La farsa de Ortega en Nicaragua

19.Nov.11    Análisis y Noticias

Nicaragua¨: Una dictadura institucional
Escribo estas líneas cuando amanece en Managua, 72 horas después de que cerraron las juntas receptoras de votos en todo el país.
María López Vigil / Semanario Brecha de Uruguay | Nicaragua | 14-11-2011 a las 3:33 | 275 lecturas
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Escribo estas líneas cuando amanece en Managua, 72 horas después de que cerraron las juntas receptoras de votos en todo el país. Mientras Ortega se proclama vencedor con algo más del 62 por ciento, su único contendiente, la Alianza PLI, desconoce los resultados, como los desconocen todas las organizaciones de la sociedad civil y la misión de observación internacional de la Unión Europea.

No podemos saber cuáles han sido los resultados. Es posible que Ortega haya ganado, pero resulta imposible que lo haya hecho con ese margen. Es posible que el resultado real haya sido un empate técnico entre Ortega y Fabio Gadea, el candidato de la Alianza PLI. Es posible que haya ganado Gadea por escaso margen. Nunca lo sabremos. Ese es el drama que vive hoy Nicaragua, más allá de los resultados emitidos por el Poder Electoral, una institución totalmente controlada por el FSLN desde hace por lo menos siete años, que tiene poderes exorbitantes.

Por primera vez en la breve historia electoral de Nicaragua (desde 1984 hasta hoy), en estas elecciones ha habido disturbios violentos en 80 de los 153 municipios en las vísperas de los comicios y después de ellos. Por primera vez la oposición no reconoce los resultados en las primeras horas. Por primera vez se reclaman nuevas elecciones. A pesar de eso, el Poder Electoral ha hablado de las elecciones “más pacíficas de nuestra historia”.

Las irregularidades

Resulta difícil, y hasta tedioso, enumerar las irregularidades previas. Una de las más elementales: son miles y miles los ciudadanos y ciudadanas que en todas partes del país no pudieron votar porque el Poder Electoral no les entregó la cédula de identidad. Quienes no la recibían eran partidarios de la Alianza PLI. Sin embargo, se las entregaba, casa por casa, a los simpatizantes del partido de gobierno. En una sociedad tan pequeña y en localidades rurales, todo el mundo sabe cuál es la tradición en el voto de familias enteras: o votás por el Frente o votás contra el Frente. Con este conocimiento barrial se limitó el voto de la oposición. A medida que vamos conociendo datos de lo que ocurrió en la jornada electoral, vamos descubriendo que fue con ese mismo conocimiento barrial (o comarcal o de calle, esa micro información) que se organizó el fraude en las mismas juntas receptoras de votos.

El Poder Electoral entregó el control de las casi 13 mil juntas a militantes y activistas del partido de gobierno. Controlaban todas las mesas y decidían todo lo que ocurrió durante las 11 horas que debían durar las votaciones. Decidieron no contar previamente las boletas, decidieron no revisar previamente las urnas donde se deposita el voto para ver si estaban vacías, decidieron permitir la presencia en las juntas de personas ajenas al proceso que tenían la misión de controlar electores y, en algunos casos, intimidarlos, decidieron aceptar el voto de menores que habían sido cedulados en los colegios, decidieron que los simpatizantes del Frente votaran dos y más veces, decidieron a qué hora cerrar las juntas, cómo elaborar las actas de escrutinio, qué boletas anular… En un país con tan escasa cultura de sistematización escrita y ordenada, resultará muy difícil compilar lo que ocurría en cada una de las 13 mil juntas.

¿Quién podía detener, y sólo relativamente, estas irregularidades fraudulentas? Únicamente los fiscales de la Alianza PLI. Aunque la ley establece que diez días antes de las elecciones el Poder Electoral debe haber acreditado a todos sus fiscales, esto no se cumplió. En 40 por ciento de las juntas no hubo fiscales de oposición; los activistas del Frente contaron solos. Las últimas acreditaciones de la Alianza PLI se entregaron apenas 17 horas antes de los comicios.

