Marx o “marxismo”. Análisis del texto POR QUE ADSCRIBIR AL MARXISMO HOY

08.Abr.12    Análisis y Noticias

Marx o “marxismo”.
Análisis del texto
POR QUE ADSCRIBIR AL MARXISMO HOY

Por Profesor J
Este texto lo divulgó Alma Negra y llegó a mis manos a través de Chago y me interesé en analizarlo porque creo que no existe el marxismo como paradigma, ya que el propio Marx escribió 3 veces sobre ello negándose terminantemente al “marxismo”. Insistía en que él no era “marxista”. La idea de armar un conjunto fue de Engels, propuesta que retomó Lenin para hacer una guía para la acción. Veamos el texto, en el cual intercalo algunas reflexiones y al final anoto mis pre conclusiones. Aprovecho la Semana Santa para ello, así estoy cuestionando dos paradigmas establecidos como “verdades”. Eso no significa para nada un cuestionamiento a Marx, cuyas geniales conclusiones siguen auxiliando mi trabajo cotidiano por el cambio y el avance hacia la no propiedad y el no estado: el comunismo, sino a lo que hicieron posteriormente manoseando sus principales ideas aquellos que imaginaron que era posible transitar a la sociedad sin clases administrando el capitalismo. Parto de la base que no hay diferencias fundamentales entre Lenin y Stalin y que el único error “anti leninista” de Stalin fue incorporar a los expulsados del Buró Político por Lenin, a saber, Malenkov, Zinoviev y Kamenev, además, claro, el haber dado un golpe de mano contra Trosky, el delfín leninista, pero al fin y al cabo, Stalin, que no tenía programa, terminó aplicando el programa de Trosky, con lo que la pugna entre ambos no pasó de una pelea por el poder.

El texto:
de Alma Negra, el miércoles, 4 de abril de 2012 a la(s) 11:02 ·
(Encontré este discurso pronunciado por un compañero al ser investido doctor honoris causa por la Universidad de la Habana, Cuba y me parece importante compartirlo, sobretodo por los fundamentos solidos que aqui se señalan. No se quien lo pronunció y ojala que si alguien lo sabe, lo señale en algun comentario)
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Distinguidos miembros del Consejo Universitario de la Universidad de La Habana. Doctor Juan Vela Valdés, rector de esta universidad, Profesores y estudiantes, Compañeros y amigos:
La decisión del Consejo Universitario de la Universidad de La Habana de otorgarme el grado de doctor honoris causa, me ha conmovido tan profundamente que la expresión de mi agradecimiento resultaría pobre e insuficiente. Pero no puedo dejar de decir que tan alta y honrosa distinción la aprecio, sobe todo, por provenir de una institución universitaria que, junto a sus elevadas contribuciones académicas, tanto ha dado al realce y a la realización de los valores que más podemos estimar: la verdad, la justicia, la dignidad humana, así como la soberanía nacional, la solidaridad, la convivencia pacífica y el respeto mutuo entre los pueblos.

Pero a este agradecimiento institucional, quisiera agregar el personal por la fraternal, lúcida y bella laudatio de quien -Roberto Fernández Retamar- me siento, desde hace ya casi 40 años, no sólo compañero de ideas y esperanzas y admirado lector de su admirable obra poética, sino también persistente seguidor de su conducta intelectual y política al frente de una institución tan consecuente con la digna e inquebrantable política antiimperialista de la Revolución Cubana como La Casa de las Américas, a la que tanto debemos los intelectuales de este continente y del Caribe por su defensa ejemplar y constante enriquecimiento de la cultura latinoamericana.
I
A continuación voy a dedicar mi discurso de investidura a la obra que tan generosamente se reconoce con el grado de doctor honoris causa. Y, por supuesto, no para juzgarla, pues yo sería el menos indicado para ello, sino para reivindicar el eje filosófico, político y moral en torno al cual ha girado toda ella: o sea, el marxismo. Pero no sólo el marxismo como conjunto de ideas, sino como parte de la vida misma, o más exactamente: de ideas y valores que han alentado la lucha de millones de hombres que han sacrificado en ella su tranquilidad y, en muchos casos, su libertad e incluso la vida.

