Sobre la pandemia: Nuestra visión antropocéntrica y soberbia recibió un golpe bien dado

Este golpe ha sido oportuno y que no será el último que reciba la humanidad. Rescata la valoración de lo local, como por ejemplo, los alimentos producidos en el entorno.



Entrevista

Silvia Rivera: «Nuestra visión antropocéntrica y soberbia recibió un golpe bien dado»

 
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domingo, 27 de diciembre de 2020 · 00:26
 
La intelectual dice que este golpe ha sido oportuno y que no será el último que reciba la humanidad. Rescata la valoración de lo local, como por ejemplo, los alimentos producidos en el entorno.
 

La pandemia está siendo un caudal de reflexiones y análisis políticos, filosóficos y sociológicos. Hay lecturas apocalípticas, otras de esperanza; algunas resaltan una crisis civilizatoria, otras avizoran un nuevo orden. Entre ellas, Silvia Rivera Cusicanqui -historiadora y socióloga boliviana- se inclina por ver una oportunidad para descongestionar la enorme presión que ejerce la humanidad sobre el planeta y advertir que esta (la pandemia) es una advertencia que recibe el hombre contemporáneo por su explotación salvaje de la naturaleza. Aunque es escéptica de que la sociedad global sea capaz de aprovechar la desaceleración del mundo para dar un respiro al medioambiente e incorporar formas más amigables de consumo, opina que este periodo de crisis sanitaria está dejando lecciones y prácticas importantes de consumo local y creación de redes.

La pensadora ha dejado por largos meses la actividad de análisis, debate y discusión que ha sido esencia de su vida desde hace años y sostiene que se ha volcado a lo práctico y cotidiano de manera silente y automática. 

Silvia está refaccionando su casa. Su refugio de Sopocachi, donde nos recibe con el sombrero y las trenzas que la acompañan desde hace décadas, es transitado activamente por obreros que acarrean materiales de construcción. 

Ha aceptado el encuentro a regañadientes, en medio de sus quehaceres. Hay temas, como la política, de los que no quiere hablar y lo dice claramente. “Es un momento para pensar, no estoy lista para opinar”. 

Cuando la llamo para pedirle una entrevista, lo primero que pregunta es sobre qué tema e, impaciente, antes de que termine de explicarle, responde: “bueno, te espero mañana a las once”.

Así es que, luego de pasar entre los muebles amontonados por el arreglo y ser inspeccionada celosamente por la perra guardiana que la tutela, nos sentamos a charlar.

Dice que a una generación cada siglo, o más, le toca vivir una pandemia, ¿qué lecciones trae un episodio de este tipo en un mundo que se creía superpoderoso?

Nunca hemos vivido una situación así. Una vez por siglo se dan estas pandemias y esta generación no había vivido nada parecido. Es un evento único, que se ha agudizado por la globalización.

Sin embargo, algunos historiadores dicen que la globalización no hace más grave la pandemia pues siempre ha sido un fenómeno expansivo…

No es así porque nunca ha estado tan interconectada la humanidad. Hace un siglo, los viajes eran en barco, había mucho menos contagio entre diferentes países. De América a China se tardaba varios meses. Esta es la primera vez que se da una situación tan grave. La famosa peste negra que ha matado a millones de personas, afectó principalmente a Europa, porque el resto del mundo no estaba conectado. Esta es la única vez, la primera, pero no va a ser la última de un fenómeno auténticamente global. Ninguna generación anterior ha vivido lo que nosotros hemos vivido: que se pare el mundo.  

¿Qué ha representado esta parálisis?

Tiene sus ventajas eso de que se pare el mundo. Inmediatamente han empezado a sentirse ciertos efectos al rebajar la presión sobre el clima: hemos empezado a darnos cuenta del nivel de destrucción que ha ocasionado el capitalismo al planeta. Por otro lado, sería muy difícil que se pare el mundo bajo otro tipo de presiones o causas; digamos que haya un día mundial del peatón… nadie lo va a cumplir. En cambio ahora sí, efectivamente dejaron de haber vuelos y bajó impresionantemente el nivel de contaminación. Se paró el mundo también en cuanto al hiperconsumo y el consumo a larga distancia. Ya no había caso de traer de lejos las cosas; tocaba consumir lo local. Todas estas cosas son muy buenas si uno las piensa desde el punto de vista de alternativas a esta sociedad, una sociedad que está camino al desastre ecológico. Sin embargo, no hemos tenido la madurez necesaria para leer esta situación y sus consecuencias. A pesar de que hay toda una propuesta a nivel de América Latina, de pensadores como Maristella Svampa y varias otras personalidades, cientistas sociales, ecologistas, etc., en sentido de aprovechar que se ha parado el mundo para seguir bajando la circulación de bienes y vehículos, y evitar volver al ritmo de contaminación previo para dar prioridad a la soberanía alimentaria;  nada de eso se ha podido impulsar, no hay condiciones. Más bien por el contrario, con el tema de la recuperación económica se quiere dar más impulso a los transgénicos, exportar soya, o sea intensificar la presión medioambiental. No hemos aprendido la lección y van a tener que venir un par más de golpes de este estilo para que entendamos. Una pandemia es una situación provocada por el ser humano.