El listado detallado de las irregularidades aparece ya en los primeros informes de los tres organismos de observación electoral nacionales: Ética y Transparencia (capítulo nicaragüense de Transparencia Internacional), el Instituto para el Desarrollo y la Democracia, y Hagamos Democracia. Aparecen también en las 11 páginas del informe preliminar de la Misión de Observación de la Unión Europea.

Por qué no hay una oposición de izquierda

Para entender, desde la izquierda, el panorama político actual de Nicaragua hay que tener en cuenta que el sandinismo no es ya, desde hace años, el Frente Sandinista, y que el Frente Sandinista es actualmente el orteguismo.

El orteguismo es el proyecto de Ortega, su familia y el grupo empresarial que lo acuerpa. Este proyecto se viene delineando desde hace años y se ha revelado en sus objetivos desde que Ortega regresó al gobierno en 2007. Con la mayoría parlamentaria obtenida irregularmente en estos comicios se conocerán otras de sus facetas: reformas constitucionales, leyes orientadas a controlar las expresiones organizadas de la sociedad civil -en Nicaragua muy frágil-, a los medios de comunicación…

El orteguismo mezcla el neoliberalismo más puro (presupuestos ajustados a los acuerdos con el FMI, privilegios para la banca y el gran capital, control de cualquier expresión sindical) con el asistencialismo clientelar tradicional de los gobiernos latinoamericanos (programas sociales que tratan de paliar la situación de los más pobres -la mitad de la población-, con créditos baratos, animales y semillas, techos para las casas más destartaladas…). Es también el culto a la personalidad de Ortega, que ha sido el único candidato y el único secretario general que ha tenido el Frente Sandinista. O la promoción del catolicismo más tradicional, con invocaciones permanentes a Jesucristo y a la Virgen María en las alocuciones presidenciales (Ortega, como se esperaba, le atribuyó a Dios su victoria electoral). Es la penalización de la interrupción del embarazo en toda circunstancia. Es también y, sobre todo, el enriquecimiento de la familia presidencial y del grupo empresarial del Frente con los millonarios recursos de la cooperación venezolana. Para Ortega, Hugo Chávez y sus petrodólares han representando la posibilidad de consolidar su proyecto político: la cooperación venezolana lo enriquece a él y le permite financiar los proyectos asistencialistas clientelistas para los más pobres. Las nuevas exportaciones a Venezuela en el marco de la Alba (carne, leche, café) están enriqueciendo al gran capital de Nicaragua, que ha controlado tradicionalmente la industria de la carne, del café y de los lácteos.

Tampoco el orteguismo hubiera podido prosperar sin el pacto político que Ortega firmó y ejecutó con el corrupto ex presidente liberal Arnoldo Alemán. El pacto, que data de hace diez años, cuando gobernaba Alemán, reformó la Constitución y la ley electoral, aumentó los altos cargos en todos los poderes e instituciones estatales, que fueron repartidas, mitad y mitad, entre los incondicionales de Alemán y Ortega. Con el tiempo, Ortega se le fue “yendo arriba” a Alemán, hasta terminar controlando prácticamente todos los tribunales de justicia, la Contraloría (encargada de velar por los recursos del Estado) y, de forma casi obscena, el Poder Electoral.

La oposición al orteguismo no se ha podido articular partidariamente porque los dos grupos políticos que rechazaron frontalmente el pacto, tanto en el sandinismo (Movimiento Renovador Sandinista - MRS), como más tardíamente en el liberalismo alema­nista (Alianza Liberal Nicaragüense - ALN) fueron borrados del mapa político por el Poder Electoral. Al MRS le cancelaron su personería jurídica en 2008. Y la ALN fue entregada a incondicionales de Alemán y Ortega por disposiciones del Poder Electoral en 2006. Son precisamente estos dos grupos, desde la centroderecha y desde la izquierda, los principales soportes de la Alianza PLI.

