Introducción a la traducción inglesa de «Sobre el poder destituyente»

Cuando en «Hacia una teoría de la potencia destituyente» Agamben dice «no un poder, sino justamente, yo diría, una potencia puramente destituyente», parece evidente su interés por mantener firme la diferencia terminológica entre «poder» y «potencia» y, además, por modificar o incluso apartarse del aporte de Mario Tronti en su entrevista «Sobre el poder destituyente [potere destituente]».



Idris Robinson / Introducción a la traducción inglesa de «Sobre el poder destituyente» de Mario Tronti

 


El 21 de mayo de 2022, el sitio web estadounidense Ill Will publicó una traducción inglesa de la entrevista a Mario Tronti por Adriano Vinale «Sobre el poder destituyente» (2008), uno de los primeros documentos en que se trata de romper con la línea instituyente y constituyente de los cambios políticos radicales al proponer una línea puramente destituyente. Con este motivo, Idris Robinson redactó la siguiente introducción que un lector de Artillería inmanente hizo el favor de traducir al castellano y que aquí se comparte.
Para esta traducción castellana, es importante tener una consideración terminológica importante: el término inglés power puede significar dos términos distintos en las lenguas romances: poder y potencia. Aunque algunos autores de habla inglesa han tratado de distinguir la idea de potencia con el término potential, a la hora de traducir el término italiano potenza destituente de Giorgio Agamben ha resultado más lógico traducirlo como destituent power (menos veces como destituent potential), lo que se constata desde su primera traducción en 2014 en «What is a Destituent Power?» que traduce los «Elementos para una teoría de la potencia destituyente» de 2013.
Cuando en «Hacia una teoría de la potencia destituyente» Agamben dice «no un poder, sino justamente, yo diría, una potencia puramente destituyente», parece evidente su interés por mantener firme la diferencia terminológica entre «poder» y «potencia» y, además, por modificar o incluso apartarse del aporte de Mario Tronti en su entrevista «Sobre el poder destituyente [potere destituente]».
Sin embargo, a lo largo de esta introducción de 2022, Idris Robinson mezcla en inglés las dos nociones de «potencia destituyente» y «poder destituyente» en el término único destituent power. Puesto que su autor de referencia es Mario Tronti y su potere destituente, nos pareció necesario conservar la traducción de «poder destituyente» a lo largo del texto. Sin embargo, por momentos parece referirse también a la conceptualización de Agamben sobre la idea de «potencia destituyente».

 

