Breve historia de Ceuta, colonia española en territorio del combativo pueblo amazigh del norte de África

Ceuta junto con Melilla son actualmente colonias de España en el norte de África, lo que les quedó después de entregar la mayor parte de los territorios colonizados de donde salió por ejemplo Marruec os, donde hoy se libran las batallas sociales del Rif del pueblo originario amazigh los mal llamados berberes, los famosos tuareg, los guerreros del desierto, también llamados según su región, como los kabiles de Argelia o los tuareg-azawan de Mali, Burkina Faso y Níger que han vivido insurrecciones amazighen cada cierto tiempo, en especial de parte de las guerrillas tuaregs.



EL PUEBLO
Miércoles, 24 de mayo de 2017
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Hoy nuestro grupo de Salzones - Salazones de Ceuta pone en marcha lo que titularemos como: ‘Pequeños apuntes de la Historia de Ceuta’. El salazón en nuestra ciudad, es la industria más longeva, y actualmente la única existente. Por ser la primitiva actividad que se desarrolló en nuestro suelo “Salzones – Salazones de Ceuta”, quiere viajar en paralelo a aquellos pretéritos tiempos, de manera que los ceutíes deseosos de saber algunos hechos históricos acaecidos a través de los tiempos, les sean revelados, y así poderse identificar más con la tierra que nos vio nacer a algunos, o la que abrió los brazos, para acoger a otros.
Ceuta aunque fue explotada por los fenicios varios siglos a. de C., no llega a ser considerada como población significante hasta el siglo I a. de C.. En fechas pretéritas a ella algunas fuentes, nos trasladan al asentamiento púnico que se ubicaba al oeste, de la que más tarde fue conocida por los romanos como Septem Fratres (probablemente en Benzú). Esta colonia fue llamada Lissa, Melissa o Exilissa, de las tres maneras es conocida por diferente fuentes literarias.

De acuerdo con estas menciones, se hallaba situada al oeste de Ceuta, en el valle del rio Marsa o en sus alrededores. Es muy probable que ya en esa época los colonos de la cercana Exilissa, auténtico precedente urbano de Ceuta, comercializaban con el marfil de los elefantes de la zona. No olvidemos que según el periplo de Scylax en el siglo IV a. de C.. El marfil era uno de los productos fundamentales que buscaban los comerciantes cartagineses en las costas marroquíes: “cambian sus mercancías por pieles de ciervos, de leones, de leopardos, por pieles y defensas de elefantes y pieles de animales domésticos”. En un momento determinado en el año 100 a. de C. por poner una cifra redonda, los mauritanos de la región establecieron un puerto en Ceuta. En torno al mismo, poco a poco, se fue desarrollando un pequeño núcleo urbano. (Enrique Gonzalbes Cravioto en el Cuaderno del Archivo Municipal nº 2. pag. 3).

En Septem Fratres como en gran parte de su entorno, eran abundante las manadas de elefantes. Ningún ceutí se puede ahora imaginar una manada de estos paquidermos correteando por el monte Hacho o García Aldave. Tampoco nos podemos imaginar que en tiempos mucho más recientes, como al final del siglo XVII, los ceutíes cazaran perdices y conejos en la Plaza de los Reyes. Los tiempos cambian y todo aquello fue una realidad, que el hombre (el ser más destructor y apocalíptico que jamás pobló el planeta) convirtió en recuerdo.

Los elefantes de la Mauritania poseían un marfil de muy alta calidad y esto ocasionó su desaparición. Fueron perseguidos para extraerles el marfil y hasta se crearon fantasiosas leyendas sobre ellos. Se decía que poseían tan magnífica inteligencia, que al verse perseguidos y sabiendo que el hombre lo único que ansiaba eran sus colmillos, se lo rompían ellos mismos. Hoy suena a fantasioso, pero la credulidad de la época, daba pie a ello. Fuera verdad o mentira, la realidad es que en el siglo III, nuestros paisanos elefantes, eran una especie extinguida salvo algunos ejemplares que deambulaban por la cordillera montañosa de los Atlas.
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Domingo, 25 de junio de 2017
Pequeños apuntes de la historia de Ceuta (III)
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La primera ciudad que fundaron los tirios en esta orilla, fue Lixus (Larache) a la que siguieron otras como Tingis (Tánger), Ampelusia (Cabo Espartel), Cotta (junto a Tánger), Zili (Arcila), Kouass (a seis kilómetros de Arcila), Tahadart (al norte de Kouass), Sahara y por último Eptadelfos (Ceuta

En el capítulo anterior damos a conocer, la llegada al Estrecho de los tirios, procedente de Tiro, ciudad fenicia.

Si al principio, el temor a lo desconocido, les hizo llamar al Océano Atlántico, Okeanos Yan Ha Mavet que significa Océano de la Muerte y al que no se atrevieron a entrar. Poco a poco, se fueron adaptando al lugar desconocido y tras la fundación de Gádir (Cádiz) en 1.104 a. de C., siguieron navegando costeando las dos orillas. Como en estos apuntes de historia, lo importante es lo que concierne a Ceuta, nos ocuparemos de seguir sus correrías, por la orilla sur del Estrecho.

La primera ciudad que fundaron en esta orilla, fue Lixus (Larache) a la que siguieron otras como Tingis (Tánger), Ampelusia (Cabo Espartel), Cotta (junto a Tánger), Zili (Arcila), Kouass (a seis kilómetros de Arcila), Tahadart (al norte de Kouass), Sahara (a seis kilómetros de Alcazarseguer) y por último Eptadelfos (Ceuta). Todas fueron importantes factorías de salazones, con sus respectivas almadrabas, salinas y talleres de alfarería donde se fabricaban ánforas. Lejos del mundo del salazón y en tierras interiores, también se crearon ciudades, sobre todo junto a zonas de explotación minera.

