Una evaluación de la crisis múltiple del Perú

Hablamos del Perú, de esta formación social, de esta geografía política delimitada por la propia historia virreinal, después por la historia de la República; claro que hay que tener en cuenta el antecedente primordial, no solamente del incanato, sino de anteriores sociedades andinas, también costeñas y del valle de Supe, como las de Caral. Así también hay que considerar a las sociedades amazónicas precolombinas. Comenzando el año 2023 estamos ante un estallido social, cuyo epicentro se encuentra en la sierra, sobre todo en la sierra sur del Perú.



Una evaluación de la crisis múltiple del Perú

Raúl Prada Alcoreza

 

Un análisis de la crisis múltiple en el Perú, en los espesores de la coyuntura, implica la comprensión simultánea de los distintos planos de intensidad y de las diferentes estructuras temporales, las estructuras de larga duración, las estructuras de mediana duración y las estructuras de corta duración. Por otra parte, también es importante considerar el espacio-tiempo-territorial-social en cuestión, vale decir se requiere del entendimiento de las conformaciones sociales y territoriales, geográficas y sociales, así como del entendimiento de las estructuras psicológicas subyacentes, sobre todo comprender sus dinámicas molares y moleculares combinadas.

Hablamos del Perú, de esta formación social, de esta geografía política delimitada por la propia historia virreinal, después por la historia de la República; claro que hay que tener en cuenta el antecedente primordial, no solamente del incanato, sino de anteriores sociedades andinas, también costeñas y del valle de Supe, como las de Caral. Así también hay que considerar a las sociedades amazónicas precolombinas.

Comenzando el año 2023 estamos ante un estallido social, cuyo epicentro se encuentra en la sierra,  sobre todo en la sierra sur del Perú. Sin embargo la geografía de la crisis se ha extendido rápidamente a 18 provincias, abarcado las distintas geografías, regiones y micro regiones, además, ya en el desplazamiento mismo de las movilizaciones, logrando un alcance nacional, los “cuatro suyos” han tomado Lima, la capital ahora convulsionada.

Es importante empezar con cuadros, con paisajes sociales y territoriales, con tejidos culturales. Comencemos con la sierra. Uno de los mejores expositores, desde la perspectiva literaria, de la sierra peruana es José María Arguedas. Sus novelas son conocidas, en ellas nos muestra de manera elocuente y colorida, además de musical, el entramado afectivo, lingüístico, cultural y social del Perú serrano. Son claves las novelas Los ríos profundos y Todas las sangres, sin desmerecer las otras novelas, sobre todo la última, publicada póstumamente El zorro de arriba y el zorro de abajo.

En Todas las sangres estamos ante un entramado narrativo exuberante, penetrante, expresivamente serrano, que integra y articula, en su diferenciación misma, distintos perfiles sociales, distintos personajes culturales, que entran en relación de manera enmarañada, se entrelazan caprichosamente,  pronunciando, de manera manifiesta, sus dramas. Es una novela donde se desnuda el ejercicio del poder, en su singularidad local, se ponen en evidencia los agenciamientos concretos de poder, su formación barroca, que sedimenta distintas herencias históricas, las precoloniales, las coloniales y las republicanas. El contexto serrano se puede dibujar a partir de proliferantes configuraciones, que expresan la concurrencia en distintos estilos sociales y culturales, inclusive podríamos decir civilizatorios. Para resumir, por un lado, están los terratenientes, que en su mayoría, al momento del relato, sufren la pauperización; estos terratenientes son como encomenderos tardíos, diferidos en el tiempo, metamorfoseados en su mestizaje, puesto que tienen sus indios, de los que son propietarios de la vida y de la muerte. Por otro lado, están los emprendimientos capitalistas, empresarios nacionales y extranjeras.

El centro del conflicto es la explotación minera, la explotación de un cerro misterioso, Apark´ora, a la vez místico y telúrico; rico en vetas de plata. Estas empresas capitalistas tienen sus obreros, sus trabajadores mineros, sus peones, pero también tienen sus indios asalariados y no asalariados, podríamos decir, sus mitayos modernos, que son donados por el hermano latifundista del empresario minero. El empresario minero nacional tiene que competir con una empresa trasnacional extractivista, que tiene sus agentes, sus técnicos, sus operadores, sus ingenieros, así también sus conspiradores. Como hilos de este tejido, de esta textura y de esta urdimbre, se encuentran las trayectorias de vida de los individuos, solitarios, perdidos en sus laberintos, conglomerados de trayectorias  de los grupos sociales y de los colectivos, así como de las comunidades. Aparecen los hombres, el perfil masculino, con todos sus prejuicios machistas, a contraluz, aparecen, tibiamente, incluso melancólicamente,  las mujeres, acompañadas por los estereotipos que les atribuye la sociedad institucionalizada. Hay mujeres que se asemejan a la virgen, a una santa, enclaustrada en su soledad, a una princesa andina, a pesar de los mestizaje.

