Crítica descolonizadora al discurso de-colonial

La llamada razón de-colonial no ha salido del circulo vicioso de la colonialidad, salvo discursivamente.
Deconstruir, desmantelar, diseminar el sistema-mundo capitalista significa, inmediatamente, deconstruir, desmantelar y diseminar la civilización moderna.



01.05.2017 19:44
Crítica descolonizadora al discurso de-colonial

Raúl Prada Alcoreza
http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-descolonizadora-al-discurso-de-colonial/

Crítica a la razón de-colonial es una crítica, si, también una paráfrasis a la Critica de la razón poscolonial de Gayatri Spivak[1]. Estos títulos, como dijimos tienen como referente a la Crítica de la razón pura de Emmanuel Kant, quien inaugura la crítica de la razón, en todas las variantes que van a aparecer después. La crítica de la economía política de Karl Marx es una crítica de la razón económica, la crítica del iluminismo de Theodor Adorno y Max Horkheimer es una crítica de la razón iluminista, es decir, de la ilustración y su herencia. Gayatri Spivak despliega la crítica de la razón poscolonial, aquella razón que pretende haber salido del círculo vicioso de la colonialidad; de manera, más circunscrita, nosotros exponemos un boceto de lo que vendría a ser, siguiendo las rutas mencionadas, crítica de la razón de-colonial[2]; razón que pretende haber salido de la epistemología “occidental”, haber salido de la razón colonial y la racionalidad instrumental. Solo esta pretensión, circunscrita a la razón, aunque pretenda ser otra razón o una razón otra, evidencia el apego al fetichismo de la razón y de la racionalidad abstractas, separadas del cuerpo, que llamamos razón fantasma. Este apego a la economía política de la razón, de la racionalidad, que es posible bajo las condiciones histórico-políticas-culturales del sistema-mundo capitalista, es una patente muestra de que la llamada razón de-colonial no ha salido del circulo vicioso de la colonialidad, salvo discursivamente.

Ciertamente se llama descolonización o son conocidos así los procesos de independencia nacional, que se dan después de la segunda guerra mundial; sobre todo, en África y Asia. Aunque las guerras por la independencia anteceden en más de un siglo y medio; de todas maneras, la apreciación institucional, que se da en la flamante Organización de Naciones Unidas, es precisamente éste, el de la descolonización. En el siglo y medio transcurrido, las miradas institucionales, así como de los combatientes, así como las formaciones discursivas han cambiado. Esto no quiere decir que la descolonización efectiva se haya dado después de la segunda guerra mundial, con estas independencias; tampoco antes, cuando las guerras de independencia constituyeron repúblicas liberales en América. La pregunta obvia subyacente es: ¿Qué es la descolonización?

Tomando en cuenta los procesos de independencia nacional, posteriores a la segunda guerra mundial, que constituyeron no solo repúblicas sino que gobernaron las burguesías, las burocracias, los intelectuales nativos, la llamada descolonización se queda en el camino, se trunca. Las metrópolis, los centros de los anteriores imperios coloniales, siguen ejerciendo hegemonía y dominio. Los nuevos Estado-nación no consiguen ser independientes, mas bien, manifiestan, en el ámbito de las relaciones mundiales, sobre todo, las relativas al mercado y a las políticas internacionales, nuevas formas de subordinación y dependencia. Se convierten en las periferias de la geopolítica del sistema-mundo capitalista; periferias que transfieren recursos naturales a los centros industriales y de acumulación de capital.

El discurso de-colonial considera que se asiste al despliegue de una geopolítica colonial de los saberes. Los paradigmas de saberes, científicos, filosóficos y culturales del “occidente” hegemonizarían y dominarían el espacio mundial de los saberes, las ciencias, la filosofía y la cultura. Ahogando a los saberes ancestrales, a los conocimientos nativos, a las filosofías propias de las culturas indígenas. Fuera de que podemos estar de acuerdo con una descripción parecida, aunque no similar, lo que llama la atención de la formación discursiva y enunciativa de-colonial es la poca y ninguna importancia que le atribuyen al carácter estructural del sistema-mundo capitalista, prefiriendo nombrarlo como moderno o colonial. ¿Cómo explicar la modernidad sin el funcionamiento del sistema-mundo capitalista? ¿Cómo explicar la colonialidad sin la conformación del sistema-mundo capitalista? De ninguna manera se dice que el sistema-mundo capitalista determina, como supone el marxismo economicista, una superestructura cultural y colonial. Sino que la modernidad no es solamente un fenómeno cultural, el de la expansión y homogeneización de pautas subjetivas, esquemas comportamientos y conductas del hombre moderno, sino, que al ser una civilización globalizada, la moderna, la del sistema-mundo cultural de la banalización proliferante y generalizada, es un sistema-mundo integral, que funciona articulando inmediatamente todos sus subsistemas; por así decirlo, los subsistemas económicos, los subsistemas políticos, los subsistemas culturales.

