Una crítica al concepto de la captura del estado

El concepto de la captura del estado contribuye a la creencia de que el estado capitalista es un estado democrático y una institución neutra. Como supone que el estado está separado de la sociedad y que el estado debe ser recapturado por la sociedad civil, impide que los oprimidos y explotados comprendan plenamente el papel del estado en la sociedad capitalista. De hecho, fortalece la creencia de que el estado capitalista es una institución democrática, que surgió para promover y proteger el bienestar de todos los ciudadanos de la nación, y para defender la igualdad política, económica y social de todos.
Los capture la derecha o lo capture la izquierda, lo cierto es que el estado sirve al capital.



Una crítica al concepto de la captura del estado

 

Rebelión
29/12/2020

Introducción

Desde principios del siglo XXI, los politólogos, sociólogos, académicos progresistas y organizaciones internacionales como el Banco Mundial han estado discutiendo el concepto de la captura del estado (Durand, 2012; Hellman, Jones y Kaufmann, 2000). Incluso, Finance & Development, la revista trimestral del Fondo Monetario Internacional (FMI), presta atención al concepto (Hellman y Kaufman, 2001). Según Francisco Durand, investigador principal sobre la captura del estado en el Perú, “la captura política vinculada al poder de las corporaciones en un mundo globalizado constituye un campo de estudio de creciente interés al relacionarse con el abuso de poder, la inequidad material y los derechos humanos, situaciones causadas por la influencia de élites económicas y políticas sobre asuntos de Estado” (Durand, 2016: 9).

El concepto de la captura del estado o la captura política, se refiere a la influencia decisiva del capital sobre el estado. Esta influencia juega un papel crucial en la formulación y ejecución de políticas públicas a nivel nacional, regional y local, que justamente defienden y promueven los intereses de las corporaciones. El poder ejecutivo, el parlamento, el sistema judicial y los organismos reguladores, entre otros, están sujetos a la captura del estado o son el objetivo de los “captores estatales”.[1]

La captura del estado no se reduce a la corrupción de los responsables políticos por parte de las empresas, sino que abarca todo el espectro de influencia directa e indirecta sobre individuos en posiciones políticamente decisivas. Según Hellman, Jones y Kaufman (2000), la captura del estado puede definirse “como los esfuerzos de las empresas para dar forma al entorno institucional en el que operan”.

Es interesante observar que la definición de la captura del estado de Hellman coincide con el papel del estado neoliberal en la sociedad, tal como lo define Harvey. Según Harvey (2005: 2), “el papel del Estado es crear y preservar el marco institucional apropiado” para “el libre desarrollo para las capacidades y libertades empresariales del individuo dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada fuertes, mercados libres y libertad de comercio”.[2] En el Perú, los partidarios del concepto de la captura del estado argumentan que esta captura por el capital comenzó a principios de la “era neoliberal”, es decir, a principios de los años noventa.

Los estudios sobre el poder del capital dentro del aparato estatal nos dejan con la impresión de que estamos viviendo en un mundo poco democrático. Los libros, artículos y documentos de trabajo sobre el concepto de la captura del estado son de gran interés ya que arrojan luz concreta sobre las estructuras de poder dentro de la sociedad y las relaciones de poder entre el capital y el estado. Partiendo del concepto de la captura del estado, los partidarios del concepto demuestran una gran capacidad para explicar en detalle cómo ciertos grupos de capital pueden convertir su poder económico en poder político y qué mecanismos las corporaciones usan y qué políticas y estrategias implementan para promover sus intereses a nivel político (Durand, 2016; 2012; 2019; Kalaitzake, 2015, Pesic, 2007; Garay Salmanca, Salcedo-Albarán, León-Beltrán, Guerrero, 2008; Garay, 2008; OCDE, 2017).

La discusión sobre la captura del estado parece tener el propósito de provocar un debate sobre los procesos antidemocráticos dentro de los aparatos estatales. Se espera que estos debates conduzcan a un fortalecimiento democrático del estado capitalista. De hecho, el concepto de la captura del estado parece tener la función de circunscribir las críticas cada vez mayores sobre el estado capitalista a su funcionamiento y no a su esencia. Como tal, el concepto ayuda a fortalecer la creencia en el capitalismo, la fe en el estado capitalista y la esperanza que es posible fortalecer democráticamente las instituciones o aparatos del estado capitalista.

