Nicanor Parra y tantas cosas sobre veredas

El autor parece evitar, o no sabe que existe, esa megalomanía que envuelve como camisa de fuerza a poetas superficiales, que creen que alcanzan profundidades por el buen uso de la jerga ilustrada y el manejo versístico de la palabra que suena parecida a la otra. Se nota que no pasa cinco horas buscando la palabra apropiada, lo que le ahorra tener que marearse buscando el ajuste del mecano verbal y le permite ir directo al hueso, es decir la andadura o recorrido del enlace real de su corazón y el instinto de la especie con las maravillas de la vida y la existencia, en este caso el antipoeta Nicanor que encontro su brillo que ilumina veredas en el distanciamiento de la superficialidad enojosa del binarismo político, que resultó más una pelea de perros por el cargo que un cambio real de las relaciones del mundo de la vida.



NICANOR PARRA Y TANTAS COSAS SOBRE VEREDAS

Carlos Amador Marchant
https://carlosamadormarchant2.blogspot.cl/2018/01/nicanor-parra-y-tantas-cosas-sobre.html

Tantas cosas sobre veredas. Tantos pasos de día. Tantos silencios de noche.
Es la ciudad. Los hombres la hicieron así.
En franco diálogo con mujer de edad avanzada, en pleno centro del puerto; mujer comerciante, de las que venden en calles, insinuaba cosas del vivir diario. Se permitió, a la vez, entregar filosofía de pueblo, de ése que sufre, del que capea calles.
La conversación fue breve. Después de eso emergieron látigos: “Estoy vieja, cansada. La muerte me acecha”.
La frase final, por cierto, cayó como rayo. De ésta se asoman, tiemblan, desde sus tumbas, gran cantidad de poetas que elevaron voces hacia la muerte. Pero los poetas que cantaron a la muerte hoy están muertos: ¿esto dice algo?.
Por otra parte, los soliloquios lanzados sobre este tema se transforman, en ocasiones, en risotadas y llantos que llegan hasta el desquicio. En Chile, los llamados “pensadores” eliminaron en períodos diferentes (por dar un ejemplo) la asignatura de Educación Cívica, tan trascendente para el devenir de una mejor sociedad encaminada “eternamente” al desarrollo. Si se llegó a este extremo ¿se puede creer que un día cualquiera en este país enseñen algo minucioso, detallado, sobre la muerte, sobre cómo afrontarla, no temerle, y asumirla como una parte más de la existencia?
Volviendo a este último tema, hay diversidad de literatos que tocaron (tocan) este punto. Algunos con mucha seriedad; otros inyectándole un tanto de ironía.
El español Miguel Hernández (1910-42) exclama: “Sentado sobre los muertos/que se han callado en dos meses, beso zapatos vacíos….”. El poeta fallecido en cárceles en plena guerra civil de su país, expone la imagen de “zapatos vacíos” tras la muerte. Es decir, los zapatos como sinónimo de soledad y, al mismo tiempo, abandono. La imagen del “zapato” frente a la muerte, o el zapato junto al ser humano, para mí, siempre representó algo muy profundo, que tiene que ver, incluso, con el abismo, con la nada.
Al momento de escribir esta crónica el poeta chileno Nicanor Parra, sostenía o acarreaba con cierto orgullo sus 103 años. Nuestro Premio Nacional de Literatura 1969, y Cervantes 2011, eterno postulante al Nobel de Literatura, nos gruñe cuando instala la muerte en su boca: “Cuidadito Con velarme/ en el salón De honor/ De la universidad/ o en la Caza del Ezcritor/de esto no cabe la menor duda/malditos sean si me velan ahí…”
No sabemos donde va a ser velado, pero Parra en estos versos se adelantó a lo que muchos temieron adelantarse. Parra, acaba de morir hoy martes 23 de enero de 2018. Casi como un anuncio, a dos días de culminar esta crónica que me vi obligado a corregir y rellenar.
Con Nicanor Parra, en verdad, uno se anima a entrever cualquier cosa que tenga relación con la existencia. Y es que él entrega herramientas para entender más la vida frente al desconocimiento de la muerte. Entonces no requiero repasar fotos de su etapa juvenil para enmarañarlas con las actuales, porque siempre estará allí, siempre será el mismo, aunque su estructura cambió con las décadas.
En los humanos el deseo es primordial y se instala cuando pasan años. En ocasiones se desea vivir y en otras, morir. Todo está relacionado con circunstancias. El cansancio, el sacrificio, unido a la injusticia constante, provocan el agotamiento en los seres. Pero acá está también el tema de los humanos, es decir, somos los humanos quienes provocamos alteraciones en el vivir diario.
Cuando Parra ironiza con vida y muerte me quedo quieto, me quedo auscultando. Porque en el fondo son tantas cosas sobre veredas. Tantos pasos de día. Tantos silencios de noche. Y ahora, por cosas del destino, por cosas de una extensa existencia, él ya no estará con nosotros.

Escrito en 21 de enero y reestructurada el 23 del mismo mes, de 2018.-