Ahora bien, ¿por qué volver, en estos momentos, sobre este eje, fuente o manantial teórico y vital? Porque hoy, más que en otros tiempos, se pone en cuestión la vinculación entre sus ideas y la realidad, entre su pensamiento y la acción.

Comento:
El autor denomina eje, fuente y manantial al paradigma y no al pensamiento y obra de Marx, cuya vigencia reivindico cuestionando los apelativos de “anarquista” o aún “ácrata” que algunos han instalado acerca de mis trabajos teóricos y prácticos.

Sigue el texto:
Cierto es que el marxismo siempre ha sido no sólo cuestionado, sino negado por quienes, dados su interés de clase o su privilegiada posición social, no pueden soportar una teoría crítica y una práctica encaminadas a transformar radicalmente el sistema económico-social en el que ejercen su dominio y sus privilegios. Pero no es éste el cuestionamiento que ahora tenemos en la mira, sino el que cala en individuos o grupos sociales, ciertamente perplejos o desorientados, aunque no están vinculados necesariamente con ese interés de clase o privilegiada posición social. Esta perplejidad y desorientación, que se intensifica y amplía bajo el martilleo ideológico de los medios masivos de comunicación, sobre todo desde el hundimiento del llamado ’socialismo real’, constituye el caldo de cultivo del cuestionamiento del marxismo, que puede condensarse en esta lacónica pregunta: ¿se puede ser marxista hoy? O con otras palabras: ¿tiene sentido en el alba del siglo XXI pensar y actuar remitiéndose a un pensamiento que surgió en la sociedad capitalista de mediados del siglo XIX?

Comento:
Indudablemente aún estamos en el capitalismo en sus dos formas, el capitalismo concurrencial y el capitalismo de estado, por lo que el análisis de Marx sigue siendo vigente, aún en sus rasgos menos “útiles” para la ortodoxia, como por ejemplo la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, debidamente arrinconada por la nomenklatura, tema al que volveremos más adelante. Es demasiado obvio que el llamado “marxismo” al final, por las necesidades de la burocracia de acceder y administrar el poder público estatal, acabó demostrándose como un engendro que cayó por su propio peso, por lo que sostengo que no son las ideas de Marx las que están siendo puestas en cuestión en el fondo, sino que se trata simplemente de la lucha ideológica contra las luchas emancipatorias que aprovechan el fin de una experiencia negativa para envolvernos a todos en el mismo saco. Los propios “marxistas” llegaron a creer que había acabado la lucha emancipatoria y se trataba de poner orden al nuevo modelo, lo que se encargó posteriormente el extraño menjurje del “estructuralismo marxista” de Althusser que copió Marta Harnecker y que negaba en esencia el carácter transicional del socialismo, transformando la dialéctica en un componente estructural que sobrepasaba el antagonismo creyendo que ya se había llegado a la sociedad liberadora. Así Harnecker circuló de experiencia en experiencia tratando de descubrir y afirmando los elementos de cristalización de las luchas y los gobiernos, casi en la frontera del estructural-funcionalismo norteamericano y la teoría de los sistemas de Niklas Luhmann. Entendemos que por eso Alma Negra se retiró de la Surda. Si no es así, reconoceré con gusto mi equivocación. Esa organización, después de asumir las tesis oportunistas de Harnecker sobre la “subordinación” de la que llamó izquierda social a la izquierda política, se quebró en mil pedazos que todavía aletean con una serie de corrientes, grupos y tendencias, entre ellas los mal llamados “autonomistas”, que intentan llevar a la autonomía también al terreno paradigmático y de receta de cocina, lo que es una contradicción.

