Bolivia: Apuntes sobre problemas de la transición

El proceso existe, ha sido abierto por las luchas sociales, lo que no existe es un gobierno que está con el proceso. Se trata de un gobierno equivalente a todos los gobiernos, a las formas gubernamentales del Estado liberal.



Apuntes sobre problemas de la transición
Raúl Prada Alcoreza

El principio existencial del proceso
El proceso existe, ha sido abierto por las luchas sociales, lo que no existe es un gobierno que está con el proceso. Se trata de un gobierno equivalente a todos los gobiernos, a las formas gubernamentales del Estado liberal.

Los horizontes de la Constitución
La Constitución realiza y expresa la larga lucha descolonizadora iniciada con los levantamientos indígenas del siglo XVIII. La izquierda colonial nunca ha entendido que la lucha anticapitalista consecuente debe ser también y primordialmente una lucha anticolonial y descolonizadora. La Constitución abre el cause a una transición pos-capitalista más compleja y más rica que la transición de la dictadura del proletariado, que se quedó en los límites de la modernidad, la cuna y matriz del capitalismo. El proyecto socialista no pudo nunca salir de los horizontes del capitalismo. La revolución india va más allá, hacia un modelo civilizatorio alternativo a la modernidad, al capitalismo y al desarrollo. La izquierda colonial no se ha enterado que ha caído la Unión Soviética debido a las profundas contradicciones de la construcción del socialismo real, y que la China ha convertido la construcción socialista en un socialismo de mercado; es decir, en la emergencia de la nueva potencia capitalista, sobre la base del capitalismo salvaje. Lo que los izquierdistas coloniales sobrevivientes tienen como referente es sólo un imaginario, se invisten de las glorias de revoluciones pasadas, sin haber hecho una. Cuándo aparece una, distinta, compleja, en los nuevos escenarios del capitalismo, en las condiciones de sus nuevas crisis estructurales, prefieren no comprenderla pues no se parece a sus esquemas, tampoco ya entiende las transformaciones de los ciclos del capitalismo. Prefieren revivir sus fantasmas y echar piedras contra un proceso real que intenta otro camino alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo, que forma parte de las ilusiones de los capitalismos periféricos.

Sobre la revolución cultural
La revolución cultural está inhibida por dos contrariedades; por una parte no se ha dado lugar a la participación, como exige la Constitución, tampoco a la movilización, como lo requiere la revolución cultural; por otra parte los maestros siguen siendo modernistas y desarrollistas, como recién salidos de la guerra del Chaco. No entienden, como la izquierda colonial, que el anticapitalismo consecuente es también anticolonialismo. No han ingresado a las luchas reales del presente contra el capitalismo, contra la modernidad, que es su matriz cultural, y contra el desarrollo, que es la ilusión de las élites periféricas, así mismo también de la izquierda colonial. Siguen luchando contra fantasmas, atrapados en su imaginario supuestamente revolucionario, investidos de la gloria de las revoluciones pasadas sin haber hecho una revolución en su país; fantasma de la revolución, que no es otra cosa que una anacronismo no resuelto después de la caída de la Unión Soviética y la conversión de China en la nueva potencia capitalista emergente durante la clausura del ciclo del capitalismo vigente. La revolución cultural debe ser descolonizadora, constitutiva de sujetos emancipados de las relaciones de dominación heredadas.

La violencia profusa del gobierno, de la representación y de las palabras La doble moral, el doble discurso del gobierno y la violencia descomunal de los cocaleros
El gobierno y la Asamblea Legislativa Plurinacional han promulgado una ley que declara intangible al TIPNIS; el gobierno se ha puesto a trabajar con los dirigentes indígenas la reglamentación de la ley. Se llegó a un acuerdo; respecto a este acuerdo ahora expresa que tiene observaciones. Un senador de La Paz dice que los indígenas que no marcharon pueden plantear la inconstitucionalidad de la ley. ¿Habrá leído este senador la Constitución? ¿Sabrá que la Constitución protege el parque y el territorio indígena, que exige consulta previa libre e informada? ¿Comprenderá que el modelo alternativo al capitalismo a la modernidad y al desarrollo, que es el vivir bien, protege a la Madre Tierra del extractivismo, de la desforestación y el monocultivo, para no hablar de la producción de cocaína? Se puede decir cualquier cosa sin inmutarse de no sólo contradicciones sino de aterradores sin sentidos. Eso es posible en la medida que los que representan al pueblo, los representantes, senadores y diputados, no tienen la menor idea del proceso constituyente, menos de lo que significa el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Hay en todo esto, en todas estas bochornosas declaraciones, exacerbadas confusiones.
Hay que decirlo de manera directa, las luchas sociales, sobre todo las correspondientes al ciclo de movimientos sociales de 2000 al 2005, no se efectuaron para que los cocaleros se hagan ricos, tengan más tierra a costa de los indígenas, a costa de los territorios indígenas, en contra de sus naciones y pueblos, en contra de sus derechos. Eso no es emancipación, la emancipación abarca y compromete a todos, libera a todos de las múltiples cadenas de dominación, libera a proletarios, a pueblos, a naciones, a mujeres, a sujetos y subjetividades. No se ha peleado para tener nuevos amos, nuevos amos desalmados, que lo único que les interesa es la ganancia, lícita e ilícita, que lo único que buscan es ampliar la frontera agrícola, destrozar los territorios ricos en diversidad, oprimir a los indígenas como en las peores épocas de las formas violentas del colonialismo. Todas estas violencias y dominaciones contra las que se lucho obviamente no están legitimadas ni legalizadas en la Constitución sino en la cabeza delirante de senadores, de ministros y gobernantes, también en la cabeza delirante de algunos dirigentes cocaleros. A estos caballeros, machos y dominadores, nuevos amos y nuevos ricos, hay que decirles que los movimientos sociales no pelearon por esto, por una nueva burguesía desvergonzada, tan explotadora y violenta como la otra, la antigua, ahora aliada. Para ambas burguesías los indígenas son un obstáculo, sus territorios son un obstáculo, sus derechos, consagrados en la Constitución son obstáculo. La misma Constitución es un obstáculo. Por eso arremeten contra la Constitución, las leyes, los derechos, los territorios indígenas, las naciones y pueblos originarios.
Hacer un recuento de lo que ocurre sorprende por la asombrosa sintomatología que arroja. Mientras se promulgaba la ley, se discutía la reglamentación y se llegaba a un acuerdo, ocurría paralelamente otra cosa, otro flujo de hechos que atetan notoriamente contra la ley corta promulgada, contra la reglamentación y los acuerdos. Para hacer este recuento vamos a recurrir a la fuente de Sarela Paz, antropóloga e investigadora, que comenta estos alarmantes sucesos:
Mientras sucedía lo que parecía ser la finalización del conflicto del TIPNIS brigadas de cocaleros ingresaron al núcleo del TIPNIS con motosierras para abrir una senda. Partieron hace tres semanas, a razón de tres comisiones, lo hicieron desde la comunidad Tres de Mayo del Ichoa, comunidad mojeña. Han entrado con motosierras, se cuenta que entre 50 y 60 personas han ingresado conformando las tres distintas comisiones mencionadas. Lastimosamente se encontraban acompañadas por familias yuracarés que pertenecen a San Antonio del Moleto, Fátima de Moleto y Mercedes del Lojojouta. Han abierto la senda entre el Ichoa y el Sécure. Acaban de salir al Sécure, aguas más abajo de la comunidad de Areruta. En otras palabras, ya han abierto la senda que no había y que ha penetrado el núcleo del TIPNIS, han atravesado el parque y el territorio indígena, sin consentimiento de ninguna clase; seguramente ahora nos van a decir que esa senda ya estaba. De hecho el alcalde de Villa Tunari dijo, cuándo se aprobó la ley corta, que ellos en persona abrirán el camino. Al gobierno no le preocupa la noticia; es más, es cómplice de esta acción beligerante y violatoria de derechos, leyes y Constitución. Aplica la intangibilidad para los indígenas, empero no para los colonos. Esta es la razón por la que el senador Julio Salazar dijo que estamos perdiendo el tiempo haciendo el reglamento. El mismo senador tiene tierras dentro del TIPNIS y sabía lo que estaban haciendo los cocaleros. Seguramente el presidente y sus ministros estaban informados de lo que sucedía. Estos hechos alarmantes los conocen los dirigentes del Sécure. Los dirigentes del TIPNIS se encuentran desconcertados, aunque sabían que todo esto iba a suceder. La pregunta es: ¿Quién ha puesto dinero para dicha movilización de los colonos, brigadas de 60 personas, armadas con motosierras y gasolina? Ante semejante vejamen, los indígenas quieren hacer un encuentro territorial en la comunidad de Santo Domingo. En estos momentos una comisión del gobierno se encuentra en la zona central del Ichoa, ¿qué es lo que hace? ¿Coordina acciones para seguir avasallando, para seguir violando la Constitución, la ley, los acuerdos, el reglamento?[1]
Como se ve, no se respeta nada, ni acuerdos ni leyes. No importa, lo que importa es imponer por la fuerza la voluntad de los que se sienten propietarios del gobierno, del Estado, ahora de los territorios indígenas, que avasallan como en los peores tiempos de la expansión colonial de los latifundistas. Estos hechos alarmantes muestran claramente cuál es el sentido de las políticas gubernamentales, cuál es la dirección de sus medidas, cuál es su vocación. Sabíamos que el gobierno había optado por el modelo extractivista del capitalismo dependiente, por la supeditación a las empresas trasnacionales, al IIRSA y al proyecto hegemónico de la burguesía brasilera, sabíamos que su alianza es con la burguesía agroindustrial y los terratenientes, en contra de los indígenas; ahora sabemos que además no tiene ley ni palabra, no le importa lo que acuerda. Se ha vuelto a la ley del más fuerte, a la razón de la violencia. Sobre estas bases, no sólo se impone el Estado de excepción, la tiranía, sino la violencia descomunal de los intereses más pedestres, el de las ganancias ilícitas y la economía política de la cocaína.
No sabemos ahora en qué va a terminar el conflicto del TIPNIS, pues el gobierno ha decidido comportarse bravuconamente. Lo que sí sabe el pueblo que ha abierto este proceso, el proceso constituyente, el proceso que debería ser descolonizador, lo que sí saben los movimientos sociales, las naciones y pueblos indígenas originarios, las juntas de vecinos, las organizaciones de jóvenes autogestionarios, los sindicatos, los mineros, la COB, que apoyaron la defensa del TIPNIS, que volveremos a salir a las calles y a los caminos, que volveremos a movilizarnos no solo por la defensa del TIPNIS sino por la defensa del proceso contra un gobierno que ha usurpado a los movimientos sociales y al pueblo sus consecutivas victorias políticas, ha usurpado el proceso para ir por otro lado, en contra de la Constitución, en contra de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, en contra del vivir bien, en contra de la Madre Tierra y a favor de las empresas trasnacionales, de la nueva burguesía recompuesta, conformada por los nuevos ricos y la vieja burguesía agroindustrial, comercial y financiera. La contradicción entre un gobierno extractivista-desforestador y el pueblo, el poder constituyente, que son los movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios, la contradicción entre un gobierno cipayo, al servicio de la burguesía brasilera internacionalizada ha llegado a un punto culminante de la contradicción y la crisis del proceso. Los movimientos sociales, naciones y pueblo estamos obligados a recurrir a las profundas fuerzas de la dignidad, de la emancipación, de la rebelión, para detener la descomunal violencia estatal, la despavorida violencia de los nuevos ricos y de la burguesía recompuesta que tiene en la mira la ampliación de la frontera agrícola, que es lo único que sabe hacer, pues no es productiva; transfiere los costos de producción, de los monocultivos, a la naturaleza. Este capitalismo extractivista es la continuación, por los medios de la desforestación salvaje, del capitalismo dependiente de todas las élites criollas que han gobernado el país, que ahora han transferido esta compulsión destructiva a nuevos ricos, que tienen en la mira no el desarrollo sino la ganancia fácil. Por eso, en defensa de la Constitución, del Estado plurinacional comunitario y autonómico, del vivir bien, de la descolonización, en defensa de la cohesión social y comunitaria, debemos salir, movilizarnos, en contra de este proyecto del capitalismo salvaje.
Debemos comprender las causas profundas de estas contradicciones, debemos entender que los procesos, llamémosle revolucionarios o transformadores, conllevan contradicciones inherentes, pues son herederas de la institucionalidad de la vieja maquinaria estatal, son herederas de las estructuras de poder cimentadas, no desmanteladas, son herederas de ilusiones de riqueza y de desarrollo, profusamente difundidas por la modernidad y el capitalismo. No iba a ser fácil dar lugar, liberar las potencialidades y capacidades del pueblo movilizado, de las naciones y pueblos indígenas originarios, de los sectores populares urbanos, del proletariado nómada, pues también las contradicciones yacen en el seno del pueblo, las contradicciones forman parte de nosotros, un nosotros que tiene un pasado de dominación, de violencia cristalizada en los huesos, y por lo tanto podía repetir esa violencia con otros, podía querer reproducir al amo, ser semejante al amo, que nos había dominado e inscrito su imagen en nuestro inconsciente. Por eso es importante que resolvamos las contradicciones en el seno del pueblo, en la interioridad convulsa de nosotros mismos, es indispensable que luchemos con la parte retrograda, la parte conservadora, la parte egoísta de nosotros mismos, y liberemos la parte innovadora, emancipadora, libertaria, creativa, rebelde de nosotros mismos. Una transición descolonizadora sólo se puede construir si liberamos esta parte, la que corresponde a la imaginación radical y al imaginario radical.
Este proceso no le pertenece al MAS, no le pertenece a Evo, menos a Álvaro, mucho menos a sus ministros y senadores “llunkus”, tampoco a los dirigentes corruptos y cooptados, que no llaman a reunión con sus bases para tomar decisiones. Este proceso le pertenece, en primer lugar, a los muertos que ofrendaron sus vidas, a los heridos, a los familiares de los heridos y las víctimas; en segundo lugar, le pertenece a los movimientos sociales y naciones y pueblos indígenas originarios; en tercer lugar, le pertenece a toda la gente que ha confiado y ha votado consecutivamente por un proceso de cambio, por una Constitución descolonizadora, por un nuevo Estado. Esta propiedad colectiva e histórica del proceso debe ser recuperada de manos de los que usurpan las luchas en beneficio propio.

