Funcionamientos de la maquinaria estatal

Los reformistas terminan construyendo una maquinaria que no controlan. Las reformas para mejorarlo, adecuarlo, incluso modernizarlo, terminan obteniendo algo incontrolable, que los mismos reformistas no entienden. Sobre todo, no entienden cómo funciona.
la producción del excedente se da a escala mundial, así como la acumulación, si se quiere, en la dialéctica de acumulación originaria recurrente y acumulación ampliada; por lo tanto, el hecho que se forme una burguesía parásita respecto a la burguesía industrial, que se apropia del excedente y lo usa especulativamente, tiene que ver con la generación mundial del excedente. La complejidad de esta acumulación y de la producción del excedente es pues mayor de lo que ha supuesto el marxismo. Se da lugar en encadenamientos extractivistas, productivos y comerciales, en el mercado mundial. El excedente se forma desde las transferencias de valorizaciones de la extracción de los recursos naturales hasta la subsunción formal y real del trabajo al capital, en las distintas regiones de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Se trata de la valorización integral del conjunto de transferencias de valorizaciones, articuladas a los efectos de la acumulación



Funcionamientos de la maquinaria estatal
08.07.2017

Raúl Prada Alcoreza
http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/funcionamientos-de-la-maquinaria-estatal/

No es que las máquinas de poder dejan de funcionar, sino que empiezan a funcionar de otra manera. De tanto ajustarla, modificarla, ponerle parches, incrustarle dispositivos anexos, deja de ser la misma máquina para convertirse en otra, diferente; que solo tiene con la anterior compartidos quizás el modelo inicial y algunos accesorios; empero, al haber cambiado tanto, funciona de otra manera. Sucede con alguna Constitución inaugural de la república moderna; que de tantas enmiendas ya no es la misma Constitución que dio nacimiento a la república. Lo que importa es comprender las mutaciones del Estado, a pesar de su modelo inicial, al que se acude como referente del nacimiento de la república. Cuando el Estado-nación ha sufrido o experimentado tantas mutaciones, a lo mejor ya no es el mismo Estado, sino otro; a pesar que la ciencia política supone la historia del mismo Estado.

La hipótesis interpretativa y prospectiva de este ensayo es la siguiente: El Estado-nación, después de varias modificaciones y reformas institucionales, no es el mismo Estado-nación; en el sentido, si se quiere, de su genealogía, sino es otro; es otra maquinaria del poder. Como anotamos antes, se puede decir lo mismo de la Constitución; sin embargo, en este caso, hay que hablar de varias reformas constitucionales; no de un nuevo proceso constituyente, que deriva en una Asamblea Constituyente, que explícitamente se propone establecer un nuevo Estado. Puesto que las reformas se consideran eso, reformas; no fundan. Sin embargo, la ironía de la historia política, por así decirlo, es que la acumulación de reformas puede haber cambiado el Estado, sin la intensión de los reformistas de hacerlo. Los reformistas pueden encontrarse con un producto inesperado, con un Estado que no diseñaron ni esperaron; pero, que resultó cambiado, por las modificaciones acumuladas hechas.

Si esto es lo que ocurre, entonces, los reformistas terminan construyendo una maquinaria que no controlan. Las reformas para mejorarlo, adecuarlo, incluso modernizarlo, terminan obteniendo algo incontrolable, que los mismos reformistas no entienden. Sobre todo, no entienden cómo funciona.

Lo que decimos adquiere importancia práctica respecto a las demandas de institucionalidad, frente a las perturbaciones provocadas por tal o cual gobierno. ¿Qué institucionalidad? ¿Se puede retornar a la institucionalidad a partir de un funcionamiento distinto del Estado, respecto a la institucionalidad usada como referente? Estas son las preguntas pertinentes.

