Ecolog?a social: Comunalismo contra el caos clim?tico

Brian Tokar, profesor de Estudios Ambientales en la Universidad de Vermont actualiza las ideas y propuestas de Murray Bookchin que han contribuido enormemente al confederalismo democr?tico en Kurdist?n



Ecolog?a Social: Comunalismo contra el caos clim?tico

Las iniciativas municipales democr?ticamente confederadas siguen siendo nuestra mejor esperanza para remodelar significativamente el destino de la humanidad en este planeta. Tal vez la amenaza del caos clim?tico, combinada con nuestro profundo conocimiento del potencial para un futuro m?s humano y ecol?gicamente armonioso, puede de hecho ayudar a inspirar las profundas transformaciones que son necesarias para que la humanidad y la Tierra contin?en prosperando.

Por Brian Tokar*
http://www.radiotemblor.org/?p=13702

7 de febrero, 2019.- La teor?a y la praxis de la ecolog?a social siguen siendo nuestra mejor esperanza para defendernos de un futuro dist?pico y remodelar significativamente el destino de la humanidad en este planeta.

Desde la d?cada de 1960, la teor?a y la pr?ctica de la ecolog?a social han ayudado a guiar los esfuerzos para articular una perspectiva ecol?gica radical y contrasist?mica con el objetivo de transformar la relaci?n de la sociedad con la naturaleza no humana. Durante muchas d?cadas, los ecologistas sociales han articulado una cr?tica ecol?gica fundamental del capitalismo y el estado, y propuesto una visi?n alternativa de comunidades humanas empoderadas y organizadas confederalmente en busca de una relaci?n m?s armoniosa con el resto del mundo natural.

La ecolog?a social ayud? a formar la Nueva Izquierda y los movimientos antinucleares en los a?os 60 y 70, el surgimiento de pol?ticas verdes en muchos pa?ses, el movimiento antiglobalizaci?nde finales de los a?os 90 y principios del 2000 y, m?s recientemente, la lucha por la autonom?a democr?tica de las comunidades kurdas en Turqu?a y Siria, junto con el resurgimiento de nuevos movimientos municipales en todo el mundo, desde Barcelona en Com? hasta Cooperation Jackson en Mississippi.

La visi?n filos?fica de la ecolog?a social fue articulada por primera vez por Murray Bookchin entre principios de la d?cada de 1960 y principios de la de 2000, y desde entonces se ha seguido desarrollando por sus colegas y muchos otros. Es una s?ntesis ?nica de cr?tica social, investigaci?n hist?rica y antropol?gica, filosof?a dial?ctica y estrategia pol?tica. La ecolog?a social se puede ver como un despliegue de varias capas distintas de comprensi?n e intuici?n, que abarcan todas estas dimensiones y m?s. Comienza con una apreciaci?n del hecho de que los problemas ambientales son fundamentalmente de naturaleza social y pol?tica, y est?n enraizados en los legados hist?ricos de dominaci?n y jerarqu?a social.

Capitalismo y cambio clim?tico
Bookchin fue uno de los primeros pensadores en Occidente en identificar el imperativo del crecimiento del sistema capitalista como una amenaza fundamental para la integridad de los ecosistemas vivos, y argument? s?lidamente que las preocupaciones sociales y ecol?gicas son fundamentalmente inseparables, cuestionando los estrechos enfoques instrumentales utilizados por muchos ecologistas para abordar diversos problemas. Para los activistas clim?ticos actuales, esto fomenta la comprensi?n de que abordar de forma significativa la crisis clim?tica requiere una visi?n sist?mica de la centralidad de la combusti?n de combustibles f?siles para el surgimiento y la resiliencia continua del capitalismo. De hecho, el capitalismo tal como lo conocemos es virtualmente inconcebible sin el crecimiento exponencial del uso de la energ?a ?y las extendidas sustituciones de la energ?a por el trabajo? que el carb?n, el petr?leo y el gas han permitido. Como explic? el grupo de investigaci?n Corner House, con sede en el Reino Unido, en un documento de 2014:

?Todo el sistema contempor?neo de obtener beneficios del trabajo depend?a absolutamente del carbono f?sil barato [y por lo tanto] no existe un sustituto econ?mico o pol?ticamente factible para los combustibles f?siles en la triple combinaci?n de combustibles f?siles-motores t?rmicos-trabajo mercantilizado que apuntala las tasas actuales de acumulaci?n de capital?.