¿Cómo será el mundo pospandemia?, ¿habrá un mundo nuevo, volveremos a ser lo que éramos o peor de lo que éramos?

La gente tiene un poco más de sabiduría que los Estados. Va a ser el Gobierno quien so pretexto de la reactivación económica, va a volver a emprenderla con el extractivismo. Espero que no sean esos megaproyectos megalómanos que tanto le gustaban a García Linera, que quería que todo sea en grande: grandes fábricas, hidroeléctricas, la carretera al Tipnis, todo eso. Ya se ha visto el fracaso que esto representa. Yo creo que el Gobierno, probablemente por falta de recursos y porque hay cosas más urgentes como es que la gente se alimente, no va a entrar en esos megaproyectos tan escandalosamente agresivos del pasado. Pero, sí creo que se va a alentar la expansión de la frontera agrícola en el oriente, ese va a ser un problema serio. Ahora ya hay sequía, por ejemplo, y nadie habla de eso. Yo prendo la radio y espero a ver si alguna autoridad dice algo y no: nadie dice nada, a nadie le importa. Seguimos en la inconsciencia más absoluta sobre qué es lo que nos ha pasado.

Hay visiones encontradas sobre lo que nos ha dejado esta pandemia: solidaridad, cooperación; pero también individualismo, egoísmo, discriminación. ¿Usted se queda con el lado bueno o con el lado oscuro de este periodo?

Hay de las dos cosas. No es blanco o negro. No somos un ejemplo de gente solidaria, tampoco somos unos monstruos de egoísmo y nomeimportismo. Acá hay más solidaridad que en otros países, hay más conciencia del autocuidado. Mi balance a nivel social es que quizás hemos valorado mejor las cosas más elementales de la vida como es no tener agua, no tener a nadie con nosotros, etc. Son cosas que hemos valorado porque no podíamos salir a consumir espectáculos, no podíamos viajar, interactuar, etc. Hemos empezado a valorar cosas más sencillas.

Nos hemos vuelto manipulables. Ese hombre moderno que se creía superpoderoso y dueño de su destino, se ha visto de pronto sin un presente ni un futuro, totalmente dependiente de las decisiones de otros, ¿qué huella dejará esto en la psique colectiva?

Es una lección contra la soberbia. Justamente esa percepción de que la ciencia lo puede todo, el ser humano es capaz de todo, esa visión tan antropocéntrica, tan soberbia, ha recibido un golpe bien dado y oportuno. Se ha visto impotente frente a un bichito insignificante y ha tardado tanto en entenderlo… tanto que cuando finalmente empieza a haber diferentes vacunas, empieza a haber mutaciones del virus. La ciencia ha demostrado estar en pañales porque no es holística, no entiende qué conexión tiene el bicho, por ejemplo, con la deforestación; cree que es un problema de ponerle un veneno al bicho, de vacunar el cuerpo contra el bicho, pero no, ¿cómo haces que no se sigan produciendo las causas para su origen? Tendrías que parar la deforestación y hacer cambios serios: en el consumo, manejo de residuos, etc. Y eso no lo vamos a hacer.

Y en cuanto a lo político social, según el historiador Yuval Noah Harari, el control y el autoritarismo que se ha erigido puede convertir a la pandemia en el origen del peor sistema totalitario de la historia, ¿qué opina?

En los primeros momentos de la pandemia parecíamos un país ocupado por fuerzas armadas, y lo más increíble es que era un golpe de Estado que estaba aconteciendo en todo el mundo al mismo tiempo; no había un signo de izquierda ni de derecha. Es como ha dicho Foucault: una peste da lugar a la sociedad de control perfecta, el ideal de los totalitarios, de los que han diseñado la noción de panóptico. Una situación de pandemia es el ideal del control social. Sin embargo, a pesar de todo, se ha visto también una cierta desobediencia civil, sana, no paranoica. Pero, lastimosamente eso no va a seguir, es momentáneo.