La institucionalidad a la que se refieren los demandantes institucionalistas casi siempre tiene que ver con la institucionalidad definida por la Constitución; pero esta es la institucionalidad que no funciona como establece la Constitución, sino que funciona de acuerdo a la mecánica de la maquinaria lograda hasta el momento. Este es un tema que tiene que ver con la relación de la institucionalidad estatal, en tanto funcionamiento maquínico, con la Constitución, en tanto ideal jurídico-político. No decimos que la Constitución no puede realizarse, que es una utopía constitucional, sino que es indispensable comprender las diferencias entre la Constitución y el funcionamiento material institucional. ¿Por qué se da esta diferencia?

Hablamos en Ideología jurídica-política[1] de la diferencia entre ideología y realidad, para decirlo de una manera simple y resumida; empero, a lo que nos referimos ahora no es a esta diferencia, que convierte, en el caso y temas analizados, a la Constitución no solamente en un ideal a seguir, sino en un principio categórico. Desde la perspectiva de la ideología jurídico-política, la realidad, siguiendo con la simpleza, debe adecuarse al ideal perseguido. Nos referimos a otra diferencia, la que tiene que ver con la comprensión de las lógicas inherentes a la ideología y las lógicas inherentes a la realidad – disculpen esta simpleza y esta separación tosca, pero, por el momento requerimos de una exposición ilustrativa -. La ideología no solo legitima el poder, sino que busca convencer, como lo hacía la antigua retórica; además de que busca darle sentido a lo que se hace. La maquinaria estatal, en cambio, busca ejecutar, busca hacer. Si lo que se hace viene acompañado por discursos convincentes, tanto mejor; pero, desde la perspectiva instrumental, que estos discursos acompañen no es indispensable y necesario; se puede hacer sin necesidad de ellos.

Desde este punto de vista, no importa tanto entender por qué no se realiza el ideal, sino, más bien, importa más saber cómo funciona la maquinaria estatal efectivamente. En Aperturas a otros mundos posibles[2] hablamos del funcionamiento irregular del Estado y del funcionamiento regular del Estado; empero, estas definiciones responden a criterios normativos y, si se quiere, administrativos. Por lo tanto, no son del todo adecuadas para figurar y configurar el funcionamiento de la maquinaria estatal; en consecuencia, tampoco para conceptualizar este funcionamiento. Lo regular y lo irregular hacen mención a las regulaciones institucionales, que, a su vez, responden al diseño institucional, hecho normativamente. Todos estos son dispositivos normativos, además de regulación administrativa; que, por otra parte, exigen las adecuaciones y correcciones de los funcionamientos institucionales respecto de la norma. Todo esto tiene que ver con el papel del sistema jurídico-político. Si se quiere como debe ser. Sin embargo, la maquinaria, como heurística, mecánica e instrumentalidad, responde a su propio diseño; si se quiere, a la ingeniera que la diseñó. Lo que hay que comprender y entender es esta ingeniería.

Ahora bien, la ingeniería de la maquinaria estatal, de la heurística del poder, tiene que ver con la eficacia; es decir, el lograr el cometido de la mejor manera; en otras palabras, resolver el problema. También se puede decir, hacer funcionar la maquinaria de la manera más eficiente. Por ejemplo, si el objetivo es conseguir el acopio de tributos para el Estado, los dispositivos e instrumentos empleados son eficaces si facilitan esta tarea. El empleo de la estadística es pues un recurso apropiado para contar con la información de cuantos tributantes hay, cuánto se debe recaudar, cuánto se recauda y cuánto falta por recaudar. Los métodos y procedimientos de recaudación tributaria son otros instrumentos de la maquinaria estatal. La destreza de los recaudadores y su profesionalismo forman parte del funcionamiento de la maquinaria, no tanto del aparato administrativo, sobre todo, de la administración personal, que proceden de acuerdo a normas y reglamentos. Son dos aspectos distintos de la organización estatal; la normativa y la factual, para decirlo de ese modo. Si a esto se añaden los instrumentos de información, la tecnología informática y cibernética, los registros, los programas y los cálculos, además de los medios de comunicación empleados, estamos ante una parte del sistema técnico operativo de la maquinaria estatal; considerando una parte, solo en lo que concierne a una de las tareas del Estado. El conjunto de partes operativas del Estado hacen al sistema técnico de la maquinaria estatal.

