Marcha indígena a 37 km de La Paz


El Deber
La marcha se encuentra en las puertas de La Paz, pero aún lejos de conseguir sus logros. Con una ciudad atenta al conflicto policial y a los festejos de San Juan, pocos se han percatado de que la columna se está a solo 37 kilómetros y que su éxito o su fracaso dependerá en gran medida del recibimiento que la sede de Gobierno le haga.

En eso está de acuerdo Pedro Nuni, el único diputado indígena que ha visitado la columna en 55 días de caminata. Nuni, confía en que el recibimiento de los paceños sea parecido al del año pasado y que eso obligue al Gobierno a atender sus demandas de forma rápida. Caso contrario, ya lo dijo el presidente de la Cidob, Adolfo Chávez, la columna está lista para quedarse durante semanas en La Paz.

De manera superficial, se puede decir que la marcha es para que una carretera no pase a través del corazón del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). Fernando Vargas, presidente de la subcentral Tipnis, lo ha explicado muchas veces. Para ellos la carretera no es progreso sino muerte, que consideran que servirá para que los cocaleros de Chapare invadan su territorio y que, al cabo de pocos años, ellos terminarán de peones de cocaleros.

Sin embargo, de cerca, la marcha es un ‘archipiélago’ de demandas que cubre casi todo el territorio nacional. Están los movimas que reclaman que los ganaderos y las concesiones forestales achican su territorio y los relegan a las tierras más bajas de Beni. Eso provoca que, en época de lluvia, no tengan dónde llevar a sus animales y el único lugar donde resguardarse que les queda es Santa Ana de Yacuma.

Están los pueblos del norte de La Paz, a los que acechan varios peligros. A Edwin Miro, presidente de esta central, le preocupan que los proyectos de extracción de petróleo en dicho territorio no han pasado por la aprobación y la consulta con información suficiente para las nueve subcentrales paceñas. También se está construyendo un camino a través de este territorio, que ha provocado, por ejemplo, que los colonizadores cercanos a Yucumo arrinconen a los indígenas tsimanes. Pero tal vez la principal amenaza que deben enfrentar es el proyecto hidroeléctrico de El Bala, que puede inundar gran parte de su territorio, justo donde se encuentran las comunidades indígenas. Hay otros que han llegado a la marcha con una mano delante y la otra atrás. Ese es el caso del pueblo Ese Ejja, que ni siquiera tiene un pedazo de tierra para defender. El único espacio fijo que tienen no está a su nombre, es decir, no les pertenece, por más que ellos la llamen comunidad Eyiyokibo. Son seis hectáreas que se va comiendo el río Beni. Allí viven unas 60 familias que sobreviven de la pesca. “No es que no queramos sembrar o hacer chaco, es que no tenemos dónde”, dice Gualberto Rojas, uno de los líderes de la delegación.

En realidad, además de buscar que se les dé un territorio, los esse ejjas han venido a la marcha a aprender a organizarse. “Nosotros nos amansamos recién en 1999, así que todavía nos cuesta organizarnos”, añade.

Hubo otros que tuvieron que contradecir a sus regionales a riesgo de ser expulsados de su comunidad y que volvieron a casa en un cajón de madera. Otilia Cunay y Alejandro Cayuba eran hermanos y pertenecía al Gran Consejo Tsiname, que prohibió a sus integrantes asistir a la marcha para honrar un compromiso con el Gobierno. Cunay era dirigente nacional de Educación de las mujeres indígenas y Alejandro, uno de los líderes históricos de los tsimanes. Fue el segundo presidente del Gran Consejo y participó de las nueve marchas antes de morir el martes en un accidente de tránsito. En ambos había compromiso, pero también una necesidad grande: los colonos han invadido y chaqueado al menos 100 hectáreas de la comunidad de San Miguel del Martirio, a 30 kilómetros de San Borja. El monte donde los tsimanes cazan y recolectan puede transformarse en potrero, por eso hasta 60 miembros de esa comunidad se unieron a la marcha para defender su territorio. Ya lo intentaron con el Gran Consejo Tsimane, pero ellos no han hecho nada para detener el avance de campesinos locales y colonos de Yucumo.