La perspectiva de la ecolog?a social nos permite ver que los combustibles f?siles han sido durante mucho tiempo centrales para el mito capitalista del crecimiento perpetuo. Han llevado a concentraciones cada vez mayores de capital en muchos sectores econ?micos y han anticipado tanto la reglamentaci?n como la creciente precariedad del trabajo humano en todo el mundo. En Fossil Capital (2016), Andreas Malm explica en detalle c?mo los primeros industriales brit?nicos optaron por pasar de la abundante energ?a hidr?ulica a las m?quinas de vapor alimentadas con carb?n para operar sus molinos, a pesar del aumento de los costos y la incierta fiabilidad.

La capacidad de controlar el trabajo fue fundamental para su decisi?n, ya que los pobres urbanos demostraron ser mucho m?s d?ciles a la disciplina de la f?brica que los habitantes rurales de mentalidad m?s independiente que viv?an junto a los r?pidos r?os brit?nicos. Un siglo m?s tarde, nuevos descubrimientos masivos de petr?leo en el Medio Oriente y en otros lugares impulsar?an incrementos previamente insondables en la productividad del trabajo humano y dar?an nueva vida al mito capitalista de la expansi?n econ?mica ilimitada.

Para abordar la magnitud de la crisis clim?tica y mantener un planeta habitable para las generaciones futuras, necesitamos romper ese mito de una vez por todas

Para abordar la magnitud de la crisis clim?tica y mantener un planeta habitable para las generaciones futuras, necesitamos romper ese mito de una vez por todas. Hoy la supremac?a pol?tica de los intereses de los combustibles f?siles trasciende la magnitud de sus contribuciones de campa?a o sus ganancias a corto plazo. Se deriva de su continuo papel central en el avance del mismo sistema que ayudaron a crear. Debemos revertir tanto los combustibles f?siles como la econom?a de crecimiento, y eso requerir? un replanteamiento fundamental de muchas de las suposiciones b?sicas subyacentes de las sociedades contempor?neas. La ecolog?a social proporciona un marco para esto.

La filosof?a de la ecolog?a social
Afortunadamente, a este respecto los objetivos de la ecolog?a social han seguido evolucionando m?s all? del nivel de cr?tica. En la d?cada de 1970, Bookchin particip? en una amplia investigaci?n sobre la evoluci?n de la relaci?n entre las sociedades humanas y la naturaleza no humana. Su escritura desafi? la noci?n com?n occidental de que los humanos inherentemente pretenden dominar el mundo natural, concluyendo que la dominaci?n de la naturaleza es un mito enraizado en las relaciones de dominaci?n entre las personas que surgieron del colapso de las antiguas sociedades tribales en Europa y Medio Oriente.

La ecolog?a social resalta los principios sociales igualitarios que muchas culturas ind?genas, tanto pasadas como presentes, han tenido en com?n, y las ha elevado como gu?as para un orden social renovado: conceptos como la interdependencia, la reciprocidad, la unidad en la diversidad y una ?tica de la complementariedad , es decir, el equilibrio de roles entre los diversos sectores sociales al compensar activamente las diferencias entre individuos. En su obra magna, La Ecolog?a de la Libertad (1982), Bookchin detall? los conflictos que se desarrollan entre estos principios rectores y los de las sociedades jer?rquicas cada vez m?s estratificadas, y c?mo esto ha moldeado los legados rivales de la dominaci?n y la libertad durante gran parte de la historia humana.

M?s all? de esto, la investigaci?n filos?fica de la ecolog?a social examina la emergencia de la conciencia humana desde dentro de los procesos de la evoluci?n natural. Volviendo a las ra?ces del pensamiento dial?ctico, desde Arist?teles a Hegel, Bookchin desarroll? un enfoque ?nico de la eco-filosof?a, enfatizando las potencialidades latentes en la evoluci?n de los fen?menos naturales y sociales mientras se celebra la singularidad de la creatividad humana y la autorreflexi?n . La ecolog?a social evita la visi?n com?n de la naturaleza como un mero reino de necesidad, y en cambio percibe la naturaleza como un esfuerzo, en cierto sentido, por actualizar a trav?s de la evoluci?n una potencialidad subyacente para la conciencia, la creatividad y la libertad.

