COP27: 5 falacias de la narrativa climática del Gobierno de Maduro

Mercaderes del clima se juntan a estrategas de la geopolítica climática. El Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, aprovechó el espacio para el despliegue de una presencia mediática en el evento: se paseó y estrechó varias manos clave en los pasillos del Centro de Convenciones, buscando seguir deshaciendo su proceso de aislamiento internacional; acercarse a los promovidos fondos climáticos; y sobre todo, seguir consolidando los nexos de la nueva concertación internacional con respecto a Venezuela, que nada tiene que ver con cambio climático, sino, paradójicamente, con el petróleo, con los hidrocarburos.



COP27: 5 falacias de la narrativa climática del Gobierno de Maduro

Emiliano Teran Mantovani

https://ecopoliticavenezuela.org/2022/12/14/cop27-5-falacias-de-la-narrativa-climatica-del-gobierno-de-maduro/

 

Al finalizar las COPs sobre cambio climático, año tras año va quedando una cada vez más grande sensación de desasosiego e impotencia: aunque algunos tratan de resaltar nuevos ‘logros’, lo cierto es que los avances en estas cumbres siguen siendo muy escasos, poco concretos y lentos ante la gravedad del problema. Gravedad subrayada por los nuevos reportes y actualizaciones científicas que señalan cómo la evolución del cambio climático más bien se acelera.

 

En el caso específico de la COP27 celebrada en Sharm el-Sheij, Egipto, esta cierra sin compromisos mayores para la reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero –algo ahora justificado con el argumento de la guerra en Ucrania–, ni elementos precisos y vinculantes de cómo avanzar en la meta de ‘descarbonizar’ las economías y sociedades del mundo.

 

Las COPs parecen evidenciar ser más bien espacios de negocios globales verdes; esta afirmación podría ser vista como propia de ‘ambientalistas radicales’ o los críticos de la ecología política. Pero hasta el Secretario General de la ONU, António Guterres, ha estado denunciando el greenwashing empresarial que atraviesa las políticas de ‘neutralidad del carbono’[1].

 

Mercaderes del clima se juntan a estrategas de la geopolítica climática. El Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, aprovechó el espacio para el despliegue de una presencia mediática en el evento: se paseó y estrechó varias manos clave en los pasillos del Centro de Convenciones, buscando seguir deshaciendo su proceso de aislamiento internacional; acercarse a los promovidos fondos climáticos; y sobre todo, seguir consolidando los nexos de la nueva concertación internacional con respecto a Venezuela, que nada tiene que ver con cambio climático, sino, paradójicamente, con el petróleo, con los hidrocarburos.

 

Los recientes permisos de operación de Chevron en Venezuela, o las manifiestas intenciones mutuas de que Venezuela ‘ayude’ a la Unión Europea a superar su crisis energética con petróleo y gas, son ejemplos de esto último. Es un asunto de geopolítica, dijo el propio Maduro. Una muy pragmática.

 

Pero, siguiendo ya una costumbre gubernamental, cada política y geopolítica tiene su neolengua: no se prescinde de una cínica narrativa climática por parte del Gobierno Bolivariano. Se asume una supuesta vocería de liderazgo en el sur global ante la cumbre climática y Maduro critica al “modelo capitalista destructivo”[2]. De hecho, el Stand oficial del gobierno venezolano en la COP27 reprodujo en sus paredes un material en el que se leen “los avances de Venezuela en la lucha contra la crisis climático”. Pueden detallarse en fotos, más abajo, enviadas directamente desde Egipto.

 

Nada más lejos de la realidad. El país está atravesado por una escalofriante devastación ambiental en la que el Gobierno de Maduro es el principal motor, sin contar con el nulo accionar ante el cambio climático, sea en sus responsabilidades de mitigación o en sus deberes de adaptación ante una población venezolana que está sufriendo cada vez más las consecuencias de los eventos climáticos extremos.

 

Desde lo dicho en las paredes de ese stand oficial, tomamos nota justamente de cinco afirmaciones que se enarbolan como ‘logros climáticos’ que en realidad son falacias de la narrativa climática del Gobierno de Maduro. Veamos.

 

Cinco falacias de la narrativa climática del Gobierno de Maduro

 

1. Matriz energética fósil y la Nueva Apertura Petrolera en Venezuela

 

En el stand se presentaba como ‘logro’ lo que el Gobierno señala como una ‘Matriz energética limpia’ basada en las hidroeléctricas. En realidad se está confundiendo matriz eléctrica con matriz energética, y eso no es poca cosa. La matriz eléctrica es aquella compuesta por el conjunto de fuentes disponibles para generar electricidad. La venezolana ciertamente está sostenida en alrededor de un 70% por las hidroeléctricas de Guayana, pero esto de ninguna manera es un mérito del Gobierno bolivariano ya que fueron fundamentalmente obras de la Cuarta República.