De la misma manera, la descolonización no puede ser sino integral, Deconstruyendo, desmantelando, diseminando, toda la maquinaria del sistema-mundo capitalista, incluyendo, claro está el sistema-mundo cultural. Pretender descolonizarse solo recuperando la memoria de los saberes y de los conocimientos culturales propios, además, creyendo que la memoria radica en la remembranza, prácticas y habitus, de estos saberes y conocimientos culturales, es apostar a la ceremonia de la reivindicación cultural; dejándola suspendida, sin el sostenimiento material de las prácticas de producción y reproducción social. Esta demanda culturalista hasta es aceptada por el orden mundial de las dominaciones, del imperio de la modernidad tardía, que conlleva la herencia colonial, mientras no afecte a su reproducción material.

No decimos, de ninguna manera, que no tiene importancia la lucha cultural, en defensa de la cultura y la lengua propia, los saberes culturales nativos, las instituciones propias y sobre todo, el autogobierno indígena, sino que su importancia adquiere incidencia cuando la descolonización deja de ser meramente culturalista y adquiere el alcance deconstructivo y diseminador en toda la estructura del sistema-mundo colonial. No se puede separar la lucha cultural y por un pensamiento propio de la lucha por el control de las comunidades y pueblos de las territorialidades, de los ecosistemas, de los recursos; además del autogobierno, la democracia radical efectiva. La crítica elocuente del discurso de-colonial se debilita hasta dejar de ser un peligro para la dominación del sistema-mundo colonial y capitalista, cuando su discurso culturalista adquiere la tonalidad de la despolitización.

Las guerras de la independencia del siglo XVIII y XIX en América fueron abanderadas por el discurso liberal de la época; las guerras anti-coloniales, anteriores a las guerras de la independencia, perseguían una revolución social. Los procesos de independencia después de la segunda guerra mundial fueron políticos; empero, de una manera restringida, bajo los códigos de la política institucionalizada y controlada por Naciones Unidas. Ninguno de los procesos, guerras de independencia, incluso la guerra anti-colonial, logró plantarse la descolonización como mundo alternativo al mundo moderno que se consolidaba. Todos estos proyectos, incluyendo al más radical, a la guerra anti-colonial indígena y mestiza, creían encontrar un espacio respetable en el mundo moderno que se constituía. El sistema-mundo, una vez constituido, no dejó espacio autónomo para nadie; solo podía consolidarse si fragmentaba, demolía o engullía todo lo que le había antecedido. El discurso de-colonial cree puede librarse de la herencia colonial y de la colonialidad recuperando las memorias culturales, los habitus culturales, los saberes nativos, los conocimientos propios. No entiende que las memorias culturales no son lo que se ha perdido o ha sido arrinconado, sino que son efectivamente, las memorias vitales actualizadas, expresadas en las luchas concretas de las naciones y pueblos indígenas. No entiende que los saberes nativos no son los retratos que hicieron los estudios antropológicos de los pueblos, comunidades y civilizaciones nativas, sino esos saberes rebeldes, transgresores; capaces de interpretar a la modernidad, y de-construirla, por así decirlo, modernamente. No entiende que los conocimientos indígenas son aquellos que se apropian de los conocimientos modernos, decodificándolos e interpretándolos desde otras percepciones, otras miradas, otros códigos, la de los pueblos nativos presentes. El romanticismo de-colonial es rousseauniano. La invención del hombre natural, que se contrapone al hombre lobo de Hobbes.

No queremos decir del discurso de-colonial que es tan colonial como el discurso o los discursos colonialistas que interpelan. No se trata de esto. Sino, que a pesar de que las investigaciones, descripciones, enunciaciones, de la formación discursiva de-colonial, nos enseñaron la relatividad, la vulnerabilidad, la superficialidad, del saber, filosofía y ciencia modernos, el discurso de-colonial y la pose de-colonial son insuficientes para la tarea y la labor descolonizadora. Convertir el discurso de-colonial en la verdad de la descolonización es un error parecido al cometido por el marxismo al pretender ser la verdad histórica; la diferencia radica, en que el marxismo hizo revoluciones contra el capitalismo y sus formas de Estado, revoluciones que nos enseñaron los límites de las revoluciones modernas; en cambio, los de-coloniales no hicieron algo parecido, están muy lejos de hacerlo, salvo su incidencia en programas universitarios.