El fiscal encubridor
El comportamiento del fiscal es francamente encubridor. Esa es una conducta que devela la supeditación completa de la administración de justicia al ejecutivo. No solamente estamos repitiendo los males de una administración de justica corrupta, de la que deberíamos salir, sino la complicidad de los fiscales con la injusticia. Los indígenas reprimidos, mujeres, niños y ancianos, contra quienes se ejerció violencia y conculcación de sus derechos constitucionales, no tendrán justicia. Van a tener que volver a vivir las perversiones de la justicia criolla. Nadie que tiene uso de razón y esta mínimamente informado puede admitir la hipótesis insólita de que ni el presidente ni el vicepresidente tuvieron nada que ver con la orden de represión a la marcha. La orden fue dada en gabinete y estaban todos presentes y tuvieron conocimiento pleno de lo que se daba como orden, además de que ya tenían preparado el documento que pedía intervención a la policía y fue firmado por la ministra de justicia. Después de esta muestra indecorosa de encubrimiento del fiscal, éste debería renunciar.

Perfiles jacobinos
El que tiene contradicciones profundas no resueltas, paradojas y hasta aporías irresolubles es el jacobino, que parece no entender la Constitución, el proceso, el carácter descolonizador del proceso y de la Constitución. No entiende qué significa territorio indígena, que significa área protegida. No entiende que el territorio y el parque están protegidos por la Constitución y las leyes. No entiende qué es consulta previa libre e informada, que ésta se la hace antes y no después. Que la consulta pasa por normas y procedimientos propios de los pueblos y comunidades, que la consulta cuenta con la obligada participación de las instituciones orgánicas indígenas y no con gente manipulada por el gobierno. No entiende que ha sido derrotado, que su soberbia ha sido derrotada, que su proyecto extractivista y desforestador ha sido derrotado. No entiende que hay una ley que protege el territorio y lo declara intangible, tampoco entiende que es intangible, cree que es absolutamente, inmaculadamente, intocable. Esta interpretación abstracta esta de acorde con toda la metafísica del fracaso que encarna. Menos se puede esperar que entienda que el Estado plurinacional comunitario y autonómico no es la restauración del Estado-nación, liberal y colonial; no entiende que la construcción del Estado plurinacional es la muerte del Estado-nación.
Ahora resulta que ENTEL se ha vuelto encuestadora, en vez de cumplir con sus funciones y dar buen servicio. Ahora resulta que ENTEL hace investigación de campo. ¿A dónde hemos llegado? ¿Dónde está la compostura? ¿Dónde está la seriedad? Se las ha perdido. Se cree que basta con la fuerza del Estado para escamotear los hechos, se cree que es suficiente la violencia para producir la realidad. Estos comentarios rayan en lo escandaloso del sin-sentido, no solo de la contradicción. ¿Qué hay detrás para llegar a esta desfachatez? ¿Qué tan grandes son los intereses para explicar estos exabruptos? ¿Qué fuertes son los compromisos como para dejar todo habito de racionalidad? Solo queda despejada la descarnada manipulación política. El objetivo es volver atrás, tirar por la borda la ley corta, el compromiso del presidente, el reglamento, la voluntad del pueblo que se ha levantado y apoyado la marcha, ha recibido multitudinariamente a los marchistas. No, esto no vale nada para el jacobino, lo que vale es la fuerza del Estado, ya no de la ley, pues se trata de un gobierno que no tiene ley ni palabra.

