Marzo y la gesta feminista

Aprovechamos las dos herramientas que se despliegan a nivel mundial ante la crisis del patriarcado, para hacer una síntesis de las tareas que están comenzando las mujeres en todas partes. Una de esas herramientas son los análisis y propuestas hechas por el feminismo, y la otra herramienta son las grandes explosiones sociales que han sorprendido y sacudido a diversos países.



MARZO Y LA GESTA FEMINISTA

Jaime Yovanovic (Profesor J)

Aprovechamos las dos herramientas que se despliegan a nivel mundial ante la crisis del patriarcado, para hacer una síntesis de las tareas que están comenzando las mujeres en todas partes. Una de esas herramientas son los análisis y propuestas hechas por el feminismo, y la otra herramienta son las grandes explosiones sociales que han sorprendido y sacudido a diversos países.

 

La crisis del patriarcado se expresa por todas partes donde se agrieta y entra el agua que está hundiendo el barco del poder: crisis de la economía, que se reduce cada vez más a pequeñas capas sociales en los barrios altos donde aumenta el consumo y el dispendio como en las grades orgías romanas de la antigüedad que se gozan en los más variados placeres mientras nos envían la artillería de las grandes empresas y megaproyectos que destruyen la madre tierra, los bosques, las aguas y las comunidades, sustituyendo los alimentos naturales por productos transgénicos y comida chatarra, o sea, la economía patriarcal disminuye las capas de los más ricos, aumenta vertiginosamente las capas de pobres y marginados y reduce las capas medias de donde salen miles de soldados y mercenarios a utilizar la tecnología, redes y ciencia cibernética que aseguran que ese proceso –del poder y la acumulación- se acreciente y consolide cada día.

 

Las clases dominantes atraen a las capas medias ofreciendo migajas que quiebran todos los valores éticos escondiendo y camuflando el carácter destructivo de la economía poniéndoles la cuchilla en el pecho diciendo que o disparan apretando botones o mueren, que ese es el trabajo y de ahí van a conseguir su ingreso y de paso con la posibilidad de hacerse ricos también y para eso agitan la campanilla del deseo de las propiedades que se pueden alcanzar comenzando con una bella casa, con rejas eléctricas, guardias y hermosos perros con fieros colmillos y con la certeza de que policías, soldados y jueces estarán a su lado cuidando de esas propiedades “bien ganadas” con su “trabajo” que no es más que gusanos envenenados en los anzuelos del poder que atrapan a los pececitos incautos de las clases medias que viven soñando con los placeres que vende Netflix y la red de los narcos que facilitan las drogas que meteremos en las chicas que van encandiladas y alegritas a la disco a “disfrutar” la vida.

 

La crisis patriarcal de la economía se acompaña de la crisis de los estados, que son los que mantienen tranquila y disciplinada a la población para que la economía del expolio funcione bien. Ya los estados no pueden funcionar tranquilos. Los europeos pasaron por la crisis de que las izquierdas tomaron el poder, pero luego –por angurrientos- fueron tragados por la economía y devolvieron los gobiernos sembrando confusiones y frustraciones en los pueblos que luego fueron atraídos en la Europa del sur por nuevos partidos y todos felices cantaron el venceremos para ver que sus partidos en vez de hacer cambios terminaron fortaleciendo el poder patriarcal y su economía destructiva, como sucedió en Grecia con el partido Syriza, en España con el partido Podemos, en Italia con el M5S y en Portugal con la sonada derrota izquierdista a las presidenciales. Los gobiernos y estados del color político o ideológico que sea, sólo van a funcionar si consiguen dinero de las grandes empresas para ofrecer “servicios” a la población como educación y salud con los cuales generan clientes-electores y de paso ayudan a que las clases altas vivan felices, las capas medias consigan pega tecnológica y los pobres y marginados sean controlados por poderosos fuerzas militares, policiales y virtuales. Todo bien empaquetado.

 

En nuestro continente pasó lo mismo: una ola de gobiernos progresistas de izquierda ganaron los gobiernos y sembraron ilusiones  que luego se vinieron abajo debido a que nunca pensaron en cambiar la economía y siguieron reforzando la dolce vita de los poderosos, la inclusión de capas medias y la marginación de las periferias de las ciudades a las que se sumó la persecución implacable contra las comunidades y pueblos originarios.

