Venezuela: Qué hacemos ¿partido, frente de partidos o fuerza social?

Es importante decidir qué es lo que se quiere construir: ¿Un partido vertical?, ¿Una coordinación de grupos?, ¿Una coordinación de un movimiento de movimientos?, ¿Una red de redes?, ¿Un frente de organizaciones? …En principio se puede decir que cada una de estas opciones tiene ventajas y desventajas, según el grado actual de desarrollo del movimiento popular venezolano y las tendencias que puedan vislumbrarse o según el proyecto societario que se proponga.
El debate sobre la organización política ha sido un punto crucial para todas las revoluciones, pero también para los partidos, grupos, asociaciones, que de una manera u otra han estado involucrados en los procesos de cambio. Probablemente se requiera de la urgencia de crear una fuerza social, no solamente política, que contribuya a impulsar las transformaciones societarias. Ahora nos toca a los revolucionarios solucionar este asunto tan lleno de dilemas, de angustias futuristas, de esperanzas inminentes y seguramente de viejas obsesiones a sabiendas de la obligación de crear una fuerza social que contribuya a impulsar las transformaciones societarias.



¡La implosión del chavismo disidente… ¡
Por: Servando Marín Lista | Viernes, 17/08/2018 07:28 PM | Versión para imprimir
No debería ser por la competencia fraccional, ni tampoco, una invitación para la constitución de un club de militantes esclarecidos encargados de darle luz a los que no la pueden ver.

REFLEXIÓN

Es importante decidir qué es lo que se quiere construir: ¿Un partido vertical?, ¿Una coordinación de grupos?, ¿Una coordinación de un movimiento de movimientos?, ¿Una red de redes?, ¿Un frente de organizaciones? …En principio se puede decir que cada una de estas opciones tiene ventajas y desventajas, según el grado actual de desarrollo del movimiento popular venezolano y las tendencias que puedan vislumbrarse o según el proyecto societario que se proponga.

El debate sobre la organización política ha sido un punto crucial para todas las revoluciones, pero también para los partidos, grupos, asociaciones, que de una manera u otra han estado involucrados en los procesos de cambio. Probablemente se requiera de la urgencia de crear una fuerza social, no solamente política, que contribuya a impulsar las transformaciones societarias. Ahora nos toca a los revolucionarios solucionar este asunto tan lleno de dilemas, de angustias futuristas, de esperanzas inminentes y seguramente de viejas obsesiones a sabiendas de la obligación de crear una fuerza social que contribuya a impulsar las transformaciones societarias.

Lo cierto es que las causas de esta imposibilidad, tienen que ver con la dependencia cultural de la militancia de estos partidos políticos más cercanos a corrientes de pensamiento reformista de derecha, los cuales se hacen evidentes por sus carencias de una línea general, que no podrán resolver a corto plazo esa izquierda partidista tradicional, influida por las “reglas matemáticas” de la institucionalidad burguesa, esto es, reparto de cargos burocráticos en la administración pública y posiciones en los cargos de elección popular

DESDE LA CIVILIDAD

¿Existe algún país en el mundo donde derechas e izquierdas o gobierno y oposición política hayan acordado influir positivamente en su ciudadanía para no proyectar sus conflictos internos y reforzar la constructividad, la colaboración productiva y la paz ciudadana?

Si este país existe, no lo conozco, y dudo que exista, por lo menos la historia que conozco y un inventario de la prensa mundial actual no muestras una repuesta positiva a la pregunta planteada. Por lo contrario, en la actualidad parece acentuarse cada vez en mayor magnitud la violencia interna entre los pueblos desde sus estímulos político-económicos. Venezuela no es una excepción y un grupo de venezolanos, sintiéndonos también ciudadanos del mundo, nos hemos dado a la tarea de reunirnos, primero en el espacio virtual y luego en el cara a cara, para discutir de alguna posible solución a esta tendencia.

Cabría preguntarse si sería posible construir nuevas condiciones socio económicas para revertir esa situación de violencia política creciente y si podríamos estar a tiempo de implementar algún plan o proyecto en ese sentido.

De allí que un grupo de tercos soñadores hemos querido iniciar un movimiento, aparentemente contra toda lógica, en esa dirección de unificación real de criterios finalistas positivos y a favor de la vida en armonía sistémica humanista y globalmente ecológica para darle un vuelco rotundo a esa tendencia política a la que nos han habituado los partidos políticos de utilizar los votos y trabajo de la ciudadanía a nombre de una alternabilidad del poder dentro de una pugna eterna que insisten en llamar democracia.

