Elecciones en Israel. Palestino: “Todo seguirá igual. Sinceramente, la culpa de la situación se reparte entre Israel y la Autoridad Palestina.”

“No creo que si viene otro sea mejor que Netanyahu. Todo seguirá igual. Sinceramente, la culpa de la situación se reparte entre Israel y la Autoridad Palestina. No puedo decir que la ocupación siempre es el culpable de todos los problemas”, afirma Natche, que dice tener esperanzas de paz: “Lo que no sé es cómo ni cuándo. No nos podrán echar y no podremos echarles”.



Los palestinos de Hebrón ante las elecciones en Israel: “Gane quien gane impedirá la creación de un Estado palestino”

El Mundo
Lunes, 16 septiembre 2019 - 02:27

Los judíos en Hebrón esperan que los comicios den a la derecha más nacionalista los escaños necesarios para que el líder del Likud, Benjamin Netanyahu, siga gobernando. Los palestinos observan con resignación la cita en las urnas

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Al palestino Yaakub Natche le interesa más lo que saque de los vidrios armoniosamente colgados del musical techo de su tienda en Hebrón que lo que dictaminen las urnas mañana en Israel. “La situación no va cambiar con las elecciones, así que no me interesan demasiado”, señala en el casco antiguo de la única ciudad palestina donde hay un enclave israelí. 700 colonos y 300 estudiantes de la academia religiosa, protegidos por los soldados, y 215.000 palestinos en el microcosmos del conflicto.

Los judíos en Hebrón esperan que los comicios den a la derecha más nacionalista los escaños necesarios para que el líder del Likud, Benjamin Netanyahu, siga gobernando y cumpla su promesa de anexionar asentamientos. Los palestinos, por su parte, observan con indiferencia y resignación la cita electoral del país, que tomó el control de Hebrón en la guerra del 67 y, 30 años después con los Acuerdos de Oslo, se retiró del 80%.

“No creo que si viene otro sea mejor que Netanyahu. Todo seguirá igual. Sinceramente, la culpa de la situación se reparte entre Israel y la Autoridad Palestina. No puedo decir que la ocupación siempre es el culpable de todos los problemas”, afirma Natche, que dice tener esperanzas de paz: “Lo que no sé es cómo ni cuándo. No nos podrán echar y no podremos echarles”.

Pero si hay un lugar que no despierta esperanzas es la Ciudad de los Patriarcas donde descansan Abraham, Isaac y Jacob. La villa arrastra el trauma de dos grandes matanzas que en el último siglo no sólo la llenaron de sangre sino que la cambiaron. En agosto de 1929, una turba árabe irrumpió en la comunidad judía de Hebrón y asesinó a 67 personas. Alegando motivos de seguridad, las autoridades británicas pusieron fin a la presencia judía.

Tras la guerra del 67, Israel permitió su vuelta empezando en la colonia adyacente de Kiryat Arba que cuenta hoy con 8.000 habitantes. La otra matanza en Hebrón tuvo lugar en febrero del 94 cuando el israelí-estadounidense Baruj Goldstein asesinó a 29 musulmanes en la mezquita de Ibrahim o Tumba de los Patriarcas. “Tras la masacre, la solución de Israel fue dividir el lugar en dos, una sinagoga y una mezquita y cerrar la calle Shuahada, la principal arteria comercial para los palestinos que tenía 1.800 tiendas”, denuncia la guía palestina Lina Hamuri en el laberinto hebronita, dividido en dos grandes áreas. “Hay colonos en el corazón de la ciudad. Es fácil señalar en el mapa la zona H1 bajo control palestino y la H2 bajo control israelí pero luego en el terreno no lo es. En la misma calle puedes ver israelíes y palestinos”, añade.

Conversamos en la mezquita mientras algunos jóvenes rezan una de las cinco oraciones musulmanas diarias. “Israel tiene el control de acceso y cámaras incluso en la mezquita”, lamenta Hamuri en la alfombra donada por Turquía. Al otro lado de la pared, judíos rezan la oración de la tarde. “Abraham compró el terreno para enterrar a Sara. La Cueva de los Patriarcas es uno de nuestros lugares más sagrados. Sólo si Israel tiene el control se permite la libertad de culto”, señala el ultraortodoxo Ezriel Shpitzer, llegado de Jerusalén.

Los fieles están separados por algo más que las tumbas de sus venerados patriarcas. Hevron (en hebreo) o Al Jalil (en árabe) es el campo de batalla entre dos narrativas con la semántica como espada. La fantasmal calle en el casco antiguo de Hebrón es Shuahada (martirio) para los palestinos y Rey David para los israelíes. Los palestinos acusan a Israel de practicar “apartheid” mientras los israelíes replican que son ellos los que lo sufren en el resto de la ciudad.

“Colonos se asentaron en lo que era el gran mercado de Hebrón. Pusimos una reja arriba porque a veces nos tiran basura. Quieren que no vayamos pero seguiremos aquí. Es nuestra casa”, proclama el palestino Jamal Marage en su tienda. ¿Las elecciones? “Gane quien gane, será la misma política hacia los palestinos. No tienen intención en que haya un Estado palestino”, contesta.

Para los colonos no es lo mismo. Prefieren a Netanyahu antes que al centrista Benny Gantz pero lamentan que en su visita con motivo del 90 aniversario de la matanza de Hebrón no anunciase la reapertura del mercado judío. “‘Bibi’ habla como la derecha y actúa como la izquierda”, protesta uno recordando que fue quien firmó la retirada de Hebrón.

“Como el resto de Israel, no se respira ambiente electoral porque ya hubo hace pocos meses pero el voto aquí va a la derecha incluyendo Otzma Yehudit”, nos comenta el portavoz del asentamiento, Yishai Fleisher. Se refiere al partido extremista liderado por Itamar Ben Gvir que, desde su casa en Hebrón, avisa: “Si no logramos estar en la Knésset, Netanyahu no tendrá los 61 escaños necesarios para un Gobierno de auténtica derecha”.