Para Bookchin, una perspectiva dial?ctica de la historia humana nos obliga a rechazar lo que simplemente es y a seguir las potencialidades inherentes a la evoluci?n hacia una visi?n ampliada de lo que podr?a ser y, en ?ltima instancia, lo que deber?a ser. Si bien el logro de una sociedad libre y ecol?gica est? lejos de ser inevitable, y puede parecer cada vez menos probable ante el inminente caos clim?tico, tal vez sea el resultado m?s racional de cuatro mil millones de a?os de evoluci?n natural.

La estrategia pol?tica de la ecolog?a social
Estas exploraciones hist?ricas y filos?ficas a su vez proporcionan un apuntalamiento para la estrategia pol?tica revolucionaria de la ecolog?a social, que ha sido discutida previamente en ROAR Magazine por varios colegas de la ecolog?a social. Esta estrategia se describe generalmente como municipalismo libertario o confederal, o simplemente como comunalismo, derivado del legado de la Comuna de Par?s de 1871.

Al igual que los communards, Bookchin abog? por ciudades liberadas, pueblos y barrios gobernados por asambleas populares abiertas. Cre?a que la confederaci?n de tales municipalidades liberadas podr?a superar los l?mites de la acci?n local, permitiendo a las ciudades, pueblos y vecindarios mantener un contrapoder democr?tico frente a las instituciones pol?ticas centralizadas del estado, todo mientras venc?a la estrechez de miras localista, promov?a la interdependencia y promov?a una amplia agenda liberadora. Adem?s, argument? que el sofocante anonimato del mercado capitalista puede ser reemplazado por una econom?a moral en la que las relaciones econ?micas y pol?ticas se rijan por una ?tica de mutualismo y reciprocidad.

Los ecologistas sociales creen que mientras que las instituciones del capitalismo y el estado aumentan la estratificaci?n social y explotan las divisiones entre las personas, las estructuras alternativas arraigadas en la democracia directa pueden fomentar la expresi?n de un inter?s social general hacia la renovaci?n social y ecol?gica. ?Es en el municipio?, escribi? Bookchin en Urbanization Without Cities (1992), ?que las personas pueden reconstituirse desde m?nadas aisladas en un cuerpo pol?tico creativo y crear una vida c?vica existencial ? que tiene una forma institucional y contenido c?vico?.

Las personas inspiradas por esta visi?n han tra?do estructuras de democracia directa a trav?s de asambleas populares a numerosos movimientos sociales en los EE UU. Y m?s all?, desde campa?as populares de acci?n directa contra la energ?a nuclear a fines de la d?cada de 1970 hasta los m?s recientes movimientos antiglobalizaci?n y Occupy Wall Street. La dimensi?n prefigurativa de estos movimientos, que anticipa y ejecuta los diversos elementos de una sociedad liberada, ha alentado a los participantes a desafiar el status quo mientras promueven visiones transformadoras del futuro. El cap?tulo final de mi reciente libroToward Climate Justice (New Compass 2014) describe estas influencias con cierto detalle, centr?ndose en el movimiento antinuclear, la pol?tica verde, el ecofeminismo y otras corrientes significativas del pasado y el presente.

Contribuciones a movimientos contempor?neos
Hoy, los ecologistas sociales participan activamente en el movimiento global por la justicia clim?tica, que une corrientes convergentes de una variedad de fuentes, en particular movimientos ind?genas y otros movimientos basados ​​en la tierra del Sur Global, activistas de justicia ambiental de comunidades de color del Norte Global, y corrientes que contin?an desde los movimientos de justicia global o antiglobalizaci?n de hace una d?cada. Vale la pena considerar algunas de las contribuciones distintivas de la ecolog?a social a este amplio movimiento de justicia clim?tica en mayor detalle.

En primer lugar, la ecolog?a social ofrece una intransigente perspectiva ecol?gica que desaf?a las estructuras de poder arraigadas del capitalismo y el estado-naci?n. Un movimiento que no confronta las causas subyacentes de la destrucci?n del medio ambiente y la alteraci?n del clima puede, en el mejor de los casos, abordar s?lo superficialmente esos problemas. Los activistas por la justicia clim?tica generalmente entienden, por ejemplo, que las soluciones clim?ticas falsas como los mercados de carbono, la geoingenier?a y la promoci?n del gas natural obtenido del frackingcomo un ?combustible puente? en el camino a la energ?a renovable sirven principalmente al imperativo del sistema para seguir creciendo. Para abordar completamente las causas del cambio clim?tico se requiere que los actores del movimiento planteen demandas transformadoras de largo alcance, que los sistemas econ?micos y pol?ticos dominantes pueden ser incapaces de adaptar.