El sistema técnico de la maquinaria estatal es eficiente por definición. Si esto no ocurre, quiere decir que no se trata del sistema técnico sino de otra cosa. Por ejemplo, puede tratarse de del cumplimiento de otras tareas; ideológicas, políticas, clientelares. En este sentido, los aparatos involucrados no son técnicos, sino forman parte de la economía política del chantaje. No se trata de la eficiencia técnica, sino de la convocatoria o, en su caso, de la concomitancia. Entonces, la composición de los engranajes funciona de otra manera. Lo que importa es lograr convocatorias masivas o, en su caso, complicidades numerosas. El uso de los recursos no se destinan, como en el caso del sistema técnico, para la inversión productiva y la acumulación ampliada, sino para mantener los circuitos y redes clientelares. El plus no corresponde a la generación de plusvalía, de excedente económico, sino a ganancia de adeptos o, en su caso, de clientelas. El plus es ideológico, también político; corresponde a la conformación de una estructura de concomitancias, que sostiene una forma de poder basada en el clientelismo.

No se pueden leer los dispositivos, aparatos, redes, incluso subsistemas, de la economía política del chantaje, desde el referente del sistema jurídico-político, tampoco desde el referente del sistema técnico; pues no corresponden a ni uno ni otro. Tienen que ser leídos a partir de la economía política del chantaje. Esta economía política, basada en la separación entre especulación y autenticidad, para decirlo de ese modo, dualidad que podría también esquematizarse como separación entre representación y realidad, valoriza la especulación y desvaloriza la autenticidad; valoriza la representación y desvaloriza la realidad. La economía política del chantaje responde, por así decirlo, a la “lógica” de la simulación; lo que importa es la seducción y no el placer ni el goce; tampoco la satisfacción. Se podría decir crudamente que lo que se busca es el encandilamiento, de ninguna manera la reciprocidad. El plus de la economía política del chantaje es la magnificencia de las apariencias; particularmente, la espectacularidad del poder.

Volviendo a nuestro asunto, después de repasar nuestras hipótesis interpretativas respecto a la economía política del chantaje, asunto que tiene que ver con la caracterización de dispositivos, aparatos, circuitos, redes y subsistemas, que deberían funcionar según las operaciones de clausura del sistema técnico, funcionan, mas bien, de otra manera; funcionan como mecanismos de apoyo y sustento de la economía política del chantaje. Entonces, para decirlo de manera simpe, el objetivo es otro, no la eficacia técnica, sino, si se quiere, para mantener la comparación y contraste, la eficacia del chantaje.

Se puede entender que el sistema de la economía política del chantaje se sostiene en economías de renta, pero también en economías especulativas. No parecen poder funcionar en economías productivas, preponderantemente industriales, también agrícolas. Entonces, se puede considerar la expansión de la economía política del chantaje respecto a la economía política productiva - correspondiente a la fase de hegemonía industrial del capitalismo -, cuando el peso de la renta es preponderante en la estructura económica, así como también el peso del capitalismo especulativo. Las fases del ciclo largo del capitalismo vigente tienen que ver o se corresponden con las formas preponderantes de la economía política.

Ahora bien, en el sistema-mundo capitalista la economía política del chantaje no podría funcionar si es que la economía política productiva y acumulativa no generara excedente. La economía política del chantaje no es productiva; mas bien, se apropia del excedente producido. La economía política del chantaje absorbe el excedente y lo administra de manera especulativa. Se podría decir que la economía política del chantaje es, mas bien, un parásito.

