La personalización del régimen chino

Ningún régimen despótico en la historia ha tenido los recursos que tiene hoy China, y la reciente ‘coronación’ de Xi lo convierte ahora mismo en la persona más poderosa del mundo.
Para nosotros se trata de una nueva y moderna forma del estalinismo-leninista que sigue al marxismo cristalizado de expropiación de la potencia social de la Urss y que bien caracterizó Orwell en su libro 1984.



La personalización del régimen chino

El recientemente finalizado XX Congreso del Partido Comunista Chino (PCC) ha escenificado el proceso de personalización del régimen político de la segunda potencia global y la concentración de poder en las manos de Xi Jinping. La transformación en la naturaleza del régimen de China, de un institucionalizado partido único a uno con rasgos más personalistas, debe tenerse en cuenta para entender la proyección del gigante asiático hacia el futuro.

La literatura especializada en autoritarismos ha distinguido tres grandes tipos de regímenes autoritarios: personalistas, militares y de partido único.[i] Una pregunta guía para distinguirlos es ¿Quién toma las decisiones, controla el acceso a los aparatos de seguridad y fuerza, y la identidad del grupo?[ii] En los regímenes de partido único el acceso al poder y el control sobre las medidas gubernamentales están dominadas por un partido con amplia presencia en la sociedad y que se mantiene en el poder, incluso, con cambios de liderazgo. Casos destacados de regímenes autoritarios de partido único son el PRI de México durante el siglo XX y el PCC desde la desaparición de Mao Zedong.

Precisamente, tras la muerte de Mao en 1976, Deng Xiaoping y sus colegas del PCC establecieron mecanismos para prevenir la sobreconcentración de poder, introduciendo límites al ejercicio de cargos y edades de retiro. A su vez, descentralizaron instancias de decisión y establecieron reuniones regulares del Partido y del Comité Permanente del Comité Central del PCC. Este diseño imprimió un cierto aire de dirección colectiva a la etapa de los sucesores de Deng, Jiang Zemin y Hu Jintao, a la vez que aseguraba equilibrios ideológicos al interior del Comité. Sobre todo, esta arquitectura aseguraba procesos de sucesión regulares y premortem -no habituales en sistemas comunistas. Además de tener un impacto institucional, las medidas apuntaban a evitar el culto a la personalidad tras las consecuencias negativas de la maniática propaganda de la Revolución Cultural de Mao. Todo ello ha sido una fuente importante de la resiliencia autoritaria china de las últimas tres décadas, incluso en un contexto de globalización, apertura comercial y salto exponencial de la clase media del país.

Estos contrapesos han quedado severamente mermados el pasado fin de semana. Xi Jinping -de 69 años- fue elegido Secretario General del PCC por tercera vez consecutiva. Adicionalmente, y tras haber cambiado en 2018 la Constitución que le impedía un tercer mandato, se abre ahora la posibilidad de una renovación en la Presidencia del país, sin límites temporales y potencialmente vitalicia. Por otra parte, la elección de los restantes seis miembros del Comité Permanente, todos hombres fieles a Xi, rubrica la desaparición de la dirección colectiva y la eliminación del equilibrio entre corrientes ideológicas en las más altas instancias del partido único. El segundo nivel de decisión política, el Politburó -compuesto de 24 miembros-, también está plagado de seguidores de Xi y no hay ni una mujer por primera vez en 25 años.

 

Xi ha eliminado a sus rivales de posiciones clave para instalar a leales seguidores sin criterios de competencia y ha reforzado el control de todos los aparatos: a partir de ahora los miembros del Comité Permanente y del Politburó deben escribir reportes directos a Xi. Su control sobre el Ejército Popular es incluso mayor que el que tuvo Mao en su momento: en aquel Comité Militar Central coexistían muchos grandes mariscales de la era revolucionaria; hoy en cambio son todos fieles a Xi. Ello se suma al aumento del control, censura y supervisión sobre la sociedad en general, incluyendo las redes sociales.

