México: la lucha ideológica

Rogelio Jiménez Pons, director de Fonatur, acaba de afirmar lo siguiente: “Somos un gobierno de izquierda que más que otra cosa está instaurando un verdadero capitalismo, más allá del capitalismo de cuates que hay en México”.



La lucha ideológica
Gustavo Esteva
La Jornada

Se aclaran cada vez más los términos de la lucha desatada a raíz del nuevo gobierno.

Rogelio Jiménez Pons, director de Fonatur, acaba de afirmar lo siguiente: Somos un gobierno de izquierda que más que otra cosa está instaurando un verdadero capitalismo, más allá del capitalismo de cuates que hay en México. (Animal Político, 2/15/19).

Una izquierda pro capitalista es hoy un oxímoron, una contradicción en los términos. La izquierda política ha levantado muy distintas banderas desde 1789, cuando se empezó a usar la expresión, pero se ha vinculado siempre con la justicia. La ilusión de que la sociedad capitalista puede ser justa es ya insostenible. Puede ser de izquierda luchar por abatir la injusticia dentro de esa sociedad. No lo es promover el capitalismo, sea el de cuates o el verdadero.

Para Jiménez Pons no nos podemos sustraer de ese sistema económico que vivimos [el capitalista]. Es una confesión realista. Pero eso no significa acomodarse a él para hacerlo más eficiente. Hace falta resistirlo, desmantelarlo, limitarlo, hasta deshacernos de él. Por realismo o por ideología, este gobierno no quiere ni puede hacerlo.

Según Jiménez Pons, no ganamos nada como país con tener jaguares gordos y niños famélicos; tiene que haber un equilibrio. Sí tiene que haber jaguares bien comidos, pero con niños robustos y educados y capacitados. Los mayas –dice– deben subirse al tren o dejar que se los lleve. En las 15 estaciones van a construir pueblos bicicleteros. Como la gente debe estar cerca de donde los necesitan, para servir a los turistas, construirán pequeñas ciudades, para que puedan ir a trabajar a pie. Hasta pedir limosna si hace falta, pero a pie.

Está convencido de que el desarrollo capitalista que impulsa es el remedio a la miseria reinante; por eso la gente se subirá al tren para escapar de ella. Ignora o suprime la evidencia que por 50 años ha mostrado que tal desarrollo causa la miseria, no la remedia. Los mayas lo saben bien. Y conocen desarrollos urbanos, como las ciudades rurales de Chiapas que tuvieron que ser abandonadas por invivibles. Saben de primera mano lo que significa destruir su arte de habitar.

El capitalismo siempre ha librado una guerra contra la subsistencia autónoma; sólo así logra reclutar trabajadores. El nuevo gobierno la llevará a un nuevo nivel, hasta destruir por completo las notables capacidades autónomas de los pueblos mayas. Se llevará el tren a quienes no acepten ser sirvientes de turistas y se empeñen en proteger sus modos de vida.

Los gobiernos nunca han hecho las cosas bien, sostiene Jiménez Pons. Reconoce que los daños ecológicos son el precio normal del desarrollo; este gobierno los pagará… pero tratará de remediarlos. No logra ver que su remedio de la miseria es peor que la enfermedad. Por lo pronto, como reconoce, nos dividirán y enfrentarán, porque ciertas personas no ven otra opción que subirse al tren, mientras otros, tercamente, nos opondremos sin cesar.

Jiménez Pons confiesa: La decisión ya se tomó. Le parece absurdo gastarse todo lo que cuesta una consulta si no se ha decidido previamente. Se consulta, dice, por la convicción de antemano de que sí va a funcionar y que las comunidades lo van a aprobar. Además de contradecir abiertamente la ley, tal postura confirma la impresión de que las consultas del nuevo gobierno sólo son un trámite manipulado. Si de verdad se tratara de que la gente decidiera, la consulta sería enteramente distinta. Se daría información completa sobre cada proyecto, con todas sus consecuencias, y se plantearían opciones. Se preguntaría, por ejemplo, si la gente prefiere un tren que destruya sus modos de ser y vivir o acciones que los fortalezcan y las describiría.

Todo esto quedó claro en Morelos en estos días. Violan la ley con la consulta. Y se apegan a la línea del Prian que denunció en su momento Javier Sicilia, al asesinar dos veces a nuestros muertos. Mataron al campesino Samir Flores, uno de los corazones más lúcidos y valientes contra el megaproyecto. El gobierno quiso de inmediato matar su recuerdo, atribuyendo el hecho al crimen organizado.

El candidato AMLO dijo en Morelos: “No queremos ese gasoducto, no queremos esa termoeléctrica… Imagínense lo que significa que aquí en la tierra de Zapata… quieran llevar a cabo una termoeléctrica; es como ir a Jerusalén y querer construir ahí un basurero… es una ofensa, un agravio, ¡¿qué les pasa a estos?!” (Carta abierta del Frente de Pueblos, 2019/2/12). El presidente AMLO llamó conservadores a quienes se oponen al proyecto que hoy defiende y los descalificó.

Circula un video en que Samir señala el sentido de la lucha. “Nos hablaron de desarrollo –dice–; lo que nunca supieron especificar es desarrollo para quién”. Ya lo dijeron. No será para personas como Samir. Él perdió la vida defendiendo su modo de vivir, pero muchas y muchos mantendremos vivo su compromiso con la dignidad.

gustavoesteva@gmail.com