Desde el estallido de la nueva generación de luchas sociales, no solamente anti-sistémicas, anti-capitalistas, sino, sobre todo, indígenas, que emergen desde ese alrededor convergente a 1994, el levantamiento zapatista, hasta las resistencias actuales de los pueblos indígenas a las formas de extractivismo desplegadas por gobiernos neoliberales y “progresistas”, pasando por los procesos constituyentes de Bolivia y Ecuador, la de-colonialidad ha quedado descolocada. Repite su teoría, sin tomar en cuenta la experiencia de las luchas indígenas recientes; como si nada hubiera pasado. ¿Cómo interpretar esta actitud? ¿Soberbia? ¿Teoricismo? ¿Tener una concepción abstracta de la descolonización; anacrónica, que no corresponde a la experiencia social de los pueblos? ¿Despolitización intelectual? Lo cierto que los de-coloniales no están en las luchas. Los que más se han acercado al movimiento emancipador maya zapatista son los marxistas críticos, desencantados del discurso, la teoría y la practica socialista. Aunque tampoco hayan aportado nada nuevo, sino, mas bien, han aprendido, a su estilo, de las luchas indígenas contemporáneas, el hecho que fueron más sensibles a los acontecimientos presentes muestra que su ventaja es la experiencia política, de la que carecen los de la de-colonialidad.

De ninguna manera reivindicamos como útil, en las luchas actuales, el marxismo, incluso el marxismo crítico. Creemos que su apego al mito moderno de la revolución, incluso al objetivo socialista, que no deja de ser moderno, al suponer no solo el desarrollo alternativo y el crecimiento económico compartido, sino la justicia social desde una perspectiva moral, reduciendo el problema de la desigualdad a la culpa de la clase dominante, forma parte de una continuidad posible de la modernidad y el capitalismo criticado.

Para decirlo del modo más ilustrativo, lo indígena, en tanto alteridad, no se encuentra ni en el discurso culturalista de-colonial, tampoco en el discurso economicista, historicista y político marxista, sino en la posibilidad misma de un mundo no conquistado, de un mundo no colonizado. Si se quiere de otra historia. Esto implica deconstruir, desmantelar, diseminar la arquitectura y la estructura misma, incluso los cimientos, del sistema-mundo capitalista. Que también implica salir del cirulo vicioso del poder. No recurrir al poder para transformar el mundo. ¿Cómo hacer semejante cosa? Siempre estaba y está latente esta posibilidad. El sistema-mundo capitalista está conformado por mallas de redes institucionales, circuitos, logísticas, espacios controlados, que no llegan a cubrir la complejidad de los espesores del mundo efectivo. No puede hacerlo, pues el sistema-mundo es muchísimo menos complejo que el mundo efectivo. La pregunta es: ¿Cuándo las sociedades alterativas y los pueblos volverán a situarse en estos espesores desbordantes, empero, ya no de una manera momentánea, sino permanente?

Parece que es menester, a estas alturas de la experiencia social de las luchas anticoloniales y descolonizadoras, volver a pensar sobre los acontecimientos que hemos llamado colonialismo, colonización y colonialidad; de sus implicaciones en la estructuración, constitución, expansión y consolidación del sistema-mundo capitalista y la civilización moderna. No como si hubiera afectado a una parte de las sociedades del mundo, menos solo a aquellos que se consideran las únicas víctimas, sino como ha acontecido, mundialmente; obviamente comprendiendo sus diferencias geográficas e históricas. El sistema-mundo capitalista es global, la civilización moderna se ha globalizado; indudablemente, también el colonialismo, la colonización y la colonialidad son fenómenos mundiales, con todas las diferencias singulares que caben. Hay que pensar el colonialismo, la colonización y la colonialidad como estructuras estructurantes del sistema-mundo capitalista. Así como la acumulación originaria, por despojamiento y desposesión, es el substrato recurrente del desarrollo capitalista y su acumulación ampliada; de la misma manera, se puede decir que el colonialismo, la colonización y la colonialidad son el substrato de la civilización moderna.

Deconstruir, desmantelar, diseminar el sistema-mundo capitalista significa, inmediatamente, deconstruir, desmantelar y diseminar la civilización moderna. No se puede hacer esto solo en una parte del mundo, por más que sea la mitad o más de la mitad. La descolonización es una tarea ineludible de todos los pueblos del mundo, si quieren ser libres, si se quieren liberar la potencia social, que contienen, si quieren conectarse a la potencia de la vida. La tarea ineludible es descolonizar el mundo no una parte del mismo; nigua parte escapa al sistema-mundo; pretender hacerlo es como repetir el delirante proyecto del “socialismo en un solo país”.

[1] Gayatri Chakravorty Spivak: Critica de la razón postcolonial. Hacia una historia del presente evanescente. Akal 2010; Madrid.

[2] Se trata de un libro que titula así, de pronta publicación. En el escrito nos situamos en un debate temático, sin necesidad de meternos en la historia, por así decirlo de la formación discursiva y enunciativa de-colonial. Para esto nos remitimos a otros textos, donde se trata este tópico y genealogía; Horizontes de la descolonización, Acontecimiento político, Epistemología, pluralismo y descolonización. La ventaja comparativa de un debate temático es que ayuda a situar mejor la discusión.