En segundo lugar, la ecolog?a social ofrece una lente para comprender mejor los or?genes y el surgimiento hist?rico del radicalismo ecol?gico, desde los movimientos nacientes de finales de los a?os cincuenta y principios de los sesenta hasta el presente. La ecolog?a social desempe?? un papel central al desafiar el sesgo antiecol?gico inherente de gran parte del marxismo-leninismo del siglo XX, y por lo tanto sirve como un complemento importante a los esfuerzos actuales para recuperar el legado ecol?gico de Marx. Si bien la comprensi?n de las escrituras ecol?gicas ignoradas hace mucho tiempo de Marx, desarrolladas por autores como John Bellamy Foster y Kohei Saito, es central en la emergente tradici?n de la eco-izquierda, tambi?n lo son los debates pol?ticos y las ideas te?ricas que se desarrollaron durante muchas d?cadas fundamentales, cuando la izquierda marxista no estaba, en general, en absoluto interesada en asuntos ambientales.

En tercer lugar, la ecolog?a social ofrece el tratamiento m?s completo de los or?genes de la dominaci?n social humana y su relaci?n hist?rica con los abusos de los ecosistemas vivos de la Tierra. La ecolog?a social resalta los or?genes de la destrucci?n ecol?gica en las relaciones sociales de dominaci?n, en contraste con las visiones convencionales que sugieren que los impulsos para dominar la naturaleza no humana son producto de una necesidad hist?rica. Para abordar de manera significativa la crisis clim?tica ser? necesario revertir numerosas manifestaciones del largo legado hist?rico de dominaci?n, y un movimiento intersectorial destinado a desafiar a la jerarqu?a social en general.

En cuarto lugar, la ecolog?a social ofrece una base hist?rica y estrat?gica integral para hacer realidad la promesa de la democracia directa. Los ecologistas sociales han trabajado para llevar la praxis de la democracia directa a los movimientos populares desde la d?cada de 1970, y los escritos de Bookchin ofrecen un contexto hist?rico y te?rico esencial para esta conversaci?n continua. La ecolog?a social ofrece una perspectiva estrat?gica integral que va m?s all? del papel de las asambleas populares como una forma de expresi?n p?blica e indignaci?n, buscando una autoorganizaci?n m?s completa, una confederaci?n y un desaf?o revolucionario a las instituciones estatistas arraigadas.

Finalmente, la ecolog?a social afirma la inseparabilidad de la actividad pol?tica opositora efectiva desde una visi?n reconstructiva de un futuro ecol?gico. Bookchin considera la escritura disidente m?s popular como incompleta, centr?ndose en la cr?tica y el an?lisis sin proponer tambi?n un camino coherente hacia adelante. Al mismo tiempo, los ecologistas sociales se han manifestado en contra del acomodo de muchas instituciones alternativas ?incluidas numerosas cooperativas y colectivos anteriormente radicales? a un asfixiante status quo capitalista.
La convergencia de las l?neas de actividad de oposici?n y reconstrucci?n es un paso crucial hacia un movimiento pol?tico que en ?ltima instancia puede competir y reclamar el poder pol?tico. Esto se realiza dentro del movimiento clim?tico internacional a trav?s de la creaci?n de nuevos espacios pol?ticos que incorporan los principios de ?blockadia? y ?alternatiba?.

El primer t?rmino, popularizado por Naomi Klein, fue acu?ado por los activistas del Bloqueo TarSands en Texas, que se involucraron en una serie extendida de acciones no violentas para bloquear la construcci?n del oleoducto Keystone XL. Esta ?ltima es una palabra vasco-francesa, adoptada como el tema de un recorrido en bicicleta que rode? a Francia durante el verano de 2015 y destac? decenas de proyectos locales de construcci?n alternativa. La defensa de la ecolog?a social para la participaci?n humana creativa en el mundo natural nos ayuda a ver c?mo podemos transformar radicalmente nuestras comunidades, mientras que curamos y restauramos ecosistemas vitales a trav?s de una variedad de m?todos sofisticados y basados ​​en la ecolog?a.