El imaginario del duelo
El vicepresidente ha convertido la política en un duelo personal, ha personalizado la política al extremo que ha confundido la realidad con su imaginario, donde los fantasmas del pasado, como el de Robespierre, fantasmas de las memorias de revoluciones pasadas, habitan el presente, agobiando a los vivos con sus propios delirios. Este es un síntoma de alucinación de grandeza, de creerse predestinado, y por lo tanto de cumplir con un guion, el del drama de la incomprensión. El problema es que esta confusión entre realidad e imaginación nos lleva a todos al derrotero del abismo donde los fantasmas sepultan a los vivos y asesinan las revoluciones reales del presente.

El vicepresidente quiere imponer su imaginario y convertirla en realidad por decreto; ignora la marcha indígena que ha defendido el TIPNIS, el apoyo multitudinario de la ciudadanía a la marcha, la ley promulgada, el reglamento de la ley. No contento con la invención de una marcha organizada por el gobierno, una marcha manipulada y presionada por los cocaleros, manda, como nunca, en ninguna marcha, una comisión de la Asamblea Legislativa para escuchar las demandas de los marchistas. ¿Acaso ignoran estos pedidos, son los mismos del núcleo desarrollista del gobierno, la carretera de la depredación? Este teatro descolorido y sin ingenio, quiere revertir la derrota sufrida; los indígenas vencieron a los delirios de grandeza del vicepresidente, a sus compromisos con el gobierno brasilero y las empresas trasnacionales petroleras y de la construcción, vencieron al espejismo del desarrollismo, que encubre el proyecto efectivo: modelo colonial extractivista. El imaginario jacobino otra vez se estrellara con la realidad, la voluntad del pueblo en defensa de la Constitución, los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios y la madre tierra.

La guerra de la madre tierra en el TIPNIS fue una guerra civilizatoria, el vivir bien contra del modelo extractivista que nos condena a la dependencia, también es una guerra contra la economía política de la cocaína, que destruye a las comunidades, los lazos sociales; economía que apuesta a la riqueza fácil, que dura un instante, renunciando a un proyecto colectivo de armonía social, comunitaria y con los ciclos vitales de la madre tierra. El vicepresidente encubre con su imaginario los reiterativos intereses que aplastaron al pueblo y lo condenaron a la miseria, intereses capitalistas, intereses de grupos de poder, intereses del diagrama de la corrupción e intereses de la economía política de la cocaína. Lastimosamente la cruda realidad es este circulo vicioso de lo mismo, no imaginaria. Se termina defendiéndolos intereses más pedestres y egoístas.

Apuntes para una breve historia de las injerencias del ejecutivo
En lo que respecta a la elección de los magistrados, la primera injerencia comenzó cuando los eligieron directamente, según listas manejadas de antemano, al mejor estilo del jacobino, sin consultar, sin participación de las circunscripciones y el pueblo, en gran debate abierto, bajo conocimiento de la gente, como establece la Constitución. El estilo jacobino es ese, la orden vertical a la que se debe obedecer sin discutir, la supeditación de la dinámica al Poder Constituido y de éste al ejecutivo, después la supeditación del ejecutivo y el Congreso a las decisiones solitarias de la clarividencia del émulo de Robespierre. Por eso la convocatoria a la Asamblea Constituyente desde el Congreso, a pesar de que ya fue convocada por la insurrección de los movimientos sociales, una convocatoria que limita los alcances del Poder Constituyente y busca subordinarla al Poder Constituido; después la ampliación de la temporalidad de la constituyente desde el Congreso, cuando la Asamblea Constituyente, como Poder Constituyente, tenía todas las atribuciones para hacerlo. Una vez que se aprueba la Constitución en Oruro, la hace revisar por el Congreso, el Poder Constituido, violando las atribuciones ilimitadas de la constituyente. La revisión es una acuerdo con los representantes de las oligarquías; las 144 revisiones son reduccionistas, limitativas y atentatorias del espíritu constituyente, como lo de la conculcación de la reforma agraria. Es el entorno pragmático el que ha estado detrás del gasolinazo y ha tratado defender férreamente esta medida de shock contra el pueblo. También es este entorno el que está totalmente comprometido con las empresas trasnacionales brasileras, petroleras y de la construcción. Un buen ejemplo de lo que decimos ocurre cuando sale el entonces Ministro de Hidrocarburos Andrés Soliz Rada por pedido de Marco Aurélio Garcia, asesor del entonces presidente Lula. El entonces ministro se negaba a que se firme un convenio atentatorio al Estado, a los intereses del país y que favorecía a PETROBAS; muy obedientes los gobernantes intervienen, sale el ministro del gabinete y se firma el convenio atentatorio.
Así mismo se trata del núcleo duro de nacionalistas, desarrollistas, que en el fondo no son más que extractivista, que ha conspirado contra el TIPNIS, a pesar de estar protegido por la Constitución y las leyes; núcleo duro que ha atentado contra los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, para favorecer a OAS y los compromisos con el gobierno brasilero. Ahora, este mismo núcleo duro, es el que quiere revertir la victoria indígena en la defensa del TIPNIS, buscando anular la ley corta mediante toda una tramoya y manipulación escabrosa, que utiliza a los avasalladores del TIPNIS, colonizadores, cocaleros y comunarios convertidos en cocaleros y en propietarios campesinos, afiliados a las Federaciones Cocaleras, en una marcha inducida por el gobierno precisamente para anular la ley corta que defiende al TIPNIS y aprobar la carretera de la depredación. ¿Cuál es la magnitud de los intereses y compromisos que se juegan en esto, de tal forma que deciden los gobernantes abandonar toda apariencia, todo decoro, toda compostura y portarse como vulgares cipayos al servicio de intereses extranjeros? Pero también, hay que anotar que también entran en juego intereses perversos de ciertos sectores de colonizadores y campesinos, los comprometidos con la coca excedentaria, destinada a la economía política de la cocaína.
No es entonces ninguna sorpresa la historia de las injerencias. El objetivo alucinante es el control total de todo el poder, la totalización del poder en manos de una persona, el clarividente. Sin embargo, esto no es posible; la paradoja se da: cuanto más se controla menos fuerza se tiene, cuanto más se tiene la apariencia del poder aplastante menos legitimidad se logra. Bastó una marcha indígena, digna y valiente, de defensa del TIPNIS para derrotar al gobierno, que se ha apartado del proceso, y recibir el apoyo multitudinario de las ciudades y de los pueblos por dónde pasó la marcha. No pudo la represión sañuda y calculada, preparada de antemano, movilizando funcionarios, recursos del Estado, policías y militares contra el acto heroico de los marchistas. Tampoco podrá una marcha oficialista, montada, inventada desde los escritorios, presionada por los cocaleros, organizada otra vez con los recursos del Estado revertir la victoria indígena.

Los partidarios de la carretera de la desforestación
Los que quieren la carretera de la deforestación, que atraviese el Territorio y Parque Isiboro-Sécure, son OAS, el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, el IIRSA, los nacionalistas y extractivistas del gobierno, los terratenientes que quieren ampliar la frontera agrícola. ¿Se puede hablar a nombre del pueblo cochabambino? ¿Quiénes son el pueblo cochabambino? La Universidad Autónoma de San Simón y otras instituciones están en contra de la construcción de la carretera que atraviese el territorio indígena. Los que quieren una carretera depredadora, extractivista y cocainera son los adherentes oficialistas y los “lunkus” que no entienden el proceso ni la Constitución.

Los objetivos de la Cumbre oficialista
¿Por qué se hace la Cumbre social? ¿Para qué? ¿Para abrir más todavía las compuertas a las empresas trasnacionales? Hacer más concesiones de exploración y explotación? ¿Qué tiene el borrador de la Cumbre Social preparado por el gobierno? ¿Qué compromisos ya se han cerrado secretamente con las empresas trasnacionales? ¿Van a usar la Cumbre para legitimar el proyecto extractivista, capitalista y dependiente? Estas preguntas son las que bordeaban la víspera de la famosa Cumbre Social, que no era otra cosa que un encuentro oficialista y de la burguesía recompuesta, donde los ministros ni siquiera dirigieron las mesas, que era ya el colmo, sino que prácticamente fueron las organizaciones sociales las que pedían audiencia a los señores y señoras ministros. Esto constata la subordinación de las organizaciones campesinas al mando de los ministros. ¿Ya no se confía en las organizaciones sociales? ¿Por qué no se las deja deliberar?

Cumbre borrascosa
Deberían dedicarse a cumplir con la Constitución en vez de llevarnos al despeñadero. La famosa Cumbre Social, que no tiene nada de plurinacional, porque no están las naciones y pueblos indígenas, sus organizaciones matrices, tiene una agenda que es más de los mismo, ratificar lo que se ha hecho, discutir banalidades, no deliberar, no permitir la crítica, embarcándose cada vez en el modelo colonial extractivista. No hay apertura al gran debate de fondo: Modelo extractivista o modelo alternativo al capitalismo, la modernidad y el desarrollo.

