Memoria ancestral y resistencia

Resistencia y proyección del Confederalismo democrático kurdo, la revolución de las mujeres



Memoria ancestral y resistencia

Resistencia y proyección del Confederalismo democrático kurdo, la revolución de las mujeres

Raúl Prada Alcoreza

 

Hay que indagar en la memoria social, la más antigua, la ancestral. Cuando se constituyó la humanidad, no solamente como subjetividad, sino como inmanencia. Esto implica también la trascendencia, pues la inmanencia se comporta como condición de posibilidad subjetiva, interior, en la apertura a la exterioridad. Si la vida es memoria sensible, como dicen los biólogos, entonces todo esto tiene que ver con la memoria, no solamente sensible, sino la memoria social. Entendamos la memoria social como la memoria sensible que se interpreta a partir del lenguaje, que ya contiene la expresión simbólica, la capacidad metafórica y la facultad de la imaginación, que redundan en el desenvolvimiento de la razón concreta, la del análisis y la síntesis. Entonces, podemos hablar de fenomenologías, no solo de la percepción, sino de múltiples fenomenologías en constante devenir.

¿A qué llamamos memoria ancestral? Bueno, al respecto, ya hicimos notar que la memoria, en todo caso, es corporal, también se puede hablar de memoria genética. Entonces, tenemos diferentes maneras de concebir la memoria. Por ejemplo, la memoria sensible se remite a las huellas de las impresiones que contiene la sensibilidad, las sensaciones. En cambio, la memoria genética se remite al programa inscrito en la ADN y en la ARN. Ahora bien, cuando hablamos de memoria social lo hacemos metafóricamente, sin embargo, nos referimos a la interpretación cultural de la experiencia social. Al respecto, la constitución de la memoria cultural supone el lenguaje, la simbolización, la metaforización, la composición alegórica, además del arquetipo del mito, es decir de la narración primaria. Fuera de los mitos y las ceremonias que suponen la pretensión de la incidencia de la comunidad en la interacción con el Oikos.

La memoria social es acumulativa, quizás hasta se pueda hablar de sedimentaciones, pero también es dinámica, la acumulación ocasiona actualizaciones, recomposiciones y transformaciones. Empero, la memoria, en su complejidad, se guarda, aunque no se actualice completamente. En este sentido, podemos referirnos a la memoria ancestral como constitutiva de la integralidad dinámica de una memoria cultural singular. ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad de la memoria social? Hablamos de la memoria cultural. Ciertamente, en primer lugar, el lenguaje. El lenguaje es, a la vez, lo más profundo del ser, para decirlo ontológicamente, así como es la manifestación plena del ser. Es inmanencia y trascendencia. Todo esto supone haberse conformado y constituido e institucionalizado como el sistema dinámico de signos y símbolos, la máquina, por así decirlo, de la comunicación y de la expresión, la fabulosa máquina de la interpretación. Mediante el lenguaje los pueblos se expresan, se comunican y, sobre todo, narran.

La vinculación de un pueblo con su lenguaje es la vinculación imprescindible con su memoria. La experiencia de un pueblo se guarda en la memoria social mediante el uso del lenguaje. Entonces, un pueblo también habita el lenguaje. Se inventa a través del uso imaginativo y creativo del lenguaje. A través del lenguaje el pueblo retorna a sí mismo, a sus momentos constitutivos. Pero, lo hace en un presente, entonces, viaja en los espesores del presente al pasado, pasado que se hace presente. Pasado que se actualiza, que también se renueva, cambia, es decir, se aproxima a lo que fue mediante este viaje regresivo desde un presente. Se puede decir que el pasado se hace presente.

La memoria ancestral es, entonces, un substrato de la memoria social, un substrato fundamental, constitutivo. No hay que confundir la memoria ancestral con la ideología de añoranza de un mito. Esta ideología conservadora responde a intereses políticos del campo político en un presente, en una coyuntura dada; generalmente se trata de algún nacionalismo singular, que busca constituirse en Estado o ser parte del Estado. La memoria ancestral, aunque parezca paradójico decirlo, no es conservadora; es dinámica. Recupera el pasado en su complejidad.