Hemos tomado esta iniciativa, porque somos ciertos de que estamos bajo un engaño de gigantescas proporciones, tanto en su realidad semántica como práctica. Vemos con preocupación que se nos pretenda inculcar, desde los poderes mediáticos hegemónicos, un significado trastocado de la democracia participativa y protagónica. Este equipo de ciudadanos hemos coincidido en que la nueva etapa de “Cambio de Estructura” contiene tres fases:

Preparar las condiciones;
Ejecutar la transformación de los entes en Vocerías Consejista;
Consolidar la nueva estructura de la sociedad.
En consecuencia, proponemos pues que, sin tiempo que perder, comencemos desde hoy mismo a construir ese programa y para lo cual te convocamos, sin discriminación alguna de partido, rangos, profesión, raza, sexo, o cualquier otro tipo de calificador, sino tu voluntad soberana y tus deseos de ver un mundo y una patria de futuro brillante, próspero, justo y de libertad y paz armónicas, a dos objetivos complementarios:

Fortalecer y masificar la formación ideológica en el colectivo nacional.
Crear una organización política basada en la Democracia Directa para asumir la dirección de la sociedad en el mediano y largo plazo.
Desde estas premisas básicas, hacemos un llamado a toda la población política de Venezuela para concentrar voluntades, recursos y esfuerzos a deslastrarnos de ese hábito de eternos contendores, de enemistad antihumana en el cual nos han metido los partidos políticos y, desde un movimiento civilista de base económica, cambiemos el rumbo de nuestro país.

Esto sólo puede lograrse con el compromiso de todos ante un programa de acción político-económica construido entre todos y para todos, no un programa construido por un grupito de vivos o de iluminados para imponerles a los demás por cualquier medio o método. Por eso tiene que ser también un programa adaptado a las vocaciones geo-humanas de las regiones locales, armonizado a la globalidad y ejecutado por y bajo la contraloría de toda la unidad ciudadana.

LA PRESENTE COYUNTURA

Pretendemos esbozar una propuesta preliminar para la elaboracion táctica en la presente coyuntura. No hay evidencias de que esa discusión se haya producido en todo el pais, pero tenemos la respuesta que prácticamente ya comienza a vislumbrarse en las contradicciones que afloran en la consciencia de unos cuantos aislados en la investigación libresca y convertidos en eruditos sin fuerza transformadora. Analicemos los elementos principales de esa proposición:

En primer lugar, la propuesta se nos plantea en un período histórico en que Venezuela se encuentra asediada por la dominación burguesa imperialista y sus factores internos de poder; es decir, la proposición se desprendió de las tareas tácticas y estratégicas de cualquier planteamiento programático de lucha revolucionaria y pone en evidencia tan sólo su contenido visceral anti-gobierno madurista y su gabinete.
En segundo lugar, la propuesta coincide con la estrategia desarrollada por los factores internos de poder, pero en la voz de unos interlocutores de la izquierda crítica venezolana pone en evidencia la estrategia para la desmoralización política y, fundamentalmente, dirigida a la toma de la iniciativa de una corriente fraccional-liquidadora.
En tercer lugar, la propuesta niega la táctica de los revolucionarios dirigida a socavar las bases de sustentación de la democracia burguesa y crear las bases para la construcción de un poder popular alternativo y democrático, solidario y latinoamericano, soberano y antiimperialista.
En cuarto lugar, la propuesta demuestra su ilegalidad, su desconocimiento de los derechos constitucionales establecidos en la CRBV; pero, además, el carácter autoritario, que se sustenta en última instancia, en la coacción, en la represión, en un complejo policiaco militar armado hasta los dientes
En todo caso, se trata de una indefinición que no se concibe ni como un partido ni como un frente. Entonces, me pregunto, ¿qué hacer? …La respuesta está en la necesidad de mostrar que hay cuadros emblemáticos del proceso bolivariano y chavista que son capaces de unirse a la contrarrevolución; y, al mismo tiempo, devela la falta de claridad teórica, la confusión política e ideológica y la decisión práctica de no llegar hasta el final como condición fundamental de esa vanguardia.

En síntesis, los problemas residen, en su esencia, en la existencia de una línea revisionista que conduce al fracaso, a la práctica del empirismo y los métodos artesanos del trabajo político afectado por la dispersión y la ayuna de la teoría revolucionaria: la propuesta de la “renuncia del mandatario y de su gabinete” como línea política es errada puesto que carece de fundamentación principista.