Metáforas literarias
Cumbres Borrascosas, en castellano, el título en inglés es Wuthering Heights. Se entiende que es la única novela de Emily Brontë. Fue publicada por primera vez en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell. Su hermana Charlotte editó una segunda edición póstuma. Esta novela se considera un clásico de la literatura inglesa; sin embargo, el recibimiento inicial de Cumbres Borrascosas fue como un desaire. La textura de la novela llama la atención, podemos hablar de un estructura innovadora, se trata de descubrimientos cada vez más micros, un acontecimiento guarda otros; a esta textura de la novela se suele comparar, por parte de la crítica, con algo parecido al descubrimiento de un conjunto de muñecas de Matryoshka. Una muñeca rusa, la más grande contiene a todas. Al principio, la crítica quedó desconcertada, sin embargo, algunos críticos contemporáneos a la autora pensaron que éste era un trabajo anterior, menos maduro, de Charlotte Brontë, comparándolo con el que había publicado antes Jane Eyre ese mismo año, bajo el seudónimo de Currer Bell. Empero las críticas posteriores revisaron esta visión; la novela es ulterior.
Cumbres borrascosas es el nombre de la finca donde suceden los hechos de la narración, hechos complicados y pasionales, hechos de amor, de amistad, pero también de ingratitud. Llama la atención el juego del título, que, a la vez de ser el nombre de la finca, alude a un lugar tomentoso. Que así se pueden tomar las historias que concurren.
A la vez podemos usar el título como metáfora, como juego de sentidos y significados; calificar a una “Cumbre social” como encrespada o turbulenta. En todo esto no hay teoría, hay literatura, que muchas veces sirve mejor para expresar los significados de los acontecimientos. La literatura tiene potencialidades estéticas que el análisis no los tiene.

A propósito de las 15 novelas fundamentales
No sé qué dirá mi amigo Oscar Vega, que creo es un gran lector de novela y un crítico literario. Empero creo que lo que debe preponderar en una selección, que nunca van a dejar de tener su dosis de arbitrariedad y prejuicios, es la calidad literaria, la potencia y despliegue creativo, la imaginación que transgrede la realidad y descubre en ella otras posibilidades y alternativas. Creo que calificar a las novelas de machistas o de otra cosa corresponde a una ofuscación administrativa, no se trata de una apreciación de orden literario y estético. En todo caso, hay que tener en cuenta que la escritura literaria se encuentra más allá de los esquematismos cotidianos, pues se mueve en la plasticidad de las metáforas y la transformación lúdica de las subjetividades. Es otro tiempo y realidad el de la literatura.
Es cierto que hay que luchar contra el Estado patriarcal y las relaciones patriarcales de dominación, que están en la base de las relaciones de poder de la genealogía de los estados y las sociedades, también son como el arquetipo de las internalizaciones del poder y la dominación en las subjetividades. Empero cómo se efectúa esta lucha en una selección de novelas. ¿No hay que empezar la lucha contra el patriarcalismo en el propio Estado, en el propio gobierno, en la propia administración, donde se hallan cristalizadas y normadas estas relaciones de poder y dominación? No era indispensable, para ser consecuente, defender la madre tierra en el TIPNIS, defender los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, violados por la represión sañuda del gobierno. Descolonización y des-patriarcalización se complementan, deben darse políticas, acciones, conductas efectivas en relación a estas luchas. Pero, no parece consecuente, con esta orientación y perspectiva, proponer la ampliación y continuidad del servicio militar; el cuartel es, conjuntamente con la escuela, la iglesia, el Estado, una de las instituciones colonizadoras por excelencia, la colonialidad se reproduce precisamente a través de los agenciamientos y dispositivos de estas instituciones, que logran internalizar en los sujetos los imaginarios coloniales, patriarcales, de subordinación y supeditación. Estas instituciones anacrónicas pervivientes son el substrato colonial de las relaciones capitalistas vigentes y hegemónicas.
Parece que es indispensable re-discutir colectivamente la selección de las novelas fundamentales, sin olvidar que la selección de las 15 novelas fundamentales recorre el tiempo y trata de obtener muestras representativas por épocas, como dice el Juan Carlos Orihuela, poeta, miembro de la comisión de selección y director de la carrera de literatura. Creo que la comisión ha hecho no más una buena selección con criterio histórico. En lo que respecta a gustos, a mi por ejemplo, me parece la mejor novela Felipe Delgado de Jaime Saenz, que revive la vida de la ciudad de La Paz de la década de los cuarenta, también me parece que el mejor novelista contemporáneo es Jesús Urzagasti; su novela ejemplar me parece que es El país del Silencio. En estos con-textos literarios, hablar de prohibir es colocarse en el papel de tribunal inquisidor, no creo que corresponda en literatura, tanto en la lectura como en la escritura, lo de prohibir. Eso lo hacían las dictaduras militares y otras formas de dictaduras patriarcales.
En lo que respecta a mi posicionamiento, disposición en el campo político, también en los tejidos de la escritura, sigo en la misma orilla de la descolonización y del Estado plurinacional comunitario, la orilla de la Constitución. Los que no están en esta orilla son los del gobierno que están contra la Constitución, restauran el Estado-nación, se oponen como buenos nacionalistas, a la construcción de lo plurinacional y las transformaciones pluralistas del Estado, se oponen a los derechos de la madre tierra y agreden los territorios indígenas. Ahora bien, la literatura y la estética no forman un “sistema” con la vida cotidiana, sería un contrasentido y una reducción espantosa. La literatura y la estética son producto de la imaginación radical y del imaginario radical, atraviesan los límites de lo cotidiano y descubren otras realidades alternativas. Esas posiciones de reducir la literatura y la estética a lo cotidiano no solamente son conservadoras sino reaccionarias y represoras de las facultades creativas humanas. Sigo luchando por lo que siempre he luchado, por lo que he compartido con los que han luchado y han abierto este proceso, por las emancipaciones múltiples, la descolonización y un mundo alternativo. Es el gobierno el que se ha apartado de la Constitución, de los movimientos sociales, del proceso mismo, es el gobierno el que se ha convertido en un contra-proceso, restaurando el Estado-nación, liberal y colonial. Esto se venía; las contradicciones inherentes al proceso, como en todo proceso, en toda revolución, de lo que se trata es de resolver las contradicciones en el sentido de la emancipación.

Los resultados de la Cumbre Social
No hay resultados, no hay avances, es una morosa continuidad de lo mismo, sobre todo reiterar programas ya fracasados del gobierno como el de la vivienda. Un discurso descolorido gubernamental que se viene a repetir pobremente en una supuesta Cumbre Social. Lo que se ve claramente es que no hay voluntad de cambio, no hay voluntad de transformación, no se quiere cumplir con la Constitución, no se quiere fundar el Estado plurinacional comunitario y autonómico. En otras palabras, se trata de una Cumbre que ha buscado desesperadamente justificar las dos gestiones de gobierno que brillan por su falta de vocación descolonizadora y revolucionaria. Brilla sobre todo por su rutinaria gestión liberal de una administración recurrente y atrapada en la vieja norma. En esa Cumbre no se discutió nada, no se debatió nada. Los ministros hicieron lo que hacen en sus ministerios dar órdenes.
Otro resultado de la Cumbre Social es la demostración de la atónita obsesión por la expansión de la frontera agrícola, que corresponde a la ampliación de la economía política de la cocaína. La “cumbre” se ha convertido en un dispositivo político para legitimar estos desplazamientos. Los grandes logros de un gobierno que no tiene otro horizonte que el modelo colonial extractivista.

Los preparativos del gasolinazo
¿Un nuevo gasolinazo? ¿Por qué insistir después del levantamiento popular contra esta medida de shock? ¿Acaso el pueblo tiene que pagar la deuda interna y la deuda externa acumuladas? No hay transparencia en la información sobre la situación real de los combustibles. No se dice por ejemplo que no hay erogación efectiva en la supuesta subvención, no se dice que se cubre con papeles fiscales. ¿Qué hay de toda esta tramoya donde están metidos hasta senadores? ¿Quién gana con el gasolinazo? Es aconsejable leer el documento del CEDLA a propósito del tema, donde se identifica a los beneficiarios efectivos de un gasolinazo.

A propósito de la de-colonialidad
Es una pena que no se haya leído el libro de Negri y Hardt y se discuta; Commonwealth, este es el tercer libro de la trilogía, después de Imperio y Multitud[2]. Es también una pena defender solamente un proyecto académico de de-colonialidad, donde sobresalen profesores dedicados de las universidades del norte; sin embargo, se descuida un apoyo efectivo y un conocimiento adecuado de las luchas indígenas de Abya Yala. En esto estoy con Silvia Rivera Cusicanqui quien ya hizo una crítica al respecto, por los mismos problemas, apropiación epistemológica de las investigaciones en el mundo andino, sin mencionar las fuentes. En todo caso lo que escribieron estos investigadores norteños ya está desactualizado, las luchas indígenas han abierto horizontes nuevos y gigantescos con su propuesta de Estado plurinacional comunitario y autonómico, con el modelo del vivir bien, alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. Es esto lo que debemos discutir, no los celos de intelectuales sobre si los citaron o no en un texto bastante bueno y de aporte teórico a la problemática, estemos o no estemos de acuerdo. Este texto se escribió después de la visita que hicieron los autores mencionados a Bolivia y aprendieron de sus debates y su proceso. No creo que el libro se resuma a hablar de la colonialidad del poder sin citar a nuestro gran investigador de la colonialidad Anibal Quijano, no, no creo que esa fuese la intención. Lo que llama la atención es que se pierda el tiempo discutiendo problemas sentimentales, de celos intelectuales, y no los problemas reales que vive hoy la lucha indígena.