Con gran satisfacción les presento la tan esperada traducción al inglés de la entrevista de Mario Tronti del 2008 sobre el poder destituyente. En mis diversas reflexiones sobre el tema, me he referido a Tronti de forma bastante exagerada como «la piedra angular del operaísmo», «el parangón del marxismo italiano» e incluso «la última encarnación viva del propio comunismo».1 A pesar de mi predilección por la hipérbole, estos términos exagerados de aprecio pretenden aludir a la forma en que Tronti tiende, al menos en cierta medida, a verse a sí mismo; es decir, como un hombre de otra época, atrapado en una era ajena y hostil.2
Entre los muchos méritos de sus intervenciones más recientes, hay un valor menospreciado en su voluntad de reconocer la derrota y el fracaso predominante que han acompañado a las últimas cinco décadas de triunfo del capitalismo neoliberal. Así, en contraste con el vacío eslogan antiglobalización, Tronti debería ser reconocido por haber tenido la audacia de decir: «No estamos ganando», y por reunir la valentía para reconocer la pérdida como lo que realmente es. A veces, el gesto más radical consiste en el simple rechazo a buscar un aspecto positivo dentro de las circunstancias que no pueden engendrar más que miseria y angustia. Como dijo una vez otro compañero italiano, «El marxismo no es la doctrina de las revoluciones, sino la de las contrarrevoluciones: todos saben orientarse a la hora de la victoria, pero pocos son los que saben hacerlo cuando la derrota llega, se complica y persiste».3 Con un espíritu similar, el poeta Sean Bonney argumentó de forma convincente que, aunque resulte paradójico, la revuelta no coincide necesariamente con lo verdaderamente revolucionario. Ya sea en Italia tras los años de plomo o en los Estados Unidos tras nuestro caluroso verano pandémico, Bonney nos insta a rechazar una falsa sensación de comodidad y, en cambio, proporcionar «poderosos relatos de la dolorosa vuelta al capitalismo de siempre, después de la intensidad de la agitación social» y de la «agonía del “yo” colectivo que vuelve gradual y dolorosamente a su individualidad a medida que la sublevación es derrotada».4 En definitiva, aunque suene extraño, hay un impulso emancipador en la crónica del modo en que la contrarrevolución llega a reconquistar nuestro ser físico y psíquico con sus armas de soledad y melancolía. Este planteamiento fue confirmado por el propio Marx, cuando afirmó en su célebre carta de 1843 a Ruge que «y si, sin embargo, no dudo del presente, se debe, exclusivamente a que su desesperada situación me colma de esperanza».5 En consecuencia, podemos considerar las conjeturas de Tronti sobre el potencial de destitución, como un esbozo preliminar para la movilización de precisamente este tipo de desesperanza, un anteproyecto de lo que Walter Benjamin llamó una vez «la organización del pesimismo».6
Entre las muchas y valiosas reflexiones que contiene la entrevista, quiero destacar cinco rasgos característicos que Tronti atribuye a cualquier configuración posible de un poder destituyente.

 

1.

 

Un conocimiento exacto y profundo del tiempo conduce a una concepción dual de la humanidad, ya que el conjunto de atributos asignados anteriormente a los dioses es alcanzable mediante un estudio profundo de uno mismo, y tal estudio no es otra cosa que la humanidad creyendo en la humanidad. (Velemir Khlebnikov)

 

El poder destituyente es totalmente antitético al poder constituyente, ya que se niega a buscar cualquier fin, meta u objetivo político. Para Tronti, el ejemplo más emblemático de una política constituyente se encuentra en el movimiento obrero histórico, con su objetivo principal de actualizar el ideal socialista. Mientras que en una fase anterior de la acumulación capitalista podía haber una cierta justificación estratégica para promover el socialismo hasta el nivel de un objetivo constituyente, las condiciones actuales de explotación han dejado obsoleto tal programa político, proporcionando así la justificación incipiente para buscar una alternativa destituyente en su lugar.7
En sus alusiones al «sol del porvenir» y a un «radiante porvenir», Tronti ofrece un sutil guiño a la enigmática crítica del paraíso utópico socialista contenida en la cuarta tesis de «Sobre el concepto de historia» de Benjamin: «Así como algunas flores orientan su corola hacia el sol, el pasado, por una secreta especie de heliotropismo, tiende a volverse hacia el sol que empieza a elevarse en el cielo de la Historia. Quien profese el materialismo histórico no puede sino ingeniárselas para discernir ése, el más imperceptible de todos los cambios».8 El pasaje presenta dos imágenes metafóricas que tenían un profundo significado dentro del movimiento obrero alemán. Como se anuncia en las primeras líneas del antiguo himno del Partido Socialdemócrata Alemán, «Brüder, zu Sonne, zur Freiheit [Hermanos, al sol, a la libertad]», el sol simboliza cómo una política basada en el poder constituyente es esencialmente una política orientada al futuro, siempre mirando hacia una meta inminente de libertad, mientras que la flor —concretamente, el clavel rojo— representa al propio Partido Socialdemócrata cuando se inclina en dirección a una victoria radiante. Para Tronti y Benjamin, sin embargo, esa mirada hacia adelante es la marca del reformismo más vergonzoso. Por ello, la «secreta especie de heliotropismo», mencionada en la cuarta tesis, insinúa una inversión hegeliana en la que el partido histórico volvería su perspectiva hacia «lo que ha sido» en las épocas pasadas. Además, en «Sobre el concepto de historia», se dice que esta mirada retrospectiva forja un vínculo con una concepción del presente que subraya la centralidad de la lucha de clases, de modo que «existe un acuerdo tácito entre las generaciones pasadas y la nuestra».9 Es precisa y exclusivamente en la lucha, aquí y ahora, donde Tronti ubicará la potencia del poder destituyente: dado que el realismo capitalista nos ha despojado de cualquier capacidad de imaginar un futuro sin opresión, es menos probable que las falsas promesas sobre el mañana nos seduzcan para posponer el conflicto para otro día.

