Las venas abiertas de Latinoamérica. “Las Rutas Del Saqueo”

Hoy vivimos en todo el continente una embestida acelerada de las fronteras extractivas. Las dictaduras que se abatieron sobre nuestra región en las décadas del ’60 y ’70 prepararon el terreno, desarticulando posibles resistencias y endeudando a los pueblos para desarrollar obras de infraestructura logística y energética necesarias para la inserción de la región latinoamericana en la economía internacional. Fueron, sin embargo, los gobiernos civiles, de todos los colores, quienes integraron fuertemente nuestros territorios a las cadenas extractivas.



Las venas abiertas de Latinoamérica. “Las Rutas Del Saqueo”

Asambleas contra las rutas del saqueo

Este 12 de octubre se cumplen 530 años de la primera invasión del continente por la civilización europea, que avanzó en estas tierras abriéndose paso con violencia y manoteando las riquezas que podía. Entre esas riquezas, la energía vital de los pueblos, convertida en fuerza de trabajo, disciplinada por el terror. Los invasores trajeron sus valores y su religión como los únicos aceptables, heredados por las oligarquías criollas que continuaron el saqueo. Pero fue al final del siglo XIX que estas avanzaron sobre territorios aun preservados. Con nuevas tecnologías y con la codicia alimentada por las demandas de las industrias del Norte global, consiguieron arrancar más y más riquezas. 

Hoy vivimos en todo el continente una embestida acelerada de las fronteras extractivas. Las dictaduras que se abatieron sobre nuestra región en las décadas del ’60 y ’70 prepararon el terreno, desarticulando posibles resistencias y endeudando a los pueblos para desarrollar obras de infraestructura logística y energética necesarias para la inserción de la región latinoamericana en la economía internacional. Fueron, sin embargo, los gobiernos civiles, de todos los colores, quienes integraron fuertemente nuestros territorios a las cadenas extractivas.

Esta Iniciativa de interconexión entendía al subcontinente como la sumatoria de cinco islas que debían ser conectadas entre sí: la plataforma del Caribe, la cornisa andina, la plataforma atlántica, el enclave amazónico central y el enclave amazónico sur. Quienes delinearon la IIRSA consideraban que estas islas se encontraban desconectadas a causa de la presencia de barreras naturales, tales como la Cordillera de los Andes, la selva Amazónica, el Río Amazonas, entre otros. Así, el objetivo era desarrollar obras de infraestructura que logren sortear estas “barreras”.

El primer gran proyecto de infraestructura en Sudamérica para la extracción y circulación de riquezas que respondía a la demanda de las cadenas de acumulación fue la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), constituida en el año 2000, en Brasilia, en el marco de la primera Reunión Cumbre de Presidentes Sudamericanos. Este encuentro contó con la participación especial del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). Durante la reunión, y a pedido de Fernando Henrique Cardoso, por entonces presidente brasileño, el presidente del BID, Enrique Iglesias García, presentó un documento en donde se evaluaban los “deficits” de la infraestructura en Sudamérica. Este escrito fue tomado como base para lanzar la IIRSA.

La IIRSA divide al subcontinente en 12 Ejes de Integración y Desarrollo, dentro de los cuales se planteó avanzar con obras viales, de energía y de comunicación que pretenden reorganizar el territorio sudamericano en aras de garantizar una explotación más intensiva de los bienes comunes. Cada eje se pone al servicio de una cantidad de proyectos de explotación, sumando un total de 562 proyectos según el último informe oficial de IIRSA, del periodo 2017. 

Esta propuesta surgió en un contexto de intensas discusiones respecto a la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). La iniciativa se planteó como una réplica del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en dimensiones continentales y tenía como objetivo disminuir las barreras comerciales y tarifarias entre los países de la región, lo cual la convertiría – porque nunca se concretó – en la mayor zona de libre comercio del planeta: de haber salido del papel, el ALCA contaría con una población de 800 millones de personas y un Producto Interno Bruto de más de 11 trillones de dólares. Aun con el fracaso del ALCA, la IIRSA permaneció como pauta, y fue asumida por la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), constituida en 2011, por medio de uno de sus consejos, el Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN). 