Sigue el texto:
Ahora bien, para responder a esta pregunta habría que tener una idea, por mínima que sea, de lo que entendemos por marxismo, dada la pluralidad de sus interpretaciones. Pues bien, teniendo esto presente, y sin pretender extender certificados de ‘pureza’, se puede entender por él -con base en el propio Marx- un proyecto de transformación del mundo realmente existente, a partir de su crítica y de su interpretación o conocimiento. O sea: una teoría y una práctica en su unidad indisoluble. Por tanto, el cuestionamiento que se hace del marxismo y se cifra en la pregunta de si se puede ser marxista hoy, afecta tanto a su teoría como a su práctica, pero -como trataremos de ver- más a ésta que a aquélla.

Comento:
El proyecto de Marx y el proyecto del mal llamado “marxismo” son diferentes. El paradigma que traza el camino por el cual iremos todos a la victoria no es el eje del pensamiento y obra de Marx, más preocupado del modo de intervención de los productores de plusvalía en el antagonismo con el capital, que de determinar luces para el encaminamiento, o seas, le interesaba por sobre todas las cosas el sujeto transformador o sujeto revolucionario. Si la relación entre propiedad y no propietarios en el esclavismo se presentaba como la propiedad de la fuerza de trabajo y en el feudalismo mediante el sometimiento del siervo a la gleba, en el capitalismo existe lo que Marx llamó la relación orgánica del capital, la vinculación entre capital variable y capital constante, siendo el primero el que produce nuevo valor, que al no ser retribuido completamente resulta en la plusvalía, la parte no pagada del nuevo valor, de donde sale la ganancia. He ahí las formas específicas de los tres modos de producción sobre los que se instalan o levantan las específicas formaciones económicas sociales. En la lógica del antagonismo el productor de plusvalía es para Marx el eje y en especial a mediados del S.XIX después de la revolución industrial que acrecentó enormemente la maquinización, de allí que observa y analiza la Comuna de París en uno de sus últimos textos en vida: “La Guerra Civil en Francia”, donde relata los acontecimientos en los capítulos uno y dos, en tanto analiza y extrae conclusiones en el capítulo 3. Esa era la genialidad de Marx, observar el desarrollo de los acontecimientos y extraer conclusiones para avanzar. Lo sorprendente es que en ese libro, también debidamente escamoteado por la nomenklatura, pues no forma parte (obvio) de las escuelas de cuadros militantes estigmatizándolo como un texto meramente teórico e intelectual, como quien tiene que leer a Hegel o Kant, asustando a los eventuales lectores, se encuentran algunas citas que luego Engels rebate, cuestiona y las presenta de otra forma en su introducción que Marx no debe haber alcanzado a ver. Anotamos sólo tres para no extenderme en demasía:
“Los obreros no necesitan un programa acabado, sino dar rienda suelta a la contradicción tras el vago anhelo de la república social”
“La comuna cumple las funciones del estado, dejando para la centralidad sólo algunos aspectos”
“No se requiere un ejército profesional, sino el armamento generalizado del pueblo”.

Engels contrapone:
“La comuna es la forma que adquiere el estado. He ahí la dictadura del proletariado”
“Es necesario un ejército profesional”
También se extiende en el aspecto programático. Queda obvio en esta introducción y en las tres notas de Marx que no es “marxista”, dos de ellas dirigidas a Engels, que ya este último graneaba el paradigma-receta.

Sigue el texto:
II
En cuanto teoría de vocación científica, el marxismo pone al descubierto la estructura del capitalismo, así como las posibilidades de su transformación inscritas en ella, y, como tal, tiene que asumir el reto de toda teoría que aspire a la verdad: el de poner a prueba sus tesis fundamentales contrastándolas con la realidad y con la práctica. De este reto el marxismo tiene que salir manteniendo las tesis que resisten esa prueba, revisando las que han de ajustarse al movimiento de lo real o bien abandonando aquellas que han sido invalidadas por la realidad. Pues bien, veamos, aunque sea muy sucintamente, la situación de algunas de sus tesis básicas con respecto a esa triple exigencia.
Por lo que toca a las primeras, encontramos tesis que no sólo se mantienen, sino que hoy son más sólidas que nunca, ya que la realidad no ha hecho más que acentuar, ahondar o extender lo que en ellas se ponía al descubierto. Tales son, para dar sólo unos cuantos ejemplos, las relativas a la naturaleza explotadora, depredadora, del capitalismo; a los conceptos de clase, división social clasista y lucha de clases; a la expansión creciente e ilimitada del capital que, en nuestros días, prueba fehacientemente la globalización del capital financiero; al carácter de clase del Estado; a la mercantilización avasallante de toda forma de producción material y espiritual; a la enajenación que alcanza hoy a todas las formas de relación humana: en la producción, en el consumo, en los medios masivos de comunicación, etcétera, etcétera.

