Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias al neoextractivismo y al Estado nación

Parte del actual proceso de transformación estatal en Bolivia, a tra vés del desafío de la plurinacionalidad, tiene como uno de sus ejes centrales el reconocimiento y el mandato de implementación de las Autonomías Indígenas como una propuesta y modalidad concreta para transitar hacia la construcción plural de una nueva estructura estatal, político-territorial, asumiendo su matriz social fuertemente comunitaria y la necesidad de desmontar lógicas, prácticas y esquemas históricos de colonialidad. Sin embargo, desde estructuras gubernativas del actual “Estado Plurinacional”, en la actualidad de este país se estarían priorizando visiones y políticas basadas predominantemente en modelos de “desarrollo” de tipo neo-extractivista, que estarían contradiciendo el sentido y alcance de las autonomías indígenas establecidas y sustentadas en el texto constitucional, en convenios y normas internacionales, afectando de esa manera territorios y comunidades indígenas, a partir del predominio monológico del Estado



Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias al  neoextractivismo y al Estado nación

Pavel Camilo López Flores*

Tomado de: Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina, Clacso

Resumen:

 Parte del actual proceso de transformación estatal en Bolivia, a tra[1]vés del desafío de la plurinacionalidad, tiene como uno de sus ejes centrales el reconocimiento y el mandato de implementación de las Autonomías Indígenas como una propuesta y modalidad concreta para transitar hacia la construcción plural de una nueva estructura estatal, político-territorial, asumiendo su matriz social fuertemente comunitaria y la necesidad de desmontar lógicas, prácticas y es[1]quemas históricos de colonialidad. Sin embargo, desde estructuras gubernativas del actual “Estado Plurinacional”, en la actualidad de este país se estarían priorizando visiones y políticas basadas predo[1]minantemente en modelos de “desarrollo” de tipo neo-extractivista, que estarían contradiciendo el sentido y alcance de las autonomías indígenas establecidas y sustentadas en el texto constitucional, en convenios y normas internacionales, afectando de esa manera terri[1]torios y comunidades indígenas, a partir del predominio monológico del Estado; lo que estaría generando y/o intensificando conflictos socio-territoriales y socio-ambientales que, precisamente, estarían poniendo en cuestión y disputa los sentidos, principios y alcances reales de la plurinacionalidad y sus condiciones de posibilidad. En el presente artículo se propone una aproximación a los actuales proce[1]sos de disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en * Investigador social asociado al CIDES-UMSA (Bolivia). Doctor en Sociología, Scuola Normale Superiore (Italia). Coordinador del Grupo de Trabajo de CLACSO “Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Movimientos y políticas en América Latina”. 114 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina Bolivia, que estaría reconfigurando radicalmente las relaciones so[1]ciedad-Estado, a partir de la re-emergencia y re-activación de mo[1]vimientos indígenas y sus reivindicaciones político-territoriales de autonomía y de descolonización; así también problematizar cómo éstos movimientos estarían constituyendo núcleos de resistencia al capitalismo neo-extractivista y al Estado nación.

 

 

 

Introducción

Las discusiones y reflexiones sobre los actuales procesos de cambio estatal que tienen lugar en la región andino-amazónica del subcontinente, particularmente en países como Bolivia y Ecuador, presentan como uno de sus ejes centrales el tema de la “plurinacionalidad”, la que se habría instalado como uno de los más importantes referentes y horizontes de cuestionamiento de los supuestos y sustentos del Estado nación, así como núcleo de la transformación tanto de las estructuras simbólico-culturales (imaginario colectivo) como materiales (político-institucionales, normativas, económicas y territoriales) del Estado, las mismas que se expresan y fundamentan en los respectivos textos constitu[1]cionales de ambos países. Este proceso de transformación estatal a través de la plurinacionalidad, en el caso concreto de Bolivia, tiene como una de sus innovaciones centrales el reconocimien[1]to y el mandato de implementación de las Autonomías Indígenas como una propuesta y modalidad concreta para transitar hacia la construcción plural de una estructura estatal, asumiendo su ma[1]triz social fuertemente comunitaria y la necesidad de desmontar esquemas, lógicas y prácticas históricas de colonialidad del po[1]der (Quijano, 2000), de colonialismo interno (González Casanova, 1965) y de dominación histórica y sistemática. Asimismo, la cues[1]tión en torno a la plurinacionalidad se habría vinculado reciente y estrechamente al polémico debate sobre los modelos económicos presentes y predominantes en los últimos años en la región, en casi toda América del Sur, donde las bases y criterios del modelo de acumulación capitalista basado en la extracción no se habrían modificado en sustancia, con la persistencia, predominancia y profundización de formas de desarrollo económico que basan la producción de riqueza en la apropiación y mercantilización de la naturaleza bajo un formato “neoextractivista” de explotación/ex[1]portación de materias primas. Específicamente en Bolivia, el conflicto sociopolítico en torno al TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure), don[1]de el Gobierno de Evo Morales dispuso e impuso la construcción de una carretera, habría evidenciando las tensiones, contradicciones y disputas en torno al imaginario del “Estado Plurinacional” y al principio/paradigma/proyecto de matriz comunitaria denominado “Vivir Bien”; con un Gobierno que afirma seguir principios económi[1]cos, políticos y territoriales plurales establecidos en el actual texto constitucional, pero que quedarían limitados y desmentidos por el horizonte de implementación de un modelo de desarrollo de tipo 116 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina neoextractivista1 que predomina en las políticas estatales actuales en este país. Esto en fuerte disputa con visiones de actores sociales indígenas de ese territorio, los que reivindican el derecho colectivo a la autodeterminación y la consulta sobre actividades que afecten a sus comunidades y sus territorialidades. La plurinacionalidad y la autonomía indígena no serían, pues, producto del azar, que pudiera haberse producido en el proceso constituyente de la década pasada en Bolivia, ni tampoco el resul[1]tado de la imaginación y/o concesión desde el Estado o del gobier[1]no del MAS, sino fruto de imaginarios, reivindicaciones y luchas políticas de movimientos sociales de carácter indígena territorial y de matriz comunitaria. En ese sentido, los movimientos indígenas bolivianos, con sus cosmovisiones, formas de vida y organización comunitaria, así como las luchas por su autodeterminación y auto[1]gobierno político-territorial, que fueron reivindicadas y defendidas frente al Estado