Cuzco y Lima son los referentes de centramientos gravitacionales sociales y culturales. La lejana Lima se presenta borrosamente como la Babilonia costeña, la ciudad prostituta, la urbe de la perversión, del desenfreno, de la mercantilización general, del fetichismo diseminador. En cambio, Cuzco aparece como la capital serrana, el recuerdo del pupo del mundo del incanato, el centro del Tawantinsuyu. Entre ambas capitales opuestas social y culturalmente están los pueblos, las comunidades y las haciendas, todas absorbidas y metidas en sus propios dramas, buscando sus destinos indescifrables, peleando por no desaparecer o abriéndose inciertamente hacia la promesa del futuro.

Ciertamente hay una distancia temporal entre esa sierra, la de José María Arguedas, correspondiente a las primeras décadas del siglo XX y la sierra actual, correspondiente a las primeras décadas del siglo XXI. Lo mismo podemos decir respecto de la formación social peruana, sin embargo, quedan las huellas, las marcas, las hendiduras, las estructuras rudimentarias, también, en contraste, las estructuras barrocas de la sociedad; ese halo de competencia entre tradiciones y lo que se vienen llamar “desarrollo económico”. A estas alturas de la historia se puede decir que el “desarrollo nacional” ha fracasado. Se tiene la certeza, después de la evaluación histórica, que atraviesa el estupor de los siglos, de que ese “desarrollo” no es más que la forma del capitalismo extractivista y dependiente, una continuidad colonial, por lo tanto, la forma desmoralizante de la sumisión y del sometimiento, la forma destructiva de la transferencia de los recursos naturales al centro cambiante del sistema mundo capitalista.

La cuestión política ha cambiado mucho, si comparamos el contexto político de aquella época, de principios del siglo XX, y la actual época, de principios del siglo XXI, que podemos denominar de la irremediable decadencia del sistema mundo capitalista, de la civilización moderna y de la crisis múltiple del Estado nación. En aquella época se trasluce la pelea entre modernistas y tradicionalistas, por así decirlo, algo que todavía se puede encontrar hoy, solo que con perfiles distintos, discursos diferentes, personajes cambiados. En la novela Todas las sangres aparecen menciones despectivas, de parte de algunos protagonistas de la trama, respecto a lo que se nombra como “comunismo”, así como lo que se denomina, ambiguamente, “aprismo”. También se mencionan nombres correspondientes a perfiles, por así decirlo, “modernos”, se nombran estilos, mas bien, cínicos, que tienen que ver con los operadores de la empresa trasnacional minera, Wisther and Bozart; no les interesan las «ideologías», ni los perfiles políticos, sólo les interesan los negocios. En cambio, en contraste, en la época actual, correspondiente al siglo XXI, que ya ha acumulado una larga experiencia social y política, que ya conoce los recorridos del capitalismo dependiente, la dramática historia de la política inconsecuente, las sociedades tardías se enfrentan a la diseminación. Después de lo que podemos llamar la crisis de las ideologías o el crepúsculo de los ideólogos, crisis de los grandes relatos, crisis tanto del marxismo como del liberalismo; crisis del marxismo bolchevique, sobre todo en su versión totalitaria de socialismo real, aunque también en otros proyectos, pretendidamente “radicales”, que insisten en el la revolución bolchevique, a pesar de ser conocida la historia, el destino y el desenlace del bolchevismo en su forma despótica de estalinismo. En el Perú se cuenta con la experiencia de esta praxis política, por la vía de la incursión guerrillera, sobre todo la de Sendero Luminoso.