 

La conclusión es que hacer una nueva constitución sin cambiar la economía y sin cambiar el poder por la democracia, es seguir igual.

 

Eso lo han comprendido los pueblos que estallaron en diferentes países saliendo de las periferias hacia el centro de las ciudades consiguiendo atraer a algunos sectores medios que pudieron ver que los esclavos no eran tales, mientras buena parte de esos sectores medios se unen a los poderosos para hacer nuevas constituciones y nuevas reglas que obviamente servirán para contener y detener la ola de estallidos sociales.

 

El papel de las mujeres

 

Obviamente las mujeres en su gran mayoría se plegaron a los estallidos y una parte ha sido cooptada por los partidos e independientes que creen que van a hacer una nueva constitución y con eso habrán los cambios soñados. Otras se plegaron a quienes desean repetir el estallido y salen a las calles valientemente a decir que no van a ceder.

 

Sin embargo entre esos valientes se han introducido los partidos que luchan por el poder, o sea, por lo mismo, y piensan que porque son combativos habría que creerles más, que no van a ser dictadores como Maduro en Venezuela o como Ortega en Nicaragua y que no van a entregarse al capitalismo como hizo Evo Morales en Bolivia, Lagos y Bachelet en Chile, Kirchner en Argentina, el Frente Amplio de Uruguay, Lula en Brasil, Correa en Ecuador y López Obrador en México, el presidente del moderno Far West que ha militarizado el país matando indios a diestra y siniestra para apropiarse de los territorios ancestrales e instalar el moderno tren de la conquista, el tren de los muertos, el Tren Maya.

 

La discusión ya no puede ser más que si la izquierda gobierna mejor que la derecha. Esa trampa sólo la han podido sortear con éxito las mujeres, que han demostrado que podemos administrar nuestras vidas cotidianas en conjunto en los barrios sembrando para producir nuestros propios alimentos en las huertas comunitarias, prepararlos y distribuirlos entre vecinos por medio de las ollas comunes. Si aprendemos eso en todos los barrios sin dividirnos entre izquierdistas y derechistas podremos construir una nueva sociedad paso a paso desde la casa y desde el barrio. Para eso tendremos que poder decir desde los hechos que da lo mismo que gane derecha o que gane izquierda, por lo tanto, lo más sano es no votar y dedicarnos a construir comunidad barrial autosustentable, o sea, no depender económicamente de las redes de la propiedad, del mercado y del estado, o sea hablamos de la autogestión generalizada.

 

Qué dicen sobre esto las reflexiones teóricas y prácticas del feminismo. Veamos:

 

Silvia Federici: “Las mujeres son las protagonistas en la construcción del común”

https://avispa.org/silvia-federici-las-mujeres-son-las-protagonistas-en-la-construccion-del-comun

Dos experiencias de cómo las mujeres habitan los entramados comunales. Una en el mundo de la ciudad compartida por la feminista italiana Silvia Federici, desde la perspectiva de la mujer urbana, produciendo el común en la ciudad. La otra desde la perspectiva de las tramas comunales indígenas, de un punto de vista de las comunidades de Oaxaca, compartida por la defensora de los derechos de las mujeres indígenas Sofía Robles, quién fue presidenta municipal de Santa María Tlahuitoltepec, en la zona mixe, entre los años 2012 y 2013. Las dos experiencias fueron compartidas el 8 de marzo en la mesa Nosotras en nuestras tramas comunitarias: desafiar las mediaciones patriarcales, coloniales y capitalistas, una de las actividades del Segundo Congreso de Comunalidad, en Guelatao.

“Las mujeres son las protagonistas del proceso de construcción del común, son las más involucradas en la defensa de los bienes comunes y en la producción de nuevos entramados comunitarios. En la historia del capitalismo las mujeres han tenido una relación muy precaria con el mundo de las relaciones monetarias, con el empleo asalariado, entonces siempre han dependido más de los bienes comunes, por eso han encabezado la lucha para defenderlos”, sostuvo Federici.