En cuanto a las tesis o concepciones que habría que revisar para ajustarlas al movimiento de lo real, está la relativa a las contradicciones de clase que, sin dejar de ser fundamentales, tienen que conjugarse con otras importantes contradicciones en la sociedad actual: nacionales, étnicas, religiosas, ambientales, de género, etcétera. Y por lo que toca a la concepción de la historia hay que superar el dualismo que se da en los textos de Marx, entre una interpretación determinista e incluso teleológica, de raíz hegeliana, y la concepción abierta según la cual ‘la historia la hacen los hombres en condiciones determinadas’. Y que, por tanto, depende de ellos, de su conciencia, organización y acción, que la historia conduzca al socialismo o a una nueva barbarie. Y están también las tesis, que han de ser puestas al día acerca de las funciones del Estado, así como las del acceso al poder, cuestiones sobre las cuales ya Gramsci proporcionó importantes indicaciones.
Finalmente entre las tesis o concepciones de Marx y del marxismo clásico que hay que abandonar, al ser desmentidas por el movimiento de la realidad, está la relativa al sujeto de la historia. Hoy no puede sostenerse que la clase obrera sea el sujeto central y exclusivo de la historia, cuando la realidad muestra y exige un sujeto plural, cuya composición no puede ser inalterable o establecerse a priori. Tampoco cabe sostener la tesis clásica de la positividad del desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas, ya que este desarrollo minaría la base natural de la existencia humana. Lo que vuelve, a su vez, utópica la justicia distributiva, propuesta por Marx en la fase superior de la sociedad comunista con su principio de distribución de los bienes conforme a las necesidades de cada individuo, ya que ese principio de justicia presupone una producción ilimitada de bienes, ‘a manos llenas’.

Comento:
No estoy de acuerdo con que Marx quedó pegado con el determinismo, ya que su análisis de la Comuna demuestra una notable evolución y superación de ese aspecto de enfocar la historia que hacen los hombres. Si concuerdo con el autor en términos del dualismo que proviene de Hegel, sin embargo el autor escamotea que esa es justamente la dialéctica historicista hegeliana, muy apreciada por Engels en todos sus escritos, en particular su “Dialéctica de la Naturaleza” y que en gran parte explican su necesidad urgente de instalar un paradigma, una receta.
Tampoco estoy de acuerdo con la caracterización de fundamental que otorga a las clases, aún reconociendo como pocos autores que hay otros sectores en la “contradicción”, sin dejar en claro cual sería la caracterización de esos otros sectores, si acaso aliados del proletariado como se planteaba respecto del campesinado.

Aquí el autor se pierde en el sujeto de la historia, que no puede ser central y exclusivamente la clase obrera, aún sosteniendo con mucho acierto a mi entender que estamos en presencia de un sujeto plural, pero divaga acerca de ello respecto de que su composición no puede ser inalterable o establecerse a priori, lo que lleva a confusión y a algunos tal vez a saltarse el concepto dejándolo genéricamente como algo difuso. Es necesario precisar ese concepto, que Toni Negri lleva hacia el “obrero social” o aún a la “multitud”, que aunque el autor italiano intenta precisar, aún permanece en la nebulosa. Entregaremos algunos elementos al final del comentario de esta parte.