La guerrilla maoísta de Sendero Luminoso va a tener su asidero en Ayacucho, después se va a extender a otras provincias, por último va a pasar de la guerrilla rural a la guerrilla urbana, cuando se traslada a la metrópoli de Lima, donde definitivamente va a ser derrotada. Este periodo de convulsión dramática, de conflicto abismal, de guerra de guerrilla y de contrainsurgencia, va a ser conocida como la “guerra interna”, otros hablan de “guerra civil”. Como hemos dicho en otro ensayo, esta experiencia es traumática, no sólo por la guerrilla, que proyecta sus propios fantasmas justicieros, sino por el propio terrorismo de Estado, desencadenado y sin control, que se desata de manera desbocada. Las comunidades campesinas van a encontrarse atrapadas en fuego cruzado, en el medio del conflicto bélico. Después de una larga guerra de guerrillas y contrainsurgente, intensa, dramática y trágica, despiadada, sobre todo por el desborde demoledor de la violencia, el Estado contrainsurgente consigue la victoria, aplastando a las organizaciones guerrilleras.

El desenlace de la “guerra interna” va a ser fatal para la formación social peruana; el Estado aprovecha la ocasión para destruir el tejido social, la memoria social y la experiencia social acumuladas. Va a atacar al resto no guerrillero de un pueblo insubordinado, va a hacer la guerra a otras expresiones de izquierda, otros partidos de izquierda, que no están involucrados en la guerrilla, va a desmantelar a los sindicatos, va a aterrorizar a toda la sociedad peruana, acusando a toda protesta, a toda movilización, incluso a toda demanda de terrorismo. Esta es la época perversa de las gestiones de gobiernos de Alberto Fujimori.

En un anterior ensayo tomamos el concepto de trauma del psicoanálisis, lo usamos como metáfora para aplicarlo socialmente, tomado como trauma social y político, un trauma del inconsciente colectivo. Hemos dicho que ese trauma se instaura precisamente en el periodo de la “guerra interna”. Acabada la guerra el trauma permanece, se comporta de una manera perturbadora, incide en las conductas y en los comportamientos de la gente; tiene que ver con la estructura psíquica de los individuos, de los grupos, de los colectivos, de las clases. Si podemos usar figuras, expresarnos metafóricamente, el trauma tiene que ver con la estructura psíquica de la sociedad. Se va a hacer manifiesto en la recurrencia al trauma, en su reiteración, cuando la casta política tiene que explicar su crisis, cuando busca justificar el recurso de la violencia, al terrorismo de Estado, haciendo alusión a un recuerdo traumático, de que se vive la misma situación que la época de la “guerra interna”, de la guerra entre el Estado contrainsurgente y la guerrilla. Recuerdo anacrónico que no corresponde a la realidad efectiva, sino al imaginario delirante. Esto es precisamente lo que ocurre ahora. Frente al continuo y sucesivo escamoteo del voto popular, que ha venido eligiendo, desde el 2016, presidentes en segundas vueltas, el Congreso ha despojado a los presidentes de la continuidad de sus gestiones, bajo distintas acusaciones y juicios, por último les ha castigado con vacancias. La última tramoya congresal fue con Pedro Castillo, que se diferencia de los demás presidentes elegidos y destituidos por el Congreso en que su perfil social político y cultural es distinto, corresponde a los rasgos antropológicos de la sierra; es un serrano, un profesor devenido de una familia campesina, con quien se identifican, reconociéndose en sus rasgos y sus características culturales las poblaciones campesinas de la sierra. También lo hacen otras poblaciones subalternas de la formación social peruana. Pedro Castillo gana en segunda vuelta, tiene un programa que contempla la reforma agraria.

A los medios de comunicación empresariales, que juegan con estereotipos, les resulta Pedro Castillo de izquierda. Las acusaciones contra Pedro Castillo comenzaron antes, incluso ya en la primera vuelta, se hicieron más insistentes y desmesuradas en la segunda vuelta. Se trata de acusaciones infundadas, desde el señalamiento de “izquierdista”, incluyendo la acusación de que tuvo vínculos con Sendero Luminoso. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, no pudieron detener la victoria de Pedro Castillo. Recurriendo a todos los métodos viles no pudiera lograr sus objetivos, pero, a pesar de esto, persistieron,  no agotaron ni renunciaron a la guerra sucia, la continuaron; llegaron al extremo de decir que hubo fraude, el mismo que no pudieron demostrar nunca. Buscaron desesperadamente deslegitimarlo y descalificarlo, cuestionando la elección de Pedro Castillo. Con todo y a pesar de todas las tramoyas se posiciona Pedro Castillo en la presidencia, recibe el bando.