 

2.

 

Que mis miserables huesos sean enterrados / en un cementerio sin nombre en Sverdlovsk. / Porque allí yacen mis amigos / con sus perfiles en mármol y rosas. / En campos de nieve azules ácido / cayeron con plomo en sus cráneos / estos soldados de primera línea de la Perestroika. (Boris Ryzhy)

 

El surgimiento del poder destituyente es concomitante con la desaparición del sujeto moderno. Esta afirmación se desprende de un extraño giro que se produce dentro de una narrativa genealógica demasiado familiar: Tronti eleva al tradicional trabajador proletario por encima de su clásico papel de sujeto político, presentándolo como la cúspide de la subjetividad como tal. Partiendo de las primeras etapas de la modernidad, cuando el pensamiento especulativo comenzó a reflexionar sobre la subjetividad individual como concepto filosófico abstracto, observa una progresión histórica que acabaría culminando con el sujeto colectivo, social y político encarnado en la pertenencia de clase del trabajador asalariado. Sin embargo, a pesar de su barniz socialista, la historia que relata corrobora tácitamente la conexión histórica del poder constituyente con la misma época que dio origen al Estado burgués.
El problema no es simplemente que el poder constituyente haya permanecido irremediablemente ligado al Tercer Estado desde la época del abad Sieyès, sino también que, incluso bajo su apariencia socialista, se ha vaciado de su relevancia anterior, habiendo demostrado ser cada vez más deficiente a la hora de plantear aspiraciones capaces de impulsar a las masas explotadas. No es casualidad que el anticuado ideal socialista se haya desvanecido del imaginario popular en el mismo momento en que desapareció también el sujeto obrero convencional, que se esforzaba por su materialización concreta.
Dado su tormentoso pasado, vale la pena señalar que, en sus críticas al poder constituyente, Tronti se dirige sin duda al uso más sofisticado y actualizado que hace Antonio Negri del término en su El poder constituyente de 1992.10 Para Negri, el eclipse del movimiento obrero histórico inaugura una fase de desarrollo que recién hoy revela la verdadera dimensión de la subjetividad de la clase obrera y la potencia de su poder constituyente. Por el contrario, para Tronti, la etapa actual de acumulación capitalista marca el fin de un sujeto capaz de actualizar ese proyecto constituyente positivo. Dicho de otro modo, los dos pensadores difieren drásticamente en la forma de leer el terreno inaugurado por la llamada «tercera revolución industrial».11 El primero ve favorablemente la desindustrialización del proceso laboral como la recomposición de la clase obrera en un sujeto más formidable, dotado del conocimiento y la sociabilidad propios de la producción inmaterial. Tronti por su parte, considera este inconveniente como la extrema fragmentación y precarización del trabajo, que arroja al asalariado a un tenue estado de precariedad. Es más, si la subjetividad debe juzgarse en términos de agencia política, entonces, según cualquier medida cuantitativa o cualitativa de la lucha de clases, la clase obrera tradicional ha salido del escenario histórico.12 En su lugar, lo que queda no es otra cosa que los restos de las víctimas de la «perestroika» o, en términos del sector de la autonomía, de la «reconstrucción».
En medio de tan sombrías circunstancias, Tronti logra, sin embargo, encontrar un hilo rojo: superar la clase obrera obsoleta también «significa conservar la esencia de su método, el movimiento de su política».13 En la desaparición de la figura del trabajador localiza una inversión dialéctica implícita, digna del conocido aforismo de Sun Tzu: «Por muy críticas que sean la situación y las circunstancias en las que te encuentres, no desesperes de nada; es en las ocasiones en las que todo es de temer cuando es necesario no temer nada». Una vez despojados de sus dimensiones subjetivas y constitutivas previas, los explotados y los excluidos pueden ahora desatar su verdadero y absoluto poder destituyente sobre el orden actual de las cosas. De esta manera, los proletarios pueden finalmente obtener la capacidad de enfocar su lucha directamente contra las condiciones de su explotación, sin dejarse engañar por ilusiones ideológicas utópicas.