Nuestra contribución al debate sobre la captura del estado es doble. Primero, discutimos las limitaciones del concepto de la captura del estado para la comprensión del papel del estado en la sociedad capitalista. La debilidad del concepto lo convierte en un instrumento político para el fortalecimiento del carácter explotador y opresivo del estado capitalista. Argumentamos que la captura del estado es la expresión más concreta y abierta de una de las funciones principales del estado en la sociedad capitalista, es decir, la reproducción del capital. Segundo, describimos las implicaciones políticas e ideológicas del uso del concepto para la lucha de clases desde abajo.[3] El concepto de la captura del estado aumenta la creencia en el estado capitalista y en su carácter autónomo.

Este ensayo está estructurado en cuatro secciones. La primera sección presenta una apreciación general del concepto de la captura del estado. En la sección dos discutimos las limitaciones del concepto de la captura del estado para comprender el funcionamiento del estado capitalista. La sección tres evalúa las implicaciones políticas e ideológicas del concepto para la lucha de clases. En la sección cuatro presentamos nuestras conclusiones.

1. Una apreciación general del concepto de la captura del estado

El concepto de la captura del estado ayuda a tener una idea de la correlación de las fuerzas de clase dentro de la clase dominante y es útil para determinar su fuerza política. Además, el concepto contribuye a comprender las prácticas políticas mediante las cuales la fracción de la clase hegemónica dentro de la clase dominante trata de mantener su poder en el estado.

Una de las principales condiciones para que tenga lugar la captura del estado es el poder político, económico y financiero de las corporaciones para obtener acceso a los políticos. Este acceso les permite “persuadir” decisivamente a estas personas para elaborar y ejecutar políticas que favorezcan sus intereses. La fuerza de las corporaciones también permite a las empresas a colocar directamente a sus representantes en posiciones políticamente determinantes dentro del estado.

Otras prácticas que se utilizan para capturar el estado son el lobby y la movilización política a través de (i) los medios masivos de comunicación; (ii) las amenazas de desinversión y la fuga de capitales; (iii) los influyentes vínculos políticos en el parlamento y el gobierno; (iv) el apoyo financiero a partidos políticos y campañas electorales; (v) lazos personales existentes (redes, afiliaciones, políticos como miembros de la junta, etc.); (vi) la experticia (usando los think tanks para producir investigaciones, publicar investigaciones analíticas y otras investigaciones, etc.); y, por supuesto, mediante (vii) la corrupción de funcionarios estatales, entre otros (Kalaitzake, 2015: 1; Pesic, 2007: 1; Garay et al., 2008: 32-33; OCDE, 2017: 3, 9, 37).[4]

El estado no está exento de la lucha de clases. La lucha entre las diferentes fracciones de la burguesía encuentra expresión dentro de los aparatos estatales. Un análisis de las decisiones políticas tomadas por los gobiernos a nivel nacional, regional y local nos hace entender quienes forman la fracción hegemónica de la clase dominante dentro de un estado-nación. La fracción política y económicamente líder de la burguesía expresa los intereses de los sectores económicos más importantes e influyentes dentro de la sociedad.

La posibilidad de que las empresas se aseguran que sus intereses serán atendidos por el estado, no solo depende de la fuerza de las corporaciones o la corrupción de los responsables políticos. Otra condición crucial para la captura del estado es la correlación de las fuerzas de clase en la sociedad que favorece los intereses de las corporaciones privadas. Por lo tanto, no es sorprendente que la captura del estado se haya “iniciado” al mismo tiempo que se implementó el neoliberalismo (Durand, 2012: 27, 39-40).

La captura del estado solo puede tener lugar cuando las fuerzas de clase que se oponen a los intereses de las corporaciones son política y organizativamente débiles. La implementación del neoliberalismo a nivel mundial únicamente fue posible con la retirada (y la derrota) de las fuerzas progresistas. La implementación de medidas neoliberales profundizó la debilidad de estas fuerzas y proporcionó las condiciones esenciales para la captura del estado.

2. La captura del estado y el estado capitalista

El análisis del estado por parte de los partidarios del concepto de la captura del estado se basa en una visión instrumentalista del estado. En esta visión, ciertas fracciones de la burguesía, o “élites del poder” según Durand (2019: 48), usan el estado para sus propios intereses.

