Las brigadas comunitarias de vigilancia cuidan el bosque en la periferia de México Capital

La tierra es una sola, que sufre de mil formas distintas. Nuestra tierra la sentimos como una sola casa con mil puertas para entrar. No vamos a esperar a que alguien venga a unirnos, esta es nuestra casa y será la casa del Congreso Nacional Indígena



13-01-2017
Renacen los guardabosques comunitarios en Milpa Alta

Jaime Quintana Guerrero
Desinformémonos

México, Distrito Federal. Para defender el bosque de los talamontes y de los cazadores furtivos, los pobladores de la delegación Milpa Alta tuvieron que organizar “Brigadas de Vigilancia”, explica en entrevista con Desinformémonos Julián Flores Aguilar, representante general de los Bienes Comunales de la comunidad de Milpa Alta. “Tenemos a las brigadas los Tecuanis y los Tlacuili, que se organizaron desde 2002. Antes teníamos una vigilancia a caballo llamada los Centauros. Ahora seguimos con los vigilantes que recorren el bosque”, relata.

Tala de árboles, proyectos de urbanización, imposición de autoridades en los pueblos y perforación de pozos, son algunos de los problemas que enfrentan los pueblos originarios, como Milpa Alta, en el Distrito Federal. Son diferentes estrategias las que tiene los pueblos para defenderse: primero, reuniones y acuerdos, y la segunda, organización.

Enclavada al sur del Distrito Federal está Milpa Alta, un ancestral territorio indígena que desde los tiempos de la Colonia se caracteriza por su organización y la defensa de sus tierras. “Lo que estamos tratando es la problemática de la tierra, de los recursos naturales, el agua, de los acuerdos de San Andrés”, explica Flores Aguilar. En resumen, “esto es el reconocimiento de los pueblos indígenas”.

La delegación Milpa Alta tiene 12 pueblos, nueve son de propiedad comunal y tres ejidales. Cuenta con aproximadamente 28 mil hectáreas de propiedad comunal, tiene el 2 por ciento de biodiversidad en el país, y es la principal zona de recarga de los mantos freáticos que abastecen al Valle de México y a Cuernavaca y Cuautla, en el vecino estado de Morelos. Es la primera zona rural forestal de la capital del país. Anteriormente este lugar lo ocupó la delegación Tlalpan, pero con los asentamientos irregulares se redujeron las áreas forestales y comunales.

El comunero Estanislao García Olivo declara que si permiten que se hagan perforaciones en la tierra para sacar el agua, o que se lleven la tierra y los minerales “si dejamos que se lleven la dignidad para convertirla en orgullo y soberbia, entonces habremos perdido todo”.

Brigadas de vigilancia comunitarias

Desde el 2002, el pueblo de Milpa Alta se organiza para defender su territorio, por lo que construyeron la vigilancia en el bosque.

“Hemos controlado la tala hormiga”, informa Julián Flores. “Tenemos dos casetas de vigilancia que se encuentran en la zona boscosa, se organizan en turnos permanentes, compramos vehículos y con eso se hacen rondines”.

“Tenemos un uniforme, botas de minero, pantalón de cargo, camisola de manga larga, gorra, sombrero o boina. Nosotros de Villa Milpa Alta tenemos el distintivo de la representación general, y el nombre de la Brigada”, detalla Horacio Chavira, presidente de las Brigadas

Horacio Chavira Reyes es hijo de comuneros de Villa Milpa Alta y presidente de la Brigada Comunitaria Talchocotes. Tiene a su mando la Vigilancia Comunal Tlahuli y la Brigada Forestal Tonali. Vigilancia Comunal tiene por objeto perseguir cualquier ilícito forestal, y se maneja bajo un protocolo interno de la comunidad, que tiene que ver con el exhorto si alguien comete un delito, así como el acompañamiento a retirarse de las tierras comunales. Si el delincuente recae, recibe un castigo comunitario que depende del nivel del delito. “Si por ejemplo hacen brecha, las otras brigadas le instauran un castigo de cinco o seis jornadas para cubrir la falta que hizo. Si es un asunto mayor se manda a las autoridades competentes”, explica.

La Brigada Forestal se enfoca a los trabajos de conservación, restauración y fitosanitarios en el bosque, y trabaja todo el año. De enero a junio combaten en incendios forestales y de junio a septiembre hacen reforestación, obras de suelo y conservación. En los últimos meses del año se labora en prevención, como brechas contra fuego y quemas controladas.

Milpa Alta es la delegación con mayores incendios forestales, pero también la delegación con mayor cobertura forestal. “La tala hormiga y la cacería furtiva es de lo que más hemos tenido”, añade el vigilante comunitario. “Nos costó por lo menos seis años recuperar el venado cola blanca. Durante 2007 y 2009 aumentó la cacería y disminuyó la población. Tenemos documentado que existe venado, coyote y gato montés, entre otros animales, y algunas veces se ven zorros. Hemos encontrado venados muertos en suelos de conservación, y por eso nuestro trabajo”.

Chavira explica que las mujeres representan el 25 por ciento de las brigadas: “Las de San Pablo Oztoltepec tienen una brigada de 30 mujeres, son de las brigadas más viejas”.