EL DESARME IDEOLÓGICO

Todo militante revolucionario debe evaluar su actividad política a fin de introducir los correctivos necesarios en aquellos aspectos que se han desarrollado de manera errónea o insuficiente y afinar los aspectos positivos de la política que se hace llegar a las masas. Ello nos conduce a la recuperación de una ideología que hemos construido en no pocas batallas y ese proceso hace obvia la necesidad de un proyecto popular que nos unifique en las luchas.

Los hechos nos demuestran que nos hemos convertido en unos reformistas que maneja un lenguaje radical. Hay que superar el reformismo y el desarme ideológico. Este es un trabajo colectivo, son cientos los cuadros, militantes y amigos que han intervenido en su realización.

La táctica electoral o no, aparentemente no considera que ha sufrido una derrota y se encuentra débil y desvinculado de las masas, amén el hecho de que en el pueblo aún existen ilusiones frente a la democracia protagónica y participativa, lo que le aporta legitimidad y le da una gran fortaleza al reformismo y el desarme ideológico frente a los revolucionarios.

Significa, entre otras cosas, la falta de definición de la política en general; pues, se negó el debate interno cruzado por la lucha interna y las tendencias burocrática-espontaneísta impusieron al pais una colusión ejecutiva antidemocrática.

Para muchos, se jugó a la supervivencia del PSUV-Madurismo y no la necesidad de crear una fuerza popular que logre alcanzar la democracia directa. Esta desconfianza tiene su raíz en la actitud de reincidir en el error de decretar la unidad desde arriba. Si bien es cierto que la unidad no se discute, es un proceso, que obedece a una búsqueda paciente y permanente, a la toma de consciencia, demostrando que no podemos trabajar juntos, por el sectarismo, los rencores, la falta de coherencia, sinceridad y constancia.

A las organizaciones políticas y a los revolucionarios se les creó el problema de definir la condición de izquierda sin ningún temor. Asimismo, la dificultad de armar un proyecto político para el pais y ser una fuerza intransigente, fresca y beligerante, en los siguientes términos:

Ser percibida por amplios e importantes sectores como una opción realmente diferenciada del continuismo hegemónico burocrático rojo-rojito; que no se asemeje, ni quiera parecerse a la oposición pitiyanki.
Ser percibida como una opción que al encarar las aspiraciones populares, le permita a la gente luchar desde ahora por la reivindicación de sus derechos.
Ser una opción que contribuya significativamente a:
La unificación de los sectores populares y fuerzas revolucionarias.
Definir un rumbo estratégico para la transformación revolucionaria de Venezuela.
La construcción de una fuerza revolucionaria unitaria.
O, simplemente, el triste papel de seguir pasando la vida esperando la insurrección popular y cuando ésta se dé nos limitamos a mirarla desde la ventana de nuestras casas. Pues bien, por estos principios que fueron abandonados, planteamos una táctica de participación al diálogo abierto por la unidad de todos los revolucionarios en las luchas diarias.

NO EXISTE UN PARTIDO

En el chavismo crítico existe una profunda lucha de tendencias. Esta situación se mantiene desde el mismo momento de su nacimiento; no sólo no lo hemos ocultado, sino que conscientemente hemos impulsado y canalizado los enfrentamientos “hacia afuera”. Si el chavismo crítico, es hoy algo muy distinto a lo que era cuando surgió, ello se debe fundamentalmente a que en ningún momento la lucha “hacia adentro” ha sido silenciada. Si hoy existe en el chavismo crítico un alto grado de unidad política, ello se debe a que hemos hecho un esfuerzo por mantener una lucha ideológica más o menos permanente. Desde cierto ángulo la historia del chavismo crítico es la lucha política de masas. Quien lea con detenimiento nuestras declaraciones y materiales políticos básicos, encontrará el reflejo de una constante lucha de tendencias en todas éstas direcciones.

A mi parecer, continuamos despreciando el trabajo y la participación en cualquier lucha política de masas. Por lo visto, creen en el poder mágico del “chavismo” y no le dan, por lo tanto, el justo valor de lo que están pregonando. Pregunto, acaso ese llamado desecha el trabajo abierto y legal. Por la necesidad de darle preeminencia dentro de la presente situación política, respondo, que el “chavista crítico” es insistir en el hecho de que las formas de lucha no pacíficas tienen un carácter auxiliar.

En Venezuela no existe un partido revolucionario y mucho menos un proceso de construcción de las tareas políticas y de masas; y, lo demuestra, hasta el cansancio, la contradicción entre teoría y práctica. Definitivamente, el aspecto principal de esa contradicción, está constituida por una teoría espontaneísta, que comienza a ser asimilada y comprendida en toda su magnitud y alcance por los enemigos de la revolución bolivariana y sus resultados es la experiencia y la reflexión que conducen a niveles superiores de elaboración de la actual lucha armada encubierta.

