Recuperemos una autonomía de pensamiento que es la única garantía para una autonomía política.

La socióloga y pensadora de izquierda mexicana llegó a Bolivia y participó de un encuentro de intelectuales latinoamericanos. Tiene una mirada crítica al proceso político boliviano igual que al resto de América Latina



Raquel Gutiérrez Aguilar: “Se consolida una relación de tutelaje”

La socióloga y pensadora de izquierda mexicana llegó a Bolivia y participó de un encuentro de intelectuales latinoamericanos. Tiene una mirada crítica al proceso político boliviano igual que al resto de América Latina

Marco Chuquimia

El Deber
11/06/2017

Once años después de que estuvo en Bolivia, la filósofa, matemática y socióloga mexicana Raquel Gutiérrez Aguilar, expareja del vicepresidente Álvaro García Linera, llegó a Cochabamba donde se realizó el Encuentro en tiempos de fragmentación.

¿Cómo encuentra Bolivia a su retorno?
Puedo dar una respuesta bastante parcial de cómo encuentro el país, porque recién estoy pidiendo tener un diálogo con hermanos, hermanas, compañeras, personas con las que he participado en muchísimas luchas y recién están contándome y lo que estoy viendo, hasta ahora –e insisto en que es una visión parcial–, es que no me gusta mucho lo que veo. Me parece que se está consolidando, de una manera muy compleja, una relación de tutelaje a la capacidad política que en otro tiempo estaba en la sociedad boliviana, estaba dispersa ahí bullendo de manera muy amplia y que se ha consolidado más bien en una estructura de mando muy vertical, muy arrogante, que judicializa los conflictos y que entonces tapona las posibilidades deliberativas de la propia sociedad.

Entonces eso estoy viendo, una relación muy profunda de tutelaje y un Estado, o un aparato de gobierno que se parece a los que vemos en otros lugares de América Latina, más allá de la retórica que se maneje, más allá de un discurso bastante bien hecho que puede ser bastante consistente internamente. Lo que yo veo es una separación muy radical entre los contenidos de ese discurso y lo que realmente ocurre. Entonces, un poco viviendo con compañeros y compañeras de distintos lugares, además de la pluralidad que se puede reunir en Bolivia, me asombra mucho que haya colapsado una ambición de transformación social, en un discurso más o menos armado para recubrir y encubrir algo muy peligroso.

Entonces, ¿se habrá convertido en una sociedad adormecida la sociedad boliviana?
No creo, no tiene nada que ver con el adormecimiento, tiene que ver con la impotencia, es decir, estamos despiertos y nos damos cuenta, la dificultad es saber cómo, y en cada lugar las formas de control de estas capacidades de intervención política de las sociedades movilizadas que vimos en otros momentos. Estas formas de control son diferentes, en México tenemos esta estructura súper violenta, súper paramilitarizada que nos hace que tengamos estos índices de desaparición superiores a los de las guerras civiles de Centroamérica.

Estos índices de desplazamiento solo comparables con Colombia, estos índices de asesinato, violencia y de sucesos violentos de los cuales ahora somos el segundo país después de Siria, por favor. Ahí se controla así, acá estamos justamente tratando de entender los modos de control, entonces no es adormecimiento, es también hacernos cargo de las confianzas depositadas, de ilusiones rotas, de horizontes de transformación que cada vez se separan más de lo que tenemos y lo que considero es muy necesario, una vez más ponernos a discutir seriamente entre nosotros qué nos está pasando, entonces es por ahí.

¿Hará falta catalizadores políticos, dirigentes que puedan mover a esa sociedad?
No sé, es un asunto de la sociedad boliviana en la que no voy a intervenir, yo estoy participando en un encuentro donde el asunto es volverse a escuchar y escucharnos decir lo que nos pasa. Será asunto de los compañeros que están acá.

Pero percibe que no hay líderes que puedan conducir o seguir con esa reflexión que había antes, ¿es otro tiempo?
Cada época hace nacer a las personas, hombres y mujeres que van a tener pensamiento palabra, corazón, cuerpo, cada época; pero creo que hay que pensar, qué calidad de tiempo habitamos, eso es lo que un poco yo en ese sentido me siento muy empática con lo que han convocado a hacer aquí. Pensemos qué tiempo habitamos y recuperemos una autonomía de pensamiento que es la única garantía para una autonomía política.