La visión instrumentalista del estado es una visión incompleta del estado. Es miope ya que no permite comprender la gama completa de políticas implementadas por el estado para asegurar la reproducción del sistema capitalista en su conjunto. Es el carácter particular de esta visión lo que hace posible que los adherentes al concepto de la captura del estado presenten su concepto como un avance de la teoría del estado. En el caso del Perú, parece que recientemente los partidarios del concepto han descubierto que los intereses privados han “capturado” el poder del estado (Durand, 2012: 24). Según Lynch (2013: 8), fue justo después del golpe de estado de 1992 que los intereses privados comenzaron a dominar al Estado peruano. El Estado perdió la poca autonomía que tenía. Sin embargo, el uso que hace el capital de los aparatos estatales para promover sus intereses es conocido desde el nacimiento del capitalismo. En otras palabras, en sus “inicios” el estado capitalista fue “capturado” por la fracción hegemónica de la burguesía. Este es un hecho histórico y ha sido estudiado a fondo por las ciencias sociales.

Nos gustaría subrayar que los partidarios del concepto de la captura del estado brindan mucha información importante que demuestra la relación entre el estado y las empresas, y cómo las empresas influyen en las políticas o incluso determinan el curso político de un gobierno. Sin embargo, debemos repetir que esto no significa que presenten un concepto que arroje nueva luz sobre el funcionamiento del estado capitalista. Esto no es un problema cuando se acepta la limitación teórica del concepto. De hecho, los estudios de caso de los partidarios del concepto de la captura de estado son muy interesantes y útiles.

Para obtener una comprensión completa del estado, creemos que la visión instrumentalista del estado debe combinarse con una visión que analice el estado en función de su rol para la reproducción del sistema. Esta visión es una visión estructuralista del estado. Según Katz (2013: 260), la visión estructuralista ayuda a comprender el papel que juega el estado “en debilitar la resistencia de los dominados” y lo que hace para establecer la cohesión de los de los dominadores para recrear las condiciones económicas y los cimientos legales que necesita el capitalismo para desenvolverse”.

La visión instrumentalista del estado no puede atribuirse a Marx y Engels. Incluso, podría considerarse antimarxista, ya que no parte de la función fundamental del estado en la sociedad capitalista, es decir, garantizar la reproducción del capital. Además, no contribuye a la comprensión de las decisiones tomadas por los responsables políticos que están determinadas por los cambios en la correlación de las fuerzas de clase y el propio desarrollo de las fuerzas productivas. Aunque en la Guerra Civil en Francia Marx desarrolla la visión instrumentalista del estado, es la visión estructuralista del estado lo que está en línea con el materialismo dialéctico e histórico. En su Origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Engels (1974: 344) señaló lo siguiente: “Así, pues, el Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera de la sociedad; tampoco es “la realidad de la idea moral”, “ni la imagen y la realidad de la razón”, como afirma Hegel. Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del “orden”. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado.”

En el trabajo de Engels no solo se presenta la visión estructuralista, sino también la visión instrumentalista del estado capitalista. Engels (1974: 344): “Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida… y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado.”

La visión instrumentalista del estado es una visión funcionalista del estado. Aunque, en última instancia, el estado capitalista defiende los intereses globales del capital y sus propios intereses como uno de los actores sociales clave en la sociedad, no significa que el estado, siempre, en todo momento y directamente, opere en contra de los intereses de las clases y capas dominadas.