nación neoliberal desde finales del siglo XX, serían los lugares desde donde habrían surgido y posicionado los más im[1]portantes imaginarios sociopolíticos colectivos y los principios pro[1]gramáticos del proceso de transformación estatal que se configuró durante la década pasada en el país. Así, dentro de las aristas que presenta actualmente el llamado “proceso de cambio” boliviano que tuvo en principio como núcleo central el mandato constitucional de transformación de las estructuras de su estatalidad sintetizado en la construcción del “Estado Plurinacional, Comunitario y Autonó[1]mico”, como eje plural de transformación política, económica, cul[1]tural y territorial en Bolivia, la figura de autonomía indígena sería un aspecto central y neurálgico, como parte de la nueva estructura y organización territorial del Estado, precisamente para la materia[1]lización de su carácter plurinacional estaría en estrecha relación con principios como el “Vivir Bien”, constituyendo una concreta forma de alternativa societal que contiene y expresa potenciales ho[1]rizontes post-capitalistas, de implicancia civilizatoria y acaso alter[1]nativas al Estado nación monosocietal y a la colonialidad del poder. Serían, precisamente, principios paradigmáticos y programáti[1]cos de cambio sociopolítico y de horizonte societal en Bolivia, como 1 Por “neoextractivismo” se entiende al modelo de desarrollo económico adoptado por algunos gobiernos de América del Sur desde principios del siglo XXI. Al igual que en el extractivismo convencional, el neoextractivismo orienta la economía hacia las acti[1]vidades de explotación de la naturaleza para la obtención de recursos no procesados, o escasamente procesados, dirigidos de forma prioritaria a la exportación, pero con un papel más protagónico del Estado en el proceso productivo, permitiendo la obtención de un porcentaje mayor de ingresos para las arcas estatales. Parte de esos recursos son destinados a programas sociales que dotan a los gobiernos de cierto grado de le[1]gitimidad (Gudynas, 2011; Svampa, 2010). 117 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias… son: la descolonización, la plurinacionalidad y los imaginarios/pro[1]yectos como el Vivir Bien y las autonomías indígenas (incorporados y establecidos en la actual Constitución), los que estarían funda[1]mentados en imaginarios colectivos y discursos políticos y socio[1]culturales de transformación estatal, principalmente a partir de la construcción del Estado Plurinacional. En ese sentido, se habrían configurado antes y durante esos procesos verdaderos movimientos societales (Tapia, 2008), los que parecen continuar manifestándose y desplegándose aún –a pesar del actual gobierno auto-proclamado de “cambio” o reconocido en la región como “progresista” y/o “de izquierda” que dice represen[1]tarlos–, como formas de protesta, rebelión y movilización social y política que cuestionan e impugnan al Estado, al resistir y confron[1]tar las políticas de sus gobernantes y los modos de reproducir la desigualdad entre pueblos y culturas. Se trataría, en ese sentido a decir de Tapia (2008) de formas sociales y políticas de origen no moderno que se movilizaron y movilizan contra los efectos expro[1]piadores de su territorio y destructores de sus comunidades. Así, algunos movimientos socio-territoriales (Fernandes, 2005) de matriz comunitaria y sus propuestas políticas, que fueron rei[1]vindicadas por los movimientos indígenas con carácter societal y que antes abrieron los actuales procesos de transformación estatal en Bolivia, se presentarían hoy como fuertes críticas a las orien[1]taciones y direcciones que habría tomado el llamado “proceso de cambio” en este país y el propio gobierno del MAS, liderado por Evo Morales, reivindicando una reorientación del mismo hacia los contenidos y sentidos de dicho ansiado “cambio” y el espíritu del proyecto plurinacional y descolonizador que emergió en el país a comienzos de este siglo. Movimientos indígenas retornarían así, a decir de Tapia (2011), a ser los ejes y núcleos de una posible contra[1]hegemonía en el país y en la región. Estos serían algunos de los principales nudos problemáticos del actual contexto sociopolítico en Bolivia, que estarían entre los prin[1]cipales aspectos que configuran la cuestión sobre los procesos de transformación estatal en la región. Todo este debate se vincularía y problematiza con la actual discusión subcontinental sobre los cambios en las dinámicas de los procesos político-económicos en curso y sus complejas relaciones con los mapas geopolíticos e ins[1]titucionales, nacionales y transnacionales. Asimismo, se vincularía con la arquitectura estatal neoliberal y neocolonial, acaso aún vi[1]gente, y que tiene que ver con las reales condiciones de posibilidad y viabilidad de las autonomías indígenas como procesos políticos de 118 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina autogobierno indígena, de autodeterminación socioterritorial comu[1]nitaria y de construcción societal en países como Bolivia, así como las latentes perspectivas de emancipación, descolonización y de con[1]figuración de alternativas civilizatorias en base a imaginarios como el Vivir Bien, dentro de un potencial horizonte contra-hegemónico, post-neoliberal y, tal vez, pos-capitalista en América Latina. La irrupción plurinacional como querella y alternativa al Estado nación En el 2009 se aprobó en Bolivia una nueva Constitución Polí[1]tica del Estado resultado de un histórico, intrincado y polémico proceso constituyente. La misma replantea la forma en que se re[1]configuran las estructuras político-institucionales y territoriales del Estado y el modo en que se modifica la relación con la sociedad, lo que se expresa principalmente en el reconocimiento del carác[1]ter plurinacional del Estado a partir de su condición multisocietal (Tapia, 2002), asimismo de cómo se reconforma un diseño también plural, intercultural y complejo del Estado. Este proceso de trans[1]formación constitucional también ha sido caracterizando como el “tránsito” democrático, desde lo que Zavaleta (1978) décadas atrás denominara un Estado aparente2, en tanto no lograría condensar la totalidad de la sociedad y solamente representaría a un fragmento social privilegiado, sin articular la totalidad social y territorial de un país, hacia lo que, en términos gramscianos se definiría como un Estado integral3, como aquel aparato político gubernamental que une y sintetiza externamente a todos los sectores y clases socia[1]les, a los grupos nacionales, a las regiones y a las colectividades, y que permite crear el sentido de pertenencia y representación de todos en sus estructuras (Gramsci, [1977] 2007). En ese sentido, el proceso de constitución de un “Estado Plurinacional” resultaría, en esa perspectiva, de materializar ese “Estado integral”, como pro[1]ducto del sentido histórico que los movimientos sociales bolivianos habrían ido moldeando para la construcción de un nuevo Estado; planteando al mismo tiempo una alternativa que nace de la propia realidad y pluralidad organizativa, económica, política, social y cul[1]tural del país (García Linera, 2009). 