Un camaleón aplaudiendo a López Obrador en México

Víctor M. Toledo, el camaleón que sostenía que un gobierno de izquierda debe priorizar por los autogobiernos del pueblo, hoy día rasga sus vestiduras por la victoria luminosa de López Obrador mientras los empresarios abrazan y ríen abiertamente con el nuevo presidente izquierdista sobándose las manos, Emir Sader el brasileño sostiene que ahora la izquierda viene de ganadora y los pueblos siguen sin estridencia su marcha hacia la emancipación mediante su protagonismo.
Vea los dos textos de Toledo”. Primero el de la victoria publicado en Rebelión de hoy y el otro sobre los autogobiernos cuando aún no se vislumbraba la luminosa victoria.



Vea primero como corre la saliva o baba del oportunismo:

05-07-2018
¡Buenos días, México!

Víctor M. Toledo
Rebelión

Buenos días, país; buenos días, nación; buenos días, México. ¡Cincuenta años nos contemplan! Este salto que el país ha dado tiene su origen en 1968. Ni más ni menos. Lo que soñamos aquella generación de jóvenes en rebeldía por fin se alcanza. Quebrar más de dos siglos de una tradición despótica fincada en la opresión, el autoritarismo y la anti-democracia. La dictadura imperfecta ha llegado a su fin, y surge la posibilidad de construir una modernidad alternativa. Tardamos mucho, pero así son los procesos sociales: sus relojes caminan a un ritmo diferente a los nuestros. A diferencia de muchos patriotas que ya no lo vieron, hoy entono una canción oculta de agradecimiento a la vida. A las fuerzas que me permitieron presenciar este momento histórico. Aquella oscura noche que percibíamos durante nuestras rebeldías juveniles se fue haciendo más y más y más espesa, hasta llegar a este país devastado, que tuvo la prudencia y la paciencia de resguardar sus reservas naturales, sociales, culturales y civilizatorias. Esas sin las cuales la política digna se hace imposible. La resistencia valió la pena; una resistencia que tomó mil formas, pero que al final prendió y se expandió como un incendio venturoso. Treinta millones de votos lo certifican. ¿Cuántos mexicanos pusieron silenciosos su pequeña resistencia, sutil, cotidiana, imperceptible? Nunca lo sabremos. Pero conforme se iban apretando las condiciones terribles de estos 30 años recientes, y la de­vastadora máquina neoliberal iba dejando una estela de pobreza, destrucción, incomprensión, desesperanza y miedo, también se iban gestando los núcleos de la resistencia social. En México las batallas políticas se fueron transformando en elementales luchas por la supervivencia. La movilización que tuvo lugar hace unos días en decenas ciudades del país contra la privatización del agua es la más reciente expresión de ello.
El gran conductor de este amanecer luminoso es, por supuesto, AMLO. Su reciedumbre tropical, su sensibilidad de dirigente popular, y su fe inquebrantable han colocado al país de nuevo a la vanguardia del mundo. Atina AMLO en construir una nueva nación fun­dada en lo moral, no en la ideología, el negocio, el progreso, o la tecnología. De sus tantos mensajes enviados en estos meses me quedo con tres. Primero, su habilidad para construir un proyecto de nación a partir no de las teorías y tradiciones intelectuales de la izquierda, si­no de la lectura de las realidades concretas y particulares del país, de sus recorridos por su territorio, de sus encuentros con los múltiples actores de un México pluricultural y multiétnico y, por supuesto, del análisis y la interpretación de su propia historia. Como dijo un estratega estadunidense desde Washington, AMLO es AMLO. Lo segundo es su capacidad para combinar pragmatismo con intuición, es decir, su habilidad para ir seleccionando colaboradores que más allá de sus maneras de pensar, sus orígenes, su edad y sus trayectorias, son integrados por su entrega desinteresada, patriótica y noble. Hoy el nuevo gobierno dispone de casi una centena de cuadros dirigentes, mujeres y hombres, de altísima calidad moral y profesional. Finalmente, no puede ignorarse algo que pocos conocen. No obstante ser permanentemente acusado de autoritario por sus contrincantes políticos, AMLO se ha rodeado desde hace casi una década de un equipo de asesores, de creadores e intelectuales críticos con diferentes formaciones y diversas maneras de pensar, a los cuales ha escuchado y con los cuales ha dialogado. Su rol ha sido clave, por­que de alguna manera representan, a pequeña escala, la inteligencia del país. Esa que proviene de las universidades, tecnológicos y centros neurálgicos de creación, análisis y discusión. Para quien esto escribe ha sido una experiencia única y de un extraño valor formar parte de ese equipo.