Sobre el acceso al poder y las importantes indicaciones de Gramsci tenemos que hacer dos acotaciones, la primera tiene que ver con la hegemonía ideológica, política y cultural, con la cual se puede ir prácticamente controlando internamente los aparatos ideológicos del estado y del estado mismo, lo que resultó en la fractura del movimiento comunista europeo en lo que se llamó el eurocomunismo, que abandonó todas lucha social para dedicarse a ganar espacios ideológicos, culturales y políticos dentro de las instituciones, en tanto los demás se dedicaban a defender el purismo del modelo soviético. De más está decir que los eurocomunistas se pasaron en masa a la socialdemocracia. La segunda acotación tiene que ver con la experiencia histórica de la burguesía, que instaló su hegemonía económica primeramente, bases materiales específicas y concretas sobre las cuales asentaron el desarrollo de los demás aspectos de la hegemonía, con todo lo cual consiguieron imponerse a los sans culottes que habían tomado la Bastilla y a la oligarquía feudal monárquica. La nomenclatura ha escamoteado también ese aspecto material de la hegemonía económica, pues su disposición es a administrar el mismo capitalismo que combaten, obsesionados por el poder estatal, desde donde cambiarían la propiedad para el común, sin proponérselo nunca, salvo excepciones, como la economía del comunismo de guerra, que Lenin echó para atrás cuando las cosas se estabilizaron para instaurar la NEP.

Veamos ahora algunas notas sobre el sujeto, no de la historia como dice el autor, sino de la lucha por la emancipación en esta fase histórica del capitalismo. Hasta la revolución industrial y esto también puede aplicarse a la segunda revolución industrial de fines de los 1800 y comienzos de los 1900, era imaginable que los sujetos de la contradicción principal, es decir, los productores de plusvalía, administrasen los asuntos públicos en beneficio de todos, incluyendo a sus familiares, trabajadores de otras áreas y campesinos, aunque difiero que haya tenido que ser en la forma “estado”, sino más bien debería haber sido hecho como visualizaba Marx, desde las comunas, ya que la transición hacia las formas de vida comunitaria habría sido más razonable y lógica de esa manera, tal como levantaron los Consejistas y los seguidores de Marx que defendían la autonomía de los soviets para el autogobierno pleno y la coordinación de “algunos aspectos” centrales en los territorios de un país o alianza de países.

Ya en los Grundisse, en el “Fragmento de las máquinas”, Marx señalaba que la maquinización llevaba y llevaría a la disminución cada vez más acentuada de la mano de obra, cosa que hemos visto ha sucedido de forma impresionante hasta la tecnología moderna, por lo que la presencia de la plusvalía sería cada vez menor y los capitalistas obtendrían menos y menos ganancia en cada mercancía. Así llega a la magistral conclusión de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Eso llevó a los propietarios a la necesidad de producir y realizar mayor y mayor cuantía de mercancías y hoy día asistimos a una verdadera avalancha contra la naturaleza en la extracción de materias primas para lanzar aún más productos al mercado, cada uno con menos ganancia aún, y para eso necesitan más petróleo, agua, electricidad y en fin, el extractivismo moderno niña de los ojos de la acumulación. Por eso el antagonismo está dejando de ser estrictamente entre burguesía y clase obrera para pasar a una contradicción entre esa misma burguesía y toda la humanidad, incluyendo a la naturaleza. No es extraño que sean las comunidades originarias las más combativas al respecto, pues representan la síntesis o simbiosis entre la humanidad y la naturaleza. El comunismo está así ad portas, lo que no quiere decir que será en corto plazo, pues ya alerta Wallerstein que se está gestando un nuevo modo de producción pos capitalista, con un núcleo globalizado en red de propietarios de carácter “nacional” en cada país y de carácter “internacional” en el conjunto, todo ello constituye para Negri el Imperio. Que sea definible así o no, es secundario, el hecho es que las alianzas con la “burguesía nacional” son hoy día la subordinación al capitalismo globalizado, cosa que parece importarle poco a algunos gobiernos progresistas.