La relación de la memoria ancestral con los otros substratos de la memoria social es también dinámica. Los distintos substratos de la memoria social interactúan, se conectan, hasta se entrelazan; la memoria ancestral puede ser usada, en su complejidad, por los otros substratos de la memoria social, para interpretar la experiencia social. Así también la memoria ancestral puede usar los substratos de las otras memorias sociales, en sus complejidades, para interpretar su propia información guardada. Aquí, en este asunto, debemos hacer una digresión, anotar que no se trata tanto de que se cambia el pasado, mediante este juego y composición constante de los substratos de la memoria social, sino, sobre todo, de lograr mejores comprensiones, entendimientos y conocimientos de la complejidad del pasado. La complejidad como tal es inabarcable e incontrolable, empero se la puede comprender mejor mediante integraciones dinámicas de composiciones interpretativas más abarcadoras.

Se dice que el saber es capacidad de información, de retención de la información y de usar la información práctica y teóricamente, además de anticipación. La memoria ancestral guarda y procesa la experiencia social pasada, sobre todo la constitutiva, hendida en los cuerpos; esta información y esta memoria conforman un saber, que podríamos llamar ancestral, empero, no corresponde, pues se trata de un saber actualizado en un presente. Se trata de un saber que se vitaliza con la memoria ancestral, a su vez, revive el pasado haciéndolo presente. De esta manera hay un vínculo fuerte entre memoria ancestral y resistencia.

No hay que olvidar que las resistencias aparecen resistiendo al poder, a las formas de dominación. Las resistencias son tales, resistencias, porque el poder quiere controlar y dominar la vida en todas sus formas. Hay poder porque hay resistencias que vencer, como dice Michel Foucault. La memoria ancestral, la comunitaria, la ligada a los nacimientos del lenguaje, de la agricultura, al control del fuego, al tejido social y a la circulación y preservación de los bienes comunes, se convierte en resistencia en el saber que la recupera y hace práctica de esta resistencia. Defiende el entramado comunitario y los bienes comunes, que se encarnan simbólicamente en las mujeres.

La resistencia kurda y la revolución de las mujeres

La resistencia kurda emerge de una contra-genealogía del contra-poder en ciclos contra-históricos de larga duración. Se trata de un pueblo, articulado a su memoria ancestral, a través de su lengua, de su cultura, sobre todo de la herencia comunitaria. Se enfrentaron temprano a los imperios expansivos, desde los comienzos mismos de la genealogía de las civilizaciones. Abdullah Öcalam interpretó las resistencias de estructuras de larga duración en Orígenes de la Civilización, en Civilización capitalista y en Sociología de la libertad, además de los dos tomos siguientes que siguieron, publicados todos en la difusión de su Defensa. El gran acierto de Abdullah Öcalan es comprender y entender que la genealogía de las civilizaciones se basa en la larga y permanente guerra contra las mujeres, instaurando el dominio de los hombres patriarcales, los sacerdotes, los funcionarios, los capitalistas, incluso en su perfil antiguo de comerciantes. A partir de esta premisa las conclusiones teóricas no se dejan esperar; la liberación no es posible dentro de la síntesis perversa de las civilizaciones anteriores, que es la civilización moderna. Tampoco, claro está, no es posible la liberación en el marco de las civilizaciones patriarcales, es decir del paradigma mismo de civilización.

La conclusión categórica es que la liberación es posible con la revolución de las mujeres, la muerte del patriarcalismo, de las civilizaciones patriarcales, de su síntesis, que es la civilización capitalista. La liberación de las mujeres libera a los hombres de las dominaciones heredadas y de las dominaciones actualizadas, renovadas y nuevas. La liberación de las mujeres nos libera de la condena del apocalipsis planetario, nos reinserta con los ciclos vitales planetarios, nos devuelve a la vida.