No puede pasarse por alto, por último, que este amanecer ha tenido un elevado costo humano, porque procede de una noche ex­tremadamente trágica. La re­fundación del país tendrá que hacerse llevando como contexto a los 240 mil mexicanos asesinados y a los más de 30 mil desaparecidos. A los que ya no están, a los que dieron su vida por un ideal y a los que los exterminaron por causas diversas, los nuevos conductores del país deben jurar en su memoria honestidad, pulcritud, valores supremos y una entrega total por el bien común y el de la patria. La república amorosa tiene que ir dejando atrás tanta ignominia mediante la construcción de un país que requiere con urgencia atender a millones de mexicanos, especialmente jóvenes, que han quedado marginados por décadas. Todo está por hacerse. La luz de un nuevo sol se despliega lentamente y nos baña de esperanza. Que los destellos de este amanecer nos alcancen a tod@s.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/07/03/opinion/018a2pol

Lindo ¿No? Contratado!
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Vea ahora al mismo autor en el mismo periódico, pocos meses atrás, cuando aún no necesitaba trabajo y hablaba de la autoinmolación del estado para abrir paso a los autogobiernos. Bueno, al menos los autogobiernos ya saben quienes son los cretinos que van donde calienta el sol.
Vaya tremendo piquero a la piscina sin agua!

29.Ago.17

¿Qué es hoy un gobierno de izquierda?
Víctor M. Toledo
La Jornada

Mantenemos deliberadamente en el título la palabra “hoy”, porque los vertiginosos cambios ocurridos en las pasadas seis o siete décadas, que muchos insisten en llamar globalización y que resultan de una compleja combinación de innovación tecnológica, expansión inusitada del capital y dominio de los valores de la civilización moderna, han dejado muy atrás las tesis sobre las que los teóricos e ideólogos más avanzados de la izquierda han diseñado los gobiernos reales o potenciales. El evidente divorcio entre ciencia y política ha abonado también en el triste espectáculo que hace ver las posiciones supuestamente de vanguardia como propuestas obsoletas. Este anacronismo en las visiones ha sido esencial para entender el fracaso o estancamiento de los llamados “gobiernos progresistas” que en Latinoamérica nos han llenado de expectativas y esperanzas.

Si partimos del supuesto de que un “gobierno de izquierda” es aquel que busca la emancipación de la humanidad mediante la aplicación de los valores más sublimes (derechos humanos, igualdad social, respeto a la naturaleza, solidaridad intergeneracional, etcétera), hoy ese gobierno debe estar enfocado, debe concentrar todas sus energías, en combatir las dos formas supremas de explotación que una minoría de minorías (que se estima alcanza apenas a uno por ciento de la sociedad) realiza sobre el trabajo de la naturaleza y sobre el trabajo de los hombres. Se trata de una doble emancipación: ecológica y social, las cuales se encuentran indisolublemente ligadas. Se trata de identificar las acciones depredadoras y parasitarias y de acotarlas y terminarlas. En ambos casos el “gobierno de izquierda” enfrenta situaciones de máxima emergencia. La crisis ecológica, cuya expresión suprema es el calentamiento global, se encuentra ya en la antesala de un colapso generalizado que este autor calcula se alcanzará en torno a 2050. La inequidad social, que ha sido documentada y confirmada por numerosos estudiosos en los últimos años (el libro de Pickett y varios reportes internacionales) pone en jaque la estabilidad institucional y la paz y la seguridad de todas la sociedades incluyendo las de las regiones prósperas. Todas las “políticas públicas” de un “gobierno de izquierda” deben entonces dirigirse a enfrentar esa situación de doble emergencia, que en estos tiempos modernos significa confrontar los gigantescos poderes corporativos que dominan una a una todas las ramas de la economía globalizada, una tarea esencialmente antimonopólica. Se trata, pues, de transformar no sólo un cierto régimen social o económico sino de modificar todo un modelo de civilización. Estamos ya ante la necesidad no de un gobierno revolucionario sino de un gobierno civilizionario, según lo escrito en ensayos anteriores (ver: goo.gl/QTnZKa y goo.gl/qt9JPc).