2 Para Zavaleta, un “Estado aparente” es aquel que no logra incorporar los hábitos, la cultura y las formas de organización política de la sociedad, articula sólo a ciertos hábitos políticos y deja al margen a otros sectores sociales, territorios y prácticas políticas. 3 El Estado es aquí entendido, en su sentido orgánico y más amplio, como el conjun[1]to formado por la sociedad política y la sociedad civil. Esa definición es presentada de modo explícito por Gramsci (1977), bajo el concepto de “Estado integral”. 119 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias… Asimismo, de manera genérica podría afirmarse que el concepto de “plurinacionalidad” se lo ha venido asociando a la coexistencia de varias naciones dentro de un mismo Estado; un presupuesto que ha provocado que el tradicional modelo de Estado nación se vea desbordado por una acepción que pondría en cuestión esa noción y lógica en ocasiones irrefutable de “un Estado, una nación”, portan[1]do el planteamiento de una nueva forma de Estado, en este caso, un “Estado plurinacional”. Así, según propone De Sousa Santos (2007), se podrían ubicar de manera general al menos dos principa[1]les tipos diferentes de origen teórico de los que surgen las nociones e imaginarios de nación. Por un lado, está el concepto “liberal” que hace referencia a la coincidencia entre nación y Estado; es decir, la “nación” como el conjunto de individuos que pertenecen al espacio geopolítico del Estado y, por ende, los Estados modernos se lla[1]man Estado nación; una nación, un Estado (Santos, 2007). Por otro lado, un concepto “comunitario” de nación, que no conlleva consigo necesariamente al Estado. Esta segunda vertiente de la noción de nación desde la tradición comunitaria es la que han desarrollado, reivindicado y posicionado los pueblos y movimientos indígenas. “Este concepto de nación conlleva un concepto de ‘autodetermina[1]ción’, pero no de independencia” (Santos, 2007: 31). En ese sentido, en América del Sur la difusión y posicionamiento en el imaginario colectivo y en el debate teórico-político en torno a la plurinacio[1]nalidad se podrían ubicar en las propuestas que fueron reivindi[1]cando y planteando los movimientos indígenas, particularmente de Ecuador y Bolivia, que lograron instalar en los respectivos procesos constituyentes y los subsecuentes textos constitucionales. En ese sentido, el Estado Plurinacional sería una demanda prove[1]niente de los pueblos indígenas originarios campesinos, los cuales finalmente consiguen ser parte de un Estado fundado en la pluralidad y el pluralismo político, económico, ju[1]rídico, cultural y lingüístico. Con esto se cambiaría por completo el carácter y el tenor del texto constitucional, no sólo a nivel sim[1]bólico (nomenclatura institucional) sino también a nivel práctico (ingeniería institucional) (Zegada et al., 2011). Según Luis Tapia (2007) la emergencia y la demanda societal de la plurinacionalidad encontraría sus orígenes más directos en la propia crisis del Estado nación, ya que se trata de una propuesta de repensar plural y complejamente la re-ingeniería de un nuevo Estado, a partir de la desarticulación de sus supuestos y estructuras mono-nacionalistas y mono-culturales, lo que coloca un desafío que iría mucho más allá de una simple “adaptación 120 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina plurinacional” a estructuras estatales ya establecidas. De ese modo, sería posible pensar crítica y particularmente procesos sociales y políticos como el que se presenta en Bolivia. En esa línea Tapia (2002) propuso la categoría de “condición multisocietal” que concibe como un término que deriva de la noción de formación social abigarrada formulada décadas atrás por René Zavaleta4, y que básicamente consistiría en: “pensar en la sobreposición desarticulada de varios tipos de sociedad, lo que implica varios tiempos históricos, modos de producción, lenguas y formas de gobierno, entre otros factores” (Tapia, 2002: 16). Así, en territorios donde existe diversidad cultural, la idea de Estado plurinacional implicaría, pues, el reconocimiento de la organización política de la pluralidad y pluralismo jurídico, territorial y económico. El transitar entonces hacia nuevos “Estados Plurinacionales” en países como Bolivia, aparentemente, se habría instituido como expresión del carácter multisocietal de esas sociedades. Así, la idea de un Estado plurinacional, si bien es un componente central en el debate sobre la “refundación del Estado en América Latina” (Santos, 2010), implicaría, a la vez, el cuestionamiento de uno de los principios de organización en las formas centrales de la modernidad que es el Estado en general, y en particular el Es[1]tado nación. Esto involucraría el reconocimiento de la organiza[1]ción política de la pluralidad, el reconocimiento de una diversidad de formas de autogobierno que responden a diferentes tipos de organización, producción y reproducción del orden social (Tapia, 2012). En este sentido, la idea de un Estado plurinacional habría constituido, durante la primera década del siglo XXI en Bolivia, uno de los principales componentes del horizonte contra-hegemó[1]nico que se habría configurado en la zona andino-amazónica de América Latina. La plurinacionalidad en el contexto del neo-extractivismo regional Las discusiones en torno a la plurinacionalidad como núcleo de desorganización / reorganización y de transformación estructural del Estado nación en la región, específicamente en países como Bolivia, se habrían instalado y vendrían desplegándose en el marco de debates sobre las reconfiguraciones de una etapa de estatalidad 4 René Zavaleta Mercado, importante sociólogo e ideólogo político boliviano (1935- 1984), teorizó la concepción de lo “nacional-popular” y definió a la sociedad boliviana como “abigarrada”. Éste y otros aportes convierten a Zavaleta en uno de los más importantes referentes de las ciencias sociales en Bolivia y Latinoamérica desde la década de 1950. 121 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias… pos-neoliberal (Sader, 2009) y dentro de las diversas perspectivas, visiones, críticas y propuestas sobre los cambios necesarios en cuanto a los contenidos, orientación y rediseño de las estructu[1]ras normativas, político-institucionales y territoriales, así como de los modelos y políticas socio-económicas en la región. En este escenario, los pueblos indígenas demandaron las últimas déca[1]das ser reconocidos no sólo como “culturas diversas” sino como naciones originarias o nacionalidades, esto es como “sujetos polí[1]ticos” con derechos colectivos, sobre todo con derechos políticos[1]territoriales, para participar en los nuevos “pactos de Estado”, que se configuraron así como “Estados plurinacionales”. Sin embargo, paradójicamente, estos “procesos de cambio” estatales en la re[1]gión han sido parte central en los debates sobre la tendencia eco[1]nómica subcontinental caracterizada por una fuerte ola de re-di[1]namización, intensificación y expansión de modelos de desarrollo basados en las nuevas dinámicas extractivas de materias