 

3.

 

¡Camaradas! / ¡A las barricadas! / Yo digo: Barricadas del alma y del corazón / Yo digo: Sólo es comunista verdadero / aquel que quema los puentes de la retirada… / ¡Arrancad lo viejo del corazón! / Las calles son nuestros pinceles / Paletas nuestras plazas… (Mayakovski)

 

La teorización del poder destituyente siempre se ha derivado de la experiencia de la revuelta concreta. Esto ha sido así desde sus inicios, cuando el término fue acuñado por el colectivo de investigación militante, Colectivo Situaciones, en su análisis del levantamiento argentino de diciembre de 2001. Asimismo, Tronti también relaciona el poder destituyente con la rebelión concreta, pero amplía su alcance para abarcar una secuencia más amplia de revueltas. Por ejemplo, considera el levantamiento de masas en Argentina en 2001, pero lo compara con el contragolpe que estalló en los barrios de Caracas en 2002, la militancia dirigida del Bloque Negro en Seattle en 1999 y en Génova en 2001; por último, dedica una atención considerable a los disturbios que sacudieron las banlieues parisinas en 2005. Desde esta perspectiva más amplia, es capaz de profundizar en el concepto distanciándolo aún más de las trampas institucionales del poder constituyente.
En su evaluación de la rebelión en los suburbios de París, Tronti detecta la perspectiva de nuevos métodos de lucha, pero también admite que estos estallidos de frustración siguen mostrando debilidades, propias del clima de derrota y descomposición proletaria imperante. De hecho, en los últimos años nos hemos acostumbrado a ser testigos de cómo los levantamientos se convierten en repentinos estallidos de desesperación que acaban agotándose. De la misma manera que los grandes partidos socialistas canalizaron en su momento el poder constituyente contenido en el movimiento obrero histórico, Tronti sostiene que es necesaria alguna forma de organización para una nueva política destituyente de impacto comparable. En consecuencia, su reiterada insistencia en que la organización es el único ámbito del poder, la fuerza y la potencia, conduce al dilema más crucial que se aborda en la entrevista: la paradójica incoherencia entre las masas y su organización, la espontaneidad y la actividad dirigida. Es decir, por un lado, la naturaleza rebelde del poder destituyente significa que es propenso a erupciones inesperadas; sin embargo, por otro lado, la planificación calculada es la única opción para aprovechar su máximo potencial. Dado que el problema candente de la relación entre espontaneidad y organización nos acompañará probablemente hasta que una revolución mundial tenga pleno éxito, Tronti se abstiene de proponer respuestas apresuradas, dejando la solución a la espera de su verificación en el laboratorio de la subversión.

 

4.