Pero no sólo eso. Todo lo anterior no se logra sin que ese “gobierno de izquierda” no lleve a cabo un obligado proceso de autoanálisis profundo. Para ser verdadero un gobierno de izquierda debe mirarse en el espejo. Hoy existe suficiente evidencia científica para afirmar que tras varios miles de años de devenir civilizatorio, los dos grandes pilares de la doble explotación, ecológica y social, son el Estado y el capital, y que sólo una sociedad basada en el poder civil o ciudadano, en la autorganización se puede lograr la emancipación que el mundo necesita Es la comunalidad basada en la cooperación, la reciprocidad y la solidaridad la que permitió la evolución humana a lo largo de los 300 mil años de historia, y es esa la que sacará a la humanidad de su actual crisis. La misma que el Estado primero y el capital después, han intentado destruir. La historia de los pasados 5 mil años no ha sido sino la historia del despojo y la destrucción de la comuna aldeana, basada en el espíritu de cooperación, la que ha logrado resistir, recuperarse, renacer y transfigurarse en nuevas instituciones. Lo que hoy se denomina “tejido social” expresión legítima de una sociedad orgánica, enjambre que articula libremente a individuos, familias y gremios en totalidades horizontales, descentralizadas y equitativas, es la herencia de una tendencia evolutiva que es tanto social como biológica. Como antítesis al poder descomunal del Estado y del capital, la comunalidad existe, subiste y persiste y es la flama viva de una tradición subterránea que se remonta no sólo al pasado remoto de la mal llamada “prehistoria”, sino que abreva del proceso evolutivo de las sociedades animales develado por la investigación socio-biológica de las pasadas décadas (ver mi artículo: https://goo.gl/CzQH6t). Este fue el caso, y sigue siendo, de las tribus, aldeas, comunidades agrarias, gremios, cofradías, hermandades, comunas, colegios, fraternidades, y finalmente sindicatos y cooperativas. Todo ellos existen como formas opuestas a las instituciones autoritarias, llámense gobiernos, empresas, iglesias, partidos o ejércitos, fincados en el poder coercitivo. La vigencia de ese poder social no obstante los embates sufridos, cobra existencia en pleno siglo XXI en el campesinado (1.5 mil millones) incluidos los pueblos indígenas del mundo (unos 370 millones perteneciendo a casi 7,000 culturas), en la fuerza del cooperativismo (unos mil millones, ver: https://ica.coop/es/node/3297), en los sindicatos y organizaciones de trabajadores y en los llamados movimientos sociales que aparecen por todas las latitudes cada vez con más fuerza. A pesar de las innumerables campañas que han buscado su destrucción el “espíritu de la colmena” sigue vivo y a la espera de realizar su retorno total.

Por todo lo anterior, un “gobierno de izquierda” no es aquel que solamente busca acotar, regular o suprimir al capital, sino el que tiene como objetivo central acotar, regular o suprimir su propio poder para trasladarlo a la sociedad misma. Este acto de autoinmolación del Estado es el rasgo más distintivo de un “gobierno de izquierda” hoy. Será entonces la política de Estado estelar inducir la autonomía de la sociedad, mediante la promoción de autogobiernos, autosuficiencia, autogestión y autodefensa. En una próxima entrega veremos cómo se van delineando, a la luz de estas tesis, los programas de un verdadero “gobierno de izquierda” a la altura de las circunstancias actuales. Ni más, ni menos.