A pesar de que la UNASUR se encuentra paralizada desde 2018 -y por ende el COSIPLAN-, los objetivos de la IIRSA vienen siendo implementados fragmentariamente, con otras denominaciones y muchas veces presentados como iniciativas locales y contingentes, de interés de la población de los territorios que impacta. La fragmentación de proyectos de carácter regional es una estrategia política. Es el caso del Programa de Aceleración del Crecimiento, desarrollado durante el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, en Brasil, o el de Argentina Grande, presentado por Alberto Fernández. Y también seguirá ese rumbo la anunciada nueva Ruta de la Seda y la expansión de inversiones chinas.

El conjunto de obras de infraestructura logística y energética, en sus diferentes versiones, ocupan los territorios en carácter colonial, optimizan la extracción y el flujo de riquezas del continente para exportación, y reducen sus costos. Permiten el uso flexible de las tierras para que las cadenas de commodities se instalen y se retiren según sus conveniencias contingentes. Los mega-emprendimientos extractivistas no son rentables sin la infraestructura que asegure su circulación y suministre energía barata o gratuita producida en el mismo territorio. La infraestructura vial reordena los territorios, entendiendo que eso incluye las relaciones sociales y sus subjetividades. 

Así como las ciudades portuarias tuvieron especial importancia durante el período colonial para la organización de los territorios ocupados por las metrópolis. Así como fueron esas ciudades donde se desarrollaron actividades comerciales exportadoras que diseñaron las burguesías comerciales criollas, de especial protagonismo en la formación de los Estados nacionales. Así también los puertos de salida de las commodities en este nuevo modelo de acumulación cumplen un rol protagónico en la circulación de mercaderías extraídas y en la organización de las rutas en el interior de los territorios. 

En el mapa, las “manchas” continuas y discontinuas de cada commodity avanzan y retroceden unas sobre las otras, sin que las fronteras de los Estados nacionales las detengan. Al contrario, los Estados se adelantan a los intereses de los fondos de inversión de diferentes procedencias, adecuando los marcos regulatorios (ambientales, laborales, financieros, de inversión y circulación, así como sus políticas monetarias) para facilitar la integración de los territorios a esas cadenas de commodities. Así, los marcos legales de los países de la región, independientemente de los gobiernos de turno, se van tornando más parecidos.

Los Estados nacionales son los que pagan por la construcción de esas obras de infraestructura, para la que contratan empresas privadas. De manera que su construcción, en sí misma, ya configura una transferencia de recursos públicos para el sector privado.  Las obras benefician a mega-emprendimientos transnacionales, pero son los pueblos los que pagan las deudas de su construcción.

Cada carretera, cada tendido ferroviario, abre una herida en el territorio, confina fauna y flora e impide el enriquecimiento genético de las especies, que así se tornan decrépitas, cuando no, directamente, las extermina.  Cada hidroeléctrica o cada transposición de cursos de agua altera la vida del río y sus márgenes. Cada termoeléctrica, cada campo de producción de energía eólica o solar en escala, destruye el bioma y sus formas de vida, inclusive las de las comunidades humanas. Además, el tendido de transmisión de energía impacta sobre los territorios por donde pasa. Y, lo que es aún peor, abren camino, crean mejores condiciones para la extracción y agotamiento de todas las energías vitales de los territorios atravesados ​​por esas obras. Una vez instaladas, las “manchas”, las fronteras de las mercancías podrán avanzar sobre ellas. 

Muchas regiones han permanecido relativamente preservadas porque faltaban “venas abiertas” para la sangría y “corazones” para bombearla. Evitar que se abran esos canales y esa infraestructura de producción de energía es también poner la vida en el centro de nuestras prioridades. Es necesario denunciar lo que ocurre, visibilizar las problemáticas, integrar las distintas resistencias y luchas regionales, romper los cercos comunicacionales en pós de la defensa de los territorios.  

Si bien hay investigadores científicos y organizaciones no gubernamentales que denuncian los impactos ambientales y sociales de las cadenas extractivas, hay también universidades, centros de investigación y organizaciones no gubernamentales que se integran a ellas. Sea en la producción de innovación y la formación de fuerza de trabajo para las empresas, sea proveyendo de argumentos para convencer a la sociedad de los “beneficios” de su presencia. Y también ofreciéndose como mediadores de conflictos para desarmar la resistencia de los pueblos.