 

Pero la matriz energética, es decir, el uso del conjunto de la energía en este caso de un país (no sólo eléctrica), es fundamentalmente fósil en Venezuela, y muy poco se ha hecho para transformar eso. El Gobierno bolivariano no dice que alrededor del 90% de la producción de energía primaria ha sido petróleo y gas; y que en el consumo energético general del país también ha rondado el 70% de estos hidrocarburos, aunque hoy hay carencia de datos actuales oficiales.

 

Lo que es realmente relevante es que el Gobierno de Maduro trata de perpetuar la ya desvencijada Venezuela petrolera a través de una Nueva Apertura Petrolera que lleve al país a producir más de 2 millones de barriles diarios, bajo un esquema de negocios totalmente entreguista y lesivo a los intereses nacionales, como no se había visto nunca en la historia del país. Esto no lo dicen…

 

2. La deforestación como uno de los problemas ambientales más sensibles

 

En las paredes del stand se presumía de una disminución de la tasa de deforestación en un 47% respecto al año 2000. Ante la ausencia real de datos oficiales, ha habido un debate sobre si la tasa de deforestación en Venezuela creció[3] o disminuyó[4], con trabajos que alegan una u otra conclusión. Independientemente de cuál es la conclusión a la que lleguemos, este es sólo un dato de todo el problema. El asunto es que, aunque la deforestación más grave sea localizada, o sea menos significativa que en otros países como Perú, Brasil o Bolivia, esta viene creciendo notoriamente –se ha mencionado una pérdida total de más de 140.000 ha de bosque primario en la Amazonía venezolana entre 2016 y 2020, de acuerdo al Proyecto Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP).

 

Las dramáticas evidencias satelitales del municipio Sifontes, de las riberas del Caroní, de Ikabarú, del Parque Nacional Yapacana, por mencionar ejemplos, son indiscutibles. El problema localizado es gravísimo, sus impactos son de amplio rango y se van haciendo difíciles de revertir.

 

Además, el problema visto desde una perspectiva de más largo plazo es que en realidad los niveles y tasas de deforestación de Venezuela están en las últimas décadas entre los más altos del mundo, de acuerdo a informes de la FAO sobre el tema. Si hablamos de las causas de la deforestación, como lo son la minería, el avance desordenado y sin criterio de la frontera agrícola, de la construcción en áreas no permitidas, entre otras, habría que subrayar el rol del proyecto extractivista del Gobierno de Maduro, y el enriquecimiento de particulares, entre los cuales están integrantes de la burocracia estatal. Todo esto expresa el cinismo de hablar de este ‘logro’ en la lucha contra el cambio climático.

 

3. El asalto sobre las Áreas Protegidas

 

Se menciona como un logro que el 43% del territorio nacional está bajo figuras de protección, aludiendo a las Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE). En primer lugar, sería un logro de la Cuarta República, que fue el período en el que se crearon la gran mayoría de estas áreas especiales. En segundo lugar, es una falacia aludir a las ABRAE mientras no se respeta de ninguna manera la integridad de parques nacionales como Canaima, Sierra de Perijá o Yapacana, o de monumentos naturales como los Morros de Macaira, por mencionar ejemplos. No se toman acciones para que no siga avanzando su depredación; se impulsan proyectos mineros o de turismo de lujo que violan sus normativas; y hay una total impunidad ante los hechos.

 

Por poner un ejemplo, el salto en los niveles de intervención en el Parque Nacional Yapacana por efectos de la minería ilegal desde el 2016 hasta la fecha es absolutamente dramático. En las imágenes que compartimos abajo, del proyecto MAAP Program of Amazon Conservation, se evidencia además como dicho salto se intensifica en los años de la pandemia, incluyendo este mismo año 2022.

 

Un elemento final más: no todas las ABRAE son iguales. La Reserva Forestal como la de Imataca (RFI), que es también un ABRAE, contempla la explotación racional de madera, y permite concesiones mineras (gracias a decreto de Chávez de 2004). El Gobierno de Maduro terminó metiendo las poligonales del Arco Minero del Orinoco dentro de las de la RFI.