La oposición a Ortega se expresa hoy en forma dispersa y aún sin un liderazgo definido. Está en prácticamente todas las expresiones organizadas de la sociedad civil, en esos dos grupos políticos, en las zonas que vivieron la guerra y perciben en el proyecto orteguista un regreso a aquellos años. En esta ocasión esa dispersa oposición percibió que la Alianza PLI era el camino único que quedaba para frenar las aspiraciones totalizantes del orteguismo.

La espina

Durante estos cinco años de su segundo mandato Ortega cargó con la “espina” de haber llegado al gobierno con sólo el 38 por ciento de los votos, una cantidad insignificante que lo colocaba en un cierto ridículo ante sus pares de la Alba, que ganaron el gobierno con mayorías holgadas. Ahora, con los cuestionados y cuestionables resultados de estas fraudulentas elecciones, Ortega se ha sacado por fin esa espina: tiene mayoría política y puede presentarse ante sus colegas de la Alba “con honores”. Ahora se presenta con mayoría parlamentaria, con hegemonía política y con una oposición sumamente debilitada.

Hay miedo. Miedo a expresar libremente las críticas, a perder el trabajo en el Estado, en donde desde 2009 la mayoría de los empleados públicos fueron prácticamente obligados a carnetizarse como militantes del Frente Sandinista si querían conservar sus empleos. Hay miedo a la centralización del poder que existe en el gobierno y que limita a ministros y funcionarios a tomar iniciativas si no tienen el permiso “del comandante y de la compañera Rosario” (por Rosario Murillo, la muy católica esposa de Ortega y portavoz del gobierno). Hay una fanatización de la juventud, que acude a los actos oficiales uniformada, con camisetas llenas de consignas, y repiten las consignas de la “compañera Rosario” como los únicos argumentos.

Hay mucha pobreza en Nicaragua, el segundo país más pobre del continente (ver más abajo), que permite que avance la resignación religiosa. Hay una deficiente educación pública, que favorece el fundamentalismo religioso y alimenta el caudillismo político de Ortega. La gente repite con facilidad que es “Dios quien quita y pone gobiernos”.

En esta situación, la esperanza reside en apostar por la educación de la gente. Educación en un pensamiento crítico. Muchas esperanzas residen en muchas de las organizaciones de mujeres, espacios donde la revolución siempre continuó. Los procesos educativos siempre son de largo plazo.

Daniel Ortega ha construido una dictadura institucional. La victoria que hoy exhibe completará su construcción. En el camino ha desvirtuado todos y cada uno de los principios del Frente Sandinista. Su proyecto político está des-educando a Nicaragua y tarde o temprano va a terminar mal.

En el cierre de campaña de la Alianza PLI, una gigantesca manta (cartel) decía: “Daniel, no queremos que te pase lo de Gaddafi, por eso en Estelí votaremos por Fabio Gadea”.

A quienes hemos luchado por el sandinismo, dentro del Frente o fuera de él, durante más de treinta años, este mensaje nos estremeció. Con ese estremecimiento presente y con más preguntas que respuestas escribo desde Managua, cuando es palpable la incertidumbre. n

* Periodista y escritora nicaragüense, directora de la revista Envío, militante de la izquierda cristiana. Exclusivo para Brecha.

El segundo país más pobre de América

Nicaragua tiene la economía más pequeña de América Central y es, después de Haití, el país más pobre de todo el continente. Un 45 por ciento de la población vive en la pobreza, y el desempleo y el subempleo afectan a 53,7 por ciento de los 2,85 millones de activos. El producto bruto interno del país no llega a los 6.500 millones de dólares, y el PBI per cápita es de 1.126 dólares.

Un 5,3 por ciento de los 5,8 millones de habitantes pertenece a etnias indígenas, asentadas sobre todo en la zona del Caribe. Los principales productos de exportación de Nicaragua son café, carne, azúcar, mariscos y oro.