A propósito de la experiencia política[3]
La política es un fenómeno de la modernidad, de la expansión de la modernidad y de la formación de los estados modernos. Lo que hay es una lucha descolonizadora de las naciones y pueblos indígenas en el contexto de la crisis de la modernidad. El peor mal que podemos hacer en el proceso de la reconstitución es pretender responder a problemas modernos desde la fundamentación de civilizaciones ancestrales. No habríamos comprendido ni la modernidad ni a las civilizaciones ancestrales, que ahora son alternativas a la modernidad.

La política no se reduce a las relaciones de poder, a las estructuras de poder, a los diagramas de poder, que toda sociedad obviamente conforma y configura. El estudio de las formas de organización y de las formas de poder corresponde a la genealogía del poder. Ciertamente podemos ilustrarnos sobre las formas de estructurar el poder y de organización en las sociedades ancestrales y en las sociedades antiguas, así mismo podemos plantear proyectos de reconstitución que implican planteamientos civilizatorios. El suma kausay corresponde a un modelo civilizatorio. Estos, los del diagrama de poder y los de paradigmas civilizatorios de las sociedades antiguas, no son fenómenos políticos en el sentido moderno. Quizás implique profundas armonías comunitarias y con la madre tierra, armonías que las hemos perdido en la vertiginosidad de la modernidad. Empero estas armonías no hablan del fenómeno político, que tiene que ver con las luchas sociales desatadas en los contextos históricos del Estado moderno. A no ser que volvamos a los clásicos griegos, quienes concebían precisamente modelos de equilibrio de formas de gobierno. La concepción moderna de la política rompe con las teorías clásicas, no parte del equilibrio, sino de la dinámica demoledora de las relaciones de fuerza, consensos y legitimidad. Nosotros, que postulamos un proyecto civilizatorio alternativo estamos obligados a luchar, es decir, a hacer política, reconociendo las condiciones de dominación que nos somete la modernidad. Pretender extender este fenómeno desequilibrante de la modernidad a las sociedades ancestrales y antiguas es una proyección peligrosa y colonizadora. Con lo que obviamente no estoy de acuerdo.
Lo que no hay que perder de vista es que desde la Conquista y la expansión colonial, que no es otra cosa que expansión del capitalismo, hemos ingresado a la modernidad, la modernidad es esa “cultura” pretendidamente universal que acompaña a la colonización y la formación del sistema-mundo capitalista. La lucha contra el colonialismo es inmediatamente una lucha anticapitalista, y la lucha anticapitalista y anticolonialista es también una lucha contra la modernidad. Esta lucha debe desplegarse con pleno conocimiento de la experiencia de la modernidad, incluyendo las modernidades heterogéneas, que es el nombre que usan los de la corriente de la subalternidad hindú. La política en sentido moderno es indudablemente un fenómeno de esta vertiginosidad avasalladora de la modernidad donde todo lo sólido se desvanece en el aíre. La política está ligada a la democracia, en sentido moderno, que se basa en el pre-juicio de la igualdad, en la palabra y en la conformación de humanos libres, la democracia forma parte de las luchas sociales y también de las luchas indígenas por la ampliación de los derechos, de por lo menos cuatro generaciones, desde las individuales hasta los derechos de la madre tierra, pasando por los derechos colectivos y sociales. Pretender buscar una modernidad en las sociedades ancestrales y antiguas es un desatino y un contrasentido. No hay política, en el sentido moderno, en las sociedades antiguas y ancestrales, aunque haya formas de manejo del poder. Si no comprendemos la envergadura del desafío político contemporáneo de todas las luchas e inventamos un mito, estamos perdidos y derrotados de antemano. Creo que el camino para la reconstitución y reterritorialización pasa necesariamente por la radicalidad de la lucha política. No en inventarse fundamentaciones ancestrales y antiguas de la política que no existen. Lo que existen son fundamentaciones, arquetipos y paradigmas civilizatorios de las sociedades antiguas y ancestrales, que se han convertido en las nuevas finalidades emancipadoras anticapitalistas y antimodernas.
Una y otra cosa, tanto la reconstitución como la actualidad. Las problemáticas indígenas son históricas, no es la misma en el siglo XVIII, tampoco durante la Guerra Federal (1898-1899), durante los levantamientos posteriores, antes y después de la Reforma Agraria (1953), después de la interpelación katarista (1974-1984) y ahora, después de los seis años de luchas semi-insurreccionales de 2000 al 2005, sobre todo después del proceso constituyente. Es indispensable ser sensible a la temporalidad y a las trasformaciones de las problemáticas, sino caemos en un cuadro estático que no sirve para la lucha política, sino para el auto-convencimiento y la auto-congoja. De lo que se trata es de lograr la descolonización. Eso se hace mediante una lucha política en el presente, en los contextos del presente, ante la crisis del capitalismo y la modernidad del presente. Ahora bien, esta politización debe criticar los contenidos universales de la modernidad y retomar de manera actualizada los contenidos civilizatorios de las sociedades antiguas y ancestrales. Al hacerlo lo hace políticamente, es decir, desencadenando las luchas requeridas, pero también lo hace desembarazándose de la herencia moderna. Esta deconstrucción se lo hace conociendo profundamente la experiencia y las historias de la modernidad, no negándola, como si no existiesen, como sino no nos hubieran atravesado desde el siglo XVI.
Digo eso del conocimiento de la modernidad acordándome del profesor peruano de filosofía David Sobrevilla, experto en Emmanuel Kant y Cesar Vallejo. El profesor me dijo que para separarse de la filosofía europea era indispensable conocerla y dominarla, precisamente para lograr lo que se quiere, un nuevo horizonte filosófico a partir del aporte mitológico, imaginario, simbólico, de nuestras sociedades ancestrales. Creo que tiene razón. Ese señor me dio una lección. Claro que queremos zafarnos de la modernidad, superarla, abrir un horizonte más allá de la modernidad, a partir del aporte primordial de los proyectos civilizatorios ancestrales y antiguos, particularmente andinos. La comprensión de modernidades heterogéneas ya es un desplazamiento de esa modernidad pretendidamente universal y dominante. Empero lo que a nosotros nos interesa es una descolonización radical. Para eso es necesario comprender profundamente nuestros proyectos civilizatorios, nuestros horizontes históricos y culturales, pero también conocer plenamente esa modernidad que deconstruimos. Nuestra lucha política tiene un alcance mucho mayor que el proyecto marxista, que a lo llegó es a pensar una transición moderna en términos de la dictadura del proletariado. Nosotros pensamos transiciones plurales que abolen la modernidad e inventan un nuevo horizonte civilizatorio.
Marie Danielle Demélas escribe un libro sobre La invención política; se refiere a la forma cómo se asume la política durante el siglo XIX en Bolivia, Ecuador y Perú, de estructuras sociales similares. Cuando se hable de invención política se expresa ese sentido. En todo caso, la política siempre es una invención, no una realidad natural. Creo que es indispensable entender estos temas y no confundir la política con una ontología, como si hubiera una esencia política. No la hay, salvo en los imaginarios dogmáticos. Creo que no se pueden desatender estos grandes problemas que tienen que ver con la historia efectiva y las luchas sociales, luchas anticolonial, luchas contra las formas de dominación. Lo demás es reproducir, como hacen los izquierdistas, imaginarios cristianos inoculados desde el siglo XVI. Creer en esencialismo, en fundamentalismo. En una providencia, aunque sea desacralizada. Descolonizarse es desapegarse de estos imaginarios cristianos. La crítica de la modernidad también pasa necesariamente por este develamiento oculto de códigos cristianos en las teorías modernas. Es también moderno pretender un fundamento. No lo hay. Lo que hay es la necesidad profunda colectiva de descolonizarse, esto implica retomar las utopías no realizadas de los proyectos civilizatorios. Empero esto se hace bajo el manto de respuestas concretas a problemas determinados del presente. Eludir esta tarea política es entregar la iniciativa a los nacionalistas, jacobinos, izquierdistas de todo tipo. La política es precisamente el campo dónde las acciones tienen efecto prácticos, no es un ejercicio mental. La derecha no cuenta, pues a ella no le interesan estos temas; lo que le interesa es conservar sus dominios y privilegios económicos. Para ella ya se ha llegado al fin de la historia; supone que ya no habrá más cambios. El Estado liberar es la realización suprema de la construcción política.
La inclusión de la naturaleza, que prefiero llamar el vivir bien, que significa ser parte de los ciclos vitales de la madre tierra, no es política. Eso sería reducir forzadamente una comprensión y una acción mucho más rica que la política a las dimensiones estrechas de esta práctica. Esto no es otra cosa que reduccionismo, querer hacer entrar a categorías modernas las comprensiones, configuraciones y epistemologías alternativas no modernas. ¿Por qué esa obsesión de querer pensar lo alterativamente distinto en términos reiterativos de la modernidad? Este reduccionismo es la continuidad del colonialismo por los medios de la equivalencia discursiva. De este modo ni se hace política ni se trasciende al horizonte del vivir bien. Se hace ideología para autosatisfacción sin afectar un ápice a los poderes dominantes. Esto también es convertir en un folklore la interpelación cultural que debería caminar por el terreno de la acción, es decir, la política, y la construcción de lo alternativo, que puede combinar reconstitución y novedad. En este sentido la política, como lucha, es invención, pues crea, desde el imaginario radical y desde la imaginación radical.
¿Qué es la política? Es una pregunta. Puede ser ontológica si uno lo toma sí, empero ni en los escritos de Maquiavelo, ni en los escritos de Hannah Arendt se incursiona por este lado, al contrario se desmitifica la ontología y se devela el sentido dinámico, activo y de la praxis de la política. Nosotros deberíamos reflexionar profundamente sobre la invención de la política en el contexto y la coyuntura de los levantamientos indígenas del siglo XVIII. Allí se abre un horizonte comunitario y de las subjetividades colectivas, además de las luchas anticoloniales, que muestran la desmesura de la política en nuestras tierras. No busques la política en el mito anterior a la modernidad, no la encontraras; sólo las investigaciones arqueológicas podrán decirnos algún día lo que fuimos antes. La historia y la antropología sólo han llegado a contarnos algo, perfiles, de cien años antes de la conquista, lo que corresponde al inkanato. Debemos ser serios con la lectura del pasado, sino terminamos, esta vez, inventándonos, en sentido peyorativo, un pasado muy parecido al presente y a los prejuicios de la modernidad.

