Irán y Turquía: unidos para atacar a los kurdos

Los kurdos, que históricamente han vivido en el territorio entre Irak y Siria, se encuentran atrapados entre dos fuegos. Por un lado Turquía, que “desde hace tiempo bombardea las montañas” en las laderas de Amadiya y Zakho, y por otro, la “novedad” de Irán, que “ataca desde el lado de Erbil y Sulaymaniyah, mucho más cerca de las montañas”.



Irán y Turquía: unidos para atacar a los kurdos

Los kurdos, que históricamente han vivido en el territorio entre Irak y Siria, se encuentran atrapados entre dos fuegos. Por un lado Turquía, que “desde hace tiempo bombardea las montañas” en las laderas de Amadiya y Zakho, y por otro, la “novedad” de Irán, que “ataca desde el lado de Erbil y Sulaymaniyah, mucho más cerca de las montañas”. Quien lo cuenta a AsiaNews es el padre Samir Youssef, párroco de Enishke, en la diócesis de Amadiya, en el Kurdistán iraquí. El sacerdote habla de una escalada de las operaciones de Teherán contra “los kurdos iraníes que huyeron” del país en el pasado. Recientemente, “atacaron un centro de refugiados”, dejando “al menos 11 civiles muertos”, entre ellos “una mujer embarazada” que murió junto con el niño que llevaba en su vientre “a pesar de los intentos de los médicos para salvarla”.

Aunque China intentó sabotear la votación, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó la formación de una misión para investigar la violenta represión de los ayatolás iraníes, en respuesta a la ola de protestas por el asesinato de la joven kurda de 22 años Jina Mahsa Amini a manos de la policía de la moral. La medida, sin embargo, no es suficiente para detener la mano de hierro de las autoridades de Teherán. En pocas horas, el régimen iraní detuvo a dos figuras de alto perfil: Farideh Moradkhani, sobrina del guía supremo Alí Jamenei, famosa por sus batallas a favor de los derechos humanos; y el futbolista Voria Ghafouri. Ambos están acusados de “insultar y mancillar el honor de la selección nacional” y de “propaganda contra el Estado”.

En el lado turco, continúa la operación “Garra-Espada” (Claw Sword) impulsada por el presidente Recep Tayyip Erdogan contra los grupos combatientes kurdos PKK y YPG al otro lado de la frontera, en Irak y Siria. Se prepara el despliegue de tropas terrestres, mientras los cazas y drones bombardean la zona por cuarto día consecutivo. Los ataques pretenden ser una respuesta al atentado del 13 de noviembre en Estambul, atribuido a una célula kurda, a pesar de que el PKK ha negado cualquier implicación en los hechos. El gobierno turco afirma que ya ha “neutralizado” a 254 “terroristas” y que está desplazando tanques y tropas sobre el terreno. Para Erdogan, esto es “sólo el principio” y el objetivo declarado es asegurar la frontera con Siria e Irak. Sin embargo, los críticos responden que es un mero intento de desviar la atención de las dificultades internas y la crisis económica en Turquía.

“Los iraníes han bombardeado y amenazado a los gobiernos de Erbil y Bagdad -explica el padre Samir-, diciendo que quieren seguir atacando a los kurdos para quitarles las armas. En realidad, se trata de una abrumadora mayoría de refugiados, a los que Teherán ataca con drones y cohetes, mientras que los ataques de los cazas se suceden desde Turquía. Un movimiento incesante, tanto que apenas se puede dormir por el estruendo”.

La situación es tal que el sacerdote se plantea si, a diferencia de las profundas divisiones del pasado, no existirá “alguna forma de colaboración” entre el sultán y los ayatolás para combatir a los kurdos.

El objetivo de Teherán “podría ser Sinjar (Shengal)”, prosigue. “Es una localidad que estuvo en el punto de mira del Estado Islámico en el pasado: es un puesto estratégico, una montaña codiciada que podría utilizarse para golpear a Israel en caso de un ataque”. “El pueblo kurdo -dice el párroco de Enishke, una zona en la que se han refugiado cientos de miles de cristianos y musulmanes que huyeron del ISIS en 2014- se encuentra hoy en medio de dos fuegos: pero la novedad es Irán que, por primera vez, también bombardea intensamente las ciudades donde supuestamente se esconden las bases y los cuarteles generales de estos movimientos opositores”. Y sus cohetes, advierte, también han caído en “aldeas cristianas como la de Armuta, donde sus habitantes temen que se produzca una nueva escalada”.

“El ambiente es sombrío –dice-, y los bombardeos intensivos y sistemáticos pisotean la dignidad del país y provocan daños” en Irak y al Kurdistán. El atentado de Estambul “brindó al gobierno turco un pretexto para atacar con más fuerza”, mientras que Irán parece aprovechar la represión de las protestas para ajustar cuentas con los grupos disidentes que han huido al extranjero y que, según la versión oficial, estarían “avivando la protesta desde el exterior”.

En realidad, las manifestaciones en Irán tienen un carácter variado: en ellas participan cristianos, chiíes, suníes y kurdos que luchan por la libertad. “Por supuesto, estamos acostumbrados a la guerra -concluye el padre Samir-. Yo mismo nací en 1975 y viví la de Irán, luego la del Golfo, la invasión de Estados Unidos y el Estado Islámico. También estábamos acostumbrados a los ataques de los turcos, pero esta escalada con Teherán es más difícil de aceptar. En parte porque a nivel psicológico, nos hace revivir recuerdos de sufrimientos pasados”.

FUENTE: Asia News