No hay que olvidar que la producción del excedente se da a escala mundial, así como la acumulación, si se quiere, en la dialéctica de acumulación originaria recurrente y acumulación ampliada; por lo tanto, el hecho que se forme una burguesía parásita respecto a la burguesía industrial, que se apropia del excedente y lo usa especulativamente, tiene que ver con la generación mundial del excedente. La complejidad de esta acumulación y de la producción del excedente es pues mayor de lo que ha supuesto el marxismo. Se da lugar en encadenamientos extractivistas, productivos y comerciales, en el mercado mundial. El excedente se forma desde las transferencias de valorizaciones de la extracción de los recursos naturales hasta la subsunción formal y real del trabajo al capital, en las distintas regiones de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Se trata de la valorización integral del conjunto de transferencias de valorizaciones, articuladas a los efectos de la acumulación. Por lo tanto, el desborde de las burguesías parasitas nacionales, tienen que ponderarse a escala mundial, para comprender penamente el fenómeno anti-económico, que hemos llamado anti-producción[3]. Así también, es indispensable comprender el funcionamiento de los aparatos y dispositivos de la economía política del chantaje a escala mundial. Es en esta escala donde se comienza a entender por qué se combinan lógicas no técnicas y hasta anti-técnicas con las lógicas técnicas, aunque lo hagan en detrimento de la eficiencia técnica.

Hemos hablado del mundo como espectáculo[4], que corresponde a la proliferación global de la especulación y al logro generalizado de la simulación. Esto puede ocurrir por que se ha llegado a niveles monstruosos de la acumulación. Las distintas formas de burguesía disputan la apropiación del excedente. Las burguesías parásitas disputan la apropiación del excedente para despilfarrarlo y especular; pueden hacerlo porque el margen de maniobra es muy amplio.

Esta fabulosa acumulación de capital se sostiene también en una fabulosa destrucción planetaria. ¿A qué sintomatología nos lleva la presencia proliferante de burguesías parasitas? ¿Se pueden interpretar como síntomas apocalípticos? ¿Se puede interpretar estos síntomas, donde la destrucción es la huella preponderante en el planeta, como relativos a formas que se alimentan de la putrefacción? Metafóricamente, como recita el poeta gitano, Federico García Lorca, cuando la muerte puso huevos en la herida. Puede ser, empero, lo que atendemos, ahora, es el funcionamiento de estas formas no técnicas de la maquinaria abstracta del poder.

En las periferias del sistema-mundo, en los Estado-nación subalternos, que garantizan la transferencia de recursos naturales a los centros industriales del sistema-mundo capitalista, periferias donde las economías son preponderantemente extractivistas y rentista el perfil del Estado, hay condiciones de posibilidad para que emerjan las burguesías parásitas. Lo mismo, en Estado-nación dominantes, que se convierten en centros de acumulación y concentración de capital, donde prepondera la dominancia del capitalismo financiero, que tiende, mas bien, a la especulación, a tasas de retorno rápidas, y no a la producción, dejando esta tarea a las potencias emergentes industriales, hay condiciones para la emergencia de burguesías parásitas.

En este sistema-mundo capitalista, sobre todo, en su fase de dominancia del capitalismo financiero y especulativo, se amplifican las condiciones de posibilidad, que deberíamos nombrarlas, como lo hicimos antes, para fenómenos relativos de la economía política del chantaje, como condiciones de imposibilidad, por el contraste, para la emergencia de las formas de la economía política del chantaje; en consecuencia, de la proliferación de las burguesías parásitas. En estas condiciones, la maquinaria abstracta del poder hace funcionar los aparatos de Estado de otra manera, de acuerdo a las lógicas, por así decirlo, de la economía política del chantaje. Por ejemplo, los dispositivos que deberían formar parte del sistema técnico de la maquinaria estatal, funcionan, mas bien, sosteniendo al funcionamiento del sistema de la economía política del chantaje. Solo llevan los nombres correspondientes a los dispositivos y aparatos del sistema técnico.

El funcionamiento técnico vuelve a aparecer en la escala mundial. Por ejemplo, en el caso de la explotación extractivista en las periferias, en los países periféricos de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, donde los Estado-nación subalternos garantizan la transferencia de recursos naturales, la tecnología empleada en la explotación de os hidrocarburos funciona eficazmente; utilizando tecnologías de punta. Estos dispositivos técnicos están controlados y manejados por organizaciones empresariales trasnacionales; en cuya composición los subsistemas técnicos son indispensables.