primas, en base a las exigencias del mercado internacional y con un rol central de los Estados y gobiernos “progresistas” y “de izquierda” en esas dinámicas. En ese marco, se vienen debatiendo las complejas y polé[1]micas aristas de lo que algunos autores denominan como el “neoextractivismo”en Sudamérica (Acosta, 2010; Gudynas, 2011; Svampa, 2010), dentro de un contexto internacional de evidente multicrisis, siguiendo a Lander (2012) de carácter civilizatorio, a las que el capitalismo arrastró al planeta entero, de reconfiguración hegemónica mundial y de recomposición de la geopolítica de la do[1]minación (Ceceña, 2013), con sus características y consecuencias propias y particulares en el subcontinente latinoamericano en tanto su histórica condición de periferia del sistema-mundo capitalista. Así, como detallan los trabajos de Gudynas (2009; 2012), Svampa (2010; 2013), Petras (2012) y Acosta (2009; 2011), la transferencia de la riqueza producida por las iniciativas extractivas en los go[1]bierno llamados “progresistas” en la región, aún en los casos como Bolivia y Ecuador, se desenvuelve mediante programas sociales que se convirtieron en el mayor dispositivo de legitimación de los mo[1]delos económicos extractivos y de esos mismos gobiernos. América del Sur, de ese modo, estaría consolidando su condición secular de abastecedora de materias primas al mercado global, haciéndose cada vez más evidente lo que Svampa (2013) denomina como el nuevo “Consenso de los Commodities”, que marcaría el ingreso de América Latina en un nuevo orden económico y político-ideológico sostenido por el boom de los precios internacionales de las materias 122 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina primas demandados cada vez más por los países centrales y las potencias emergentes. Este nuevo orden iría consolidando un estilo de desarrollo “neoextractivista” que genera ventajas com[1]parativas, con el crecimiento económico, al tiempo que produce nuevas asimetrías y conflictos sociales, económicos, ambientales y político-culturales (Svampa, 2013). De esta manera, los nuevos “pactos sociales”, que se habrían configurado como Estados plurinacionales (Santos, 2010), en tanto que procesos estarían llenos de novedad y también de ten[1]siones y riesgos, ya que si bien modelos constitucionales como los de Bolivia y Ecuador reconocen de modo explícito nuevas con[1]cepciones societales y modelos civilizatorios como el Buen Vivir/ Vivir Bien, llegando a incluir a los “derechos de la naturaleza”, en la práctica, estos Estados todavía no encuentran alternativas al modelo extractivista para hacerse de recursos para la redis[1]tribución (Santos, 2010). Como precisa Lander (2012), existiría hoy una extraordinaria distancia entre lo que se ha venido con[1]virtiendo en sentido común de los movimientos en resistencia, en particular de los movimientos, organizaciones, comunidades y pueblos indígenas, y la actuación real de los gobiernos llamados progresistas y/o de izquierda, aun los más radicales. Consecuentemente, en países con procesos de cambios para[1]digmáticos como Bolivia y Ecuador, las nociones de “crecimien[1]to”, “progreso” y “desarrollo” continúan en la base del carácter insostenible de la economía y siguen orientando las políticas pú[1]blicas en estos países. Cabe recordar que en toda América Latina se produjo un amplio movimiento de rechazo al neoliberalismo y siendo esta ola de luchas populares la que condujo a la elección de los aludidos gobiernos “progresistas” (Lander, 2012). Así, a decir de Lander “Existía por lo tanto la expectativa de que con estos nuevos gobiernos con discursos anti-neoliberales se pro[1]dujesen reorientaciones básicas en las lógicas extractivistas que han caracterizado históricamente la inserción de las economías del continente en el mercado global” (2012: 15). Sin embargo, esto no habría ocurrido, puesto que no se han producido reo[1]rientaciones en los modelos de desarrollo imperantes. Con los gobiernos progresistas o de izquierda que han gobernado a la mayoría de los países de Sudamérica la última década (la prime[1]ra del siglo XXI), no sólo no se habría frenado, sino que se habría acentuado, una inserción en el mercado mundial basada en la extracción de bienes primarios, en el despojo territorial y/o en el asalto a los bienes comunes de la vida (Houtart, 2011). 123 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias… El conflicto del TIPNIS: ¿neo-extractivismo como “crisis” del Vivir Bien? En todo este escenario, la determinación del gobierno de Evo Morales de construir la carretera que va de Villa Tunari a San Ig[1]nacio de Moxos5 desataría los últimos años una polémica de gran magnitud en el país y con repercusiones fuera de Bolivia, a partir de la reacción de las organizaciones indígenas con dos marchas (2011 y el 2012) para evitar que esa carretera pase por el núcleo del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure), exigiendo el respeto a su territorialidad y la consulta a los pueblos indígenas como establece la Constitución Política del Estado y los convenios internacionales como el 169 de la OIT o la Declaración de las NNUU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007). El TIPNIS como territorio indígena, además de estar protegido por normas nacionales específicas, amparado en convenios interna[1]cionales y el propio texto constitucional, fue y es reivindicado por las poblaciones indígenas del lugar no sólo por su condición de parque natural, por lo tanto área protegida, sino sobre todo por ser “territorio indígena” reconocido como parte de los derechos fundamentales de las naciones originarias y pueblos indígenas. En ese sentido no sólo sería un conflicto por una carretera, entre el gobierno e indígenas del TIPNIS, ya que con una mirada atenta a las lógicas productivas del territorio se puede encon[1]trar en el trasfondo de este conflicto el contraste entre prácticas productivas y dinámicas económicas de escala distinta e incom[1]patible (Paz, 2012). En el TIPNIS, es posible identificar lógicas o modelos de desarrollo que expresan visiones indígenas distintas y se vinculan de manera diferente con las propuestas de desa[1]rrollo que impulsa el gobierno boliviano de Evo Morales. Asi, en base al análisis que realiza Sarela Paz (2012), por un lado, existe una lógica económica que tiene sus bases materiales en lo que denomina la “economía étnica amazónica” de parte de las comu[1]nidades indígenas (yuracares, chimanes y moxeño-trinitarias) que se desenvuelve en base al uso, acceso y aprovechamiento de los bienes del bosque de forma colectiva. Esta forma de econo[1]mía étnica de las comunidades indígenas opera bajo una esfera de economía de subsistencia donde se amalgama otra esfera de economía comunitaria que tiene que ver con el aprovechamiento sostenible del bosque con fines de vinculación comercial. 5 Villa Tunari es un importante centro (urbanizado) ubicado en el Chapare (Cocha[1]bamba) y San Ignacio de Moxos se encuentra en el Departamento del Beni, conectan[1]do la región subtropical con la macro región amazónica de Bolivia. 