Al respecto de esta larga lucha, de esta larga y profunda resistencia, llama la atención el silencio de las llamadas izquierdas, salvo contadas excepciones, llama la atención la hipocresía de la ONU y de los organismos internacionales, que cierran los ojos y ensordecen al no ver ni escuchar la demanda del pueblo kurdo, al dejar que se pisoteen sus derechos humanos, incluso su derecho a la autodeterminación. Llama la atención que encubran el genocidio del Estado turco, que callen ante las atrocidades cometidas por su ejército, además sean cómplices del apresamiento y mantenerlo en prisión a Abdullah Öcalan, en la isla-prisión Imaral en el Mar de Mármara. Detención y secuestro ejecutado por los servicios secretos de la CIA y el MOSSAD el 15 de febrero de 1999. Lo que demuestra no solo la complicidad de los organismos internacionales y las potencias del Imperio con el genocidio y etnocidio del pueblo kurdo, sino también se devela su más soterrado miedo a las mujeres. Son, por eso, cómplices del feminicidio desbordado en plena decadencia de las ciudades y sociedades de la modernidad tardía.

Otra conclusión de Abdullah Öcalan es que no hay liberación posible dentro del Estado, incluso construyendo el Estado, por eso propone el Confederalismo democrático como alternativa al Estado nación y al orden mundial de las dominaciones. El Confederalismo democrático se basa en el autogobierno del pueblo, en el ejercicio de la democracia, en pleno sentido de la palabra, en la construcción de consensos y en transformaciones consensuadas. En el despliegue y desenvolvimiento vital de las asambleas. Todo esto se sostiene en la revolución de las mujeres, en la liberación de la potencia de la vida.

El Confederalismo democrático convoca a todos los pueblos a salir del círculo vicioso del poder, salir del marco del Estado nación y del orden mundial, que es el imperio de las dominaciones. En consecuencia, conformar Confederaciones de pueblos que desanden el camino de la civilización y recuperen los momentos constitutivos de la humanidad, que tienen que ver con la invención del lenguaje, la revolución agrícola, el saber de la medicina basada en el conocimiento de las plantas, el control del fuego y su retención en el hogar, la invención de la cocina y el ritual de la mesa, que consagra los alimentos y el consumo. Todo esto sostenido en sociedades comunitarias, cuyo tejido social estaba compuesto por la función vital de las mujeres.

Se trata de abolir el paradigma de poder basado en la instauración violenta del patriarcado, una estructura estructurante de las dominaciones, que han atravesado la historia de las civilizaciones. Se trata de lograr la paz plena, acabando con la guerra permanente contra las mujeres. Esto es, acabar con la matriz violenta de las dominaciones polimorfas y continuas, a lo largo de las temporalidades definidas en la historia, que es la historia de los vencedores, la historia relatada por los apologistas del poder.

La contra-historia de la contra-genealogía del poder del pueblo kurdo es singular, es una excepción, una contracorriente, una alteridad en la historia de las civilizaciones, sobre todo en la historia de la civilización capitalista. La resistencia persistente del pueblo kurdo a la artificialidad de las civilizaciones patriarcales, sostenidas por la instauración e institucionalización de la violencia de Estado y de los otros dispositivos represivos de la sociedad institucionalizada. Esta es la razón por la que el pueblo kurdo es considerado enemigo, incluso señalado como “terrorista” por los Estado nación y los organismos internacionales del orden mundial. Esta es la razón por la que se opta por la guerra contra el pueblo kurdo. Hoy, el pueblo kurdo nuevamente es sometido a un ataque implacable militar por el ejército turco, a bombardeos sistemáticos de la fuerza aérea turca, con complicidad de la OTAN. Ante este genocidio, que perpetra masacres, el grueso de los medios de comunicación no dicen nada, la ONU calla y devela su complicidad en el crimen, las potencias inter-imperiales respaldan el genocidio del Estado Turco. El miedo de todos estos dispositivos de poder, de toda la maquinaria del sistema-mundo capitalista, se devela con este ataque contra un pueblo que ha adquirido una consciencia crítica, largamente labrada, y ha decidido luchar por la vida con la revolución de las mujeres.