Las propuestas, resumidas en la táctica del condicionamiento o táctica de dos fases y la táctica de no definir posición frente a las elecciones sino estimular los conflictos de clases. Ello conduciría a rendirse sin luchar frente a las elecciones y habla de una supuesta inserción en las luchas de clases sin estarse preocupado por el debate electoral. De hecho, esta política parte de sectores de derecha dominados por concepciones y prácticas espontaneísta. La propuesta está llena de contradicciones y de problemas; cualquier lucha que se desarrolle demostrará la necesidad de una dirección política, de una coordinación de esfuerzos e iniciativas, de un plan de lucha, de una política para la coyuntura y de una política a largo plazo. Solo un movimiento popular capaz de realizar acciones cada vez más coordinadas dentro de un plan y una política global, puede responder a ese poder omnímodo del estado burgués totalitarista.

LA UNIDAD DE TODOS Y ENTRE TODOS

Ahora bien, nos preguntamos: ¿Cuáles son los elementos fundamentales que debería guiar este mensaje abierto a las organizaciones, personalidades e independientes progresistas de izquierda?… Es obvio que a estas alturas ya no es imposible desarrollar algunas iniciativas constructivas si se cree realmente en la unidad de todos los revolucionarios. Es por eso que se plantea que el contenido esencial de este mensaje abierto sea:

Materializar un programa mínimo común de todas las organizaciones, personalidades e independientes progresistas de izquierda en torno los grandes problemas nacionales.
Organizar algunos actos de masas, o por lo menos uno, en los que se ratifique la disposición a seguir luchando por la unidad de todas las organizaciones, personalidades e independientes progresistas de izquierda, donde se presente el programa mínimo común, la plataforma de acción coincidente, y en general, se presente una imagen de fraternidad.
Mantener en funcionamiento un comité de enlace integrado por representantes por las organizaciones, personalidades e independientes progresistas de izquierda.
Denunciar los problemas de derechos humanos, la politica económica, los conflictos entre fracciones boliburguesa, la situación del pueblo y la entrega de nuestras riquezas a la Banca Internacional.
Exponer nuestra concepción, la vía, el carácter y las fuerzas motrices de una verdadera revolución venezolana, el partido, el frente de clases y capas sociales explotadas.
En fin de cuentas, el problema con toda la trascendencia e importancia que tiene, es un asunto que en buena medida queda cancelado con esta tarea en curso, en cambio, otros aspectos de la unidad popular son permanentes y decisivos, ahora y mucho más allá, en el indetenible movimiento de las luchas de masas.

Un programa mínimo perfectamente pudiera estructurarse en torno a una convergencia de fuerzas que lucharía por conquistar un gobierno que garanticen la independencia nacional, realice la reforma agraria, satisfaga las reivindicaciones populares e instaure una auténtica Democracia Directa.

Por supuesto, las gestiones que acabamos de mencionar, busca presentar a todas las organizaciones, personalidades e independientes progresistas de izquierda, con una opción real de poder, lo cual pudieran no tener un resultado favorable porque siempre podrá más el interés sectario y hegemónico. Pero, es importante destacar que ya en esta mensaje abierto estan explícitos algunos elementos programáticos que deberán ser desarrollados en una gran declaratoria común.

No obstante, desde el punto de vista del contenido, se debe conceptualizar las elecciones como un instrumento de participación de todas las organizaciones, personalidades e independientes progresistas de izquierda en ellas, no puede generar ninguna clase de ilusiones entre trabajadores y el pueblo. Este contenido debería conducirnos, al logro de un único objetivo:

Movilizar y organizar a miles de hombres y mujeres, a miles de obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales, pequeños propietarios, entre otros, en la lucha por sus derechos. Esto implica un fortalecimiento de la fuerza organizada de las masas y por ende, del poder de los revolucionarios, y un consiguiente debilitamiento de las base politica y de las masas de la dominación del imperialismo y de la gran burguesía interna.
DESEAMOS CONTRIBUIR

No debería ser por la competencia fraccional, ni tampoco, una invitación para la constitución de un club de militantes esclarecidos encargados de darle luz a los que no la pueden ver. Cada quien se organiza como le parece y participa donde lo cree apropiado según sus niveles de compromiso y de consciencia. La humildad, entonces, es la clave para participar en el fortalecimiento de una corriente revolucionaria. Es eso o la convergencia de egos, que no generará fuerza revolucionaria alguna, sino la consolidación del sedimento reaccionario de la sociedad venezolana, de la fuerza de la tradición y la costumbre, base de la contrarrevolución. Esto se lo viene planteando y lo está haciendo mucha gente.