 

4. Dilemas y contradicciones en torno al Parque Nacional Caura

 

El Parque Nacional al que hace referencia el material del stand es el PN Caura, que sí fue una creación del Gobierno de Maduro, que lo llevó de Reserva Forestal a esta figura más restrictiva de protección en 2017. Es en efecto uno de los más grandes del mundo aunque no el más grande, si tomamos en cuenta la existencia del PN del Noreste de Groenlandia o el Monumento Nacional Marino Papahānaumokuākea.

 

Sin embargo, además de las afectaciones que está sufriendo en la actualidad dicho parque por la minería ilegal, vale la pena recordar que la iniciativa de creación del PN tuvo oposición por parte de comunidades yekwana debido a que se ignoró la ejecución de la demarcación y titulación de tierras indígenas consagrada por la Constitución de 1999, algo que en realidad evidencia un patrón general que se produce en el país, una enorme deuda con los pueblos originarios, que de hecho conformarían un buen escudo de protección de los territorios y para la lucha contra el cambio climático.

 

5. Un mapa atravesado por el extractivismo

 

Por último, es muy visible el mapa central del stand, un mapa verde donde germina la vida y se destacan bienes comunes como el agua. No obstante, este contrasta enormemente con el mapa de concesiones mineras, no solo las del Arco Minero del Orinoco, en plena Amazonía, sino de las variadas iniciativas de minería no metálica al norte del Orinoco; nuevos emprendimientos agroindustriales que incluyen el uso (ilegal) de transgénicos; además de los impactos de la persistente explotación petrolera en la Faja del Orinoco y en los pozos tradicionales, que tanta contaminación y gases están generando.

 

6. Addendum. Para no olvidar

 

En la anterior COP26 de Glasgow, Venezuela no suscribió el acuerdo para frenar la deforestación y la degradación de los bosques globales, ni el del impulso para salir del carbón, ni el de reducción de emisiones de metano, así como tampoco fijó la fecha para alcanzar el “cero neto” de emisiones, quedándose así al margen de los pocos acuerdos contraídos en esa COP.

 

Sí hay alternativas, falta voluntad política

 

Ante este escenario existen reales posibilidades de manejar de una manera responsable con el país, los nuevos escenarios climáticos que se avecinan: áreas protegidas que pueden ser gestionadas incorporando nociones de ecoturismo con participación comunitaria, que también pueden generar ingresos al país; aprovechamiento de los grandes potenciales solar y eólico con los que cuenta el país, para ir prescindiendo de centrales termoeléctricas; desarrollo de planes de contingencia nacional ante eventos climáticos y recuperación de las instituciones de información climática; plan con inversión climática internacional para ir progresivamente apagando la emisión de gases a través de los mechurrios (gas flare); impulso de proyectos de bio-economía, economías del reciclaje, protección de bosques, que cuentan con apoyo internacional y también pueden ofrecer empleo e ingresos económicos; entre otras opciones.  

 

Tenemos un gran vacío en la clase política sobre estos temas, sea la gubernamental o la de oposición. Requerimos con urgencia un sector, liderazgos y vocerías políticas, que entiendan la urgencia de estas medidas y las asuman con celeridad, por el bien del país y como aporte al esfuerzo global para abordar el cambio climático. Y como nunca, una ciudadanía consciente y movilizada exigiendo acciones inmediatas.  

 


 

[1] La ONU crea las normas para acabar con el “lavado de imagen” ecológico de las empresas: https://news.un.org/es/story/2022/11/1516712

 

[2] Presidente Maduro llega a Egipto para la COP27, 5 de noviembre de 2022: https://www.youtube.com/watch?v=tUnhR-IGGtw

 

[3] Véase por ejemplo: Deforestación en Amazonía venezolana se expande debido a ilegalidad, minería e incendios: https://es.mongabay.com/2022/10/deforestacion-en-amazonia-venezolana-se-expande-debido-a-ilegalidad-mineria-e-incendios/

 

[4] Véase por ejemplo: Lazo, Rodrigo. Valero, Emmanuel. Amilibia, Juan Carlos y Zager, Irene (2021). Cobertura y uso de la tierra en la Amazonía venezolana ¿Cuáles son los impulsores del cambio? https://www.provita.org.ve/ document?id=13   

 

Autor

 

Emiliano Terán Mantovani

Sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, investigador/ activista y ecologista político, orientado a las luchas contra el extractivismo y por la justicia socioambiental en América Latina. Miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela. Master en Economía Ecológica por la Universidad Autónoma de Barcelona y candidato a Phd en Ciencia y Tecnología ambientales por la misma universidad.

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