Sigue el texto:
En suma, el marxismo como teoría sigue en pie, pero a condición de que, de acuerdo con el movimiento de lo real, mantenga sus tesis básicas -aunque no todas-, revise o ajuste otras y abandone aquéllas que tienen que dejar paso a otras nuevas para no quedar a la zaga de la realidad. O sea, en la marcha para la necesaria transformación del mundo existente, hay que partir de Marx para desarrollar y enriquecer su teoría, aunque en el camino haya que dejar, a veces, al propio Marx.

III
Ahora bien, reafirmada esta salud teórica del marxismo, hay que subrayar que éste no es sólo, ni ante todo una teoría, sino fundamental y prioritariamente, una práctica, pues recordemos, una vez más, que ‘de lo que se trata es de transformar el mundo’ (Tesis XI sobre Feuerbach de Marx). Pues bien, si de eso se trata, es ahí, en su práctica, donde la cuestión de si tiene sentido ser marxista hoy, ha de plantearse en toda su profundidad.

Comento:
Es notable la insistencia del autor en confundir el pensamiento de Marx con eso que se ha dado en llamar “marxismo”. Habla de todo lo que Marx hizo y dijo, para finalmente decir como Engels, contrariando a Marx, que eso es “marxismo”. Como decir “cristianismo” o “maoísmo”.

Sigue el texto:
Pues bien, considerando el papel que el marxismo ha desempeñado históricamente, desde sus orígenes, al elevar la conciencia de los trabajadores de la necesidad y posibilidad de su emancipación, y al inspirar con ello tanto sus acciones reivindicativas como revolucionarias, no podría negarse fundamentalmente su influencia y significado histórico-universal. Ciertamente, puede afirmarse sin exagerar, que ningún pensamiento filosófico, político o social ha influido, a lo largo de la historia de la humanidad, tanto como el marxismo en la conciencia y conducta de los hombres y de los pueblos.

Para encontrar algo semejante habría que buscarlo fuera de ese pensamiento, no en el campo de la razón, sino en el de la fe, propio de las religiones como budismo, cristianismo o islamismo, que ofrecen una salvación ilusoria de los sufrimientos terrenales en un mundo supraterreno. Para el marxismo, la liberación social, humana, hay que buscarla aquí y desde ahora con la razón y la práctica que han de conducir a ella.

Comento:
Aquí ya hay algo de fanatismo, pues la cosmovisión originaria, tanto en nuestro continente como en otros, han resistido la prueba del tiempo durante miles de años y hoy día es la base de la resistencia indígena contra la depredación y por la autodeterminación. Pero es típico de la formación europea de muchos autores “marxistas”, enceguecidos que no saben discernir los grandes aportes de Marx y los reducen a una mera guía para la acción, cuando el mismo Marx fue evolucionando hasta sus últimos días.

Sigue el texto:
Aunque sólo fuera por esto, y el ‘esto’ tiene aquí una enorme dimensión, el marxismo puede afrontar venturosamente su cuestionamiento en el plano de práctica encaminada a mejorar las condiciones de existencia de los trabajadores, así como en las luchas contra los regímenes autoritarios o nazifascistas o por la destrucción del poder económico y político burgués. Los múltiples testimonios que, con este motivo, podrían aportarse favorecen esta apreciación positiva de su papel histórico-práctico, sin que éste signifique, en modo alguno, ignorar sus debilidades, sombras o desvíos en este terreno, ni tampoco las aportaciones de otras corrientes políticas o sociales: demócratas radicales, socialistas de izquierda, diferentes movimientos sociales, o de liberación nacional, anarquistas, teología de la liberación, etcétera.
IV
La cuestión se plantea, sobre todo, con respecto a la práctica que, en nombre del marxismo, se ejerció después de haberse abolido las relaciones capitalistas de producción y el poder burgués, para construir una alternativa al capitalismo: el socialismo. Ciertamente, nos referimos a la experiencia histórica, que se inaugura con la Revolución Rusa de 1917, que desembocó en la construcción de la sociedad que posteriormente se llamó el ’socialismo real’. Un ’socialismo’ que se veía a sí mismo, en la ex Unión Soviética, como la base, ya construida, del comunismo diseñado por Marx en su Crítica del programa de Gotha.