Además, el trabajo de reproducción de la vida, de lo cual históricamente se han encargado las mujeres, necesita de relación comunitaria. “El trabajo de cuidar, crear los niños, cuidar a los enfermos, a los mayores, cocinar. El trabajo de la mujer no es simplemente un trabajo físico, es un trabajo emocional, de tener junta a la comunidad, de tener junta a la familia, de encargarse de controlar y armonizar los conflictos, de dar esperanza, de dar fuerza”, dijo ella.

El aporte del movimiento feminista, evalúa Federici, ha sido cambiar el discurso principalmente de los fundadores de los movimientos socialistas, marxistas que miraban la situación de la mujer y decían: “Son las oprimidas del sistema capitalista, no producen riqueza social. La riqueza social la producen los obreros, trabajadores de la industria, los hombres. Ellos, quienes producen el capital, tienen el poder de destruir el capital”. En esta óptica, como las mujeres no producen, no pueden luchar.

“Nosotras hemos cambiado totalmente esta perspectiva. Hemos dicho que es justamente al contrario. Todo el trabajo de reproducción de la vida que las mujeres han hecho ha sido el pilar del sistema capitalista, porque sin la reproducción de la vida no es posible la reproducción del capital. Todos lo que produce y reproduce el capitalismo salen del cuerpo de una mujer”, explica.

“Hubo una expropiación de la capacidad reproductiva de la mujer. Reproducimos la vida pero en condiciones que no hemos escogido, en condiciones determinadas por el Estado, por las empresas. Sujetan nuestro trabajo a sus intereses, a su acumulación de riqueza. Hubo una apropiación del cuerpo de la mujer por el Estado, que indica como el cuerpo de la mujer debe funcionar. Quien debe reproducir, quien no, como se debe parir. Todo el terreno de la procreación ha sido un terreno de lucha muy importante. Recuperar el control de nuestros cuerpos. Poder reproducir como queremos en las condiciones que queremos, que no sea en condiciones que representan nuestra muerte, un sufrimiento continuo”.

La feminista alerta que es importante que la mujer entienda el papel que el trabajo reproductivo juega, como acumulación originaria, y por tanto, como determinante en la organización del trabajo, en la producción y reproducción del capital. “Nosotras también producimos esta riqueza. Nosotras somos las que producimos lo que va a producir todo el sistema. Esto es un trabajo. Este trabajo beneficia al Estado y toda la organización del trabajo capitalista. Es la base sobre la que se sostiene el capitalismo”, analiza Federici.

Nueva forma de hacer política

El trabajo reproductivo es necesario para la sobrevivencia, pero también puede servir para la creación de una nueva forma de hacer política, que no separa la reproducción de la vida de la organización política, defiende Federici. “Para luchar con éxito se necesita de una infraestructura reproductiva. Muchas organizaciones y movimientos se caen porque basan su modo de organización en la jerarquía y en la desigualdad. Las mujeres han comprendido que para luchar hay que cambiar la vida, hay que cambiar la forma de reproducción. Debemos juntarnos en el cotidiano, crear formas de reproducción cooperativa”, dijo.

Pienso que la lucha de la mujer tanto en la ciudad como en el campo tiene tanta potencia exactamente por esta capacidad, este forma de hacer política. Por esta capacidad de crear esta infraestructura que permite que la reproducción sea no solamente una reproducción por la vida, pero si una reproducción por la lucha, por la resistencia.

Y por eso es que la mujer ha sido el centro y el objetivo de la violencia capitalista.

“Esta violencia es una señal de que las mujeres están en movimiento, es una población en movimiento. Y este movimiento tiene un impacto muy fuerte porque cuando se cambia las formas de reproducción de la vida se cambia algo fundamental que es la organización social”, comparte.

Mujeres en América Latina

La mujer, sobretodo en América Latina, es quién trae hoy la lucha por lo comunitario sea en la ciudad o en el campo, señala Federici. A pesar del pesimismo en la política de muchos de los países de la región, es justamente ahí donde están surgiendo movimiento muy poderoso de mujeres. “Por ejemplo, en Argentina, a partir de 2016 todo el mes de octubre hay un encuentro nacional de mujeres, que reúne alrededor de 80 mil mujeres, donde hacen asambleas y debates para construir y promover una agenda en común”, relata.