En el próximo Congreso Nacional Indígena, a celebrarse en este territorio el 31 de enero, la Vigilancia Comunal se hará cargo del resguardo de la reunión. “Las Brigadas Forestales no sabemos cómo nos presentaremos, pero vamos a participar”, asegura el joven comunero.

Cómo se multiplicó el saqueo del bosque

En Milpa Alta “tuvimos un ventarrón que tiró 92 mil árboles” los días 3 y 4 de febrero de 2010, explica el comunero Estanislao García Olivo. A raíz del fenómeno natural, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) dio autorización para que los indígenas utilizaran con fines domésticos el arbolado derribado.

“Algunos vieron la oportunidad para sacar dinero y aumentaron el saqueo de madera”, explica el campesino. “Tenemos 32 aserraderos en las comunidades y llegamos a ver gente armada. Tratamos de no entrar en conflicto y casi fue medio año sin actuar. Hasta que hablamos de una policía comunitaria se calmaron”, abunda.

En un boletín de prensa, los comuneros de Milpa Alta acusaron que el señor Pascual Noriega Lima, quien fungió como representante comunal de Santa Ana Tlacotenco entre los años de 1980 y 2010, extendió más de 3 mil permisos para talar en áreas que no fueron dañadas por los vientos. Los talamontes dañaron cientos de árboles sin que las autoridades realizaran las detenciones y operativos correspondientes.

Fue hasta el 5 y 10 de junio de 2010 cuando se realizaron operativos, explica García Olivo: “Se decomisaron mil 700 metros cúbicos de madera y maquinaria”. El 5 de junio se desmantelaron 13 aserraderos, siete de ellos en Santa Ana Tlacotenco, cuatro en San Pablo Oztotepec y dos en San Salvador Cuauhtenco; también se realizaron cinco detenciones.

El ejemplo de los muertos y la defensa de la tierra

“Nos hemos muerto con cada compa que se muere, morimos con Guillermo Staines, Ramiro Taboada, con el Xomótl, pero no aceptaremos la muerte del poderoso…no aceptaremos sumisos la muerte que nos ofrece. Ellos son los mismos que han arrebatado las tierras de uso común para los extranjeros”, lee Estanislao García en un documento de la representación comunal.

Los días 5 de febrero los comuneros celebran la defensa del territorio. Hace ya 38 años, en 1975, lograron recuperar 26 mil hectáreas codiciadas por empresarios y políticos. Desde entonces, cada año suben al monte para recordar y festejar que son los verdaderos dueños del bosque.

“La defensa del territorio no es nada más la tierra, sino los recursos, el subsuelo y el agua”, explica García Olivo. Detalla que sus tierras son una zona estratégica para la vida en el Distrito Federal, en la que ya existe escasez del vital líquido.

Milpa Alta cuenta con 60 pozos que bastecen de agua a las delegaciones Coyoacán, Iztacalco, parte de Iztapalapa y a los pueblos de Tláhuac, Xochimilco y Milpa Alta, lo que se debe a sus bosques, explica Estanislao García.

Otro elemento de la defensa del territorio es el espacio aéreo de los pueblos, añade el comunero: “Mientras las televisoras invaden el territorio, a las comunidades no se les permite tener sus propias estaciones de radio y mucho menos de televisión”.

Hasta ahora Milpa Alta, explica orgulloso el comunero, está libre de zonas comerciales. “Nuestras luchas han destacado a nivel nacional, en 1975 contra la carretera Xochimilco-Oaxtepec, y en 1979 por el cambio de la representación comunal. También participamos en organizaciones a nivel nacional”, agrega.

El gobierno de la Ciudad de México contra los pueblos

Los pueblos del sur de la Ciudad de México se encuentran en una lucha cotidiana por la defensa del territorio. Si no es una tienda comercial son carreteras, pero también la modificación de las políticas ambientales.

El recién constituido Frente Pueblos Unidos del Sur de la Ciudad aglutina a los ejidos de San Nicolás Téteco, Santiago Tulyehualcoa, las comunidades de Santa Cecilia Tepetlapa, de Santa Cruz Xochitepec, Milpa Alta, Comunal Tecuani, Comunal de San Pablo, Comunal Coma, Comunal Zoquiac, Comunal Tlalcoyotes, al Frente Ciudadano Milpaltense, la Brigada Acuexcomac, a Ocotes Tres Nopales, Regeneración Campesina Teutli, a la comunidad de San Francisco Tlalnepantla y al Grupo Gerberas.

El Frente denuncia que los suelos de conservación son propiedad de las comunidades, pueblos y barrios, y que el gobierno del Distrito Federal lo quiere cambiar debido a la Ley de Retribución de Servicios Ambientales.

Al mismo tiempo que se manifiestan el rechazo a la carretera Arco Sur, el Frente se opone a la perforación de pozos, y exige el respeto a las brigadas comunitarias.

“La tierra es una sola, que sufre de mil formas distintas. Nuestra tierra la sentimos como una sola casa con mil puertas para entrar. No vamos a esperar a que alguien venga a unirnos, esta es nuestra casa y será la casa del Congreso Nacional Indígena”, concluye Estanislao García.

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