 

Estructura de poder y decadencia en el Estado turco

Ahmet Insel en La Turquía de Erdoğan escribe:

“Recep Tayyip Erdoğan convirtió su partido en una maquinaria de guerra personal, al tiempo que el erdoganismo se afianzó como un régimen que combina autoritarismo electoral, populismo e islamismo, con el nacionalismo turco como principal argamasa. Los resentimientos contra Occidente son parte de las razones de su fortaleza”[1].

¿Cómo caracterizar a la estructura de poder que se da en el Estado nación de Turquía? Si bien se denomina jurídica y políticamente como república y se considera Estado moderno, de acuerdo con los esquemas abstractos de la ciencia política, lo importante es visualizar la estructura de poder de las dominaciones conglomeradas y compuestas en el Estado turco.

Anatolia, en turco: Anadolu, también conocida como Asia Menor, abarca la mayor parte de la Turquía moderna. Hablamos de una de las regiones pobladas por distintos pueblos, en sus recorridos nómadas, combinados por asentamientos prolongados. Se trata de una de las más antiguas regiones del mundo, que registra la arqueología de las civilizaciones.  Los primeros asentamientos neolíticos como Çatalhöyük, Hacilar, Göbekli Tepe, Nevali Cori, Çayönü y Mersin se consideran como de los primeros asentamientos humanos en el mundo.​ El asentamiento de Troya comienza en el Neolítico y continúa en la Edad de Hierro. Durante la historia, lenguas indoeuropeas, semíticas, así como otras de filiación incierta han intervenido en Anatolia. De hecho, dada la antigüedad de los idiomas indoeuropeos hitita y luvita, algunos estudiosos han propuesto a Anatolia como el hipotético centro a partir del cual se han irradiado las lenguas indoeuropeas[2] .​

Viendo retrospectivamente al pasado remoto, se puede decir que los turcos eran un pueblo nómada, formado por grandes tribus, como los oguz, los kipchak y los cumanos, que habitaba en las estepas de Asia central. En el siglo ix algunas tribus turcas establecieron contactos diplomáticos, también de comercio por primera vez con las tribus árabes que habitaban en Oriente Próximo. Se dice que, influenciados por los árabes, los turcos abandonaron el chamanismo y el tengrianismo, que venían practicando desde hacía siglos. Se convirtieron al Islam. Hacia el año 1037 se estableció el Imperio selyúcida, el primer gran imperio turco luego de convertirse al islam. El imperio seyúcida abarcó, en un principio, los territorios que hoy son Turkmenistán, Afganistán, Irán e Irak. En 1071 tuvo lugar la decisiva batalla de Manzikert entre los selyúcidas y el Imperio bizantino. La victoria dio a los turcos la oportunidad de dominar grandes territorios al este y sudeste de Anatolia. Esta batalla se considera por los historiadores como el principio del fin del Imperio bizantino. El avance turco obligó a los bizantinos a pedir la ayuda de los reinos occidentales, dándose así inicio a las famosas cruzadas. Para mediados del siglo xiii los turcos ya dominaban la mayor parte de Anatolia. Empero, su avance se estancó debido a las invasiones mongolas de Anatolia, causando la fragmentación del territorio[3].