124 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina Por otro lado, se manifiesta una lógica económica que tiene ba[1]ses materiales en la economía de producción de hoja de coca que es impulsada, como ya indicamos, por los colonizadores andinos, quechuas y aimaras, quienes migraron a la región como fruto del programa de ocupación a “tierras bajas” del Estado nación popu[1]lista post ‘52 y que se desenvuelve en base al eje: uso y aprove[1]chamiento de los bienes del bosque en forma individual-mercantil (Soto, 2012). Este modelo económico prioriza, en el contexto bos[1]que, un bien mayor: la tierra. Esto es, el Bosque convertible en tie[1]rra cultivable para la hoja de coca. Su producción tiene un destino exclusivamente comercial-mercantil: la venta de coca. Finalmente, estaría la visión del Estado, la que además de las otras dos lógicas mencionadas, a partir de una lógica de “control” territorial y de una visión nacionalista, “desarrollista” y extractivista, ha tratado históricamente de sentar una presencia en el TIPNIS, desplegando diferentes políticas de “ocupación” del territorio. De ese modo, en la actualidad, con el Gobierno del MAS esta visión estatal tomará un nuevo impulso con nuevas características y efectos socio-territoria[1]les, a partir de los que puede identificarse como una política estatal “neo-populista”, “neo-desarrollista” y “neo-extractiva”. Así, las políticas del Gobierno que impulsa la construcción de una carretera, serían parte de una visión de desarrollo que gira en torno a un modelo basado predominantemente en dinámicas de extracción/exportación de materias primas, principalmente de hi[1]drocarburos, así como planes de desarrollo de infraestructura que estarían vinculados a megaproyectos regionales como el IIRSA6. De ese modo el gobierno de Evo Morales, en los hechos, estaría impul[1]sando el desencadenamiento de un modelo económico que termi[1]na expandiendo y profundizando un modelo primario exportador. El conflicto del TIPNIS acaso expresaría exactamente eso: pobla[1]ciones indígenas que rechazan los planes centrales de la política económica extractiva y destructora de su territorio y sus formas productivas y de vida. Asimismo, el discurso del gobierno de Mo[1]rales estaría atravesado por fuertes ambivalencias: hacia afuera presenta una clara dimensión “ecocomunitarista”, llegando a pro[1]poner a las Naciones Unidas una “Declaración de los Derechos de la Madre Tierra”, sobre la base de los principios del llamado Vivir Bien, pero, hacia adentro, reafirma discursos y prácticas na[1]cional-productivistas que están en continuidad con el paradigma extractivista (Svampa, 2010). 6 IIRSA, es la sigla para la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regio[1]nal Suramericana. 125 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias… ¿“Tensiones creativas” en el Estado o disputa por la plurinacionalidad del Estado? En el actual “proceso de cambio” en Bolivia, que tendría como núcleo central el mandato constitucional de construcción del “Es[1]tado Plurinacional, Comunitario y Autonómico” como eje plural de transformación política, económica y territorial de este país, se han posicionado de forma ineludible las discusiones sobre el rumbo que estaría tomando el mismo, que en su período post-constituyente estaría atravesando por un complejo momento de conflictividad, contradicción y hasta de fisura política; situación que se caracte[1]rizaría para algunos autores como momento de crisis del “proceso de cambio” (Tapia, 2011-2013; Vega, 2011; Prada, 2012; Svampa, 2010; Rivera, 2012-2013; Mokrani, 2011), poniendo en el ojo del huracán a las posibilidades reales y fundamentos mismos de des[1]mantelamiento del Estado nación como requisito necesario para la materialización del Estado Plurinacional. En ese marco, García Linera (2012) plantearía hace un años atrás la idea de que el actual “proceso de cambio” en Bolivia es[1]tuvo marcado por ciertas “fases”, en términos del ciclo largo de la época revolucionaria iniciada el año 2000 en el país, de manera que el contenido y movimiento de estas “contradicciones” serían propias de una nueva “fase del proceso revolucionario” (García Li[1]nera, 2012). Bajo esta lectura del actual vicepresidente del Estado boliviano, el “proceso de cambio” se encontraría en una “quinta fase”, la que estaría marcada por la presencia de contradicciones dentro del bloque nacional-popular y por “tensiones” entre los pro[1]pios sectores sociales que protagonizaron el proceso, las mismas que se dieron en torno a cómo llevar adelante el proceso. Serían esas tensiones, según el actual vicepresidente, no sólo secundarias sino “creativas”, ya que podrían “motorizar el curso de la revolu[1]ción” (García Linera, 2012). En ese marco, la lectura de la situación del tan evocado y celebrado “proceso de cambio” boliviano realizada por García Linera (2012), el que caracterizaría por sus “tensiones creativas”, contrastaría fuertemente con las otras perspectivas, que ven el actual momento boliviano como la manifestación de contradicciones, de retrocesos y de una profunda crisis; cuyos principales síntomas serían el distanciamiento o ruptura del Gobierno con algunas organizaciones sociales, principalmente indígenas, y la evidente falta de implementación real del texto constitucional (Mokrani, 2011). Algunas de esas contradicciones podrían ser resumidas de manera general en dos grandes dimensiones: primero, una 126 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina dimensión económica, referida al estancamiento de la nacionalización de recursos naturales (sobre todo hidrocarburos) y su falta de industrialización, así como la persistencia del modelo económico de base neoextractivista y rentista. Segundo, una dimensión política, referida a “la falta de aplicación de los mandatos centrales del texto constitucional y a la cada vez más lejana construcción del Estado Plurinacional, así como la transgresión de principios democráticos y de pluralidad reconocidos constitucionalmente” (Mokrani, 2011: 15). En este escenario, el conflicto en torno al TIPNIS, que explota[1]ría en 2011 y 2012, si bien no fue (y aún no es) el único frente de “tensión” para el Gobierno del Presidente Morales, sobre todo en su segundo mandato y gestión al frente del gobierno boliviano, consti[1]tuiría uno de los más emblemáticos puntos de fisura, dislocación y re-acomodo del actual campo político boliviano pos-constituyente, ya que estaría mostrando las contradicciones profundas y estruc[1]turales que atraviesan el proceso de transformación (¿refundacio[1]nal?) del Estado y un punto de desgarramiento dentro del complejo y sinuoso terreno de reconfiguración de las relaciones entre el Es[1]tado y sociedad(es) en la Bolivia actual. Así, sería, pues, el propio Estado plurinacional el que se encontraría en disputa, por parte de los mismos actores sociales que en la década pasada fueron los protagonistas de su reivindicación y de la querella al “Estado na[1]ción” del que no se sentían parte y que los marginaba, subordinaba o discriminaba. Actores que lograron abrir un proceso constituyen[1]te e impulsaron una nueva constitución para construir una