Irán en llamas

Irán se enfrenta a la crisis más aguda de su historia desde la revolución de 1979. Todo empezó el jueves de la semana pasada, cuando se comenzaron a escuchar rumores de un alza estrepitosa del precio de las gasolinas; al amanecer, cuando los iraníes se dieron cuenta de que los rumores eran ciertos, no pasaron sino minutos hasta que miles y miles de personas salieran a la calle a manifestarse; en las avenidas principales miles de automovilistas decidieron estacionarse en forma de protesta.
Lo que empezó como una manifestación en contra del alza de los precios, pronto se tornó en protestas en contra del régimen.



Irán en llamas

VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

 

Probablemente pocos de ustedes hayan escuchado al respecto, pero con el Internet apagado por varios días y los servicios secretos deteniendo a todo aquel que ose diseminar información, es lógico que apenas varios días después de lo ocurrido se empiecen a escuchar las noticias.

Para no hacerla más de largas, Irán se enfrenta a la crisis más aguda de su historia desde la revolución de 1979. Todo empezó el jueves de la semana pasada, cuando se comenzaron a escuchar rumores de un alza estrepitosa del precio de las gasolinas; al amanecer, cuando los iraníes se dieron cuenta de que los rumores eran ciertos, no pasaron sino minutos hasta que miles y miles de personas salieran a la calle a manifestarse; en las avenidas principales miles de automovilistas decidieron estacionarse en forma de protesta.

Lo que empezó como una manifestación en contra del alza de los precios, pronto se tornó en protestas en contra del régimen. Si bien ha habido protestas en contra del régimen en los últimos años (la más grande después de la elección de 2009), dos cosas diferenciaron a estas manifestaciones; en primer lugar, los cantos explícitos en contra del Ayatolá y, en segundo, la composición demográfica de los manifestantes. Ahora no fueron las clases medias educadas, sino las clases bajas, siempre fieles al régimen, las que salieron a las calles.

La respuesta fue feroz. En tan sólo dos días las guardias revolucionarias (brazo armado del Ayatolá, independiente del ejército) acribillaron a sangre fría a alrededor de 400 personas. Parte de la culpa de esta crisis recae en Estados Unidos, quien después de que el presidente Trump decidiera salirse del acuerdo nuclear, ahogó a Irán en sanciones que conllevaron a una crisis económica profunda.

Washington explícitamente declaró su felicidad ante la ola de protestas que ellos mismos trataron de crear. La hipótesis del gobierno estadounidense sugiere que las sanciones terminarán presionado al régimen a ceder no sólo en asuntos nucleares, sino en detener su expansión en Medio Oriente. Sin embargo, a pesar de que es verdad que Estados Unidos originó el problema, la decisión de responder al descontento con una violencia sin precedente fue del Ayatolá.

Acorralado por todos los frentes, el líder religioso decidió seguir el camino de sus pares en la región y disparar a su propio pueblo. El descontento de las clases medias con el régimen tiene una larga historia, sin embargo el régimen pudo siempre contar con el apoyo de las clases bajas y los espacios rurales. Parece ser que el régimen ha perdido toda legitimidad.

Como lo hemos visto desde la Primavera Árabe hay dos caminos posibles: el de Egipto, donde el presidente rápidamente cedió el poder, o el de Siria, donde Al-Assad decidió reprimir con violencia y sumergir al país en una guerra civil sin fin. Lo que vimos esta semana no parece alentador.