El cambio hacia un culto a la personalidad y la imposición de una lealtad absoluta a Xi es también notorio. El “Pensamiento de Xi Jinping”, documento que contiene las bases ideológicas del Presidente, forman parte oficial de la Constitución desde 2017. Xi es el único líder, además de Mao, cuya propia ideología alcanzó rango constitucional mientras ocupa el cargo. En la misma línea, algunos miembros del partido han propuesto un nuevo slogan: “Siempre apoye al líder, defienda al líder y siga al líder”, a la vez que divulgan versiones de bolsillo del Pensamiento de Xi e invitan a los partidarios a memorizar su contenido. La propaganda para reforzar la figura del Secretario General y su proyecto de “El Sueño Chino de Rejuvenecimiento Nacional”, es cada día más intensa y comienza a asemejarse a aquella de la Revolución Cultural.

Como nos dice Erica Franz, experta en autoritarismo, este proceso de personalización se traduce en un mayor control sobre el régimen mismo, que se va incrementando con el tiempo y hace más difícil para las élites emprender cualquier desafío a los designios del líder. Por ello, la personalización no viene sin efectos.[iii] Precisamente, por el proceso descrito, es habitual que el líder no sufra las consecuencias de decisiones erróneas. También, los autócratas personalistas normalmente se rodean de seguidores, y no de funcionarios competentes. Aquellos que son tenidos como desleales son rápidamente purgados, transformando poco a poco a los círculos de poder en grupos de fanáticos. A su vez, la falta de necesidad de consensos y balances abren la posibilidad de tomar medidas imprudentes, aplicando políticas que son irresponsables, impopulares o ambas cosas.

En este sentido piénsese en la política de “Cero COVID”, que ha llevado a extensos confinamientos y una escasez generalizada de alimentos y otros artículos básicos en diversas ciudades, mientras que el resto del mundo desarrollado ha aprendido a vivir con la pandemia. De hecho, el responsable del draconiano confinamiento que sufrió Shanghái y sus 25 millones de habitantes durante dos meses, lejos de ser reprendido fue ascendido al Comité Permanente. La política económica de Xi también ha sido errática en los últimos años, enfocándose en la interferencia del PCC en el tejido empresarial chino. No es por casualidad que el Nasdaq Golden Dragon China Index, que sigue a las mayores empresas del sector tecnológico, cayera un 20% tras anunciarse la reelección de Xi. Una decisión del gobierno también generó una grave crisis del mercado inmobiliario, que representa alrededor de un 20% del PIB chino.

A su vez, el proceso de personalización y concentración de poder no viene sin sus riesgos internos. Aunque Xi mantiene un fuerte control sobre el partido a corto plazo, los niveles de descontento van en aumento y la lucha entre facciones no encuentran una válvula de escape. Además, la falta de claridad sobre cuándo y cómo se realizará la sucesión de Xi eleva la posibilidad de inestabilidad del régimen en el futuro.

 

Más preocupante es el hecho que los regímenes personalistas son más proclives a iniciar conflictos transnacionales, pues tienden a tomar decisiones arriesgadas sin temer repercusiones internas. Como bien nos muestra el caso de Putin y la invasión a Ucrania, los dictadores personalistas se rodean de seguidores que se limitan a refrendar sus perspectivas, proveyendo inteligencia sesgada o directamente errónea, llevando a una mala toma de decisiones en materia de política exterior. Un Xi envalentonado por su reelección y sin contrapesos en el partido, bien podría acelerar su militarización de las áreas en disputa del Mar de China Meridional e intentar la invasión de Taiwán en los próximos años.

Con todo, sería un error categorizar al régimen chino como completamente personalista. El PCC -con más de 96 millones de miembros- cuenta con estructuras y mecanismos que no pueden tomarse a la ligera. Sin embargo, el proceso de personalización es creciente y no vendrá sin consecuencias. La agenda futura de Xi se centrará menos en la apertura comercial y el crecimiento económico de décadas anteriores, y más en el desarrollo interno, el control social y una sólida política de seguridad, incluyendo el fortalecimiento del Ejército. Ningún régimen despótico en la historia ha tenido los recursos que tiene hoy China, y la reciente ‘coronación’ de Xi lo convierte ahora mismo en la persona más poderosa del mundo.


*Jurista y politólogo. Creador de Café Pericles

[i] Geddes, Barbara. 1999. “What Do We Know About Democratization After Twenty Years?”. Annual Review of Political Science 2(1): 115-44

[ii] Kendall-Taylor, Andrea, Natasha Lindstaedt y Erica Franz. 2019. “Democracies & Authoritarian Regimes”. New York: Oxford University Press.

[iii] Franz, Erica. 2018. “Authoritarianism: what everyone needs to know”. New York: Oxford University Press.