Comento:
Si en el socialismo se abolieron las relaciones capitalistas de producción, entonces habría otro modo de producción, el modo de producción socialista, lo que es un contrasentido. El autor esconde que el socialismo es capitalismo de estado y sólo deja de serlo cuando acaba de abolir la propiedad y se pasa a la fase de cada quien según su necesidad, cosa que él mismo considera que ya no es más posible, lo que trae nuevas confusiones. Nunca se vieron en el comunismo los burócratas dirigentes, siempre supieron que administraban el capitalismo y ese camino sólo lleva a la vuelta del capitalismo concurrencial, Fue el Che quien puso el dedo en la llaga cuando levantó la bandera del socialismo cotidiano, es decir, bajar del estado al mundo de la vida. Pero bueno, ya todos sabemos lo que sucedió.

Sigue el texto:
Sin entrar ahora en las causas que determinaron el fracaso histórico de un proyecto originario de emancipación, al pretender realizarse, puede afirmarse: primero, que, no obstante los logros económicos, sociales y culturales alcanzados, condujo a un régimen económico, social y político atípico -ni capitalista ni socialista-, que representó una nueva forma de dominio y explotación. Segundo: que ese ’socialismo’ significó, no obstante, un dique a la expansión mundial del capitalismo, aunque es evidente también que con su derrumbe la bipolaridad en la hegemonía mundial dejó paso a la unipolaridad del capitalismo más depredador, concentrada en el imperio de Estados Unidos. Y tercero: que la opción por, y las esperanzas, en la alternativa social del socialismo quedaron sumamente reducidas o cegadas, así como las del marxismo que la inspiró y fundamentó. A ello contribuyó decisivamente la identificación falsa e interesada del ’socialismo real’ con todo socialismo posible y la del marxismo con la ideología soviética que lo justificó.

Comento:
El autor no quiere entrar en las causas del fracaso del socialismo como vía hacia la emancipación, cuestión que es común en todos aquellos que siguen levantando las banderas de la época del predominio de la plusvalía como base de la ganancia. Piensan que todavía hay que hablar del mismo discurso y seguir luchando por ese estado y si no les salimos al paso van a seguir haciendo de las suyas. Cuando reconozca que se trata de capitalismo de estado, recién podrá comenzar a ordenar sus ideas y encontrar las causas.

Sigue el texto:
V
Puesto que no es tan fácil negar el carácter liberador, emancipatorio, del pensamiento de Marx y del marxismo clásico, los ideólogos más reaccionarios, pero también más perspicaces del capitalismo, tratan de sostener la imposibilidad de la realización del socialismo. Y para ello recurren a diversas concepciones idealistas del hombre, la historia y la sociedad. Unas veces apelan a una supuesta naturaleza humana inmutable -egoísta, competitiva-, propia en verdad del homo economicus capitalista, incompatible con la fraternidad, solidaridad y cooperación indispensable en una sociedad socialista. Otras veces se valen de la concepción teleológica de la historia que decreta -muy hegelianamente- la inviabilidad del socialismo al llegar aquélla a su fin con el triunfo del capitalismo liberal, o más exactamente neoliberal.

Comento:
De acuerdo con el autor, excepto en su confusión entre el pensamiento de Marx y el que llama “marxismo clásico”.

Sigue el texto:
También se recurre a la idea fatalista de que todo proyecto emancipatorio, al realizarse se degrada o desnaturaliza inevitablemente. Y, por último, se echa mano del ‘pensamiento débil’ o posmoderno para el cual la falta de fundamento o razón de lo existente invalida toda causa o proyecto humano de emancipación.

