Bolivia: Fiebre electoral o la primacía relativa de lo político

Multiplicación de innumerables aspirantes que pelean por alcanzar su nombramiento. No importa ya dónde está la derecha y dónde se encuentra la izquierda.



24-12-2014
Fiebre electoral o la primacía relativa de lo político

Arturo D. Villanueva Imaña
Rebelión

No se terminó de conocer los resultados de las elecciones nacionales, que inmediatamente los partidos políticos, los líderes y dirigentes con aspiraciones, y la generalidad de organizaciones sociales de cada departamento y municipio, nuevamente se volcaron afanosamente a las campañas electorales.

Es como si se hubiese producido un contagio generalizado para pugnar por apoderarse de los gobiernos municipales y departamentales. Se percibe una lucha sin cuartel y paradójicamente a la dificultad manifiesta por encontrar candidatos “potables” para las primeras autoridades (sean del oficialismo o la oposición), se ha hecho patente la multiplicación de innumerables aspirantes que pelean por alcanzar su nombramiento. No importa ya dónde está la derecha y dónde se encuentra la izquierda.

Pero más allá de estas manifestaciones que no dejan de sorprender por el inusitado afán de ganar y acceder al gobierno a como dé lugar, valgan algunos apuntes sobre aspectos no tan evidentes.

La siembra del descontento.

Muy a pesar de la alegría y satisfacción por el triunfo electoral que embargó a las organizaciones y sectores sociales afines al gobierno, y muy en contra de la predisposición negativa que suele surgir como resultado de la aplicación de medidas antipopulares; sucede que esta fiebre electoral que ha embargado a una gran parte de la sociedad, está dando lugar a un descontento creciente. La imposición y nombramiento de candidatos que ya había sido motivo de duras críticas en las elecciones nacionales, ahora adquiere un matiz más generalizado y directo, porque afecta, divide y enfrenta a las organizaciones no solo a nivel nacional, sino a nivel departamental y local. Las consecuencias no tendrán efecto únicamente sobre los resultados electorales que pueden ser negativos y adversos, sino para la futura gobernabilidad que puede avizorarse conflictiva por la emergencia y siembra del descontento y la división. No hay peor enemigo que el que surge del rechazo y la discriminación.

La bonanza como señuelo y espejismo.

No es posible entender la fiebre electoral que se ha empoderado en el país, sin la bonanza económica ni la apuesta por el desarrollismo, la atracción de inversiones y la pretensión de construir grandes obras faraónicas, porque sencillamente se la asocia al prebendalismo y la oportunidad de crear y/o reproducir redes de lealtad que permitan ganar y conservar el poder. Dándose por supuesto que la bonanza económica será permanente y que la economía nacional se encuentra blindada; pero principalmente habiendo privilegiado la toma y reproducción del poder a como dé lugar, abandonado la oportunidad de construir un Proyecto Nacional alternativo al capitalismo; sólo se podrá establecer la grave equivocación y decisión adoptadas, cuando la drástica reducción de los precios internacionales de las materias primas (minerales y principalmente hidrocarburos), afecte la economía nacional y revierta la bonanza económica. Se olvida o ignora que si puede producirse circunstancialmente un predominio circunstancial de lo político, en perspectiva no puede sustraerse de la necesidad de una base material económica que lo sustente. Ello obligará a pensar qué tipo de economía y sociedad necesitamos y si verdaderamente queremos continuar dependiendo de la venta de materias primas y del extractivismo primario exportador que ha alimentado hasta ahora la bonanza económica. Es decir, nos hará caer en cuenta que aquella disputa por ganar el poder y elegir candidatos era inconducente, y que lo que se requiere urgentemente es que las organizaciones y sectores sociales se vuelquen a construir colectivamente un Proyecto de país, un programa nacional, que se complemente con la Constitución y las especificidades regionales y locales. Entonces se podrá calibrar en su justa dimensión la crítica al desarrollismo extractivista vigente.

Desgaste y desacumulación de la potencia social.

La instrumentalización exclusivamente electoral de organizaciones y sectores sociales, no solo provoca disputas y divisiones alrededor de caudillos que sustituyen y embargan la representatividad popular. Lo que pasa es que a tiempo de favorecerse individualmente del respaldo circunstancial del pueblo, el electoralismo contribuye al desgaste y la desacumulación de la potencia social, al mal utilizar su iniciativa, capacidad y fuerza en tareas inmediatistas de interés sectario. Y así como la ilusión del desarrollismo hace imaginar un bienestar para todos, aquí se produce una inversión similar en la que se termina creyendo que el poder y el gobierno son el único instrumento del cambio, sustituyendo de esta forma a la conciencia y potencia social para convertirla únicamente en una fuerza electoral.

Arturo D. Villanueva Imaña, Sociólogo, boliviano.