agotadas. El estado opera como un sistema de prohibiciones que limitan la posibilidad de los posibles . Y la apuesta, una vez más, es la de ensanchar lo posible. Para ello hay reservas disponibles en el propio movimiento y hay que contar con las propias posibilidades que aparezcan en el despliegue del proceso político.

Recapitulando. Lo que impide la clausura del proceso político venezolano es la creciente conciencia de los derechos que se extiende entre los trabajadores, sin embargo, advertimos que el reconocimiento de sus propias fuerzas no lo hacen sin antes pasar por la mediación del estado. En este juego se fortalece el liderazgo de Chávez que conserva estos derechos pero lima sus posibilidades de antagonismo con el sistema.

Es nuevamente en “La Cuestión Judía” donde encontraremos algunas claves para pensar esta situación dado que allí no sólo se reflexiona en torno a los derechos sino también a las relaciones que se establecen entre los ciudadanos y el estado. Si antes habíamos visto como Lefort destacaba que la crítica marxiana de los derechos era puramente ideológica y dejaba escapar la dimensión simbólica ahora conviene decir que en ese mismo libro, Marx hace advertencias en torno al vínculo con el estado. Recordemos que en ese texto el blanco de sus críticas es la religión, en ella sucede que todos los hombres se reconocen como iguales en la medida en que son hijos de Dios. Algo similar ocurrirá en la Modernidad donde los seres humanos se reconocen como libres e iguales a través de la intermediación del Estado. El fetiche religioso será reemplazado por el estatal en los albores del capitalismo, advierte Marx. El fetiche estatal deviene un obstáculo a la construcción de la autonomía en todas partes pero hoy se puede advertir que lo es especialmente en América Latina.

Que el proceso venezolano siga abierto depende fundamentalmente de los trabajadores dado que son ellos mismos quienes se autolimitan a la hora de expandir sus derechos deteniendo el proceso autónomo a las puertas del estado. Una vez más es Lefort quien nos da algunas pistas de lo que puede suceder si un proceso de toma de conciencia como el que ha despertado en Venezuela se profundizara. Cuando el francés resalta la eficacia simbólica de la noción de derecho es para destacar sus aristas más subversivas. En especial destaca dos. Una es que la conciencia de los derechos “no permite esperar una solución global de los conflictos mediante la conquista o destrucción del poder establecido” y esto es así porque las reivindicaciones “no se ordenan bajo la imagen de una agente de la historia, bajo la del pueblo-uno”. En la medida en que la aspiración de los trabajadores siga siendo poner sus reivindicaciones bajo el paraguas del líder , se detiene el proceso de autovalorizacion y se reestructura el capital en la figura del estado. En este punto Lefort y Marx coinciden cuando recomiendan no hacer el rodeo por el estado si lo que se persigue es la emancipación.

Mucho de lo que aquí hemos dicho es aplicable a la propia situación argentina donde también las luchas sociales giran irremediablemente en torno al Estado. Esta similitud no es casual dado que en ambos países el estado fue asumiendo cada vez nuevas funciones en respuesta a los reclamos. Era impensable hace una década que se iban a otorgar subsidios estatales a emprendimientos militantes de cualquier especie. Ya Duhalde durante la crisis del 2001 había avizorado que había menos desnutrición entre los pobres que se organizan. Hoy tanto aquí como en Venezuela las dádivas estatales van dirigidas en primer lugar a quienes se organizan. De esta manera el centro gravitacional gira en torno al estado y no en la autovaloración de las propias fuerzas. Con esta receta, en buena medida, los gobiernos progresistas de la región fueron neutralizando las iniciativas autónomas. Por mucho tiempo el debate en torno al estado seguirá estando en el centro de las preocupaciones de los intereses emancipatorios.


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