Otra ciudad también fundada por los fenicios y que nos atañe, porque es nuestra ciudad hermana en el norte de África, es Melilla. Rusaddir llamada por los fenicios y simplificada por los romanos como Rusadir.

Cotta fue el asentamiento fenicio y después romano, considerado como la factoría de salazón más completa del norte de África.

Por su riqueza histórica, e importante ciudad que siglos más tarde, sería la capital de la Mauritania Tingitana (que ya hablaremos de ella, largo y tendido), Tánger merece que le prestemos unos renglones, de manera que conozcamos al menos los orígenes del topónimo y protagonismo de otro mito de Herakles.

Según la tradición mitológica grecoromana, recogida por Plutarco, Tingis era la esposa del gigante Anteo, rey líbico hijo de Poseidón y Gea, que fue vencido y muerto por Herakles. Varias fuentes aseguran que la ciudad fue fundada por Yassinde Doudou el Lixuriense, compañero de armas del gran Oussy el numidio, enterrado cerca de ella. La leyenda pasó a la mitología bereber, según la cual, Tánger fue construida por un hijo de Tingis llamado Sifax, en que Tingis sería la esposa del héroe bereber Anteo. De hecho, aún hoy, se puede visitar al Oeste de Tánger la llamada “gruta de Hércules”, una de las mayores atracciones turísticas regionales, donde se cuenta que Hércules durmió antes de la tarea de cortar las manzanas del jardín de las Hespérides.

Pomponio Mela, posible tangerino de nacimiento, añade, que en la ciudad se conservaba el enorme escudo de Anteo, hecho de piel de elefante, que los habitantes veneraban mucho.
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Lunes, 10 de julio de 2017
Pequeños apuntes de la historia de Ceuta (IV)
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El asentamiento fenicio en Ceuta, apuntábamos en el capítulo anterior, se produce en el siglo VII a. de C., y fundan la ciudad con el nombre de Abyla. De su presencia, dejaron muestras de restos arqueológicos que podemos ver junto a la entrada principal de la Catedral. Se sabe que tras los fenicios, Abyla estuvo ocupada brevemente por griegos focenses, que cambiaron el topónimo de Abyla por el de Hepta Adelphoi. Más tarde, en el año 319 a. de C. Ceuta pasa a manos cartaginesas por un corto periodo de 118 años. Finalizada la segunda Guerra Púnica, entre Roma y Cartago, y tras la destrucción de Sagunto, Ceuta pasa a ser dominio de Numidia. Este gran reino bereber, se ubicaba en el Norte de África en toda la extensión que hoy ocupan Libia, Túnez y Marruecos. Su capital fue Cirta. Existió por un breve espacio de tiempo, desde el año 201 a, de C., hasta 25 a. de C..

Desaparecido el reino de Numidia, toda esta orilla mediterránea, es conocida como Mauritania, que se incorpora al Imperium Romanum (Imperio romano). Desde los tiempos del reino de Numidia y más tarde la Mauritania, todo el norte de África estaba sometido a Roma, eran sus vasallos. Los deseos del emperador Calígula, era incorporarlo al imperio, y para tal fin, ordenó asesinar al legítimo monarca llamado Ptolomeo, convirtiéndose de este modo en una provincia romana más.

Años más tarde el sucesor de Calígula, su tío Claudio, divide la Mauritania en dos provincias: la parte occidental pasa a ser conocida como Mauritania Tingitana, cuya capital fue Tingis (la actual Tánger), y en algunas ocasiones también tuvo ese honor Septem Fratres (Ceuta). La más oriental, es conocida como Mauritania Cesarience, con la capital en Cesárea (actualmente Cherchell en Argelia). Ambas Mauritanias estaba separada por el río Melucha, actual río Muluya, que sirve hoy como frontera entre Marruecos y Argelia.

De las dos Mauritania, la que más nos atañe es la Tingitana, la occidental. Como apuntamos anteriormente, su capital era Tingis, pero además contaba con otras ciudades de gran relevancia, como Septem Fratres (Ceuta), Lixus (Larache), Tamuda (Tetuán), o Rusadir (Melilla).

Los romanos a la vez que se establecían por todo el Norte de África, lo hacían en Hispania.

El pueblo autóctono del Norte de África eran y siguen siendo los amazighen (amazigh en singular). Estas etnias se originan en el Sahára y a través de las pinturas rupestres de Tassili n’Ajjer, nos confirman la presencia de los amazighen 6.000 años a. de C..

Su territorio abarcaba desde el oasis de Siwa en Egipto, hasta la costa atlántica del Magreb, incluida las islas Canarias. Desde el mencionado Egipto, pasando por Libia, Túnez Argelia y Marruecos, toda esta franja del Norte de África, era territorio de los amazighen, que los romanos llamaron bereberes, expresión que procede de “barbaros”. También los romanos les llamaron por el étimo latino mauri, de donde deriva “maurus” (morenos), siendo al final conocidos como “moros” y con este nombre pasaron a la historia. Al final, con esta terminología de uso popular, son conocidos en Europa y especialmente en España e Italia, todos los islamistas. Es curioso cómo se ha desvirtuado el término “moro” y se relaciona directamente con el Islam, cuando este étimo latino le fue aplicado al pueblo bereber, que por entonces era cristiano.

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