Los partidarios del concepto de la captura del estado no tienen una teoría del estado en el sentido de que puedan explicar las condiciones políticas, económicas y sociales, las interrelaciones entre estas condiciones y los procesos dinámicos que estas interrelaciones ponen en marcha, que permiten a ciertos sectores de la clase dominante imponerse en el estado o convertirse en la clase gobernante. Debido a esta debilidad, creemos que los partidarios del concepto de la captura del estado tendrán muchas dificultades para comprender teóricamente que aunque el estado podría ser capturado por ciertos sectores de la burguesía, el estado también garantiza, según Poulantzas (1980: 241-242), de cierta manera, los intereses económicos de las clases dominadas “en la medida en que esa garantía está conforme con el predominio hegemónico de las clases dominantes, es decir, con la constitución política de las clases dominantes, en relación con ese Estado, como representativas de un interés general del pueblo”. Además, como argumenta Mandel, el estado capitalista “no solo debe asegurar las condiciones externas, sino también las condiciones sociales del modo de producción capitalista. Es decir, también debe crear esas condiciones generales para la producción propiamente dicha que los “capitalistas en funcionamiento” no pueden producir por sí mismos, ya sea porque no les es rentable hacerlo y por la competencia imperante entre los capitales privados. El capitalismo presupone la producción social y el intercambio social. […] El vínculo entre las condiciones “externas” (sociales) y las “económicas” (generales) está formado por aquellas funciones estatales que caen bajo el encabezado general de “administración”. Se incluyen aquí no solo la administración que garantiza la ley y el orden y la protección de la propiedad privada, sino también el aparato policial y militar que protege a la burguesía de los enemigos “internos y externos”, así como a toda la administración interesada en otros servicios públicos, como la infraestructura adecuada (p. ej., el sistema de salud pública que, dada la pobreza extrema del incipiente proletariado, era esencial para proteger a la clase burguesa en las grandes ciudades del peligro de epidemias)”.[5]

El concepto de la captura de estado parte de la hipótesis de que el estado es una entidad políticamente neutra. Es una institución burocrática que debe ser controlada por la sociedad civil. Durand (2019: 50) nos dice que el estado es un “conjunto de poderes y aparatos burocráticos”.

Considerando al estado como una institución políticamente neutra, es al mismo tiempo verlo como una institución independiente con intereses propios. Estamos de acuerdo en que los aparatos estatales tienen intereses propios, pero no creemos que sean independientes de las corporaciones o de la sociedad civil como los partidarios de la captura del estado intentan hacernos creer. Además, es importante subrayar que la hipótesis de independencia se ajusta perfectamente a la visión instrumentalista del estado a medida que el estado pierde su independencia y se convierte en un vehículo de los principales poderes económicos cuando es capturado. En lugar de una autonomía absoluta, creemos que es más adecuado considerar al estado como relativamente autónomo.[6]

La relativa autonomía o la relativa independencia del estado se basa en el hecho de que por su constitución y lugar en la lucha de clases no puede levantarse a través de sus partidos políticos al nivel hegemónico. La incapacidad de “realizar su unidad interna” debido a sus intereses privados individuales y la lucha fraccionada, por un lado, y la lucha de la burguesía contra las clases dominadas y la dificultad particular que tiene para realizar su hegemonía política con respecto a estas clases, por otro lado, provoca la relativa autonomía del estado capitalista (Poulantzas, 1980: 370-371)

Partiendo de la idea de la independencia política del estado y las condiciones que permiten la captura del estado, los partidarios del concepto definen qué estados pueden ser capturados y cuáles no. Incluso, hablan sobre un mercado para la captura del estado y los factores que dan forma a este mercado (Hellman, Jones y Kaufmann, 2000: 28). Este mercado se define como una “lugar” en la que los “actores estatales se dedican a ‘vender’ leyes, normas y reglamentos” (Hellman, Jones y Kaufmann, 2000: 9).[7] Una burocracia estatal débil, “subordinada psicológicamente” y con recursos financieros limitados, son objetivos, relativamente fáciles, para los captores estatales (Durand, 2012: 25).

La hipótesis de que el estado es una institución independiente y neutro en beneficio de todos los ciudadanos de una nación, limita a los partidarios del concepto de la captura del estado para denunciar únicamente el poder de las corporaciones dentro de los aparatos estatales y señalar las condiciones que podrían impedir la captura del estado. La rendición de cuentas, horizontal (dentro y entre los aparatos estatales) y vertical (entre el estado y la sociedad civil), del estado, definitivamente ayuda a formar una barrera contra la captura del estado, pero no impide que ocurra. Parece que los partidarios del concepto se sorprenden al ver que incluso en democracia el estado es capturado por las corporaciones (Durand, 2012: 54-55).

3. La relación entre la captura del estado y el estado capitalista

La visión instrumentalista de los partidarios del concepto de la captura del estado tiene un significado político e ideológico. Establece los límites políticos para la lucha de las masas por el progreso político, económico, social y cultural, ya que reduce esta lucha a una batalla por mejoras políticas dentro del sistema, es decir, la democratización. La crítica actual sobre el estado capitalista por parte de los seguidores del concepto ayuda a fortalecer la creencia de que el estado capitalista es esencialmente una institución que defiende el interés de la población en conjunta.