Debido al avance de la “Ruta del Saqueo”, en nuestros territorios nos hemos articulado diferentes asambleas territoriales, de diferentes lugares de Latinoamérica, que se sitúan en distintos puntos dentro de los intereses del mega proyecto extractivista IIRSA/COSIPLAN, donde distintos proyectos ecocidas (minería, agroindustrias, energía, formas de extracción no convencionales, como el fracking y la pesca de arrastre, y la producción de energías renovables, etc.) se pretenden unir mediante una gran carretera  para trasportar hacia China nuestros bienes comunes explotados y saqueados dentro de la marco de lo que se conoce como “La ruta de la seda”. Específicamente esta carretera, ya en construcción, se enmarca en el corredor bioceánico central que va desde el océano Atlántico en Brasil, particularmente con la ciudad industrial de Porto Alegre, pasando por las provincias de Corrientes, Entre ríos, Santa Fe, Córdoba, La Rioja y San Juan en Argentina perforando la cordillera con un gran túnel (Túnel de Aguas Negras), para unirse con el puerto de Coquimbo en el Pacífico.

En este contexto, debemos coordinar acciones ya que comprendemos que las amenazas particulares se enmarcan en un plan mayor de reordenamiento territorial de todo nuestro continente suramericano. Es así que, como en cada  encuentro sostenido, hemos conocido entre todes la experiencia de lucha de cada territorio, desde Mar del Plata por el Atlántico al Valle del Elki por el Pacífico, como también la devastación de nuestros pueblos y ecosistemas y cómo los estados cómplices con grandes empresas trasnacionales son facilitadores de las políticas extractivistas, utilizando estrategias  como el abandono y la precarización de la vida en los territorios, la criminalización a los movimientos sociales que se oponen a los megaproyectos de extracción, la violación sistemática de los derechos humanos y de la naturaleza, el cerco comunicacional y la estrategia de parcialización de los proyectos que generan la infraestructura para la devastación,  presentándolos bajo los mismos discursos desarrollistas de siempre, donde solo los ricos se benefician, dejando  muerte y destrucción para nuestros territorios y nuestra gente.  

El actual modelo de acumulación del capital se organiza por cadenas o redes flexibles, que tienen, en una punta, los fondos de inversión de diferentes procedencias y, en la otra punta, los territorios de la vida que resiste al saqueo. Frente a la lucha para evitar la destrucción, los Estados y las cadenas extractivas quieren amortiguar nuestra resistencia ofreciendo compensaciones monetarias o de otra índole, para así continuar destruyendo, legalizando “zonas de sacrificio”. No le ponemos precio a la vida. Estamos contra el capital y sus emprendimientos de muerte. Vienen por todo. Y buscan aquí complicidades para desarticular las redes que defienden los bienes comunes. Utilizan la desinformación, la descalificación y, unidos a los medios hegemónicos, el desprestigio contra las comunidades y generalmente las mujeres, quienes son las primeras afectadas. Colonialismo y patriarcado se dan la mano. Las asambleas que aquí están reunidas sabemos que nos enfrentamos a todo eso: extractivismo, capital, colonialismo, patriarcado. Pero no nos queda otra: o enfrentamos, o sucumbimos.

  • Asamblea Agüita Pura para San Juan
  • Asamblea Jachal
  • Asamblea Paravachasca
  • Asamblea de Punilla
  • Autoconvocados por el Agua Pura de Tunuyán, Mendoza
  • Asamblea por un Mar Libre de Petroleras de Mar del Plata
  • Unión de Asambleas de Comunidades  (UAC), Argentina 
  • Asamblea Permanente del Comahue por el Agua (APCA) – Neuquén
  • Red Jarilla Plantas Saludables
  • Asamblea en Defensa del Elki
  • Asamblea Socioambiental por el Agua de Gllen Mendoza
  • Asamblea en Defensa del Limarí
  • Asamblea por la Vida de Chilecito, La Rioja
  • Asamblea de las Heras por el Agua Pura, Mendoza
  • Asamblea Cachapoal Leufü
  • Asamblea de Fiambalá

ASAMBLEAS CONTRA LAS RUTAS DEL SAQUEO