Estamos obligados a usar el lenguaje del colonizador, el lenguaje moderno, ese es el campo de batalla. Este es claramente el campo de batalla, la modernidad, el capitalismo y el desarrollo. Por eso avizoramos el vivir bien como modelo civilizatorio alternativo, por eso recurrimos a la memoria de otro lenguaje, otros nombres, otras miradas y vivencias, que vienen de otros tiempos, otras sociedades, otro horizonte histórico-cultura. Estamos obligados a hacer política, porque estamos obligados a vencer, a destruir la modernidad y el capitalismo. No podemos realizar batallas imaginarias en espacios inexistentes, también imaginarios. Esto lo puede soportar el dominador colonizador, esto lo puede aceptar el capitalismo, mientras no hagamos la guerra en los terrenos reales que afectan la dominación del imperio y sus cipayos. De eso se trata de hacer política en tanto lucha descolonizadora radical, debemos lograr la reconstitución, empero hacerlo en el ahora y aquí. Esto es lo que distingue a los guerreros de los demagogos, que terminan usando un supuesto discurso descolonizador en servicio de lo mismo, la restauración del Estado-nación criollo. Esto es ir a la lucha abiertamente, comprendiendo también que debemos darle cuerpo al vivir bien. No cabe duda, la descolonización es de matriz indígena, se enriquece conceptualmente de los arquetipos de las cosmovisiones indígenas; esta descolonización es también para el mundo, en plena crisis ecológica. Ese es el lugar dónde se introduce el ayllu como alternativa organizacional, donde se incorpora la complementariedad como alternativa de cohesión social y convivencia, es el lugar donde introducimos la pacha, la armonía con la madre tierra y los ciclos vitales, formando parte del conjunto de seres, sin ser centro sino precisamente parte de los ciclos cósmicos. Ahora bien, para lograr hacerlo, un cambio civilizatorio, debemos ganar esta guerra anticolonial y descolonizadora, no negarnos a hacer política en pleno sentido de la palabra.
Hay que tener cuidado de cometer cuatro errores en apreciaciones un tanto apresuradas:
1. No se puede eludir la modernidad, menos la critica a la modernidad, que es una manifestación clara de la crisis. Ignorar estas críticas es quedarse desarmado. Ninguna cultura vive aislada, toda cultura interpreta a otra cultura, por eso está viva. Pretender ignorar la discusión y crítica de la modernidad es un fundamentalismo que no tiene consecuencias políticas y termina en folclore para beneplácito de las burguesías dominantes.

2. Claro que es primordial retomar las cosmovisiones indígenas, empero de una manera dinámica, pues se trata de sistemas simbólicos dinámicos. Pero esta reconstitución debe pasar por una revisión crítica, pues desde el siglo XVI hubo sincretismo con el cristianismo. Hoy, muchas de las prácticas y ceremonias que consideramos autóctonas, son en realidad sincretismos con el cristianismo, algo así como anacronismo subsistentes desde el siglo XVI colonial que fue el más destructivo culturalmente.

3. Es un error considerar que los levantamientos indígenas del siglo XVIII no tienen que ver con la modernidad. No se puede desconocer que todo ese periodo se llama modernidad barroca, la otra modernidad, anterior a la modernidad de la revolución industrial. Durante esta época, un renacimiento indígena es propuesto precisamente por las noblezas indígenas, mediante escritos en latín, que tienen que ver con una visión de mundo. Por otra parte el levantamiento indígena, que podemos comprender como parte de los acontecimientos del nacimiento de la política, en sentido moderno, esta afectado por búsquedas de legitimidad, milenarismos cristianos, de los que se van zafano poco a poco hasta llegar a los momentos más radicales de la movilización. No se puede decir de ninguna manera que no había una experiencia moderna, la colonia es precisamente esa experiencia de la modernidad barroca.

4. Respecto a Franz Fanon no puede haber lugar a dudas. El gran discurso descolonizador mundial del intelectual martinico pasa ya por las experiencias del marxismo y la independencia nacional. Lo más lúcido de Franz Fanon es precisamente la comprensión de las luchas anticapitalistas en esa modernidad desbastadora para las periferias del sistema mundo-capitalista.

Estos errores pueden llevarnos a un aislamiento total, por lo tanto a la anulación de la posibilidad real de lucha.

Es indispensable seguir esta discusión, que es indispensable desde las perspectivas y potencialidades políticas, sobre todo porque tenemos que mostrar los contrastes de una cruda experiencia, el colonialismo y la colonialidad. Es un tema que no es fácil de descifrar hasta sus últimas consecuencias, pues ha afectado profundamente las estructuras, las instituciones, las costumbres, la constitución de los sujetos. Se hace problemático pues la colonia funda la modernidad. Quizás en esta interpretación se da un gran acierto de Enrique Dussel cuando dice que el primer hombre moderno es Hernán Cortés por conquistador. La modernidad desde entonces tiene su historia y sus etapas. Lo importante de toda esta historia es la resistencia que se genera en las naciones y pueblos indígenas, los levantamientos que abren otra posibilidad y otra alternativa a la modernidad, que los hindúes reconocen como modernidades heterogéneas, ya que nadie puede eludir este acontecimiento con todas sus contradicciones. Lo interesante del debate es que llevamos a extremos nuestras reflexiones para poder alumbrar la problemática, que ciertamente tiene como composición dos tendencias que no necesariamente son contrapuestas; una, la reconstitución, que nunca va a ser la misma, después de la experiencia de la colonialidad y la modernidad; la otra, atravesar la modernidad en términos de la transmodernidad, de tal manera que nos lleve a un más allá de la modernidad, a una alternativa.