El Imperio otomano fue una potencia imperial turca, ubicada, en su mayor parte, alrededor de la ribera del Mar Mediterráneo. El Imperio otomano duro más de seis siglos, desde 1299 hasta 1922. Los otomanos eran los sucesores de los selyúcidas. En el cénit de su poder, en el siglo xvii, controlaron toda Anatolia, Oriente Próximo, es decir, Siria, Irak, Jordania, Líbano, Palestina y Kuwait, además de las zonas costeras de la península arábiga, extensiones del Norte de África, territorios que hoy son Sudán, Eritrea, Yibuti, Egipto, Libia, Túnez y Argelia, incluyendo a la mayor parte de los territorios enclavados en la franja que va desde el sudeste de Europa, los Balcanes, Albania, Grecia, Macedonia, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Serbia, Ucrania, también hacia el Cáucaso, territorios que hoy son Georgia, Azerbaiyán y Armenia, en el norte. Esto comprendía un área de aproximadamente seis millones de kilómetros cuadrados, aunque la mayor parte estaba bajo control indirecto del gobierno central, es decir, se consideraban regiones autónomas. Las posesiones del Imperio se hallaban situadas entre Oriente y Occidente, por lo que a lo largo de su historia de más de seis siglos sus relaciones internacionales estuvieron influenciadas por ello. En 1453, los otomanos conquistaron Constantinopla, poniendo fin a más de diez siglos de existencia del Imperio bizantino. Constantinopla pasó a ser Estambul, se convirtió en la capital del Imperio otomano. Considerando la expansión lograda, los otomanos llegaron a sitiar en dos ocasiones, en 1529 y 1683, la ciudad de Viena durante varios meses, sin lograr tomarla. Los otomanos gobernaron Europa del Este, África del Norte y Oriente Medio. Los otomanos incluso tuvieron influencia en el Sureste del Asia; los otomanos enviaron soldados a su vasallo más distante, el Sultanato de Aceh,​ en Sumatra, en Indonesia. En Aceh se enfrentaron a los portugueses que habían cruzado los océanos Atlántico e Índico invadiendo el Sultanato de Malaca, también se enfrentaron a  los españoles, que habían atravesado el océano Pacífico desde sus colonias llamadas “Indias occidentales”, invadiendo Manila, en Filipinas, que fue anteriormente musulmana. Hay que recordar que que estas potencias ibéricas libraron una guerra mundial contra el califato otomano conocida como las Guerras hasburgo-otomanas[4].

 

Durante la segunda década del siglo XX el Imperio otomano participó en la primera guerra mundial, junto a Alemania, el Imperio ausgtro-hungaro y Bulgaria. En 1918 la guerra terminó con la derrota de este bloque contra los Aliados, Reino Unido, Francia, Rusia, Italia y, después, Estados Unidos. A consecuencia de la derrota, al finalizar la guerra, se dio lugar la ocupación de Estambul, Esmirna, Atalya y otras zonas de Anatolia por parte de los Aliados, obligando al sultán Mehmet VI a firmar el Tratado de Sèvres. Esto significaba la rendición. Posteriormente se dio lugar la repartición del Imperio otomano entre los Aliados. Esta desmembramiento del Imperio otomano ocasionó una profunda desmoralización en el ejército y las clases medias. En reacción al desastre, emergió un movimiento nacionalista, se conformó el Movimiento Nacional Turco,​ bajo el liderazgo de Mustafa Kemal Atatúrk, el más destacado miembro del Movimiento Nacional Turco; un comandante militar que se distinguió durante la batalla de Galípoli. Se desencadenó la Guerra de la independencia Turca,  con el objetivo de revocar los términos del Tratado de Sèvres.​ El 18 de septiembre de 1922, los ejércitos de ocupación fueron rechazados y expulsados, dándose lugar el nacimiento del nuevo Estado turco. El 1 de noviembre, el recién fundado parlamento abolió oficialmente el Sultanato, poniendo fin a 623 años de dominio otomano. El Tratado de Lausana de 1923 llevó al reconocimiento internacional de la soberanía de la recién formada «República de Turquía», la República fue proclamada oficialmente el 29 de octubre de 1923, en la nueva capital de Ankara[5].

Mustafa Kemal se convirtió en el primer presidente de la república. Lo primero que hizo es establecer las bases de un Estado moderno, promulgó reformas trastrocadoras, buscando fundar una nueva república laica sobre las ruinas del pasado otomano. De acuerdo con la Ley de Nombres de Familia, el Parlamento turco otorgó a Mustafa Kemal el honorífico nombre de «Atatürk», que quiere decir Padre de los turcos, en 1934[6].

