Wallmapu: Comisión por la Paz y el Entendimiento

Miguel Melin Pehuen, werken (vocero) y fundador de la Alianza Territorial Mapuche, explica la visión mapuche sobre esta cpmisión del gobierno chileno.



Comisión por la Paz y el Entendimiento

 
Miguel Melin Pehuen
 

¿Otra comisión?: Lo que debiera ocurrir frente a los 200 años del Tratado de Tapilwe celebrado en 1825 es la devolución concreta de un piso territorial mínimo como señal de  futuro de ese “entendimiento y paz” 

Como sorpresiva pero sensata ha sido calificada por muchos el anuncio público presidencial en su reciente visita al Wallmapu, sobre la constitución de una “Comisión por la Paz y el Entendimiento”, para abordar la deuda histórica territorial estatal hacia el pueblo mapuche, cuyo mandato según Boric sería  “determinar la demandas de tierras, y establecer plazos, mecanismos y montos para comenzar un proceso de restitución, …”. Lo interesante del anuncio es que abordaría también las “tierras antiguas” confiscadas por el estado antes de la entrega de los “títulos de Merced” (entre 1881 y 1929) ¿estamos en presencia del anuncio de una política estatal orientada específicamente a abordar la deuda histórica territorial con el pueblo mapuche? Pareciera que sí, pero la entrega de esa propuesta de solución con los mecanismos de devolución ad portas del 2025 parece algo lejano como plazo, sobre todo si no se trata de hacer diagnósticos sino de propuestas concretas. Lo que debiera ocurrir frente a los 200 años del Tratado de Tapilwe celebrado en 1825 es la devolución concreta de un piso territorial mínimo como señal para un futuro de entendimiento y paz entre las partes, del Biobio al sur. 

Desde luego, las comisiones -se pueden interpretar- como mecanismos de dilación y cuoteo de nombres, personalidades y egos con los mejores vínculos en el poder, y que corren el riesgo de transformarse en otra de las tantas entretenciones y distractores de los procesos. La presión de los poderes fácticos artífices del antimapuchismo estructural que atraviesa a las élites -y desde ellos hacia la gran mayoría de la sociedad chilena- puede ser otro elemento obstaculizador. Los administradores de los últimos 40 años de neoliberalismo y maestros de los “proyectos concursables” para los “indígenas” como mecanismo “exitoso” de división son actores a los cuales también se debe tener en cuenta dada su incidencia actual. Mientras en paralelo, desde el mundo mapuche que vive en Wallmapu existen las y los expertos vinculados a las comunidades con inserción cultural que pueden representar los derechos e intereses colectivos mapuche sobre el territorio histórico, pero que a su vez representen el sentir de los actores que encabezan los procesos de lucha y resistencia presentes -justamente- en y por el territorio. 

Escuchamos, por vez primera en lo que va de este gobierno, un contenido concreto sobre lo cual encaminar la descolorida noción de “diálogo” barajada en el lenguaje político chileno frente al mundo mapuche del último tiempo. Pero, de nuevo, no se puede pretender usar los 200 años de un tratado bilateral nación mapuche – estado de chile que ratifica una frontera, como para que una Comisión “entregue” o “proponga” fórmulas para la devolución territorial; sino más bien, debe ser una oportunidad para la devolución concreta de un porcentaje importante del territorio histórico confiscado al pueblo mapuche como muestra de seriedad de esa paz y ese entendimiento que hoy son “titulares” de una noticia. Eso demanda convocar y apurar el tranco de los y las que saben y entienden de estas cosas y no de los operadores políticos de siempre para torpedear “desde adentro” posibles avances. Se requiere seguir con atención lo que se vendrá¡

La importancia de la agenda política mapuche en Chile

Chile y la sociedad nacional estatal debe entender que, desde antes de su constitución como estado nacional (o de la nación estatal producto del proceso de chilenización coercitiva), tanto su pasado como su futuro está –para bien o para mal- inevitablemente vinculado a la existencia del pueblo mapuche. Rastros o huellas históricas así lo demuestran, como la propia “variante dialectal chilena” de su lengua “no oficial”, topónimos mapuche por doquier que dan cuenta de su asentamiento sobre tierras mapuche, población mayoritariamente mestiza con sangre mapuche, una guerra de “pacificación” contra Wallmapu a finales del siglo XIX, la existencia allí -hoy- de púberes ciudades de menos de 150 años (frente a más de 200 años de su independencia); y un largo e interminable etcétera presentes en las páginas que muchos historiadores se han encargado de llenar.

Entonces, si Chile y su construcción no se entiende sin la existencia mapuche previa y perenne, y que la llamada “agenda política indígena” es imposible de comprenderla sin esa supervivencia de lucha mapuche ¿cuáles son las conquistas o avances cualitativos concretos a nivel de esa “política indígena” estatal para el mundo mapuche? ¿o será que “lo indígena” termina transformándose en una carga donde la especificidad y la fuerza propia se termina diluyendo? Porque si de avances y conquistas mapuche se trata, ha sido por la vía de los hechos, de la movilización de protesta y la violencia política (restitución de tierras, hogares estudiantiles y becas, programas compensatorios etc.). Entonces, ¿es tiempo de imaginar un deslinde del proceso mapuche respecto de la agenda indígena chilena como pauta normalizada en el marco de la relación con el estado? Después de décadas y décadas del “lenguaje inclusivo” de lo indígena al que se subsume lo mapuche, parece oportuno detenerse a evaluar aquellas perspectivas y expectativas genéricas, desde cada uno de los pueblos en su propia lucha por su supervivencia bajo un estado que ni siquiera los reconoce.

Hay temáticas que por razones coyunturales o momentos políticos álgidos pueden aparecer y perdurar por algún tiempo en la agenda pública y la discusión política “indígena”, pero que frente a otro evento de mayor magnitud e impacto pueden desaparecer y ser sepultados de esa discusión (desde otros grupos de interés); como es el caso de la “plurinacionalidad” luego del plebiscito constitucional de septiembre. Sin embargo, las reclamaciones vinculadas al territorio y demás derechos colectivos mapuche nunca desaparecerán de la agenda pública chilena, donde, de manera explícita o implícita, real, imaginada o tergiversada “… permanecerá a la puerta misma de nuestros hogares, como una perenne amenaza contra la propiedad, la libertad y el orden; …”, como ya lo “pronosticase” El Mercurio en su editorial del 24 de mayo de 1859.

La dirigencia de base territorial mapuche tiene plena conciencia de la especificidad de demandas por los derechos colectivos mapuche. Lo que se requiere para el futuro es matizar aquella pretendida pre claridad con la que un segmento intelectual y dirigencial envuelve esas demandas de un modo casi refinado y a veces cosmopolita con  interpretaciones, marcos analíticos y conceptuales, bajos las cuales, incautos tomadores de decisiones (o fans) terminan tomando malas y equivocadas decisiones; basados en cercanías ideológicas (occidentales) e intelectuales más que en el conocimiento, interacción o vivencia con la realidad y el mapuche rakizuam. 

 

Miguel Melin Pehuen 

Werken y fundador de la Alianza Territorial Mapuche 

Ralipütxa lofmapu

Comunicaciones PuLofMapuXawün