Inercia global, respuestas municipales
Despu?s de la celebrada, pero finalmente decepcionante, conclusi?n de la conferencia clim?tica de la ONU 2015 en Par?s, muchos activistas clim?ticos han abrazado un retorno a lo local. Mientras que el acuerdo de Par?s es ampliamente elogiado por las ?lites globales ?y los activistas condenaron con raz?n el retiro de los Estados Unidos anunciado por la administraci?n Trump?, el acuerdo tiene un defecto fundamental que en gran medida excluye la posibilidad de que logre una mitigaci?n clim?tica significativa. Esto se remonta a las intervenciones de Barack Obama y Hillary Clinton en la conferencia de Copenhague de 2009, que cambi? el enfoque de la diplomacia clim?tica de las reducciones de emisiones legalmente vinculantes del Protocolo de Kyoto de 1997 hacia un sistema de promesas voluntarias, o ?Contribuciones Determinadas Nacionalmente?, que ahora forman la base del marco de Par?s. La implementaci?n y el cumplimiento del acuerdo se limitan a lo que el texto de Par?s describe como un comit? internacional ?basado en expertos? que est? estructurado para ser ?transparente, no contencioso y no punitivo?.

Por supuesto, el r?gimen de Kyoto tambi?n carec?a de mecanismos de aplicaci?n significativos, y pa?ses como Canad? y Australia exced?an cr?nicamente sus l?mites de emisiones impuestos por Kioto. El Protocolo de Kyoto tambi?n inici? una serie de ?mecanismos flexibles? para implementar reducciones de emisiones, lo que lleva a la proliferaci?n global de mercados de carbono, esquemas de compensaci?n dudosos y otras medidas de inspiraci?n capitalista que han beneficiado en gran medida a los intereses financieros sin beneficios significativos para el clima. Si bien la Convenci?n del clima de la ONU original de 1992 consagr? varios principios destinados a abordar las desigualdades entre las naciones, la diplomacia clim?tica posterior a menudo se asemeja a una carrera desmoralizadora hacia el abismo.

A?n as?, hay algunos signos de esperanza. En respuesta a la retirada anunciada de Estados Unidos del marco de Par?s, una alianza de m?s de 200 ciudades y condados de EE UU anunci? su intenci?n de mantener los cautelosos pero significativos compromisos que el gobierno de Obama hab?a llevado a Par?s. A nivel internacional, m?s de 2.500 ciudades de Oslo a Sydney han presentado planes a las Naciones Unidas para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, a veces desafiando los compromisos mucho m?s cautelosos de sus gobiernos nacionales.

Dos consultas populares locales en Columbia llevaron a rechazar la explotaci?n minera y petrolera dentro de sus territorios, en un caso afiliando a su ciudad con el movimiento italiano Slow Cities, una consecuencia del famoso movimiento Slow Food que ha ayudado a elevar el nivel social y cultural de los productores locales de alimentos en Italia y en muchos otros pa?ses. Una declaraci?n de principios de Slow Cities sugiere que ?trabajando para la sostenibilidad, defendiendo el medioambiente y reduciendo nuestra huella ecol?gica excesiva?, las comunidades se est?n ?comprometiendo? a redescubrir los conocimientos tradicionales y a aprovechar al m?ximo nuestros recursos mediante el reciclaje y la reutilizaci?n, aplicando las nuevas tecnolog?as ?.

La capacidad de tales movimientos municipales para generar apoyo y presi?n para cambios institucionales m?s amplios es fundamental

La capacidad de tales movimientos municipales para generar apoyo y presi?n para cambios institucionales m?s amplios es fundamental para su importancia pol?tica en un per?odo en el que el progreso social y ambiental se estanca en muchos pa?ses. Las acciones iniciadas desde abajo tambi?n pueden tener m?s poder de permanencia que aquellas ordenadas desde arriba. Es mucho m?s probable que est?n estructuradas democr?ticamente y rindan cuentas a las personas que se ven m?s afectadas por los resultados. Ayudan a construir relaciones entre vecinos y a fortalecer la capacidad de autosuficiencia. Nos permiten ver que las instituciones que ahora dominan nuestras vidas son mucho menos esenciales para nuestro sustento diario de lo que a menudo nos hacen creer. Y, quiz?s lo m?s importante, tales iniciativas municipales pueden desafiar las medidas regresivas implementadas desde arriba, as? como las pol?ticas nacionales que favorecen a las corporaciones de combustibles f?siles y los intereses financieros afines.

En su mayor parte, las iniciativas municipales recientes en los EE UU y m?s all? han evolucionado en una direcci?n progresista. M?s de 160 ciudades y condados de EE UU se han declarado ?santuarios? desafiando la aplicaci?n de las leyes de inmigraci?n de la administraci?n Trump, un avance muy importante a la luz de los futuros desplazamientos que resultar?n del cambio clim?tico. Tales batallas pol?ticas y legales en curso sobre los derechos de los municipios contra los estados se refieren al potencial radical de las medidas social y ecol?gicamente progresistas que surgen de abajo.