En la siguiente conflagración mundial Turquía participó tardíamente en la segunda guerra mundial, ésta vez  del lado de los Aliados. Lo hizo al finalizar la guerra, el 23 de febrero de 1945, como un gesto ceremonial. Se convirtió en un miembro de la Carta de Naciones Unidas en 1945.​ Teniendo en cuenta que Grecia se encontraba en plena guerra civil, que estalló con el alzamiento de la antigua resistencia comunista contra los nazis, además de las demandas de la Unión Soviética de bases militares en los estrechos de Turquía, la superpotencia de los Estados Unidos de Norte América declaró la Doctrina Truman, en 1947. La doctrina se propuso, de acuerdo a su léxico, “garantizar la seguridad de Turquía y Grecia”. En consonancia, ​después de participar, apoyando a las fuerzas militares de las Naciones Unidas en la guerra de Corea, Turquía se sumó a la OTAN en 1952. La república turca afrontó otras contingencias en el Mediterráneo; considerando una amenaza el enfrentamiento entre turcochipriotas y grecochipriotas, en la isla de Chipre,  además del pronunciamiento de julio de 1974, Turquía intervino militarmente en la isla, en 1974. Nueve años más tarde fue establecida la República Turca del Norte de Chipre, reconocida solo por Turquía[7].

En la historia reciente hay que considerar la clausura del período de partido único, el CHP fundado por Mustafá Kemal Atatürk, en 1945. El período siguiente, comprendido entre los años 1960 y 1980, fue dramáticamente pautado por coyunturas críticas, de patente inestabilidad política. La crisis política desembocó en una secuencia de golpes militares[8].

En lo que respecta al perfil económico, se puede hablar de un neoliberalismo suigéneris de la economía turca. Se inició en la década de 1980, cambiando el perfil económico, mostrando elocuentemente las apariencias del desarrollo[9].

En lo que respecta a la reciente crisis política, el 15 de julio de 2016 se intenta un golpe de Estado, lo efectúa una facción del ejército contra el presidente Erdoğan. El golpe fue rechazado, se dieron lugar manifestaciones en contra del golpe de Estado, lo que fue considerado por los partidarios que fueron en defensa de Erdoğan. El golpe de Estado se detuvo porque no contó tampoco con apoyo militar, la mayor parte del ejército se mantuvo fiel al gobierno y al presidente electo. Aprovechando la situación, el día 16 de abril de 2017 se celebró un referéndum para otorgarle más poder a Erdoğan, quien acabó ganando con un 51,3 % de los escrutinios. Desde entonces Turquía pasó a contar con un sistema presidencialista[10].

Como se puede ver estamos ante distintas sedimentaciones históricas, desde las incursiones nómadas y los asentamientos en Anatolia, hasta la crisis de la república moderna de Turquía, pasando por la constitución e institución de las primeras ciudades y las primeras conformaciones y configuraciones de la civilización. Después, la incorporación de Anatolia a distintos imperios, cada cual con su respectivo perfil de dominación y estructuras de poder. El último imperio, el otomano, se extiende por más de seis siglos, bajo la conversión al Islam, impuesta a las poblaciones que se encuentran dentro de la jurisdicción imperial, aunque no todas aceptaron esta conversión, entre ellas la población del pueblo kurdo, pero hay que tener en cuenta que parte del mismo contingente si aceptó la religión musulmana. No se puede caracterizar la formación social turca, con toda la complejidad que comprende, con toda la composición pluricultural que supone, con todos los pueblos que contiene, sin la mirada retrospectiva del pasado. Como dijimos antes, no se puede separar completamente la república turca de su pasado otomano, por más que sea ésta un pretensión declarada en la Constitución de la república.

