Chile: El plebiscito fue el acuerdo de la partidocracia para desinflar el estallido social y desviarlo hacia las urnas

La derecha y la izquierda acordaron inventar la contradicción imaginaria entre el Apruebo y el Rechazo para que la gente del estallido recupere la esperanza en aquellos que gobernaron el paraíso de las empresas y que ahora quieren aparecer como los héroes que entusiasman a sus seguidores con una gran victoria del Apruebo contra la odiada oligarquía que se ha ido desmembrando y su gran mayoría demostró que apoya el Apruebo también, con lo que se cayó el circo de gladiadores y ahora es un circo de gansos.



EL PLEBISCITO FUE EL ACUERDO DE LA PARTIDOCRACIA PARA DESINFLAR EL ESTALLIDO SOCIAL Y DESVIARLO HACIA LAS URNAS

 

Jaime Yovanovic (Profesor J)

 

 

La derecha y la izquierda acordaron inventar la contradicción imaginaria entre el Apruebo y el Rechazo para que la gente del estallido recupere la esperanza en aquellos que gobernaron el paraíso de las empresas y que ahora quieren aparecer como los héroes que entusiasman a sus seguidores con una gran victoria del Apruebo contra la odiada oligarquía que se ha ido desmembrando y su gran mayoría demostró que apoya el Apruebo también, con lo que se cayó el circo de gladiadores y ahora es un circo de gansos.

Lo increíble de toda esta historia es que algunos agarraron papa y van repitiendo “Apruebo” como que fuera una gran bofetada contra la derecha y que ya no hay nada más que hacer y nos dicen poniendo aire académico y tono de pastor que al menos se avanza en algo, creyéndose ellos mismos que es una varita mágica el poste que nos están metiendo en el ojo, sin darse cuenta que primero cortan el queso y doran la píldora los dirigentes que elaboran los mansos discursos que transmiten a sus operadores políticos y sus medios de información que reparten afiches y consignas que se van instalando en la imagen del gran público y el coro de ángeles va cantando la canción de la victoria para mostrar y hacer creer que vamos detrás del triunfo.

 

El estallido consiguió una unidad del pueblo impresionante. Era una locura emocionante ver como bajaban en sucesivas oleadas multitudinarias los vecinos desde los cerros de Valparaíso y Viña, así como desde barrios y poblaciones de todo el país ocupando y manifestando en el centro de las ciudades.

Sin pretenderlo, el estallido puso en jaque al estado, pues dejó a todos los partidos atrás cuando nacen por el contrario para ponerse delante. El estado había perdido a los pastores de ovejas que aseguran la cohesión estatal de la población. Los perros ovejeros de carabineros fueron ultrapasados y los partidos en el gobierno abrieron las jaulas para que saliera la jauría militar que se desplegaron felices como Rambos tontos para aplastar la rebelión.

 

“Abran paso, que aquí voy yo” decía la oficialidad que se sorprendió al ver que las multitudes en todo el país y en los territorios ocupados de los pueblos colonizados no se movían, no salían arrancando al ver los fusiles, muy por el contrario, les hacían frente y se disponían a luchar con sus propias manos y abrían el pecho para que les dispararan.

El resultado fue la desmoralización de las tropas. Un muchacho rindió sus armas en el norte y se negó a ser trasladado al centro del país a dispararle al pueblo, expresando el sentir del pueblo uniformado que ante esa grandiosa muestra de unidad del pueblo sin partidos, de seguro ardía de ganas de ponerse a su lado contra los oficiales del estado opresor. ¿Cuántos más hicieron lo mismo?

Los militares rogaban para que aparecieran las banderas de los partidos y así justificar sus ataques, pero el pueblo no cayó en la trampa y rechazaba a los dirigentes de partidos que tenían la cara dura de aparecerse y al que veían lo pifiaban y tenía que salir arrancando hasta que los partidos dieron la orden de no aparecerse, que ya vendrá su oportunidad de tener al pueblo lamiendo su mano detrás del Apruebo y se quedarán tranquilos creyendo que así harán su revolución, se dejarán de revolverlas y dejarán tranquilos a los partidos rogándoles que se hagan cargo de la máquina de moler carne para fines sociales (risas).

 

Los oficiales informaron al ejecutivo que el horno no estaba para bollos, que la gente ya no le temía al cuco y que era mejor que ellos siguieran la estrategia de Pinochet, de entregarle el mando a los partidos, que así es más fácil engatusar a la gente con la “democracia de militares agazapados tras las bambalinas haciéndose los cuchos”. Dicho y hecho. El acuerdo allá arriba de lanzar el plebiscito cayó parado y fue la salvación para todos: los militares volvían a sus cuarteles a recuperar la moral perdida, sancionar a los que simpatizaron con el pueblo unido, investigar a fondo a cada miembro de las fuerzas armadas y descubrir cómo actuar en el caso de que ese pueblo continúe unido sin partidos que los dividan. Ahora los milicos hacen mandas para que el Apruebo gane por goleada y se haga una linda constitución que haga creer a la gente que “algo se ha avanzado” sin tocar a los de uniforme y fusil ni a las empresas que circulan el bille destruyendo la naturaleza.

No hay nada mejor que inventar una pelea y que todos salgan vencedores, como arte de birlibirloque. Lo importante para los poderosos (que obviamente están por el Apruebo, ya que por el Rechazo están unos cuatro fachos rayados y los latifundistas que tiemblan ante los procesos de recuperación territorial mapuche) es que se acabe el estallido, que para mala suerte de esos dioses del Olimpo, aún continúa habiendo cambiado de forma, contenido y lugar.

 

El cambio de forma del estallido tiene dos características:

 

La primera es que se ha multiplicado y ha crecido desde el centro de las ciudades hacia cientos de barrios y poblaciones.

La segunda es la unidad del pueblo, que en el centro de cada ciudad es una unidad transitoria, pasajera y diluida, en cambio en los barrios es la unidad permanente, la unión constante que va generando formas de avanzar hacia los no convencidos o atrapados por las ideologías del acceso al poder, generando prácticas de resolver situaciones entre los propios vecinos.

 

El cambio de contenido es fundamental pues el estallido en el centro era de protesta y su continuación en los barrios y poblaciones ya no es para protestar ni para pedir, sino para hacer, resolver y construir. Se pasa de la manifestación de denuncia a la acción de construcción. Se pasa de la exigencia de que hagan algo los de arriba a ejecutar nuestras soluciones acá abajo y en todas partes con nuestras propias manos.

 

El cambio de lugar permite canalizar las energías y potencialidades de la unidad del pueblo en las tareas concretas que necesita cada barrio y población y que puede verse claramente en la multiplicación vecinal de las ollas comunes, huertas comunitarias y muchas otras iniciativas populares.

 

El verdadero terror de las clases dominantes es que el pueblo deje de necesitar el estado y el mercado para resolver sus necesidades, y es por eso que necesitan que todos nos metamos al baile del plebiscito y nos vayamos a meter al muro Facebook de otros a poner y repetir como loros Apruebo, ya que ello hace que psicológicamente la gente se adhiera a la verticalidad estatal. Conclusión nos están utilizando mañosamente para idiotizarnos subliminalmente manipulando nuestras mentes para apostarle a un caballo ganador al que todos van a apostar, incluso los perdedores. Lo que importa es que luego respiremos hondo con el alivio de que ahora sí que vendrá la alegría.

Pero no lo van a conseguir, la unidad del pueblo continúa multiplicando las ollas comunes, las huertas comunitarias y otros emprendimientos que de hecho van cambiando el mundo.