No creo definitivamente que el siglo XVI sea lo mismo, como una continuidad, del siglo XIV, cuando todavía no habían llegado los españoles. Considero que con la conquista se produce un gran trauma y con la instalación de la administración colonial se producen trastrocadoras transformaciones en todos los ordenes, administrativos, cartográficos, ordenamiento territorial, tributaciones e impuestos, mita colonial, encomiendas, haciendas, mediaciones, servidumbre. Además del trastrocamiento que produce la introducción de variedades de semillas, plantas y animales, incluso vestimenta, desaparición de lenguas. Fuera de la castellanización se produce también la aymarización y la quichuización con el objetivo de facilitar la evangelización. Definitivamente no se puede hablar de una continuidad sino de una ruptura.
Ahora bien, por qué se define esta época como la de una modernidad barroca; porque definitivamente lo que ocurre en los Andes como en Mesoamérica esta integrado a lo que ocurre en el mundo, no solo en cuanto al comercio, sino también en cuanto a la circulación de todo, lenguas, costumbres, informaciones, incluso humanas. Lo barroco precisamente tiene que ver con el aporte indígena, con la transformación indígena de los propios insumos coloniales, la transformación de la arquitectura de las iglesias en el labrado de la piedra, la transformación de las mismas ferias y mercados. Y lo que es más importante, la resistencia y pervivencia de las comunidades. Se producen entonces interpretaciones desde las culturas mismas, por lo tanto transformaciones, así como también se producen los mestizajes, pero también las articulaciones interculturales y lo que llama Serge Gruzinski pensamiento mestizo, no refiriéndose al pensamiento de los mestizos, sino a las interpretaciones con visión de mundo que hacían las noblezas indígenas. Es pues la experiencia de una colosal transformación, que contiene indudablemente la persistencia indígena. Este trastrocamiento forma parte de ese horizonte de otra modernidad, anterior a la ilustración y a la revolución industrial. En este contexto se forman los nuevos sujetos, se constituyen nuevas subjetividades indígenas. La lucha, el reclamo, por los derechos se dan en ese contexto, que es mundial, colonial y moderno, en sentido barroco. Podemos entonces concebir que el nacimiento de la política, en sentido moderno, en los Andes, se da con los levantamientos indígenas del siglo XVIII, levantamientos que se oponen a la modernización iluminista de los borbones, pues rompían con el pacto colonial y con las autonomías indígenas coloniales. Esto es lo interesante, este acontecimiento inaugural de la política, en sentido de la lucha por los derechos colectivos. El planteamiento de la reconstitución, que se da en la última etapa de los levantamientos, no deja de ser un planteamiento plenamente político, pues se lo hace desde una perspectiva descolonizadora, perspectiva que no podía darse antes del siglo XVI. Esta es un lucha política pan-andina, como lo va a ser la insurrección de los esclavos en Haití contra la dominación francesa. Es este sentido político que se ha recuperado a lo lardo de la historia de los levantamientos indígenas, en distintos contextos. Es este sentido el que se ha recuperado durante las movilizaciones sociales del 2000 al 2005, y es este sentido el que se ha plasmado en la Constitución como transversal y perspectiva descolonizadora.
De ninguna manera se trata de aceptar ninguna interpretación de crítica de la modernidad que subsuma las perspectivas indígenas de la descolonización; se trata de otra cosa, de comprender e interpretar la crisis de la modernidad desde la perspectiva indígena. Empero se trata de una perspectiva indígena histórica, en el presente, cuya memoria anticolonial ha experimentado los periodos coloniales y los periodos de la modernidad, cuya memoria se ha construido en la lucha contra las formas de colonialidad, las formas de la modernidad y las formas del capitalismo. Por lo tanto, no se puede confundir esta perspectiva combativa con el recuerdo de un pasado sin transformaciones. Esto es un mito, sin desmerecer la fuerza del mito en la rearticulación y convocatoria de las fuerzas.
Ahora bien, lo que si es diametralmente diferente, es la perspectiva integral de pertenecer a la madre tierra, a los ciclos vitales de la vida, a formar parte de las dinámicas y ciclos cósmicos. Esta sabiduría no se puede reducir a ninguna modernidad o critica de la modernidad. Empero esta cosmovisión no es política, va mas allá de la política. Me atrevería a llamar, para usar un nombre conocido, que se trata de la ética del suma kausay.
Creo que en esta apreciación radica nuestra diferencia, tú incluyes el suma kausay a una fundamentación política indígena; en tanto que yo concibo el vivir bien como una alternativa civilizatoria al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo, que es como un ética ancestral y también, en términos de ciclo, la nueva ética, que incorpora a los seres y a los ciclos vitales, trascendiendo el antropocentrismo.

Es indispensable seguir esta discusión, que es indispensable desde las perspectivas y potencialidades políticas, sobre todo porque tenemos que mostrar los contrastes de una cruda experiencia, el colonialismo y la colonialidad. Es un tema que no es fácil de descifrar hasta sus últimas consecuencias, pues ha afectado profundamente las estructuras, las instituciones, las costumbres, la constitución de los sujetos. Se hace problemático pues la colonia funda la modernidad. Quizás en esta interpretación se da un gran acierto de Enrique Dussel cuando dice que el primer hombre moderno es Hernán Cortés por conquistador. La modernidad desde entonces tiene su historia y sus etapas. Lo importante de toda esta historia es la resistencia que se genera en las naciones y pueblos indígenas, los levantamientos que abren otra posibilidad y otra alternativa a la modernidad, que los hindúes reconocen como modernidades heterogéneas, ya que nadie puede eludir este acontecimiento con todas sus contradicciones. Lo interesante del debate es que llevamos a extremos nuestras reflexiones para poder alumbrar la problemática, que ciertamente tiene como composición dos tendencias que no necesariamente son contrapuestas; una, la reconstitución, que nunca va a ser la misma, después de la experiencia de la colonialidad y la modernidad; la otra, atravesar la modernidad en términos de la transmodernidad, de tal manera que nos lleve a un más allá de la modernidad, a una alternativa.

La marcha cocalera
La marcha gubernamental, la marcha desesperada por invertir la derrota sufrida, la marcha extractivista bajo la lógica de la economía política de la cocaína, la marcha que defiende los intereses de las empresas brasileras. La marcha anti-indígena y contra la madre tierra.
El Estado-nación contra el Estado plurinacional comunitario, las Fuerzas Armadas contra los indígenas, como en los tiempos de las dictaduras. El Estado mestizo y su brazo armado en contra del proceso de cambio, en contra de los derechos de la madre tierra y en contra de los derechos de las naciones y pueblos indígenas, establecidos en la Constitución. Ninguna manipulación oficial puede sustituir la realidad; una marcha cocalera, acompañada por algunos indígenas raptados por helicópteros del ejército, no pueden sustituir a una marcha fidedigna, como la que se dio por la defensa del TIPNIS. Lo único que se demuestra es la desesperación de los gobernantes por cumplir con la empresa corrupta trasnacional OAS y con los cocalero que quieren ampliar la frontera agrícola y plantar coca. Lo único que se muestra con estas actitudes solapadas es el descaro con el que se usan los recursos del Estado para revertir lo que decidió la voluntad popular con el apoyo multitudinario a la marcha en las ciudades. Estos son los síntomas de la decadencia: corrupción, descaro, manipulación brutal. ¿Con qué moral se puede hablar después de cambio, si se lo ha abandonado completamente? Los únicos que defienden la Constitución y la posibilidad de construir un Estado plurinacional comunitario y autonómico son los indígenas, quienes van a pelear por la reconducción del proceso.
Se trata de una marcha oficialista que agrede la Constitución y la Madre Tierra al querer ampliar la frontera agrícola para el monocultivo de la coca. Es una marcha anti-indígena porque viola los derechos de las naciones y pueblos indígenas consagrados en la Constitución. Es lamentable escuchar de boca de dirigentes colonizadores hablar de desarrollismo como lo hacían los liberales, hablando generalidades y refiriéndose a educación y servicios de una manera tan propagandista y pobre, desconociendo la Interculturalidad y las perceptivas pluralistas del vivir bien. No es más que violencia verbal que quiere legitimar la ampliación de la frontera agrícola en beneplácito también de los terratenientes, agroindustriales y soyeros. Es una marcha que está contra el proceso constituyente.

Interpretaciones constitucionales
De acuerdo a la Constitución los recursos naturales no renovables son de propiedad del pueblo boliviano y los recursos naturales no-renovables en territorios indígenas son de beneficio exclusivo de las naciones y pueblos indígenas originarios. El Estado se convierte en administrador de la propiedad del pueblo boliviano, por eso miso debe consultar al pueblo qué hace con los recursos naturales. Por otra parte, hablamos del Estado-plurinacional no del Estado-nación. Por el momento no hay tal Estado plurinacional, seguimos en el Estado nación, no se han dado las transformaciones institucionales, el pluralismo institucional, el pluralismo administrativo, el pluralismo normativo, el pluralismo de gestión para efectuar la construcción del Estado plurinacional. Esta tarea está pendiente. Los gobernantes creen que es el Estado plurinacional sólo es una mención simbólica, mientras todo el resto, la arquitectura estatal y normativa sigue siendo liberal. Por otra parte la Ley Marco de Autonomía no es una ley autonómica, por lo tanto no responde a la Constitución, ha retornado al centralismo secante. No respeta los territorios indígenas, no reconoce la condición de territorios indígenas a las autonomías indígenas; no asume las consecuencias del entramado de las competencias autonómicas, privativas, exclusivas, compartidas y concurrente; tampoco asume un nuevo sistema financiero que contemple precisamente la autonomía. Los gobernantes siguen hablando de plurinacional y de autonomía, también de autonomía indígena de una manera que parece mecánica, sin asumir las transformaciones materiales, las condiciones de posibilidad, que requieren estos cambios trascendentales. Restauran el mismo Estado-nación, la misma institucionalidad, la misma administración liberal y nacionalista, que desconoce los derechos de las naciones y pueblos indígenas y originarios, los derechos de las autonomías. Tampoco asume el sistema de democracia participativa que establece la Constitución, el ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y comunitaria. Sigue manteniendo la dominación de la democracia delegada, manteniendo el ejercicio dominante de una burocracia ineficiente. Hay que decirles a los gobernantes: las transformaciones pluralistas, comunitarias, autonómicas, interculturales y participativas no son discursos, deben ser efectivas. Esta demagogia, esta apariencia, muestra la patética contradicción de los gobernantes que confunden la realidad con el discurso.