Los activistas de la justicia social y ambiental en los Estados Unidos tambi?n est?n desafiando la tendencia de las victorias electorales de derecha ejecutando y ganando campa?as audaces para una variedad de cargos municipales. Quiz?s lo m?s destacable es la exitosa campa?a de 2017 de Chokwe Antar Lumumba, quien fue elegido alcalde de Jackson, Mississippi, en el coraz?n del sur profundo, con un programa centrado en los derechos humanos, la democracia local y la renovaci?n econ?mica y ecol?gica en los barrios. Lumumba funcion? como la voz de un movimiento conocido como Cooperaci?n Jackson, que se inspira en la tradici?n afroamericana y el Sur Global, incluidas las luchas de resistencia de africanos esclavizados antes y despu?s de la Guerra Civil estadounidense, el movimiento zapatista en el sur de M?xico y recientes levantamientos populares en todo el mundo.

Cooperaci?n Jackson ha presentado numerosas ideas que resuenan fuertemente con los principios de la ecolog?a social, incluidas las asambleas vecinales empoderadas, la econom?a cooperativa y una estrategia pol?tica de doble poder. Otros que trabajan para resistir el status quo y construir el poder local est?n organizando asambleas vecinales democr?ticas, desde la ciudad de Nueva York hasta el noroeste del Pac?fico, y desarrollando una nueva red nacional para avanzar estrategias municipales, como Eleanor Finley cont? de manera importante en su ensayo sobre The New Municipal Movements en el n?mero 6 de ROAR Magazine.

Visiones de futuro
Si esfuerzos locales como estos pueden ayudar a marcar el comienzo de un movimiento municipalista coherente y unificado en solidaridad con las iniciativas de ?ciudades rebeldes? en todo el mundo a?n est? por verse. Tal movimiento ser? necesario para que las iniciativas locales ampl?en y catalicen las transformaciones a escala mundial que son necesarias para defenderse de la amenaza inminente de un colapso completo en los sistemas clim?ticos de la Tierra.

De hecho, las proyecciones de la ciencia clim?tica resaltan continuamente la dificultad de transformar nuestras sociedades y econom?as lo suficientemente r?pido como para evitar el descenso a una cat?strofe clim?tica planetaria. Pero la ciencia tambi?n afirma que las acciones que emprendemos hoy pueden significar la diferencia entre un r?gimen clim?tico futuro que es perturbador y dif?cil, y uno que desciende r?pidamente hacia extremos apocal?pticos. Si bien debemos ser completamente realistas sobre las consecuencias potencialmente devastadoras de las interrupciones clim?ticas continuas, un movimiento genuinamente transformador debe enraizarse en una visi?n de futuro de una calidad de vida mejorada para la mayor?a de las personas en el mundo en un futuro libre de dependencia de combustibles f?siles.

Las medidas parciales distan mucho de ser suficientes, y los enfoques para el desarrollo de energ?as renovables que simplemente replican las formas capitalistas pueden terminar siendo un callej?n sin salida. Sin embargo, el impacto acumulativo de los esfuerzos municipales para desafiar intereses arraigados y actualizar las alternativas de vida ?junto con visiones revolucionarias coherentes, organizaci?n y estrategias hacia una sociedad radicalmente transformada? tal vez podr?a ser suficiente para defenderse de un futuro dist?pico de privaciones y autoritarismo.

Las iniciativas municipales democr?ticamente confederadas siguen siendo nuestra mejor esperanza para remodelar significativamente el destino de la humanidad en este planeta. Tal vez la amenaza del caos clim?tico, combinada con nuestro profundo conocimiento del potencial para un futuro m?s humano y ecol?gicamente armonioso, puede de hecho ayudar a inspirar las profundas transformaciones que son necesarias para que la humanidad y la Tierra contin?en prosperando.


*Brian Tokar es activista y autor, profesor de Estudios Ambientales en la Universidad de Vermont y miembro del consejo del Instituto de Ecolog?a Social y 350Vermont. Su libro m?s reciente es Hacia la Justicia Clim?tica: Perspectivas sobre la Crisis Clim?tica y el Cambio Social (New Compass Press, 2014). Traducido por Pilar Gurriar?n. 2018.