Ahora bien, la forma de gubernamentalidad clientelar tiende a dejar el manejo técnico precisamente a las empresas trasnacionales, quedándose con el manejo político, ideológico y clientelar de la maquinaria estatal o convirtiendo a la maquinaria estatal en una maquinaria de coerción y de chantaje, que se sustenta en la renta extractivista. La pregunta es: ¿La forma de gubernamentalidad clientelar puede componerse o combinarse con el sistema técnico? Desde mediados del siglo pasado se han dado formas de gubernamentalidad del nacionalismo revolucionario que han intentado hacerlo; incluso que lo han hecho en un periodo significativo de las nacionalizaciones. Podríamos decir, que esto ocurría mientras perduró el lapso de la convocatoria popular. Cuando estas formas de gubernamentalidad encontraron su punto de inflexión y desde ahí iniciaron la regresión, sustituyeron la falta de convocatoria por relaciones clientelares expansivas. Es cuando el manejo técnico tiende a desaparecer, sustituyéndose por lo que dijimos, por maniobras clientelares. El antecedente de la forma de gubernamentalidad clientelar, tal como aparece a fines del siglo XX y principios del siglo XXI, en la expresión de los llamados “gobiernos progresistas”, parece ser esta etapa decadente de los gobiernos del nacionalismo popular.

En la escala nacional parece muy difícil que se dé una composición como la sugerida, la que una forma de gubernamentalidad clientelar contenga un sistema técnico en la maquinaria estatal. Sin embargo, a escala mundial, si bien se da en el contexto y organización del orden mundial, es decir, en la configuración internacional de Naciones Unidas, que supone la participación de los Estado-nación, la pregunta se transmite plenamente al escenario hipotético de un gobierno mundial de las sociedades, es decir, un Estado mundial. Este escenario hipotético plantea dilemas al gobierno mundial, pues tendría que intervenir para disminuir los alcances del capitalismo extractivista y del capitalismo especulativo; es decir, los espacios de dominio y control de las burguesías parasitarias. Sino hace esto se reproduce mundialmente una situación parecida a lo que ocurre en la escala nacional, cuando se da la forma de gubernamentalidad clientelar. Esto no puede suceder mundialmente, pues sin un sistema técnico en la maquinaria mundial, el desmoronamiento del sistema-mundo, del gobierno mundial, se daría como consecuencia de una manera vertiginosa. Que una intervención del gobierno mundial se dé contra las burguesías parasitas, por lo tanto, contra estas formas de capitalismo rentista y especulativo, en el escenario hipotético que imaginamos, es difícilmente viable, dadas las correlaciones de fuerzas, donde las burguesías parasitas predominan en la etapa especulativa del capitalismo vigente. Es mucho más viable el escenario que proyectamos, en anteriores ensayos, de una gobernanza mundial de los pueblos, que se abren a civilizaciones y mundos alternativos, abandonando el horizonte restrictivo de la civilización moderna[5].

Sabemos que estos escenarios son hipotéticos, situaciones ideadas, obviamente de manera esquemática, para reflexionar sobre los campos de posibilidades inherentes en los espesores del presente y sus proyecciones probables. Que los desenlaces de los acontecimientos se inclinen por la convergencia hacia situaciones análogas, parecidas o próximas, depende no dé la razón, ni de la justicia, ni de la verdad de los proyectos inherentes, sino de la correlación de fuerzas. Son los pueblos del mundo los que pueden modificar la actual correlación de fuerzas, cuya resultante nos arrastra al abismo. ¿Lo harán? No lo sabemos; empero, la responsabilidad activista es el de liberar la potencia social de los pueblos, para que lo hagan.

[1] Ver Ideología jurídica-política.

https://pradaraul.wordpress.com/2016/09/13/ideologia-juridico-politica/.

[2] Ver Aperturas a otros mundos posibles. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/aperturas_a_otros_mundos_posibles_2.

[3] Ver Anti-producción. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/antiproducci__n.

[4] Ver El mundo como espectáculo. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/el_mundo_como_espect__culo.

[5] Ver Convocatoria de la vida. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/convocatoria_de_la_vida_2.