Economía política de la cocaína
La expansión e irradiación de la economía política de la cocaína no solamente es un hecho sino que disputa cuotas de decisión y de poder, no sólo ha penetrado a las instituciones sino que orienta ciertas políticas de ampliación de la frontera agrícola, en beneficio de la plantación de coca. Ya forma parte de concomitancias perversas, narcotráfico, tráfico de tierras, contrabando, enriquecimiento ilícito. Lo peligroso es que ya se bordea la posibilidad del tráfico de armas a gran escala. Eso es el caso de México. No hay muestras en el gobierno de ninguna preocupación por lo que ocurre, se dan mas bien manifestaciones de un cierto oscuro beneplácito, como si esta inyección dineraria coyuntural pudiera salvarnos de la crisis económica, latente o vecina. No se dan cuenta que a mediano plazo la economía política de la cocaína destroza la cohesión social, corroe las entrañas intimas de la sociedad y convierte a sus supuestos benefactores en monstruos de una modernidad ilegal y transforman a la sociedad en rehén de una violencia descomunal y sin rostro. Desde nuestras fronteras hasta todos nuestros interiores, estamos ya penetrados, comprometidos; el silencio nos hace cómplices. Si no se hace nada pronto, mañana será tarde. No se trata de optar por la represión, lo que es un absurdo y un contrasentido; este error lo cometió el gobierno mexicano. Se trata de efectuar una movilización social plenamente convencida de su lucha. También se trata de discutir sin tapujos la legalización, pues parece que no hay otro camino para acabar con el negocio exuberante de las mafias.

Declaraciones patéticas
Parece que el viceministro no conoce la Constitución, tampoco lo que significan, de acuerdo a las leyes, los parques y los territorios indígenas, menos conoce los compromisos del gobierno y sus políticas respecto a la defensa de la coca tradicional de acuerdo a normas y procedimientos propios y en territorios tradicionales, las políticas de lucha contra el narcotráfico y la coca excedentaria. Sus declaraciones son una muestra de la más espantosa improvisación, tan sólo por defender los intereses de los avasalladores del TIPNIS, quienes han plantado coca y producen cocaína. Eso no es defender el proceso sino llevarlo a la tumba. No se entiende tampoco que lo peor que podemos hacer en defensa de la hoja de coca tradicional es ampliar los cultivos excedentarios de la coca y peor que esto es plantar en los parques y territorios indígenas. Estos supuestos defensores del proceso son en verdad sus sepultureros.
El diputado de la brigada parlamentaria de Cochabamba no tiene la menor idea de la Constitución, menos del espíritu constituyente, tampoco del sentido del proceso; por eso su discurso se parece tanto al de los políticos liberales, neoliberales y también nacionalistas. Se trata de un discurso desarrollista ya desgastado; hablar de esa forma, de beneficio para los indígenas con la construcción de carretera, es desconocer los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, consagrados en la Constitución, también desconocer la perspectiva del vivir bien, como alternativa a la modernidad, al capitalismo y al desarrollo. Desconoce las resoluciones de Tiquipaya, de la Conferencia mundial de los pueblos y de los movimientos sociales en defensa de la madre tierra. Es difícil creer que se defienden estos anacrónicos postulados de principios del siglo XX, es más probable que se recurra a este discurso sin entenderlo del todo, sólo para defender los intereses mezquinos de los cocaleros excedentarios, que quieren plantar coca a como de lugar en el Territorio y Parque Isiboro-Sécure. Tampoco hay decoro en la manifiesta defensa de los intereses de las empresas brasileras. Al respecto hay que denunciar la intervención del gobierno brasilero y de su embajador en asuntos internos, presionando para que se apruebe la carretera. Esta denuncia hay que hacerla internacionalmente y ante el propio pueblo brasilero. Ninguna de estas maniobras, ni la del Congreso ni la del gobierno brasilero podrán modificar la victoria conseguida por la marcha indígena en defensa del TIPNIS.

Defensa de la coca tradicional
Debemos defender la coca tradicional, destinada al acullicu y otras ceremonias, pues la expansión desmesurada de los cultivos que se siembran sin la cultura de las terrazas, sin el trabajo colectivo, sin la presencia de la comunidad, sin la complementariedad, el ayni y la minka; cultivo excedentario que se hace más bien de una manera privada, incluso asalariada, que está destinada indudablemente al narcotráfico, va a destrozar nuestras tradiciones y ordenes de relaciones en torno a los recorridos de la coca, desde los rituales hasta los del acullicu y los de la medicina tradicional.

Ausencia de las transformaciones pluralistas de la justicia
Hubo una gran oportunidad de descolonizar la administración de justicia, esta fue con la ley de deslinde jurisdiccional, empero se retrocedió flagrantemente, promulgando una ley colonial, que restringe al máximo la jurisdicción indígena originaria campesina, no dejándole nada para administrar justicia, y supeditándola a la jurisdicción ordinaria. Hubo otra oportunidad de hacer bien las cosas y elegir democráticamente a los magistrados. La Constitución establece la participación y el debate abierto en todas las circunscripciones y en todo el país, empero no se ha dado lugar a esta participación y se ha preferido imponer candidatos. Los resultados electorales dieron la victoria a los nulos, también se sumaron los blancos, como un claro rechazo a la forma vertical y manipuladora como se abordaron elecciones que podían ser trascendentales. La victoria de los nulos de por sí anulan las elecciones, sin embargo, el gobierno no se da por enterado y sigue adelante con la posesión de los magistrados dejando claro que no le interesa para nada la legitimidad sino el control del poder. Esto desgasta aún más la gestión del gobierno y la conducción de un proceso que debería ser fundacional y resulta mas bien restaurador de los mismo, de las mismas prácticas, restaurador del Estado-nación, alejándose estrepitosamente de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico.
Los nuevos tribunales tienen que estudiar la Constitución, tienen que comprender el sentido subversivo del proceso de cambio, proceso del que se distanció abismalmente el gobierno, tienen que enmendar la violencia colonial de la ley de deslinde jurisdiccional en contra de la jurisdicción indígena originaria campesina, tienen que conculcar las leyes inconstitucionales que ha promulgado al gobierno, tienen que juzgar al gobierno por no cumplir con la Constitución, por mantener el Estado-nación y no construir el Estado plurinacional comunitario y autonómico. También deben evaluar su condición ilegal e ilegitima al imponerse contra la mayoría del voto popular que optó por anular las elecciones de magistrados. ¿Lo harán?

Sobre la violencia
No debería haber violencia nunca contra los niños, los adolescentes, tampoco contra las mujeres, así mismo contra los indígenas, también en contra de las diversidades heterogéneas. No se trata sólo de un año de suspensión de las violencias. Se trata de cumplir con la Constitución y no violar los derechos constitucionalizados, derechos fundamentales, civiles, políticos, sociales, colectivos, de las naciones y pueblos indígenas originarios, los derechos de la madre tierra. Eso es consecuencia y coherencia, no se trata de demagogias.

Laberintos del programa estrella del presidente
Era el programa estrella del presidente, empero todo se ha esfumado como humo, mejor dicho se ha derrumbado la ilusión como un castillo de naipes, todo esto debido a la descomunal corrupción, empresas fantasmas que se llevaron el dinero, funcionarios comprometidos, viceministros cómplices, sin embargo, después premiados con otros puestos. Esto pasó en todo el país. Mucho dinero desaparecido, ¿en manos de quiénes? No hay viviendas, la gente humilde y sin casa se quedó sin viviendas, el presidente sin el programa, empero nadie pone el cascabel al gato. Supuestamente en un gobierno que lucha contra la corrupción se ha dejado pasar esto, se ha perdonado. ¿Por qué?

[1] Fuente: Sarela Paz. Se puede revisar su artículo ENTRE LA INDIGNACIÓN Y EL DESCONCIERTO: Avasallamiento en el TIPNIS pos Ley de Protección del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Ley 180).
[2] Comentario de Juan Domingo Sánchez Estop en Rebelión: Commonwealth es el tercer título de la trilogía dedicada por Antonio Negri y Michael Hardt a la mundialización capitalista. El primer volumen, Imperio, examinaba los aspectos constitucionales de la nueva figura de la soberanía representada por el Imperio como forma política del capitalismo mundializado, el segundo volumen, Multitud, se centraba en la descripción del sujeto antagónico interno al Imperio, este tercer volumen pretende perfilar las modalidades materiales de una nueva constitución que supere el capitalismo y el Imperio a partir de un “comunismo de los comunes” que se asocia al viejo término de “Commonwealth”.
[3] Estos apuntes sobre la experiencia política forman parte de un debate con Victor Hugo Quintanilla, debate que será publicado íntegramente por medio impreso y medios digitales.