Soy una mujer intersexual

“A los 7 años lo pregunté por primera vez. Mirando mi cuerpo me di cuenta de que era distinto al de los demás”, así empieza su relato Valeria Silva. “Le pregunté a mi mamá qué me pasaba, y ella me dijo que era hermafrodita (así se le decía en aquella época).
“Los médicos le insistían a mi mamá que tenían que operarme en los primeros años de vida para que no me queden recuerdos, pero ella y mi papá veían que yo no tenía problemas, que podía jugar, correr, ir al baño, y que no estaba en peligro mi vida. Entonces decidieron criarme como Valeria, y que si de grande yo quería cambiarme el nombre o reconocerme de otra manera ellos me iban a acompañar. Fue una decisión muy sabia, y creo que fue el mayor gesto de cariño y amor que recibí de su parte”.



“Soy una mujer intersexual”: un silencio que se rompe y un tema que llega por primera vez al Encuentro Nacional de Mujeres
Hoy arranca la 34° edición del Encuentro y la ciudad de La Plata espera al menos 200.000 participantes. Habrá varios talleres donde las mujeres, lesbianas, travestis y trans discutirán los temas que las convocan. El “taller de intersexualidad” es uno de ellos y Valeria Silva podrá contar su historia por primera vez. En conjunto, buscarán estrategias para poner límites a las mutilaciones genitales en la infancia, también llamadas “cirugías correctivas”

Por Romina Zanellato
Infobae
12 de octubre de 2019

“A los 7 años lo pregunté por primera vez. Mirando mi cuerpo me di cuenta de que era distinto al de los demás”, así empieza su relato Valeria Silva. “Le pregunté a mi mamá qué me pasaba, y ella me dijo que era hermafrodita (así se le decía en aquella época), que era muy probable que no pudiera ser madre de grande. Y que no tenía que decírselo a nadie para que no me discriminaran”.

Valeria nació en Bariloche hace casi 30 años. Es la octava de nueve hijos de una familia obrera. Cuando ella nació, los médicos no pudieron cumplir el protocolo de asignación de sexo que se aplica para anotar a un bebé como mujer o varón. “Como mi cuerpo era distinto, los médicos le plantearon a mis padres que había que corregirlo porque mi genitalidad no se correspondía con los parámetros que se establecen como ‘normales’”, dice a Infobae.

Cuando una persona intersex como Valeria dice la palabra “corregir” se refiere a mutilar, a adecuar los genitales para que luzcan “normales” o a completar “lo que falta”. Los médicos modifican los genitales que no saben diferenciar si son muy chicos “para ser penes” o “muy grandes para ser clítoris”. Una persona intersexual puede tener distintas variantes en su cuerpo, como tener vulva y vagina pero no tener útero y ovarios. En el sistema médico tradicional se le asigna un sexo mediante una cirugía al cuerpo de una persona -en este caso un bebé que no puede dar su consentimiento, ni autopercibirse como varón o mujer-, sólo para adecuarlo a los cuerpos aceptados como varón y mujer.

Valeria está viajando desde Bariloche hacia La Plata y planea llegar hoy al 34° Encuentro Nacional de Mujeres (aunque ella está en el sector que pide que se cambie el nombre a Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias), donde se realizará por primera vez en la historia un taller sobre las personas intersexuales. Ella, después de un largo camino personal, se define como una mujer intersexual y una mujer mapuche. “Esa es mi identidad”, dice orgullosa.

Su historia es la de un cuerpo en libertad, y por eso lo cuenta. Pocas personas intersexuales corrieron con la misma suerte de Valeria. “Cuando el doctor se lo dijo a mi mamá al principio se asustó, la asustaron, era algo nuevo para ella”. Valeria fue criada en los barrios altos de Bariloche, en la zona más humilde de la ciudad, lejana al lago Nahuel Huapi. Sus padres se conocieron trabajando, los dos se mudaron jóvenes desde los parajes de la zona en busca de una actividad más rentable que la cría de cordero y chivo.

“Los médicos le insistían a mi mamá que tenían que operarme en los primeros años de vida para que no me queden recuerdos, pero ella y mi papá veían que yo no tenía problemas, que podía jugar, correr, ir al baño, y que no estaba en peligro mi vida. Entonces decidieron criarme como Valeria, y que si de grande yo quería cambiarme el nombre o reconocerme de otra manera ellos me iban a acompañar. Fue una decisión muy sabia, y creo que fue el mayor gesto de cariño y amor que recibí de su parte”, relata.

Valeria es empleada estatal de la provincia de Río Negro y activista mapuche. Y tiene, como tantas otras personas, una diversidad corporal. “La intersexualidad no es una identidad de género. El género es una construcción social y personal, cualquiera puede definirse como no binarie o trans y desde ahí performatear (modificar) su cuerpo, pero lo nuestro es una diversidad corporal, no lo elegimos, es lo que nos toca al nacer y es lo que nos dicen que está mal. El sistema médico nos obliga a modificarnos para ser como un varón o una mujer deben ser”, explica.