nueva estatalidad, descolonizada y plurinacional, que hoy pugnan frente a un gobierno que no parece avanzar en esa dirección. El Estado plurinacional se habría reducido, así, a decir de Pra[1]da (2013), a un nombre anacrónico, puesto en la frente del Estado nación restaurado, usándoselo más como un símbolo o como parte de una ficción que contrasta con una realidad burocrática, mono[1]institucional, centralista y mononacionalista. Se constataría, pues, que se habrían mantenido no sólo todas las instituciones del Esta[1]do nación, sus prácticas y sus normas, sino que se haría evidente la negación, condena e intolerancia a toda otra forma y espacio de crítica, así como de deliberación, donde se ejerciten la capacidad de definir autónomamente la (auto)gestión de territorios comunitarios y de sus bienes comunes, que estén en contraste u oposición a la “visión” de “desarrollo” y de los “intereses del Estado”, acaso hoy de perfil más bien monológico y neo-colonial que plurinacional y descolonizador, como se habría evidenciado en el caso del conflicto del TIPNIS los últimos años. 127 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias… Re-emergencia indígena y reconfiguración de los movimientos societales en Bolivia En Bolivia, en los últimos cinco años, se encuentra vigente una nueva forma estatal que define un nuevo carácter en la estructura y organización política, económica y territorial del país, en base al reconocimiento de la pluralidad y diversidad de la sociedad, y que tiene como uno de sus núcleos centrales el reconocimiento y cen[1]tralidad de las matrices comunitarias de sus pueblos indígenas y culturas originarias, sobre los cuales históricamente se han erigi[1]do las formas coloniales, modernas y mono-culturales del Estado nación. Esos procesos coloniales, “modernos” y mono-culturales habrían quebrado las totalidades sociales comunitarias preexis[1]tentes, no reconstituyendo nuevas totalidades sociales, dejando un conjunto de procesos y prácticas en condiciones de marginación y desarticulación. En parte, es esto lo que acaba configurando lo que Tapia (2008) llama subsuelo político que es lo que represen[1]tarían los actuales movimientos indígenas, los que “se organizan como crítica, alternativa, ironía y negación de la institucionalidad política del orden social y que por tanto quedan excluidas y no re[1]conocidas” (Tapia, 2008: 84). Son esas formas y procesos moder[1]nizantes los que habrían sido radicalmente cuestionados a partir del ciclo de movilizaciones sociales de la década pasada en Bolivia, a través del proceso constituyente, con la aprobación de un nuevo texto constitucional. En ese sentido, el desafío de construcción de “Estados pluri[1]nacionales” en la región, si bien constituyó un componente cen[1]tral en el contexto y debate sobre la “refundación del Estado en América Latina” (Santos, 2010) implicaría, a la vez, el cuestio[1]namiento de uno de los principios de organización en las formas centrales de la modernidad, que es el Estado nación, así como el reconocimiento de organización política de la pluralidad y el reco[1]nocimiento de una diversidad de formas de autogobierno político/ cultural/territorial que responden a diferentes tipos de organiza[1]ción, producción y reproducción del orden social (Tapia, 2012). En este sentido, la idea de un Estado Plurinacional, reivindicado e impulsado por los movimientos indígenas y campesindios (Bartra, 2010), habría sido concebido y asumido como uno de los principa[1]les componentes del horizonte contra-hegemónico que se habría configurado en la región frente a la nueva arremetida de un capi[1]talismo de despojo en formato “neo-extractivista”, a los supuestos del “desarrollo” y, por ende, a la “modernidad” y (neo) colonialidad del poder (Quijano, 2000). 128 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina En la actualidad se estaría presentando y evidenciando, espe[1]cíficamente en el caso de Bolivia, la re-emergencia de movimien[1]tos de carácter socioterritorial (Fernandes, 2005), principalmente en torno a los denominados conflictos socioambientales (Martínez Alier, 2004), como en el caso del conflicto del TIPNIS, protagonizado específicamente por los movimientos de pueblos indígenas de las Tierras Bajas en Bolivia. Sujetos indígenas que a partir de reivin[1]dicaciones como pueblos, de la defensa de sus derechos colectivos (internacionalmente reconocidos) y derechos territoriales (constitu[1]cionalmente consagrados), retornaron los últimos años, nuevamen[1]te, a poner en cuestión las lógicas y formas políticas desplegadas desde esquemas neocoloniales y aparatos burocráticos estatales y gubernamentales, disputando así los sentidos y orientaciones del llamado “proceso de cambio”, re-configurando radicalmente el cam[1]po político boliviano. En ese sentido, se estarían produciendo dinámicas sociopolíti[1]cas de fisura, recomposición y (re)significación de los movimientos societales en Bolivia, como potencia social y como agentes de des[1]organización y re-organización de estructuras sociales y políticas, que atravesarían la intensa gramática sociopolítica de este país y con resonancia en toda la región. Esas dinámicas de remoción y re-agitación social se estaría expresando en demandas, reivindi[1]caciones y movilizaciones que querellan, impugnan y disputan al Estado, no tanto ya la transformación de sus lógicas y estructuras de dominación política, económica y cultural –lo que se supone habría sido resuelto con el proceso constituyente y la nueva consti[1]tución– sino la defensa y respeto del ejercicio real de sus derechos colectivos y territoriales ya constitucionalizados, así como la efecti[1]va “aplicación” de las transformaciones estatales expresadas en el texto constitucional. Asimismo, se trataría de la exigencia de una reconducción y re-orientación del actual “proceso de cambio”, ha[1]ciendo efectiva la construcción del Estado Plurinacional que garan[1]tice el respeto de sus derechos político-territoriales como pueblos, comunidades y organizaciones indígenas originarias y, en particu[1]lar, de su derecho de autodeterminación. Descolonización y autonomías: entre el Estado y los movimientos indígenas Los actuales esfuerzos en países como Bolivia de transformar la estructura estatal y sacudirla de su peso colonial, neoliberal e im[1]perial, implicaba, según De Sousa Santos (2010), su re-fundación desde abajo para que realmente refleje y represente la diversidad 129 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias… de pueblos, de culturas, de procesos históricos, así como de formas de concebir y ejercer el derecho, la autoridad, la democracia y los imaginarios del Vivir Bien/Buen Vivir. Los mismos representarían esfuerzos realmente históricos, insurgentes y trascendentales, no sólo para esos países de la región, sino para toda América del Sur. A decir de Walsh (2008), América del Sur estuvo viviendo cambios, in[1]novaciones y rupturas históricas, que señalaban y perfilaban nue[1]vas formaciones, construcciones y articulaciones sociopolíticas y epistémicas de Estado y de sociedad, y que fueron resultado y parte de las estrategias