México: Ni liberales ni conservadores: izquierda anticapitalista

Si de transformaciones se trata, los pueblos originarios aportan el sentido colectivista de sus estructuras sociopolíticas y culturales; cuentan con una estrategia como sujeto sociopolítico, la autonomía, para resistir la recolonización capitalista, desde una perspectiva de clase y género, igualitaria y emancipadora, que se expresa en el “mandar obedeciendo“, los siete principios y la Ley Revolucionaria de las Mujeres del EZLN. Una estrategia que establece una relación de respeto a la Madre Tierra y de responsabilidad colectiva hacia las generaciones que vienen. Los procesos autonómicos plantean un paso hacia un mundo pospandemia que evite la desaparición de la especie humana e, incluso, de la vida en la Tierra.



Ni liberales ni conservadores: izquierda anticapitalista
 
Gilberto López Y Rivas
La Jornada
 
El presidente Andrés Manuel López Obrador pretende imponer una perspectiva dicotómica en el debate político sobre la compleja realidad que vive el país. Acota que no hay para dónde hacerse, conmina a nada de medias tintas y exige definiciones: o somos conservadores o somos liberales, o se está con la 4T o en contra. Esta disyuntiva, además de traslapar equívocamente términos que definieron a los grupos oligárquicos enfrentados en el siglo XIX por divergentes proyectos de Estado-nación, deja fuera fuerzas políticas y visiones del mundo que han resistido a la explotación y dominación del capitalismo, en sus distintas etapas de acumulación.

El grupo gobernante intenta negar la existencia en la vida nacional de las diversas corrientes de la izquierda que, desde hace más de un siglo, han contribuido denodadamente a buscar transformaciones estructurales, más allá de la mera alternancia de élites políticas, con el costo de innumerables muertes, desapariciones forzadas, torturas, cárceles y exilios de hombres y mujeres que se comprometieron con la causa de la liberación nacional y la revolución socialista, independientemente de sus significados para unos y otras.

También, se ignoran los reclamos, denuncias y declaraciones de la amplia y representativa franja que abajo y a la izquierda convergen con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno, así como no son tomadas en cuenta las posiciones críticas de movimientos y organizaciones con anclajes en territorios comunitarios en los que se implantan los megaproyectos, ni las protestas fundadas de la sociedad civil ante la militarización en marcha, la violencia cotidiana del crimen organizado, los feminicidios, la brutalidad policiaca, o ante los recortes injustificablesen el ámbito de la cultura y la defensa del patrimonio cultural (INBA-INAH, entre otros), que se han visto seriamente afectados en sus funciones sustantivas.

La pretensión de invisibilizar a las izquierdas o infamarlas públicamente llega al entorno del gabinete presidencial. El secretario de la Semarnat, Víctor Toledo, califica las posiciones políticas del EZLN como extremas y trasnochadas y conjunto de leperadas, denostaciones que revelan la intolerancia de voceros de la 4T ante la crítica y, en particular, el trato despectivo hacia un movimiento de alcances y significados históricos, como el de los mayas zapatistas, que, desde hace algunos años, advertían sobre la “tormenta“ que se avecinaba, y que, precisamente, en su último comunicado, del 16 de marzo de este año, en el que hicieron público el cierre de los caracoles y Centros de Resistencia y Rebeldía por el Covid-19, llaman: “a no dejar caer la lucha contra la violencia feminicida, a continuar la lucha en defensa del territorio y la Madre Tierra, a mantener la lucha por l@s desaparecid@s, asesinad@s y encarcelad@, y a levantar bien alto la bandera de la lucha por la humanidad (…) Llamamos a no perder el contacto humano, sino a cambiar temporalmente las formas para sabernos compañeras, compañeros, compañeroas, hermanas, hermanos, hermanoas. La palabra y el oído, con el corazón, tienen muchos caminos, muchos modos, muchos calendarios y muchas geografías para encontrarse. Y esta lucha por la vida puede ser uno de ellos.”

Los movimientos de los pueblos indígenas, en particular, que se originan en las profundidades de la tierra, se niegan a aceptar y apoyar una trasformación basada en megaproyectos que, en plena emergencia sanitaria, se ponen en marcha, y pese a las numerosas denuncias, declaraciones, llamamientos, cartas abiertas, trabajos de investigación, opinión de expertos, recomendaciones de organismos internacionales, recursos jurídicos, manifestaciones de protesta, etcétera, inadvertidos por el gobierno de la 4T.

A partir de conceptos etnocéntricos de “progreso y desarrollo“ se fuerzan los megaproyectos a sujetos considerados, como antaño, agentes pasivos de la acción del Estado, sin reconocer sus aportaciones a un proyecto de nación y sociedad que surja de un poder constituyente de los pueblos. Si de transformaciones se trata, los pueblos originarios aportan el sentido colectivista de sus estructuras sociopolíticas y culturales; cuentan con una estrategia como sujeto sociopolítico, la autonomía, para resistir la recolonización capitalista, desde una perspectiva de clase y género, igualitaria y emancipadora, que se expresa en el “mandar obedeciendo“, los siete principios y la Ley Revolucionaria de las Mujeres del EZLN. Una estrategia que establece una relación de respeto a la Madre Tierra y de responsabilidad colectiva hacia las generaciones que vienen. Los procesos autonómicos plantean un paso hacia un mundo pospandemia que evite la desaparición de la especie humana e, incluso, de la vida en la Tierra.

Pero estos no parecen ser temas que interesen ni a “liberales“ ni a “conservadores“.