Turquía se encuentra entre las geografías continentales de la península de Europa y el continente de Asia, también pertenece al llamado Medio Oriente. Se ha visto, en el breve repaso histórico, que tanto la superpotencia de los Estados Unidos de Norte américa, así como la OTAN, han apostado por la incorporación de Turquía al área de influencia “occidental”,  incluso Turquía ha hecho trámites para su ingreso a la Unidad Europea. Entonces, el papel “estratégico” de Turquía se debe a este juego geopolítico entre las potencias inter-imperiales. ¿Cómo caracterizar al Estado nación turco? ¿Cuál es su forma de gubernamentalidad? Aparentemente se trata de un Estado liberal, empero el mismo se encuentra atravesado por estructuras de poder heredadas y otras estructuras de poder nuevas, emergidas de un capitalismo subordinado al centro cambiante del sistema mundo capitalista. La separación entre religión y Estado laico se disloca intermitentemente, sobre todo en el periodo político de Erdoğan , cuando el presidente y líder de su partido opta por una convocatoria populista, además de atraer a los sectores conservadores musulmanes.

A su gobierno se lo conoce por la sañuda represión contra la izquierda, así como la sanguinaria guerra soterrada contra el pueblo kurdo. No vamos a hablar aquí de “Estado fallido”, como lo hace la teoría conservadora norteamericana, pues, visto desde la perspectiva histórico-política todo Estado es fallido, se construye sobre la violencia inicial de una guerra de conquista. Después experimenta una crisis crónica, aunque la ideología de la ciencia política lo encubra mediante teorías sobre el Estado, que hablan de su necesidad irresistible. Tampoco vamos a hablar de un Estado nación inconcluso, aunque parece ratificarse esta tesis por la guerra permanente del Estado turco contra el pueblo kurdo, dentro y fuera de sus fronteras. Al respecto, ¿cuándo un Estado nación puede considerarse concluido? ¿Cuándo logra la institucionalidad plena del Estado de derecho? ¿Cuándo se habla una sola lengua, que se reclama de nacional? ¿Cuándo el equilibrio de poderes es respetado y se logra el control de las compensaciones de los órganos de poder del Estado? Puede que haya Estado nación que parecen haber logrado estas condiciones jurídico-políticas, en Europa y en los estados de Norteamérica, concretamente Estados Unidos y Canadá, sus crisis políticas en la actualidad nos muestran que la conclusión del Estado nación está por verse, sobre todo, ahora, en la actualidad, en plena consolidación del sistema mundo moderno, globalizado. Vamos a hablar, mas bien, de las adecuaciones y adaptaciones singulares del formato Estado nación a los distintos contextos nacionales y regionales, a las diferentes formaciones sociales.

El Estado nación de Turquía ha sido adecuado para responder a las problemáticas y desafíos que afrontan las clases dominantes, sobre todo para mantener su dominio y el control sobre la geografía política y una economía subordinada al centro de la economía mundo. Así como se ha adecuado el Estado para afrontar la resistencia de pueblos que se niegan a ser absorbidos a un Estado nación que no aceptan. Hablamos de un Estado que se muestra jurídicamente liberal, empero afectado por las exigencias incorporadas de la religión musulmana. Por otra parte, tenemos, la violación sistemática de los derechos debido a que el gobierno se encuentra enredado en prácticas represivas, convertidas en habitus político. Los compromisos del Estado turco con la OTAN y Estados Unidos de Norte América obligan al gobierno a mantener esos compromisos, preservando la influencia geopolítica, aunque buscando aprovechar esta su situación privilegiada, por así decirlo, para, a su vez, jugar con una geopolítica regional, incluso aprovechar para cometer genocidios, que tolera la OTAN y los Estados Unidos de Norte América, además de los organismos internacionales como la ONU, haciéndose a los ciegos y a los sordos.

