Autor: “Raúl Zibechi”

Los Estados y las empresas no pueden resolver el cambio climático

Es muy positivo que millones de jóvenes salgan a las calles contra el cambio climático, en todo el mundo. Para muchas es la primera experiencia de lucha y movilización, y es destacable que lo hagan sin que medien aparatos políticos que convoquen y/o manipulen.
No comparto las críticas de quienes reclaman mayor politización, achacan ingenuidad de las y los jóvenes que se manifiestan, o quienes los acusan de no ser declaradamente anticapitalistas y no ser hijos de la pobreza. A menudo son críticas hechas desde una generación, la mía, que sigue creyéndose en posesión de la verdad, pese a los evidentes fracasos que hemos cosechado en el último medio siglo.


Ecuador, fin de ciclo e inestabilidad sistémica

Mejorar el ingreso de los más pobres sin tocar la riqueza, fue el milagro progresista.
Ese consenso se terminó con la crisis de 2008 y la guerra comercial Estados Unidos-China no hace más que profundizar la inestabilidad. No es posible seguir mejorando la situación de los sectores populares sin tocar la riqueza y los gobiernos que se reclamen progresistas no harán otra cosa que profundizar el extractivismo y el despojo de los pueblos: Andrés Manuel López Obrador y el posible gobierno de Alberto Fernández, son parte de esta realidad.
El panorama de los próximos años será una sucesión de gobiernos, progresistas y conservadores, con un telón de fondo de vastas movilizaciones populares. Se trata del fin de la estabilidad, de cualquier color


Las vueltas del neoliberalismo

La crisis del pensamiento crítico, o sea nuestra forma de comprender el mundo para poder actuar transformándolo, ha llevado a los analistas a multiplicar conceptos poco precisos que suelen ser más descriptivos que analíticos, por lo que inducen a confusión. Neoliberalismo es uno de los conceptos que están siendo utilizados de manera menos rigurosa.
El modelo extractivo primario exportador, es la continuidad entre unos y otros. Aunque los progresistas aseguren que al llegar ellos al gobierno ya no hay neoliberalismo. Que le pregunten a los pueblos.


Los trabajos colectivos como bienes comunes material/simbólicos

Este trabajo pretende mostrar que el sustrato de lo común son los trabajos colectivos, (minga, tequio o ayuda mutua), y no los llamados bienes comunes, concepto tributario del economicismo, o las comunidades como instituciones que son, en todo caso, producto del hacer colectivo de las personas. Estas prácticas no están confinadas sólo en remotas áreas rurales pobladas por indígenas y campesinos, sino también se registran en las ciudades por parte de sectores populares mestizos. Los trabajos colectivos son un mecanismo que funciona tanto en la producción como en la reproducción de la vida, tanto en la educación y en los cuidados de salud, como en el ámbito de la toma de decisiones y de la seguridad colectiva. El análisis se focaliza en experiencias urbanas con el objetivo de hacer visibles prácticas y modos de hacer que desbordan los estrechos marcos de la raza/etnia y de las comunidades/ instituciones para arraigar allí donde la vida está siendo violentada por la acumulación por despojo.


Entre la guerra y las elecciones

Las izquierdas hemos pasado de la lucha armada a la lucha electoral y a la inserción en las instituciones, como si fueran las únicas opciones posibles. En ambos casos se registra una obsesión por la toma del palacio de gobierno. Seguimos el camino trillado de una historia de dos siglos.


Los riesgos de los “acuerdos de paz”

Casi tres décadas después de la firma de los Acuerdos de Paz en El Salvador, entre el FMLN y el Estado, la situación del movimiento popular y de la izquierda puede definirse como una profunda derrota agravada por la crisis ética de una parte de las dirigencias.


Derrota de la contrainsurgencia “social”

En la medida que las políticas o programas sociales suenan como las caras amables de los estados de nuestra región, más allá de quienes los administren, resulta necesario recordar sus orígenes y objetivos declarados. No alcanza con señalar que buscan reducir la pobreza o que pretenden debilitar a los movimientos antisistémicos.


La tercera expansión del zapatismo

Estamos ante el tercer empuje organizativo de los pueblos mayas que integran el Ezln. Las fechas son 1994, 2003 y 2019. En la primera, anunciaron la creación de los municipios autónomos rebeldes zapatistas, en medio de fraudes electorales y del caos instalado con el gobierno del histórico Partido Revolucionario Institucional (Pri). En la segunda, abrieron cinco caracoles para ejercer la autonomía, cuando el parlamento mexicano, incluidos tanto los partidos de derecha como los de izquierda, rechazó la que ya habían negociado y firmado con delegados oficiales.


El mundo de abajo crece en silencio

Las personas militantes necesitamos reformar nuestros sentidos y sentimientos de vida, reencontrarnos con nuestros propios fuegos y retomar la lucha más allá de los fuegos artificiales de las elecciones, volver a confiar en nuestra propia potencia y autogobernarnos a distancia del Estado, des-alienarnos y des-colonizarnos para caminar junto, no delante marcando línea, hombro con hombro con las rebeldías que siguen (re)emergiendo desde abajo y por abajo en toda Nuestra América.