de acción y lucha de los movimientos ancestra[1]les, de su insurgencia política-epistémica que abría el camino a la posibilidad de un nuevo horizonte o giro de carácter des-colonial (Walsh, 2008: 132). Estos procesos de transformación estatal con perfil des-colonial, en el caso de Bolivia, tenían la premisa de la descolonización del Estado como condición para la construcción de un Estado Plurinacional, lo que no vendrían sólo de algunos contenidos y enunciados del actual texto constitucional, sino de la potencia y resistencia de los imaginarios y memorias de los pue[1]blos indígenas, originarios y campesinos, acumuladas y latentes durante años y siglos de dominación colonial y que re-emergieron de manera contundente en los últimos ciclos de movilización social y societal a finales del siglo XX. Este horizonte posible de descolonización se habría visibilizado desde la “crisis del Estado nación” que se manifiesta desde el año 2000 en Bolivia y que desde entonces ha venido removiendo las estructuras simbólicas y materiales del campo político boliviano, desorganizando y desestructurando los supuestos e imaginarios de ese Estado nación neocolonial, que encontró como una condición de posibilidad el escenario abierto por el proceso constituyente y la consecuente aprobación de una nueva Constitución el 2009 y en el mandato de construcción de un Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. En ese sentido, como señala Luis Tapia, en países multi-societales como Bolivia algunos procesos no son sólo movimientos sociales, es decir de movilización y acción política de algunas fuerzas con la finalidad de reformar algunas de sus estructuras, sino que también son, en algunos casos, movimiento de sociedades en proceso de con[1]flicto más o menos colonial (Tapia, 2008: 45). Se podría afirmar entonces que, dentro de los intensos momen[1]tos socio-políticos y paradigmáticos “procesos de cambio” estatal que se desarrollaron en la región andina del sub-continente, lo que se podría denominar un proceso “contra-hegemónico” frente a la 130 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina hegemonía del proyecto neoliberal en la región, encontró uno de sus ejes de articulación, construcción e irrupción en los procesos de organización, unificación, crecimiento y despliegue de capacidad de proyecto político que se dio en el seno de las organizaciones in[1]dígenas (Tapia, 2012). En esa lectura, en la década pasada (2000- 2010) asistimos a una época de articulación de horizonte contra[1]hegemónico en Bolivia, que se articula a partir de procesos de uni[1]ficación, movilización y, precisamente, articulación “societal” de proyecto político desde movimientos comunitarios indígenas, que activan y amalgaman a partir de la defensa, luchas y resistencias sociopolíticas y territoriales, una crítica a la continuidad neocolo[1]nial, con la crítica a las estructuras del Estado nación moderno y del capitalismo en su faceta neoliberal. Así, uno de los elementos de ese horizonte descolonizador y, por tanto contra-hegemónico, fue la idea de un Estado Plurinacional y en particular la institución de la autonomía indígena como una pro[1]puesta concreta de materializar la descolonización en la estructura y organización territorial, lo que implicaba romper con el monopolio (y la pretensión del monopolio) de la política presente en toda la histo[1]ria de los “Estados modernos” (Tapia, 2011), esto es, la instauración y desarrollo de una pluralidad de espacios de autodeterminación y formas de autogobierno, es decir de autonomías. Sin embargo, estos últimos años, se habría pasado de un proceso constituyente genera[1]do por movimientos indígenas, en los que éstos estuvieron subordi[1]nados o ausentes, a un período en que las instancias gubernativas y estales tempranamente empiezan a desplegar una política de ex[1]pansión del modelo extractivista sobre territorios indígenas, que, en varios casos, ya contaban con el carácter y condición de autonomía reconocida constitucionalmente. Así, por ejemplo, habríamos pasado a un momento en que se romperá la alianza campesina-indígena en Bolivia expresada en el Pacto de Unidad, lo que será evidente en el caso del conflicto en el TIPNIS. Esto estaría implicando que se aca[1]baron las condiciones materiales e históricas de construcción de un Estado plurinacional y que, después de varias décadas de despliegue de un horizonte contra-hegemónico, se pasará a la articulación de una “condición neocolonial” que define la actual reorganización esta[1]tal en Bolivia (Tapia, 2012). En el actual contexto, un horizonte realmente contra-hegemónico hoy se articularía básicamente en torno a las resistencias comunitarias contra la expansión del modelo neo-extractivista que acaba con los recursos naturales, los territorios y las poblaciones, es decir, que destruye aceleradamente territorios y, por tanto, culturas. 131 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias… Resistencias comunitarias, de base socio-territorial indígena en torno a la defensa de sus derechos de autodeterminación y autogobierno a través de las Autonomías Indígenas. En ese sentido, la ola de expansión del horizonte contra-hegemónico que abrió una “coyuntura fundante” (Zavaleta, 2009) y produjo una asamblea constituyente y reformas del Estado en Bolivia, en la actualidad estaría volviendo a replegarse a los núcleos de resistencia indígena frente al capitalismo neo-extractivista impulsado, paradójicamente, por un gobierno autoproclamado como “indígena” “representante de los movimientos sociales” y/o “anticapitalista”. En ese escenario, lo que se habría puesto en evidencia con el conflicto del TIPNIS y la clara postura del gobierno actual, serían lógicas y formas de negación y bloqueo del sentido profundo y del carácter mismo de la autonomía indígena establecida en la Cons[1]titución Política del Estado (CPE), que recoge el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, y que establece y desarrolla disposiciones concretas sobre el derecho fundamental de los pueblos y naciones originarias a su autodeterminación, señalando de forma expresa la necesidad de ejercitar la Consulta Previa a pueblos y comunidades sobre cualquier tipo de actividades por parte del Estado en sus te[1]rritorios. Este principio y mandato es el que, en el caso del TIPNIS, y acaso no sólo ahí, se habría vulnerado, al no haberse realizado un verdadero, consensuado y transparente proceso de consulta (pre[1]via, libre, informada y de buena fe) como establecen la normativi[1]dad correspondiente, desconociendo así las organizaciones históri[1]cas y representativas de los pueblos indígenas de esta región. Por otra parte, el artículo 289 de la actual Constitución boli[1]viana define la Autonomía Indígena Originaria Campesina (AIOC) como “el autogobierno de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, cuya población comparte territorio, cultura, historia, lenguas, y organización o instituciones jurídicas, políticas, sociales y económicas propias” (CPE, Art. 289). Como oportunamente seña[1]la Xavier Albó (Albó y Romero, 2009), el artículo 291-I precisa que tienen ese rango “los territorios IOC y los municipios y regiones que adoptan tal cualidad”. Tanto esta autonomía, como las entidades territoriales que la ejercen, tienen sus particularidades derivadas del artículo 2 que es fundacional para la nueva CPE, el que es[1]tablece que: “a la luz de este artículo, en este caso no se trata de algo “otorgado” por el Estado a estos pueblos y naciones, sino de un derecho previo pero ignorado o arrebatado, que el Estado recién reconoce y garantiza” (Albó y Romero, 2009). 