Pero, ¿eso de que nos vigilen desde el celular, el uso de la tecnología para controlar a la población, ha llegado para quedarse en nuestra sociedad?

Sí, pero siempre ha sido así desde que existe el celular. El celular es el Gran Hermano y lo tienes en el bolsillo hace años. A pesar de ello y mucho más, la gente no va a renunciar a la tecnología por nada del mundo, no puede prescindir de su celular. Antes y después de la pandemia estamos en una sociedad de control. 

En medio de la pandemia también se han detonado expresiones de racismo, de discriminación entre seres humanos. ¿Será esto reversible o hemos involucionado en estos aspectos?

Hay en general más desconfianza del otro, sea o no racial. El problema es con el “otro” en general y ese otro puede ser el vecino, puede ser el extranjero… Además, hay en general una retracción de la necesidad de comunicarse con otros. Nuestras capacidades comunicativas se han estrechado mucho y estamos prácticamente encuevados. 

¿Cuál cree que sea la marca que distinga a esta generación de la pandemia?

Yo creo que nos va a dejar la capacidad de pensar en chiquito: pensar en las cosas más elementales, pensar en espacios pequeños de sociabilidad, reconstruir tejidos cercanos, actividades relativamente reducidas de bajo perfil, pensar en un mundo más local, con redes humanas solidarias, no necesariamente electrónicas. Y el tema del autoabastecimiento. El hecho de consumir lo que se produce alrededor nuestro.  Eso hace bien: hemos dejado de   comer tomates peruanos, paltas peruanas para empezar a producir nuestros alimentos. El aumento de la agricultura urbana es un buen legado de la pandemia.

Pero, por otro lado, la solución a la pandemia viene por el lado del multilateralismo: la vacuna por ejemplo.

Obviamente, esta pandemia no va a ser solucionada en términos de cada país. Aunque claro, ahí las que van a ganar son las grandes empresas farmacéuticas, que siempre han metido la mano en este tipo de conflictos. Ya sea por la vía de las vacunas o de los pesticidas, las transnacionales han sido las que han desarrollado con más fuerza sus tentáculos para ocupar todos los monopolios en el mundo y esta vez también nos van a apretar, nos vamos a volver dependientes de las vacunas. Además, siempre están corriendo detrás de la liebre: esta pandemia se les ha adelantado kilómetros y ellos recién están sacando la vacuna. 

La pandemia también ha servido para consolidar liderazgos políticos divisorios, de izquierda y de derecha, que dan alas a teorías conspirativas o niegan la pandemia.  Se ha consolidado una sociedad donde nadie cree en nadie, donde no se confía sino en los que piensan como uno, ¿será eso posible de revertir?

No creo. El mundo polarizado es una realidad. En nuestro país se está haciendo competencia de quién lo hizo mejor, si Arce o Añez y es evidente que hay mejores condiciones para Arce. Sin embargo, yo creo que no se ha terminado de reconocer el desastre que quedó del sistema de salud del MAS. Hasta ahora no se ha terminado de asumir los impactos de la pandemia y la política del parche parece que está por seguir y la idea de que vamos a vivir de los bonos. Las respuestas siguen siendo improvisadas, fáciles.

¿Qué de las teorías conspirativas que han proliferado en estos tiempos?  En las pandemias que azotaron al mundo en siglos pasados, se atribuía todo a la voluntad de los dioses o de fuerzas superiores; en este siglo, se cree en las teorías de la conspiración y en las fake news, ¿a qué obedece esto?

Se cree que se ha lanzado el virus desde un laboratorio, pero no es así. No se puede hablar de un solo tipo de virus sino de todo un fenómeno que genera el ser humano. Un ser humano que quiere cambiar la reproducción de la naturaleza produciendo una serie de seres híbridos, creando condiciones para que se escape un virus. La visión de la ciencia occidental es analítica: todo lo despedaza para verlo descontextualizado. Hay que entender que el virus está conectado con más de un siglo de destrucción de la naturaleza y si no se revierte eso va a seguir habiendo este tipo de amenazas. 

¿Qué lectura tiene del país después de una crisis postelectoral en 2019, una pandemia y nuevas elecciones?

No voy a hablar de eso. No estoy lista para opinar. 

 

HOJA DE  VIDA

  •  Carrera  Licenciada en sociología por la UMSA. Magíster en ciencias sociales en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Profesora emérita  de la UMSA.
  • Pionera   Fundadora (desde 2008) del Taller de Historia Oral Andina, del colectivo Coca y Soberanía y del Colectivo Ch’ixi.
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