 

Me llamo J-A-Z-R-A / Aquí soy ilegal, a pesar de la izquierda / Nací en el crepúsculo de Occidente / Y esta noche es simplemente espléndida / Para romper cabezas de fascistas. (Jazra Khaleed)

 

La política del poder destituyente se distingue del enfoque constituyente tradicional por permanecer irreconciliablemente en desacuerdo con la búsqueda de reformas graduales. Una vez más, el movimiento obrero histórico bajo la dirección del liderazgo socialista es el que mejor exhibe el camino de las reformas graduales. Aunque profesaba ambiciones utópicas a largo plazo, el enfoque socialista era, de hecho, una búsqueda principalmente pragmática de logros inmediatos y secundarios como los derechos de sufragio, los aumentos salariales y la mejora de las condiciones de vida. Sin embargo, en el diagnóstico de Tronti, el progreso percibido de la reforma paso a paso no es más que una jaula un poco más cómoda que impide a la clase obrera alcanzar su objetivo revolucionario. Lo que las armas de la crítica exponen en la ideología reformista, es cómo opera asegurando una ganancia comparativamente pequeña, a cambio de una pérdida mucho mayor y más devastadora.
De forma un tanto irónica, Tronti vuelve a las páginas de las reflexiones de Marx sobre la oleada revolucionaria de 1848, no sólo para ayudar a desarrollar la anterior crítica al reformismo, sino también para dar unas breves pistas sobre el carácter putativo de una forma organizativa evidentemente nueva. Sobre todo, la lección inmediata que se desprende de su interpretación de Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850; que el poder destituyente madura y consolida su propia potencia, discerniendo más claramente su objetivo, en su ataque al orden existente. Sin embargo, mientras que la contrarrevolución se entiende típicamente como un oponente externo, él afirma de forma contraintuitiva que en realidad es engendrada por el progreso revolucionario del partido insurreccional. La idea se remonta a la descripción del conflicto de clases en su clásico de 1966, Obreros y capital: mientras que la patronal intentará atrapar a los explotados dentro de la supuesta objetividad de la esfera económica, la clase obrera lucha por conseguir una autonomía subjetiva que divide al capital y al trabajo en dos campos antagónicos. Del mismo modo, un movimiento de hoy puede madurar hasta convertirse en un poder destituyente organizado sólo si se promueve una fractura similar que dé lugar a un enemigo de clase distinto y, con ello, a una nueva forma de contrarrevolución.

 

5.

 

El sol naranja rueda por el cielo como una cabeza cortada, una luz delicada se enciende en los desfiladeros de las nubes, los estandartes del ocaso ondean sobre nuestras cabezas. El olor de la sangre de ayer y de los caballos muertos gotea sobre el fresco del atardecer. (Isaac Babel)

 

La fuerza del poder destituyente precipita una ruptura en el orden de las cosas que da lugar a estados de excepción, guerra civil e ingobernabilidad. A medida que las hostilidades entre el partido de la insurrección y el partido del orden, la revolución y la contrarrevolución, se desarrollan y maduran, Tronti prevé una transición de la guerra civil en todo su esplendor, a una condición de desorden absoluto. Objetando implícitamente las formulaciones de Giorgio Agamben sobre la guerra civil mundial y los estados de excepción, Tronti sostiene que la reciente era neoliberal se ha caracterizado, en cambio, por el asfixiante reino de la normalidad. En un artículo de 2009, insiste en que el orden mundial se caracteriza más bien por una estabilidad democrática imperial, una pax americana: «En contra de lo que se oye a menudo, sobre todo desde sectores progresistas, niego que en la fase actual estemos viviendo la centralidad de la guerra. Me parece que este énfasis actual en la paz-guerra es totalmente desproporcionado. Todas las guerras tienen lugar en las fronteras del imperio —en sus fallas críticas, podríamos decir—, pero el imperio vive internamente su nueva paz, aunque no sé si también durará cien años. Es en esta condición de paz interna y guerra externa donde la democracia no sólo se impone, sino que experimenta un triunfo rotundo».14 El único medio posible para invertir el funcionamiento rutinario del imperium global es organizar un poder destituyente capaz de producir un enemigo diametralmente opuesto, y provocar así un choque tan furioso que dé paso a una situación completamente inmanejable, incontrolable e ingobernable. En este sentido, no es en absoluto una coincidencia, sino más bien una confirmación, que después de tres años de disturbios generalizados y levantamientos recurrentes, la guerra vuelva a estrellarse a las puertas de Europa. Sin embargo, la directriz sigue siendo la misma que cuando la guerra amenazaba con hundir el continente: ¡transformemos la guerra imperialista en una guerra civil!