132 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina Así, en relación a las autonomías indígenas en Bolivia se estaría produciendo y operando, por parte del mismo Gobierno, un retro[1]ceso, en todo lo que se habría logrado avanzar después de años de lucha de los pueblos y naciones indígenas y originarias en este país por lograr el reconocimiento pleno de su derecho de autodetermina[1]ción y demás derechos colectivos relacionados, en este caso expre[1]sado en las autonomías indígenas. Así, con la violación de los sen[1]tidos de la “autonomía indígena”, no sólo se estarían vulnerando y negando los derechos de las naciones y pueblos indígenas, sino los así llamados derechos de la Madre Tierra, alejando del horizonte la posibilidad de avanzar hacia el Vivir Bien, como imaginario de post-desarrollo basado en matrices culturales y cosmovisiones co[1]munitarias, así como la transformación y democratización misma del Estado en este país. Autonomías indígenas en los escenarios de (des) plurinacionalización y de (re) plurinacionalización del Estado Boaventura de Sousa Santos (2010), a partir de un análisis comparativo sobre los procesos de cambio estatal en Bolivia y Ecuador, como dos de las manifestaciones más emblemáticas de cambio político en el continente, señalaba que los mismos mostraban la emergencia de paradigmas de construcción alternativa de carácter civilizatorio como respuesta a la profunda historia de dominación colonial, moderno-eurocéntrica y capitalista en el Sur del mundo. De Sousa Santos identificaba como una de las dimensiones del actual contexto latinoamericano el haberse finalmente abierto un debate civilizatorio que hoy, debido a la eficacia de las luchas de los pueblos indígenas, estaría presente en la agenda política y se manifiesta a través de “dualidades” complejas ancladas en universos culturales y políticos muy distintos (Santos, 2010). Para De Sousa Santos ya no se trataría sólo de diferencias culturales presentes en el seno de cualquier universo civilizatorio, sino de diferencias culturales entre universos civilizatorios distintos. Así ejemplifica algunas de las dualidades: ¿recursos naturales o Pachamama?, ¿desarrollo o Buen Vivir/Vivir Bien?, ¿tierra para reforma agraria o territorio como requisito de dignidad, respeto e identidad?, ¿Estado nación o Estado plurinacional?, ¿sociedad civil o comunidad?, ¿ciudadanía o derechos colectivos?, ¿descentralización/desconcentración o autogobierno indígena? (Santos, 2010). Además de estas marcadas dualidades en el actual periodo del llamado “proceso de cambio” en Bolivia, estaríamos en una fase de “separaciones” que ocurren en un período de despliegue de unas políticas cada vez más represivas 133 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias… por parte de las nuevas burocracias estatales que llegaron al poder producto de las olas de movilización indígena. Así, siguiendo a Tapia (2011), hoy el gobierno boliviano en realidad mostraría una faceta “contrainsurgente” y estaría dirigiendo su política contra las fuerzas que hicieron posible su acceso al gobierno, a través de un sistemático discurso anti-indígena y una defensa dogmática de una modalidad del capitalismo extractivo que reedita los períodos de dominación colonial y expansión imperialista previos, por lo que estaríamos en un período de gobiernos neocoloniales que definiría la reorganización estatal, en particular en Bolivia. Dualidades y separaciones parecerían, entonces, estar marcan[1]do con particular tirantez y conflictividad la coyuntura del “proceso de cambio” en Bolivia, evidenciando los complejos terrenos en los que se debate y disputa la transformación re-fundacional del Esta[1]do y su construcción plurinacional. En ese marco, las actuales aris[1]tas que presenta el “proceso de cambio” en Bolivia, si bien girarían alrededor de algunas dualidades, como sugiere De Sousa Santos (2010), y/o de separaciones, como plantea Tapia (2011), también lo harían en torno a “paradojas” que tienen que ver con las formas en que se desarrollan las disputas por los sentidos de la plurinaciona[1]lidad. Una de esas paradojas, tal vez la más contrastante, a decir de Prada (2013), es la que tiene que ver con la continuación expansiva del modelo extractivista; renunciando o relegando el propio princi[1]pio del Vivir Bien y la construcción misma del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. Estaríamos asistiendo, pues, a un momento y espacio de dispu[1]ta por el ejercicio de la autonomía indígena, y la implementación de plurinacionalidad misma, en el “proceso de cambio” en Bolivia y quizás en toda la región, que acaso estaría marcando escenarios de crisis en estos procesos, que bien podrían connotar retrocesos y fragmentación para las energías sociales y potencias transforma[1]doras inscritas en los mismos. Este escenario, asimismo, podría plantear posibilidades de re-orientación y re-significación hacia los principios propuestos por esas energías y potencias sociales que, en el caso de Bolivia, esta contundentemente definido por la necesaria transformación plurinacional y descolonizadora del Estado como una pieza fundamental dentro del horizonte de pos-capitalismo y emancipación en América Latina. En ese sentido, las reivindicacio[1]nes y resistencias, y las luchas por las autonomías indígenas, como las que se presentan en Bolivia, no pueden entenderse separadas de procesos de descolonización social y de la superación de los es[1]quemas legados y proyectados desde el Estado nación. 134 Pueblos Originarios en lucha por las Autonomías: Experiencias y desafíos en América Latina Esto es lo que se habría asumido y recogido en la nueva Cons[1]titución; la misma que, no obstante, encuentra sus límites en el mismo Estado nación que pretende superar, y que contradice no sólo los contenidos comunitarios y descolonizadores de parte fun[1]damental del propio texto constitucional sino el alcance de posibi[1]lidad de construcción de alternativas sociales a los modos de acu[1]mulación, explotación y dominación capitalista actual. Sin embar[1]go, esas formas alternativas de entender y practicar el territorio, en la realidad de otro tipo de relaciones sociales y con la naturaleza, otras formas de entender y realizar la producción, siguen presen[1]tes en las comunidades y en sus reivindicaciones, resistencias y construcciones autonómicas, en su lucha por ejercer su derecho de autodeterminación y en la defensa de sus territorios y sus formas de vida. 135 Disputa por la autonomía indígena y la plurinacionalidad en Bolivia: Resistencias comunitarias…

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