Lo que es más potente, de acuerdo con Federici, es que estos movimientos se construyen a partir de una perspectiva que no fragmenta las luchas. “Todo hace parte de una misma lucha: la lucha contra el capitalismo, la lucha contra la destrucción del medio ambiente y la lucha contra el patriarcado. Además, siempre nos han obligado a reproducir a nuestra familia, a la comunidad aislada una de la otra. Esta lucha en América Latina ha empezado a romper esta lógica”.

Los mercados de México

Algo que siempre me impacta cuando llego a México son las redes comunitarias tejidas a partir de los mercados. Existe toda una red organizativa de los mercados y las mujeres son las protagonistas de este proceso. Viven juntas horas y horas por día. Sea en los mercados cubiertos, más organizados, sea en los mercados en la calle, que cada vez más crecen, por el fracaso del trabajo asalariado. María Galindo, una mujer feminista de Bolivia, ha dicho que la mujer atrapada en la casa es una cosa del pasado. Hoy la reproducción se ha movido de la casa para el mercado, para la calle. Las mujeres cocinan, cuidan de los niños. Todo eso implica una organización increíble entre mujeres. Organizar el espacio, vender sus productos, enfrentar la policía, defender su espacio. También es una red afectiva muy importante porque se ayudan, cada una cuida de los niños de la otra.

Los entramados de la comunalidad

El estado de Oaxaca esta compuesto por 76% de tierras comunales. De los 570 municipios, 418 son regidos por la forma tradicional de organización política de ‘usos y costumbres’. “La tenencia colectiva de la tierra es fundamental para ser posible la comunalidad. Alrededor de la tierra comunal se hace posible tejer el entramado de lo que se ha llamado comunalidad. La tierra y territorio son elementos fundamentales que los pueblos defendemos”, sostiene la indígena Rosbles.

Otro aspecto fundamental en que se funda la comunalidad es el trabajo comunitario, el tequio. “Las comunidades no existirían sin el trabajo comunitario. La autoridad no puede trabajar sola. Solamente con el trabajo de los demás podrá sacar adelante el trabajo que se propone hacer”.

Hay todavía el sistema de servicio comunitario. “Es el lugar ocupado por quien le toca ser cabeza de trabajo, coordinar el trabajo. Quien va a estar como autoridad ya ha pasado por todos los servicios, desde abajo, para poder ganar el respecto de los demás. La cuestión de ser autoridad, no es una cuestión de poder, es una cuestión de servicio, de servir a la comunidad, es una obligación. Todos nosotros que estamos en la comunidad tenemos la obligación del trabajo colectivo, no podemos decir que no queremos”, explica.

Otra parte importante del entramado comunitario es la asamblea. Es donde se decide quién va a ser autoridad y los aspectos importantes de la comunidad.

“La comunalidad es un sistema que existe en las comunidades y que une en todos estos aspectos de la tierra, la asamblea, la fiesta, el trabajo colectivo, el servicio comunitario”, resume Roble.

En todas estas tramas están presentes las mujeres, sostiene ella. “El trabajo reproductivo de las mujeres, que habla Silvia, y que muchas veces no es reconocido, es algo que sustenta la comunalidad. Muchas veces no se mira, no se ve. Muchas veces nosotras las mujeres somos arrinconadas, pero nuestro trabajo sostiene la comunalidad”.

Incluso para que alguien ejerza su servicio como autoridad es necesario que alguien más esté por detrás sosteniéndole, ya que no son trabajos remunerados. “Es la esposa, es la madre, la hija, las hermanas. Incluso cuando nosotras como mujeres estamos en el servicio, nos apoya las familias, las suegras, las hermanas, las hijas”.

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Con esto podemos apreciar que envolverse en la construcción de nuevas reglas del juego del estado y batallar por ocupar los cargos del poder, no producirá nada más que la legitimación y reproducción del sistema que criticamos, por lo parece más razonable multiplicar la autoorganización horizontal, democrática y participativa de los vecinos en torno a las actividades fundamentales de la vida, que no pueden ni deben ser trazadas o dibujadas en líneas gruesas que de tanto amplias no alcanzan a incidir en los detalles particulares de las relaciones y formas de vida cotidianas, reduciendo y aprisionando la vida misma que pareciera que sólo puede ser vivida como en un cuartel, todos uniformados y disciplinados echando por fuera los sentimientos, afectos y sensaciones.

