Balance de la movilización del día de la mujer

Pocos años atrás, las movilizaciones de mujeres eran como un pelo de la cola, hoy día es lo contrario. Por ejemplo en Chile las mujeres han superado a las marchas estudiantiles y a las marchas de la izquierda. Recordamos que las dinámicas universitarias decayeron bruscamente una vez que sus principales líderes se incorporaron a las dinámicas institucionales haciendo partidos políticos, participando en las elecciones oficiales, integrando el parlamento, acercándose y disputando espacios a la izquierda tradicional. Por su vez las organizaciones de izquierda han ido decayendo fuertemente a nivel mundial.



Balance de la movilización del día de la mujer

Jaime Yovanovic (Profesor J)
unlibre@gmail.com

Potente y multitudinaria fue la movilización en Chile, tal vez una de las más potentes a nivel mundial, aunque poco importe la comparación ya que en todo el mundo adquirió un grado superlativo, destacando las movilizaciones latinas, especialmente las de Madrid en España, de Buenos Aires en Argentina y de Santiago y Valparaíso, ambas en Chile. En este último país se contabilizaron 72 ciudades donde hubo marchas.

Pocos años atrás, las movilizaciones de mujeres eran como un pelo de la cola, hoy día es lo contrario. Por ejemplo en Chile las mujeres han superado a las marchas estudiantiles y a las marchas de la izquierda. Recordamos que las dinámicas universitarias decayeron bruscamente una vez que sus principales líderes se incorporaron a las dinámicas institucionales haciendo partidos políticos, participando en las elecciones oficiales, integrando el parlamento, acercándose y disputando espacios a la izquierda tradicional. Por su vez las organizaciones de izquierda han ido decayendo fuertemente a nivel mundial.

Todo ello ha generado lo que se llama el vacío de la esperanza, los electores emigran de la izquierda a la derecha en búsqueda de soluciones y la utopía ha bajado enormemente sus bonos.

De allí que las estructuras patriarcales comienzan a hacer agua por todas partes, la gente se aleja y presta más atención a otros comportamientos y relaciones que no responden la ideología patriarcal. Las ideologías críticas finalmente muestran sus limitaciones y los partidos creen que montando departamentos femeninos o colocando una mujer en los cargos de las instituciones patriarcales, como una presidenta mujer, ya estaría resuelto el problemas o al menos podrías atraer a algunas mujeres más.

Sin embargo la crisis de las instituciones, del estado, los partidos políticos y las iglesias, en fin, todas las instituciones patriarcales, demuestra que la gente se está retirando del apoyo que le había prestado, por una parte retirándose de las actividades políticas partidarias y electorales (en Valparaíso la abstención alcanzó al 70% de electores que decidieron no asistir) y por la otra incorporándose a dinámicas de denuncia que no se correspondan con los partidos, como ha sido la extraordinaria expansión de la participación y combatividad de las mujeres de todas las edades en las actividades feministas (tomas, debates, marchas, etc).

Si en épocas anteriores la insatisfacción y la denuncia eran canalizadas por la pugna de los partidos, hoy evidentemente ya no lo es y el feminismo no viene a llenar un vacío para ganar una disputa con los partidos políticos, sino que simplemente les pasa por encima y los manda a las salas de museo, como antigüedades que ya cumplieron –y no muy bien que digamos- su función para la que nacieron.

Ahora es cierto que el movimiento feminista no ha venido a reemplazar la dinámica política de poder de los partidos, pero tampoco ha venido a gritar alto lo mal que estamos o a prometer soluciones, sino a mostrar otro modo de vivir, sin patriarcado, sin machismo, sin invidualismo, sin competencia, sin violencia, sin odio. Eso quiere decir que el movimiento feministas no es solamente una lista de lo que no quiere, sino más bien una lista de lo que si quiere, una actitud positiva, una actitud constructiva. Ello significa que no es un movimiento anti algo, pues no es libre quien tiene como centro u orientación la oposición o la contradicción, sino que es un movimiento pro algo, a favor de. Y ahí viene lo más importante.

Ya sabemos lo que critica el movimiento: el patriarcado. Ya sabemos lo que no quiere: el patriarcado. Pero no sabemos lo que quiere, y eso tiene lógica, pues ya estamos cansados de los que prometen o promueven este proyecto o el otro, esta estrategia o aquella. De allí que sin complicarse podemos decir que la mujer quiere ser ella y entregar lo que entrega. Sabemos que hay muchos feminismos y es claro que los más prudentes son los feminismos autónomos, que no están atrapados por una estrategia a priori o un conjunto de normas disciplinarias de que hay que hacer esto y no lo otro, en fin, sistemas normativos morales disciplinarios, conjuntos de reglas.

Hay que confiar en el instinto de la mujer, ella se pone en el lugar del que sufre, ella sabe amar sin condiciones, ella sabe si puede o debe tener al hijo, ella y el hijo o hija siempre están unidos de cuerpo, la ruptura del cordón umbilical no significa que los separan.

Observemos con detenimiento la relación madre-hijos, que es el punto nodal y esencial de la producción y reproducción de la especie. Aprendamos de esa relación, pues está presente todo el saber humano que atesoran los cuerpos en la memoria histórica de la especie. No es posible establecer en ese entorno un marco de regulación normativa como hace el patriarcado y sus desboblamientos como la propiedad, el matrimonio, el derecho de pernada, los roles de género, la encomienda, en fin, el millar o los millares de detalles que sustentan las llamadas costumbres sociales que luego se transforman en leyes obligatorias.

En esa relación primaria es posible descubrir los hilos o circuitos de los afectos, el amor y la fraternidad del núcleo afectivo donde es posible la circulación energética que irradia atravesando los cuerpos de las cotidianeidades y alcanzando lo que se llama la familia del barrio que ha tenido similitudes no casuales con las comunidades indígenas, campesinas o afrodescendientes, habituadas a compartir territorios y formas de vida.

La construcción de esas maneras naturales o instintivas de vida compartida, la vida en comunidad, donde la mujer pueda ir recuperando plenamente su papel de eje y motor de la vida en común y de los circuitos afectivos en interacción con la madre tierra por medio de huertas, reciclaje, energía alternativa, lombricultura, salud natural, etc, es el rol de los que somos críticos del patriarcado, pues con esos dos elementos: el eje de la mujer y el contacto de esa comunidad con la naturaleza, es que podemos trabajar con una vida en una sociedad-comunidad no patriarcal, sin odio y plena de amor.