Colombia: ¿Esperanza o desencanto en el horizonte?

Para esta primera columna del 2023 quisiera reflexionar sobre algo que anda rondando mi pensamiento tras los meses del triunfo del primer gobierno progresista en Colombia, que podría resumirse en la pregunta: ¿Se está perdiendo la ilusión que desató el triunfo popular que llevó a Gustavo Petro y Francia Márquez a la presidencia?



Entre la luz y la sombra

Colombia: ¿Esperanza o desencanto en el horizonte?

 

Felipe Martínez

 
 

Para esta primera columna del 2023 quisiera reflexionar sobre algo que anda rondando mi pensamiento tras los meses del triunfo del primer gobierno progresista en Colombia, que podría resumirse en la pregunta: ¿Se está perdiendo la ilusión que desató el triunfo popular que llevó a Gustavo Petro y Francia Márquez a la presidencia?

Sin duda este hecho marcó la historia del país y desató una emoción popular que llenaba el pecho hasta llegar a las lágrimas. En las calles se sentía que al fin se podría comenzar a construir algo diferente y así alcanzar la vida en dignidad para las mayorías; de esta manera fueron millones de personas las que celebraron este triunfo como nunca antes se había festejado una victoria política en Colombia.

Este sentimiento se extendió durante semanas, había mucha esperanza y alegría. Nuevamente hubo una fiesta popular en las calles el día de la anhelada posesión del nuevo gobierno que daría el inicio de una era de cambio. Sin embargo, tras el paso de los días siento que ese sentimiento se va apagando y ese gigantesco apoyo popular se está desperdiciando.

Tras su llegada al Palacio de Nariño, una de las primeras iniciativas de Gustavo Petro fue el denominado “dialogo nacional”, un ejercicio que generó muchas expectativas, pero que al final se quedó en reuniones del presidente con empresarios, políticos de la extrema derecha, banqueros, terratenientes, entre otros representantes de arriba que había que tranquilizar y asegurar que todo lo que se haga será finalmente en pos de “desarrollar el capitalismo en Colombia”, como bien lo dijo en su discurso de victoria electoral.

Para que participaran las y los de abajo, se abrieron los “diálogos vinculantes”, que serían parte fundamental para la estructuración del Plan Nacional de Desarrollo. Aunque la participación fue grande no representa a las mayorías del país, sin embargo, fue un ejercicio de nuevo tipo en donde la sociedad pudo opinar, pero donde no hubo realmente una preparación ni metodología precisa para que esto se desarrollara como se esperaba, pues en muchas ocasiones lo que salía de estos encuentros eran una especie de listas de mercado de las necesidades de la gente, dejando de lado lo que implica proyectar y construir un Plan de Desarrollo de país.

Por otra parte, se tramitaron proyectos e iniciativas fundamentales como la Reforma Tributaria que inicialmente buscaba recaudar 50 billones de pesos, haciendo tributar a las cuatro mil personas más ricas y superricas del país. Una decisión confrontadora del gobierno que finalmente fue cediendo ante las presiones de los millonarios, llegando a proponer únicamente la recaudación de 25 billones, que finalmente solo llegaron a ser 20 billones.

Así mismo se han realizado intentos de aparentes medidas que den un cambio en los temas ambientales y agrarios, pero que llevan a múltiples dilemas, que, para mencionar solo dos ejemplos, están: la no prohibición integral del Fracking en Colombia y el posible privilegio que tendrán los ganaderos ante la compra de tierras por parte del gobierno para la propuesta de reforma agraria, que en la práctica no quiebra el latifundio en el país.

En términos de la superación del conflicto armado, el gobierno hace todo lo posible para llegar a acuerdos con los distintos grupos armados que lleven a la “Paz Total”, una iniciativa muy compleja de materializar y que hasta ahora comienza a caminar.

Todas estas cosas pasan, pero realmente es escaso un mecanismo de comunicación con el país que explique pedagógicamente por qué suceden las cosas de determinada manera, no hay una propuesta comunicativa fuerte ni real, pues en la práctica lo que se dan son mensajes a través de redes sociales, o reuniones en diversas regiones, lo que no logra hacer una conexión real con la sociedad que ayude a avivar ese sentimiento popular del triunfo e invite a la sociedad a ser gobierno, lo que necesariamente implicaría abrir escenarios permanentes de participación real, democráticos, en cada barrio y vereda de cada ciudad y pueblo del país.

Por el contrario, lo que va creciendo son las agendas mediáticas que manipulan la opinión pública y crean rumores del derrumbe de la economía del país, sin contextualizar que lo que vivimos es una crisis económica global, así mismo se dan noticias que cuestionan la improvisación del gobierno, lo que va despertando desesperanza y sin sabores a muchos de quienes votaron por la propuesta de Petro y Francia.

Aquí veo importante resaltar la lejanía de Francia Márquez con las y los de abajo, pues ella fue raíz y conexión con lo popular, pero ahora no aparece con la fuerza que destacó durante la campaña, quedándose enjaulada en las paredes de los recintos institucionales. No se volvieron a escuchar sus potentes discursos que desnudaban al poder y las injusticias del país, ahora se le ve muy poco en medios y pareciera haber quedado esperando a que los tiempos institucionales solucionen todo o que su anhelado ministerio de la igualdad sea creado para comenzar a trabajar con fuerza, dejando de lado la potenciación de la organización de abajo que ella bien conoce y de la que viene formándose durante toda su vida.

Es un momento muy crudo, pues, quienes llegaron al gobierno ahora se enfrentan a lo que son las lógicas de dirigir el Estado nación, quedándose casi fosilizados en su interior, cediéndole poder a los poderes tradicionales que han estado anquilosados históricamente en el aparato estatal, mientras que fuera de este la oposición crea ambientes para ganar nuevamente un apoyo popular, generando así alrededor de tres movilizaciones a nivel nacional desde la posesión del gobierno progresista, lo que va mostrando la fuerza y recomposición de la derecha que no ha sido derrotada.

Ante este escenario, deberían ser los pueblos organizados y los movimientos sociales de abajo, quienes comiencen a forjar nuevos caminos para la vida y propuestas para enrumbar de nuevo al joven gobierno, no es tiempo de quedarse esperando a que los cambios vengan de arriba, es necesario evitar una gran desesperanza en la sociedad. Aún hay tiempo de proponer e imaginar otro país, es momento de un necesario debate de cómo construir una agenda y ruta propia que vaya más allá de los tiempos institucionales. Amalaya vengase forjando una nueva Colombia, donde nuestra tierra por fin sea ese país felicidad que soñamos.