El interés de las instituciones multilaterales como la OCDE (2017: 1) en el concepto no puede sorprender, ya que puede ayudar a mantener la “credibilidad y legitimidad del sistema”, “en tiempos de niveles alarmantemente bajos de confianza en el gobierno, apatía política (como lo demuestran los malos resultados en las urnas) y la radicalización en muchos países”. La captura del estado “erosiona el contrato social que sustenta las democracias”.

La implicancia ideológica del concepto de la captura del estado es su mensaje de que el estado es una entidad divorciada de la sociedad. El estado no se considera como la expresión política de los intereses de la clase dominante en general y su fracción de clase hegemónica en particular, sino una entidad neutra. Sin embargo, un pequeño grupo de empresarios poderosos o la élite política han logrado convertir al estado en un instrumento para promover sus propios intereses políticos y económicos. Como consecuencia, en lugar de proponer que la destrucción del estado y la construcción de un nuevo estado como lo propone el punto de vista marxista, los partidarios de la captura del estado solo quieren reformarlo.[8]

La supuesta separación del estado de la sociedad podría considerarse el fundamento teórico u origen del concepto de la captura del estado. La falta de control político y social por parte de la sociedad ha hecho posible que las empresas utilicen el estado para sus propios intereses, como dicen los partidarios del concepto de la captura del estado. El fortalecimiento de la sociedad civil y la articulación de sus organismos formales e informales, es fundamental para que la sociedad tome el control del estado. Esa es la receta de los partidarios del concepto de la captura del estado para que la captura del estado no ocurre.

Aunque el mundo de los adherentes al concepto de la captura del estado es mucho mejor e impulsará la democracia, también ayuda a afianzar la creencia en el capitalismo, es decir, a fortalecer la fe en un sistema de opresión y explotación política, económica y social. Al promover la idea de que el estado y la sociedad son dos actores sociales antagónicos, los partidarios del concepto de la captura del estado, tal vez, están contribuyendo involuntariamente a la prolongación de las condiciones estructurales que hacen posible y que suceda la captura del estado. Al hacer referencia a Meiksins Wood, Morton (2004: 158) afirma que “al dividir la política y la economía, la atención se desvía de las luchas sociales (de clase) sobre la subordinación y la explotación que están inextricablemente incrustadas en las relaciones sociales de producción capitalistas”.[9]

El concepto de la captura del estado puede convertirse en un arma ideológica de la clase dominante, ya que implica el reconocimiento de relaciones antagónicas entre el estado y la sociedad. El discurso de la sociedad civil de la no existencia de clases sociales corresponde exactamente a cómo se conceptualiza el estado capitalista, o más bien a cómo no se concibe. En este discurso, el estado está considerado autónomo con intereses específicos opuestos a la sociedad. Según Poulantzas (1980: 155), el concepto de “individuos”-sujetos en lugar de clases sociales- es “el fundamento de la problemática de la ‘sociedad civil’ y su separación del estado”. El discurso de la sociedad civil se utiliza como una herramienta atractiva, al igual que el nacionalismo y el racismo, para afianzar la ideología de la clase dominante en períodos de crisis políticas, económicas, ideológicas y sociales. Especialmente en períodos de crisis, es importante que la población mantenga su creencia en el estado.

El discurso de la sociedad civil no solo mantiene a las personas ocupadas en el trabajo para mejorar el capitalismo y denunciar algunos de malas ocurrencias, sino que también ayuda a crear la falsa idea de una sociedad sin clases dentro del imaginario de la gran mayoría de las clases trabajadoras. Todos somos lo mismo, todos somos iguales, todos formamos parte de la sociedad civil y todos nos vemos afectados por algunas malas compañías y algunos malos políticos. Meiksins Wood (1990: 79) comenta que “todo el objeto” de la sociedad civil es “marginar a la clase, disolverla en categorías que abarquen todo y que le nieguen un estatus privilegiado o incluso alguna relevancia política”.[10]

La receta de los adherentes del concepto de la captura del estado no elimina la enfermedad. La posibilidad del retorno de la captura del estado permanece latente ya que la receta de los partidarios del concepto de la captura del estado no erradica sus causas, es decir, un sistema productivo basado en la propiedad privada de los medios de producción y la producción con fines de lucro.