Lo importante ahora es la convergencia de esfuerzos. Con todos y entre todos. La calidad revolucionaria no se proclama. Se prueba en el día a día. No estamos descubriendo nada. Es un imperativo de los tiempos. Incluso, se puede derivar de los aspectos críticos y autocríticos. Es el proceso de interrelación, interdependencia, complementariedades que debe caracterizas el fluir, los encuentros y también los desencuentros de las corrientes revolucionaria.

Muy diferente a la tendencia a la petrificación a la que suele conducir la lucha fraccional. Somos parte del proceso Bolivariano y vamos a continuar trabajando por el crecimiento y la multiplicación de la fuerza del pueblo. Es decir, trabajar con el pueblo, dentro del pueblo, como uno más. Las ideas originales son importantes, pero hay que contrastarlas con los resultados de la experiencia. Una y otra vez. Implica también profundizar la batalla por las ideas, pero también por la profundización de la práctica dentro del movimiento popular.

Que crezcan innumerables organizaciones populares, porque innumerables son los problemas que requieren solución. Pero no con un espíritu de fragmentación de las luchas o fractura de las organizaciones populares. La unidad es clave, la dispersión nos debilita. Una medida que nos ayuda a construir la unidad, es la elaboración de un programa básico de las luchas populares. Un compendio breve, a la vez complejo y sencillo, que no es lo mismo que simple. Su elaboración, por supuesto, es una tarea colectiva.

OBJETIVO TÁCTICO

Garantizar la continuidad de la Revolución Bolivariana como horizonte común de transformación social, a través de una movilización social y política que permita la restitución de la capacidad autorganizativa del pueblo, en el marco de una evaluación crítica y sincera sobre nuestras realidades, que posicione el programa popular de lucha, y sirva de referencia revolucionaria para el país y el mundo.
OBJETIVOS ESTRATÉGICOS

Construir y posicionar la hegemonía popular revolucionaria, “otra manera de producir la vida material y espiritual de la gente”, como herramienta política fundamental para la restitución al pueblo del poder político y posibilitar la consolidación del Poder Popular.
Consolidar la unidad popular, en el marco del fortalecimiento de la organización popular y de sus procesos de articulación en luchas concretas.
Desarrollar procesos de formación integral política e ideológica que se fundamenten en la acción y lucha permanente como escenario radical para la politización y elevación de los niveles de consciencia del pueblo.
Construir, promover y desarrollar una enorme vanguardia colectiva, que mande obedeciendo a la gente sencilla y común del pueblo (obreros, trabajadores, pueblos originarios, mujeres, campesinos, estudiantes, jóvenes, afro-descendiente, personas sexo-género-diversas).
Radicalizar la participación protagónica del pueblo en la toma de decisiones en la construcción y dirección de políticas amplias en todos los sectores de la vida de la patria.
Desarrollar formas efectivas y eficaces de control, seguimiento y evaluación de las funciones de gobierno y en la empresa privada por parte del Poder Popular, que ejerzan una contraloría real con implicaciones directas en la gestión gubernamental y ante las leyes de la república.
Promover, debatir y producir un Programa Popular de lucha popular de gobierno, a partir de un debate constituyente que, desde otra política, nos permita gobernar “desde abajo” sobre nuestras tierras, mares y sub-subsuelo (petróleo y minerales), nuestra industrias, tecnologías y modelos de desarrollo; nuestra educación, salud, cultura, hábitat y justicia; sobre la defensa integral del territorio y nuestro poder comunicacional; sobre nuestra relación continental y con otros pueblos del mundo, y sobre nuestra institucionalidad y su revolución moral, haciendo especial énfasis en la relación con nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Promover y garantizar la movilización, agitación y lucha permanente del pueblo en la calle, desde un espacio realmente amplio, comunicante, asambleario, que sirva para el debate y la articulación del pueblo excluido, oprimido y explotado como fundamento de los modos de vida socialista.
¡Que se abran cien flores y florezcan cien escuelas de pensamiento… ¡[1]

[1] Este pensamiento con lo que terminamos este artículo, fue una de las famosas expresiones pronunciadas por Mao Tse Tung en el verano chino de 1956 y que solo como frase poética hasta democrática puede ser recordada en la actual República Bolivariana de Venezuela: “Que se abran cien flores y florezcan cien escuelas del pensamiento para promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra”.