 

La tecnología se ha utilizado solamente para fines comerciales y para reforzar el disciplinamiento social que inhibe la expresión de todas las formas de la vida haciendo creer que deben mantenerse en privado y entre cuatro paredes, con altos muros y feroces perros guardianes, como que todos debemos mantenernos en alerta por si alguien ataca el castillo, o sea, nos convencen que vivimos en guerra permanente y que la libertad es cosa pasajera y de entretención como las expresiones de rebelión del rock, los gritos de la poesía, los carnavales financiados por los municipios que finalmente atrapan a los organizadores, los cantantes de protesta que son utilizados por los partidos políticos, el arte abstracto y el surealista que buscan, encuentran y muestran caminos que no hay, los suicidios a lo bonzo, las guerrillas urbanas que cuando alcanzan sillones del poder deben utilizar el mismo capitalismo, en fin, miles de forma de hacer la revolución de la palabra y la furia dentro de la celda de la prisión social del individualismo patriarcal del estado, la economía y la política que lo sostiene.

 

Por eso el estallidos dividió las aguas: por un lado los que quieren un estallido tras otro, por otro lado los que quieren capitalizarlo para seguir con lo mismo, es decir, continuar la lucha por cambiar las reglas del juego con nuevos derechos y sin tocar el poder, y finalmente los que han comprendido que el papel de la mujer no es quedarse en el encierro sino de liderar la común acción por recuperar las libertades de las formas de vivir, sacándolas de la prisión de los muros de casa y compartiéndolas con los demás miembros y miembras de la especia. Compartir el cuidado de los hijos, enfermos y mayores, compartir la producción propia de alimentos, compartir la preparación de esos alimentos y distribuirlos entre todos.

 

De allí que liberarse de las cadenas es más una acción personal hacia adentro de uno mismo y hacia adentro de los demás en nuevas formas de relaciones humanas y sociales en que se pueda abandonar la práctica individualista que nos exigen las reglas del juego del poder y ponernos en el lkiugar de los otros aún antes de tonas una decisión o reflexión para dar los pasos que hasta hoy nos han enfrentado a los otros como competencia o enemigos antes que como el Nosotros que somos.

 No hay Yo sin Nosotros, y de esos nosotros nacen y se crían los Yo que serán de dos tipos: los superhombres, superiores s los demás y las personas normales que ven en cada persona el espejo del Yo. De manera que la tarea de hoy es bajar a los superhombres de sus pedestales y reconocer que solamente la mujer puede comprender esto que decimos al sentir el dolor en su cuerpo del sufrimiento de cada hijo. De allí viene el espejo y el sujeto nosotros de que hablamos, de ahí viene la especie humana, de ahí viene la vida y esa es la ecología: la vida misma.

 

Así que marzo siendo el mes de la mujer, es el mes de todos y por tanto el mes de la vida, del amor y la belleza, donde no sólo vamos a protestar y denunciar el sistema patriarcal, pues eso quieren los partidos que nos van a utilizar para adentrarse en el sistema obteniendo cargos de constituyentes o independientes que llenos de ilusiones aspiran a ganarle la mano a las empresas, militares y mafias políticas como que desde el corazón de la dominación pudiéramos torcerle la mano al monstruo. Son bellas ilusiones que merecen una tierna caricia en la cabeza de los cándidos candidatos, pero al mismo tiempo hay que decirles que no se puede estar jugando en ese terreno donde todo está pre-cocinado y se arrastra al pueblo a la guillotina. Lo mismo tendremos que hacer con los cándidos candidatos a alcaldes y concejales, que por favor no nos hagan perder el tiempo.

 

Si dedicamos nuestras energías a multiplicar las huertas comunitarias, las ollas comunes y las actividades entre vecinos que poco a poco aprenden a administrar el barrio, la población y la comuna, y sisabemos que se está haciendo en todas las comunas del país, tenemos la certeza de que el cambio viene de abajo lento como el caracol, pero seguro. Mientras allá arriba se pelean por los asientos y por las migajas que reparten las empresas, acá abajo ampliamos y fortalecemos la vida, que como dicen Varela y Maturana es autopoyética, es decir se produce y reproduce a sí misma, y esa es la grandeza de la mujer: es nuestra vida.

 

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