4. Conclusiones

El concepto de la captura del estado puede usarse (i) para mostrar el poder y la influencia de las corporaciones sobre el estado; (ii) para desenmascarar procesos antidemocráticos dentro de los aparatos estatales; y (iii) para denunciar la corrupción de los funcionarios estatales en todos los niveles gubernamentales. Por lo tanto, el concepto es útil para crear conciencia en la población que ayudaría a romper la actual correlación de las fuerzas de clase a favor del capital.

La apreciación positiva del concepto de la captura del estado se compensa negativamente por las consecuencias políticas e ideológicas del concepto para la lucha por una sociedad sin explotación y opresión, es decir, por una sociedad socialista. El concepto de la captura del estado contribuye a la creencia de que el estado capitalista es un estado democrático y una institución neutra. Como supone que el estado está separado de la sociedad y que el estado debe ser recapturado por la sociedad civil, impide que los oprimidos y explotados comprendan plenamente el papel del estado en la sociedad capitalista. De hecho, fortalece la creencia de que el estado capitalista es una institución democrática, que surgió para promover y proteger el bienestar de todos los ciudadanos de la nación, y para defender la igualdad política, económica y social de todos.

La contribución teórica del concepto de la captura del estado a nuestra comprensión del funcionamiento del estado en la sociedad capitalista es igual a cero. Los libros y documentos escritos sobre la captura del estado confirman los análisis marxistas del estado capitalista. Más específicamente, los análisis sobre el neoliberalismo ya mostraron (conceptual y prácticamente) lo que demuestran los partidarios del concepto de la captura del estado.

Se podría argumentar que el concepto de la captura del estado tiene la intención política subyacente, aparentemente desconocida para la mayoría de los partidarios del concepto, de enmascarar la función del estado para la reproducción del capital y para afianzar y profundizar las políticas e ideologías neoliberales. Instituciones como el FMI y la OCDE también utilizan el concepto, pero a la vez son los principales partidarios del neoliberalismo. Sus análisis de la captura del estado parecen tener el propósito de desviar la atención de las características fundamentales del estado neoliberal.

Notas

[1] La Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económicos (OCDE) hace una diferencia entre la captura del estado (captura del gobierno central, el parlamento) y la captura regulatoria (captura de un regulador). Ambas son parte de lo que se llama captura de políticas (“las decisiones públicas sobre leyes, reglamentos o políticas se dirigen de manera consistente o reiterada lejos del interés público y hacia los intereses de un grupo o persona de interés limitado, por la intención y la acción de este grupo o persona”) (OECD, 2017: 19, 23). Traducción del inglés por el propio autor.

[2] Traducción tomada de la versión española del mismo libro.

[3] “La lucha de clases desde arriba puede definirse como medidas tomadas por la burguesía que van en contra de los intereses de la población trabajadora. La lucha de clases desde abajo se define como la batalla de la población trabajadora contra la burguesía para defender y mejorar su situación política, económica y/o social.” (Lust, 2019: 92) Traducción del inglés por el propio autor.

[4] Según la OCDE (OECD, 2017: 19), “[…] a diferencia de las prácticas corruptas como el soborno (por ejemplo, para obtener un contrato), la captura no está relacionada con una transacción específica, sino es generalmente caracterizada como una relación más estable (indebida), lograda con el tiempo a través de instrumentos legales (p. ej., lobby y apoyo financiero a partidos políticos o candidatos electorales) e instrumentos y canales ilegales”. Traducción del inglés por el propio autor.

[5] Traducción del inglés por el propio autor.

[6] La discusión sobre la independencia del estado, o la naturaleza del estado, nos trae de vuelta al debate histórico entre Poulantzas y Milliband de la década de 1970. Aunque no es oportuno referirnos aquí ampliamente a esta discusión, sin embargo, para este artículo creemos que es necesario citar a Poulantzas sobre la relativa independencia del estado.

[7] Traducción del inglés por el propio autor.

[8] Lenin (1961: 150) comenta en relación a “la tergiversación “kautskiana del marxismo” de que “si el Estado es un producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que está por encima de la sociedad y que “se divorcia cada vez más de la sociedad”, es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel «divorcio”.”

[9] Traducción del inglés por el propio autor.

[10] Traducción del inglés por el propio autor.

Referencias

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