 



1 Véase, por ejemplo, «There is No Unhappy Revolution», Red May 2021, 26 de mayo de 2021, 36:28. En línea aquí: https://www.youtube.com/watch?v=BP1h4jOBPmw.
2 Mario Tronti, «Nuestro operaismo», New Left Riview 73, (2012), en línea aquí: https://newleftreview.es/issues/73/articles/mario-tronti-nuestro-operaismo.pdf; Mario Tronti, «Sono uno sconfitto, non un vinto. Abbiamo perso la guerra del ‘900», entrevista de Antonio Gnoli, 2014, en línea aquí: https://www.repubblica.it/cultura/2014/09/28/news/mario_tronti_sono_uno_sconfitto_non_un_vinto_abbiamo_perso_la_guerra_del_900-96906364/.
3 Amadeo Bordiga, «Informe detallado de la reunión de Nápoles del Partido Comunista Internacional — 1 de septiembre de 1951», Lecciones de las contrarrevoluciones. En línea aquí: https://laizquierdaitaliana.blogspot.com/2011/09/lecciones-de-las-contrarrevoluciones.html.
4 Sean Bonney, «Rimbaud and the Paris Commune», en the commune, 19 de mayo de 2010.
5 Karl Marx a Arnold Ruge, mayo de 1843, Los Anales franco-alemanes. En línea aquí: https://historiaycritica.files.wordpress.com/2016/04/karl-marx-y-arnold-ruge-anales-franco-alemanes-deutsch-franzc3b6sische-jahrbc3bccher-febrero-1844.pdf.
6 Walter Benjamin, «El surrealismo. La última instantánea de la inteligencia europea», en id., Obras. Libro II/vol. 1.
7 Para más información sobre el declive del reformismo socialista en el contexto de la ofensiva neoliberal de las últimas décadas, véase Gilles Dauvé y Karl Nesic, «Whither the World».
8 Michael, Low y, Walter Benjamin: Aviso de incendio. Una lectura de las tesis «Sobre el concepto de historia», Fondo de Cultura Económica, 2003. En línea aquí: https://proletarios.org/books/Lowy_Benjamin-Aviso_de_incendio.pdf.
9 Id.
10 Éste es uno de los muchos desacuerdos entre los dos que se remontan a la disolución de la revista Classe Operaia en 1967, lo que supuso el fin de su asociación colectiva en las actividades teóricas. Véase Steve Wright, Storming Heaven: Class Composition and Struggle in Italian Marxism, Pluto Press, 2002, pp. 221-225.
11 Antonio Negri, «Interpretation of the Class Situation Today: Methodological Aspects», en Werner Bonefeld (ed.), Open Marxism. Volume 2: Theory and Practice, Pluto Press, 1992, §4-5, 8, 10, 12 y 17.
12 Sobre este punto, véase Aufheben, «From Operaismo to Autonomist Marxism». En línea aquí: https://libcom.org/library/operaismo-autonomist-marxism-aufheben-11.
13 Mario Tronti, «Popolo». En línea aquí: https://centroriformastato.it/popolo/.
14 Mario Tronti, «Para la crítica de la democracia política», en línea aquí: https://sangrre.com.ar/2019/05/31/para-la-critica-de-la-democracia-politica/. Véase también Idris Robinson, «La revuelta eclipsa todo lo que sea que el mundo tiene para ofrecernos: Entrevista por Gerardo Muñoz». En línea aquí: https://revistadisenso.com/idrisrobinson/.