Según la Organización Mundial de la Salud, el 1,7% de la población no entra dentro de las categorías biológicas del binarismo celeste-rosa de las salas de neonatología. Pero no todas las corporalidades tienen la misma apariencia. Mauro Cabral, histórico militante del movimiento, explicó a Infobae que hay 40 formas de ser intersexual.
“Lo que quiere el movimiento intersexual es poner límite a las mutilaciones genitales
“Lo que quiere el movimiento intersexual es poner límite a las mutilaciones genitales”, explicó Mauro Cabral, que es varón intersex (Foto: gentileza Mauro Cabral)

“Lo que hay en común es que tenemos una manifestación corporal distinta a la común”, dice. Y eso puede variar en la fisionomía de los genitales (un clítoris de más de cuatro centímetros se escapa de la norma), en una variación cromosomática (poseer cromosomas XXY), ser gónada (una diferencia en los órganos internos, como no tener útero) o tener ovotestis (que son ovarios y testículos en el mismo órgano). La intersexualidad no es una identidad de género y no determina ni la identidad ni la orientación sexual de una persona.

“Lo que quiere el movimiento intersexual es poner límite a las mutilaciones genitales sin autorización en contextos hospitalarios”, agrega Cabral, quien no podrá ir al taller del Encuentro Nacional de Mujeres por ser varón intersex, pero está entusiasmado por el encuentro de tantas mujeres que van a compartir sus historias.

Romper el silencio es una parte fundamental de su lucha. “El problema es que muchas personas intersex no sabemos qué intervenciones nos hicieron de bebés, porque estas cosas no se guardan en las historias clínicas, y es muy difícil recuperar lo que nos hicieron”, dice. El secreto es parte del tratamiento clínico. Para revertirlo presentaron ante el Congreso un proyecto de Ley de Protección Integral de las Características Sexuales para que el Estado, entre otras medidas, forme una comisión de la verdad con el fin de saber cuántas intervenciones hubo y de qué tipo.

El despertar

Valeria reconoce el privilegio de no haber sido mutilada. “Durante muchos años tomé el mandato del silencio que me impusieron los médicos porque fue como una protección, porque el sistema no está diseñado para personas intersexuales”. Pero a medida que iba leyendo historias de vidas distintas a las suyas decidió convertirse en activista, mostrar otra historia, desde su cuerpo libre.

“La primera vez que escuché la palabra fue a los 20 cuando fui a un médico que me lo dijo muy claro: esto que tenés vos se llama intersexualidad”, cuenta. El doctor le preguntó si quería hacerse una cirugía para adecuar su cuerpo porque ella se percibía como mujer, aunque sus genitales fueran diferentes. “Sentía que estaba incompleta y entré en ese mundo patologizante de querer corregir mi cuerpo, mis genitales”.

Como fue previo a la Ley de Identidad de Género -que facilitó los procesos- tuvo que hacerse una serie de pruebas psicológicas y psíquicas antes de la intervención, que no llegó a hacerse. “Con el tiempo pude tomar conciencia de que mi cuerpo no estaba mal, que no era yo el problema, y empecé a cuestionarme por qué tenía que adecuarme a un sistema binario”.
“Sentía que estaba incompleta y entré en ese mundo patologizante de querer corregir mi cuerpo, mis genitales”, dijo a Infobae (Foto: gentileza Gustavo Figueroa)
“Sentía que estaba incompleta y entré en ese mundo patologizante de querer corregir mi cuerpo, mis genitales”, dijo a Infobae (Foto: gentileza Gustavo Figueroa)

Su búsqueda personal en cuanto a su disidencia corporal también estuvo atravesada por su identidad originaria. En la ciudad, muchas personas pierden el vínculo con la cosmovisión mapuche, pero a medida que se fue reconociendo como tal se alejó de los médicos tradicionales y se acercó a un machi -una autoridad reconocida de la salud y la espiritualidad mapuche-. “Desde ese momento empecé a percibir mi cuerpo de manera más amigable, a quererme, y a darme cuenta de que había zafado de esas intervenciones que causaron tanto dolor en los testimonios que leía en Internet. Yo tenía un cuerpo libre de mutilaciones, tenía que valorarlo”.

Hoy en el taller N°21 las personas intersexualas hablarán sobre la medicalización de sus cuerpos, el sector de la salud y los cuerpos intersexuales, la autonomía y los derechos de cada una. Y lo que más les importa: establecer estrategias para detener las cirugías correctivas en la infancia.

Otros talleres que se realizarán por primera vez son: “Mujeres adultas mayores”, “Cuestionando la monogamia”, “Cuerpes menstruantes” y “Masculinidades Trans” y “Masculinidades No Binarias”, sólo por nombrar algunos del centenar de micro encuentros temáticos que se realizarán desde hoy hasta el lunes en La Plata.