El Estado turco es un Estado policial, empero, en la historia de la modernidad y en la historia reciente hay otros estados policiales; por lo tanto, no es una caracterización que abarca lo que es el Estado nación de Turquía, aunque defina una de sus características.  También responde a una composición barroca, no en su definición constitucional, que es liberal, sino en su praxis, en su desenvolvimiento, en su realización institucional. Hablamos de una forma de gubernamentalidad abigarrada que combina formas de gubernamentalidad complementarias; por ejemplo, combina una forma de gubernamentalidad clientelar, una forma de gubernamentalidad policial, una forma de gubernamentalidad neoliberal y una forma de gubernamentalidad religiosa, aunque ésta se manifieste débilmente. Todas estas formas de gubernamentalidad, conglomeradas de una manera barroca, funcionan en lo que volvemos a definir como economía política del chantaje. Ciertamente esta definición abarca distintas prácticas vinculadas a la economía política del chantaje, la que valoriza la simulación, la especulación, la coerción, la amenaza y el terrorismo de Estado.

No hay que olvidar otra característica, la que tiene que ver con la geopolítica de las potencias inter-imperiales. El Estado turco aparece en el mapa de los juegos geopolíticos, usado como carta de chantaje entre potencias en pugna. Esta situación ha sido aprovechada por sus gobernantes, chantajeando, a su vez, a las potencias en concurrencia, usando su pugna en beneficio propio. Aprovechando este chantaje para ejercer el despotismo.

 

Conclusiones

La crisis múltiple del Medio Oriente, patentizada dramáticamente por la destrucción de Estados nación árabes, aunque subalternos, sin embargo, con cierta resistencia al juego geopolíticos imperial, aunque débil, muestra palmariamente que ha concluido la era de incursión moderna en la construcción de los Estado nación. Los Estado nación son parte de la crisis. Dicho esto, hay que tener en cuenta que la crisis múltiple del Estado nación está generalizada, compete a todos los países del mundo.

La crisis múltiple del Estado nación de Turquía muestra con mucha evidencia que el Estado nación no es un paradigma que resuelva las crisis históricas desatadas en la geografía de Anatolia. Mantener este Estado nación implica el desborde de la espiral de violencia, el desencadenamiento permanente de la guerra, el genocidio contra los pueblos, sobre todo contra el pueblo kurdo, además mantener perversa y sistemáticamente la represión contra el propio pueblo turco.

Estas crisis ya orgánicas y estructurales exigen clausurar el paradigma del Estado nación e iniciar alternativas alterativas, democráticas, en pleno sentido de la palabra. Desde esta perspectiva la propuesta del Confederalismo democrático es una alternativa liberadora para los pueblos del Medio Oriente. También para los pueblos del mundo.

La crisis múltiple de la civilización moderna tiene que ver con el camino errado, tomado por las sociedades humanas al optar por el arquetipo de dominación patriarcal, iniciando una guerra larga y permanente contra las mujeres. Lo que implicaba también una guerra contra la vida. De este modo se fue inhibiendo la potencia creativa de la vida, restringiendo las facultades y capacidades humanas a las labores del círculo vicioso de poder, a la proliferación de las dominaciones, a la enajenación religiosa, a la acumulación fetichista. De esta manera se abrió una ruta indetenible de destrucción planetaria.

El ejercicio de la democracia plena equivale a retornar, para decirlo de ese modo, al entramado comunitario, al tejido de la vida, que encarnan simbólica y prácticamente las mujeres. Esto también implica avanzar y profundizar la democracia más allá de los humanos, reconociendo e incorporando los derechos de los otros seres orgánicos y no orgánicos, es decir, avanzar hacia una eco-democracia.

 

 

Notas

[1] Ver de Ahmet Insel La Turquía de Erdoğan: https://nuso.org/articulo/la-turquia-de-erdogan-un-autoritarismo-electivo-y-autocratico/.

[2] Ver Turquía en Enciclopedia Libre, Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Turqu%C3%ADa.

[3] Ibidem.

[4] Ibidem.

[5] Ibidem.

[6] Ibidem.

[7] Ibidem.

[8] Ibidem.

[9] Ibidem.

[10] Ibidem.