La satanización de la rebeldía

La pasada marcha del 12 de octubre en la Ciudad de México convocada por el Congreso Nacional Indígena y organizaciones solidarias hizo visible la cada vez más inocultable realidad que padecen los pueblos indígenas y zapatistas, una cruda guerra que pretende ocultarse y que se mueve de modos muy truculentos. La demostración que se lanzó ese día fue de una digna fuerza rebelde que no solo resiste sino que crea, late y se solidariza con otros pueblos que padecen graves actos ejercidos por el gobierno en todos sus niveles. La marcha en su convocatoria hizo abierta alusión a las y los afectados por la guerra, a las víctimas de ésta, del sistema, del patriarcado.



Tormentas y esperanzas

La satanización de la rebeldía

 

Tamara San Miguel

 
 

La pasada marcha del 12 de octubre en la Ciudad de México convocada por el Congreso Nacional Indígena y organizaciones solidarias hizo visible la cada vez más inocultable realidad que padecen los pueblos indígenas y zapatistas, una cruda guerra que pretende ocultarse y que se mueve de modos muy truculentos. La demostración que se lanzó ese día fue de una digna fuerza rebelde que no solo resiste sino que crea, late y se solidariza con otros pueblos que padecen graves actos ejercidos por el gobierno en todos sus niveles. La marcha en su convocatoria hizo abierta alusión a las y los afectados por la guerra, a las víctimas de ésta, del sistema, del patriarcado.

Las palabras que llovieron en voces de quienes hablaron frente a Palacio Nacional, de las consignas, de los posters que circularon por redes y de los textos y testimonios que han circulado en diversos espacios dan cuenta de una larga lista de irreparables daños, de los efectos de una guerra que sigue agrandando las cifras de muerte y atrocidad y que continúa funcionando bajo la lógica de despojo-despoblamiento que mencionaban lo/as compas zapatistas en el vigente texto de la Cuarta Guerra Mundial.

Este gobierno cada vez deja más claro, pese a la ceguera de algunos, que la militarización, la llegada de grupos del crimen organizado a los territorios indígenas, la drogadicción promovida en jóvenes, los planes de gobierno, la desarticulación de guardias comunitarias, el censo de los pueblos indígenas, las claras estrategias para romper con estructuras comunitarias que no se alinean al gobierno y los partidos políticos, la provocación de pugnas internas en los pueblos y la maniobra de argumentar que los presidentes municipales, auxiliares y gobernadores están pidiendo la instalación de campamentos de la Guardia Nacional forman parte del paquete de control de la 4T. Un paquete que deja ver una obscura intención de acabar con toda disidencia desde las entrañas de los pueblos, desde la vida cotidiana.

Esta serie de actos representan una grave amenaza contra todo/as lo/as que no se venden, no se rinden y no obedecen. La militarización, el militarismo, el autoritarismo, el control social, la contrainsurgencia, todas “cualidades” de la 4T (cuatrote) paradójicamente aún recibe aplausos de quiénes alguna vez se consideraron de izquierda.

Desde arriba se intenta satanizar la rebeldía premiando a “los bien entendidos”, es decir, se comienza a colocar un discurso que pone en positivo todo lo que se debe de denunciar y parar. Negar la narrativa del antagonismo frente a lo que mata y destruye ocultándolo es parte de las estrategias de control. La grave “labor” de criminalización y estigmatización que ésta administración ha hecho de las disidencias, la negación e intención de anular el derecho a disentir abre un campo de batalla: “ellos” arriba buscan criminalizar para centrar la atención en las y los agredidos y culparles mientras desde arriba, desde el Estado, las Multinacionales y el Crimen organizado se despliegan actos criminales que dañan de forma masiva a los pueblos y al medio ambiente. Así la criminalización es una herramienta de evasión de responsabilidad y de ocultamiento de los crímenes de poder ejecutados desde estructuras, de forma sistemática y legalizada. En ese campo, abajo no podemos dejar de nombrar los crímenes y las estructuras criminales, de señalarlos, de investigarlos. La desaprobación social de esas prácticas criminales de Estado/de poder/del patriarcado es urgente trabajarla desde abajo para desnormalizarlas y hacer algo con ellas, acaso justicia, una justicia no Estatal, simplemente porque cada vez es más absurdo esperar justicia de estructuras criminales que han vuelto sistemático el daño a los pueblos y a la sociedad.

La dignidad zapatista tan agredida, tan incómoda y tan potente, la autonomía de los pueblos del Congreso Nacional Indígena y su capacidad de resistir y ser solidario/as, su corazón gigantesco cuyas raíces se cruzan abajo y a la izquierda, que ni con espionajes, ni con guerra son derrotado/as levantan un gran espejo que nos interpela, nos mueve y nos plantea la gran pregunta: ¿Y ustedes qué?