El colonialismo se estrella con las mujeres mapuche

Los de abajo debemos entender que el pueblo mapuche no está pidiendo nada, no suplica, ni siquiera levanta demandas. Está en otra etapa, como nos lo enseña el “Manifiesto de Temucuicui” de diciembre pasado, que reunió a todas las corrientes del movimiento. Su objetivo ahora consiste en “fortalecer el ejercicio de recuperación y control territorial”. Territorio y autogobierno.


La paliza a Macri y un futuro sin certezas

El neoliberalismo salvaje derrotado en las urnas dará paso a un neoliberalismo más suave, pero en modo alguno a un post-neoliberalismo, como estiman algunos comentaristas.


Arde Perú. En medio de protestas suspenden minera Tía María

Los primeros días de julio el gobierno de Martin Vizcarra otorgó la licencia para la construcción del proyecto cuprífero Tía María, de la Southern Copper Corporationdel Grupo México. A principios de agosto el mismo gobierno debió dar marcha atrás y suspender esa licencia, “hasta que los recursos de revisión presentados por la autoridades y colectivos sociales de Arequipa se resuelvan”, según declara el Consejo de Minería del ministerio.
¿Qué sucedió para provocar un cambio tan drástico? La población de la región Arequipa se levantó contra la minera y el gobierno. Estaba en curso el paro de cinco días con epicentro en la provincia de Islay, donde se asienta la mina, pero con fuerte repercusión en la ciudad de Arequipa.


Ecuador. Defensoras de la Pachamama: La lucha de las comunidades contra la minería

En Ecuador las explotaciones mineras enfrentan una creciente resistencia indígena y popular. Protagonizado por las mujeres, el movimiento se ha convertido en la principal oposición a los megaemprendimientos. Las victorias que cosecha en los planos social y judicial lo han puesto en el centro del escenario político de las regiones andinas.


El dragón se apodera del mar del sur de China

Más acá de la guerra tecnológica, cuyo desenlace sigue siendo incierto y, al parecer, lejano, lo que resulta seguro es que China está consolidando sus posiciones para convertir el estratégico mar del Sur de China en un coto cerrado, algo similar a lo que viene siendo el Caribe para EEUU en el último siglo.


Entrevista a Raúl Zibechi y la importancia de la autoorganización territorial de los movimientos o dinámicas sociales autónomas

Cuando uno observa lo que pasó en un campamento famoso de Chile en los setenta, Nueva La Habana, donde coincidía mucha gente del MIR [Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile], ve que había muchas construcciones que son las que ahora se están desplegando, a pesar de que eran muy pequeñas e incipientes. Eran construcciones en el terreno de la educación, de la salud, de la justicia incluso, que, de alguna manera, partieron de gente que no esperó que los Estados cubriesen determinadas carencias y las empezó a desarrollar desde abajo. En algunos casos de forma organizada y en otros de manera espontánea y desorganizada. En definitiva, son experiencias iniciales de movimientos populares que me parece que hay que recoger.


Argentina y Brasil: fractura social, sin gobernabilidad a la vista

Para gobernar una sociedad donde la mitad de la población no tiene derechos y naufraga en la pobreza, hay que emplear la fuerza. Estamos ante un aspecto estructural del modelo, que atraviesa a los gobiernos progresistas y a los conservadores.


Un conocido tufillo estalinista. La izquierda ante los derechos humanos en Venezuela

Buena parte de los críticos de la expresidenta chilena –por la que no siento la menor simpatía política– callaron cuando se reprimía al pueblo mapuche, pero ahora respecto a Venezuela corren, presurosos, a defender a un Estado y a sus aparatos represivos.


De la confrontación a la autonomía

Los pueblos en movimiento (concepto más adecuado que movimientos sociales) van descubriendo que las autonomías y los autogobiernos territoriales les permiten enfrentar en mejores condiciones el extractivismo depredador, que cualquier otra estrategia que pase por la negociación con el Estado.
La acumulación por despojo y el capitalismo sólo se pueden confrontar y derrotar con otras culturas políticas, por fuera de las instituciones y de los acuerdos por arriba.


Sí se puede: mujeres derrotan la minería a gran escala

“Nosotros vamos atrasito de ellas, nomás”. Ellas son las “pachamamas”, como se nombra a las integrantes del Frente de Mujeres Defensoras de la Pachamama, creado hace más de una década con mujeres de las parroquias Victoria del Portete, Tarqui y Molleturo (a la que pertenece Yumate), y también de la ciudad de Cuenca.


El descontrol de los cuerpos armados del estado

No saldremos de esta espiral de violencia eligiendo nuevos gobernantes, sino por dos caminos: la organización extensa e intensa de los de abajo y el fin del extractivismo.
Si algo comprendieron los de arriba es que sólo podrán sobrevivir con un Estado fuerte: o sea, con aparatos integrados por hombres armados, más allá del nombre que les pongan.