Como es fácil advertir, en todos estos casos se persigue o alimenta el mismo fin: confundir las conciencias, desmovilizarlas y cerrar así el paso a la organización y la acción necesarias para construir una alternativa social al capitalismo y, por tanto, a todo pensamiento que -como el marxista- contribuya a ella.
VI
Ahora bien, aun reconociendo la falsedad de los supuestos ideológicos en que se apoyan estos intentos descalificadores, así como los intereses de clase que los promueven, es innegable que, a raíz del hundimiento del ’socialismo real’, se da un descrédito de la idea de socialismo y un declive de la recepción y adhesión al marxismo. Y ello cuando la alternativa al capitalismo, en su fase globalizadora, se ha vuelto más imperiosa no sólo porque sus males estructurales se han agravado, sino también porque al poner el desarrollo científico y tecnológico bajo el signo del lucro y la ganancia, amenaza a la humanidad con sumirla en la nueva barbarie de un holocausto nuclear, de un cataclismo geológico o de la supeditación de los logros genéticos al mercado.

De tal manera que, en nuestros días, el agresivo capitalismo globalizador hegemonizado por Estados Unidos, al avasallar, con sus guerras preventivas, la soberanía y la independencia de los pueblos, al hacer añicos la legalidad internacional, al volver las conquistas de la ciencia y la técnica contra el hombre y al globalizar los sufrimientos, humillaciones y la enajenación de los seres humanos, atenta no sólo contra las clases más explotadas y oprimidas y contra los más amplios sectores sociales, sino también contra la humanidad misma, lo que explica el signo anticapitalista de las recientes movilizaciones contra la guerra y de los crecientes movimientos sociales altermundistas en los que participan los más diversos actores sociales.

La emancipación social y humana que el marxismo se ha propuesto siempre pasa hoy necesariamente por la construcción del dique que detenga esta agresiva y antihumana política imperial estadounidense. Pues bien, en la construcción de ese dique al imperialismo que tantos sufrimientos ha infligido al pueblo cubano, está hoy sin desmayo, como siempre, y fiel a sus orígenes martianos, la Revolución Cubana.
VII
Llegamos al final de nuestro discurso con el que pretendíamos responder a la cuestión de si se puede ser marxista hoy. Y nuestra firme respuesta al concluir, es ésta: puesto que una alternativa social al capitalismo -como el socialismo- es ahora más necesaria y deseable que nunca, también lo es, por consiguiente, el marxismo que contribuye -teórica y prácticamente- a su realización. Lo cual quiere decir, a su vez, que ser marxista hoy significa no sólo poner en juego la inteligencia para fundamentar la necesidad y posibilidad de esa alternativa, sino también tensar la voluntad para responder al imperativo político-moral de contribuir a realizarla.

Por último, reitero mi más profundo agradecimiento a la Universidad de La Habana, porque con la alta distinción que me otorga, me da un vigoroso impulso para continuar, en su tramo final, la obra que ha tenido y tiene como eje teórico y vital al marxismo

Comentario:
Dejando de lado la reiteración del “marxismo” del autor, el pensamiento de Marx sigue teniendo vigencia, así como su texto acerca de la comuna de París, donde pudo ver en concreto como gente que adscribía a otros paradigmas y no al de la internacional comunista, que fueron sumamente minoritarios en esa ocasión, era capaz de transformar el sueño en realidad. Él ya podía morir feliz, pues por fin se construían nuevas formas asamblearias, participativas y horizontales de una comuna autónoma, que luego levantarían los campesinos rusos mucho antes que los obreros y los bolcheviques comprendieran su significado, y los bolcheviques dirigidos por Lenin nunca lo comprendieron ya que entre las posturas contradictorias de Marx y las de Engels respecto de la Comunne, Lenin escogió las de Engels, como lo demuestra su libro “el estado y la revolución” y donde además se declara jacobino, es decir nada con la democracia directa, que les habría ayudado mucho, sino únicamente representativa, donde el pueblo delega su poder en los burócratas que formaron una casta, una nueva clase como define Cornelius Castoriadis a la dirigencia leninista. No olvidemos que el marxismo-leninismo fue un invento de Stalin, tal como el “marxismo” lo fue de Engels, que finalmente se burló del gran pensador y actor social en su propia tumba.

Honor a Marx, escupitajos para Engels y su “marxismo”.

Jaime Yovanovic Prieto (Profesor J)
Profesor_j@yahoo.com