La campaña sistemática la guerra sucia no para, va a continuar de manera compulsiva. Pedro Castillo elige a Guido Bellido como su primer ministro, es el canciller, sin embargo, la derecha ultraconservadora lo acusa de pertenecer a Sendero Luminoso, presiona para que el presidente lo saque del gobierno. Contra lo esperado que se haga, respondiendo a su propio programa electoral, de manera sorprendente, el presidente sede a las presiones y saca a su primer ministro, al hombre más fuerte de su gabinete, al más claro, de acuerdo a lo que se planteó en el programa, que había ofrecido el mismo Pedro Castillo al pueblo. Como se dice comúnmente, en las primeras de cambio Pedro Castillo sede a la derecha, retrocede, de lo que podemos llamar centro izquierda a un centro y, después, al centro derecha; incorpora ministros de derecha.  Con esta actitud condescendiente cree que puede capear la tormenta, la presión permanente, pero no ocurre esto. Mediante estas concesiones a la derecha cree que lo iban a dejar gobernar, pero no ocurre lo que esperaba lograr, al contrario, lo acorralan más. Después, una vez logrado el retroceso de Pedro Castillo, la derecha congresal continúa en su propósito de sacar al serrano, retoma su estrategia. La situación del presidente se vuelve cada vez más dramática e insostenible; no lo dejaron gobernar, no lo dejaron hacer gestión, lo acusaron de inútil, después de que lo han inutilizado, a partir de la guerra sucia, las maniobras perversas.

Por otra parte el problema se ahonda, el mismo Pedro Castillo no solamente sede a la derecha sino que cae en sus prácticas, incursiona en prácticas de corrupción, incorporándose, de este modo, al comportamiento sinuoso del círculo vicioso de poder, comprometiendo a su familia en prácticas dolosas, dándole excusas suficientes a la derecha para buscar la  vacancia del presidente por “incompetencia moral”. Sin embargo, como dice Guido Bellido, a la derecha no le alcanzaban los votos para lograr la vacancia. Como escena de teatro o de cine, Pedro Castillo, en su desesperación o quién sabe por qué, se presenta el 7 de diciembre del año pasado haciendo una declaración, donde cerraba el Congreso, intervenía otras instituciones del Estado, convocaba a elecciones nacionales y llamaba a la realización de la Asamblea Constituyente. Con esta declaración presidencial se le da a la derecha, al Congreso, la excusa necesaria para darle la vacancia a Pedro Castillo y después apresarlo por su acción inaudita de golpe de Estado, al estilo de Alberto Fujimori.

Ante la destitución y posterior apresamiento de Pedro Castillo el pueblo serrano, sobre toda la sierra del sur, se manifiesta en contra, protesta, expresa su desacuerdo y pide, en principio, la liberación de Pedro Castillo, la restitución del presidente, la renuncia de la presidenta, por sustitución constitucional, que era su vicepresidenta, la convocatoria a elecciones nacionales y a la Asamblea Constituyente.  La respuesta del Estado va a ser virulenta, la represión sañuda, 18 muertes en Juliaca, después viene aumentando la marcha fúnebre de la muerte; hasta la fecha ya se contabilizan 63 fallecidos, el último corresponde al asesinato en Lima por parte de la policía.

Estamos ante el estallido social, que dura más de un mes, más de dos meses de levitación gubernamental y congresal, contando desde el 7 de diciembre.  Se han movilizado las organizaciones sociales y comunidades en 18 provincias, se han bloqueado varias carreteras principales y secundarias, entre ellas la Panamericana. La crisis política se transforma en el avance del desplazamiento de las movilizaciones, en su alcance en intensidad, que exige, de manera clara, la renuncia de Dina Boluarte, incluso se pide el cierre del Congreso y la convocatoria inmediata elecciones. De alguna manera sigue  pendiente el reclamo a la convocatoria a la Asamblea Constituyente. En el transcurso hay como dos alternativas, una menor, que habla de reformas constitucionales, y una mayor, que persiste en la convocatoria a  la Asamblea Constituyente. Esto presentado como clave, para liberarse de la Constitución fujimorista, que es una Constitución correspondiente a la institucionalización del terrorismo de Estado, donde prácticamente se convierte a toda protesta, a  toda movilización, a toda demanda en un acto terrorista, aunque no se lo diga explícitamente. Por otra parte, la Constitución fujimorista permite el saqueo del Perú, la entrega de los recursos naturales a las trasnacionales extracivistas, permitiendo los negociados y la corrupción galopante a la casta política.

Hasta ahora no ha renunciado Dina Boluarte, parece que no piensa hacerlo, supuestamente ha pedido al Congreso que se convoque a elecciones este año, 2023, pero el Congreso ha rechazado la propuesta de la presidenta. Parece un teatro político para ganar tiempo, una componenda. Ahora lanza la posibilidad de reformas a la Constitución, buscar salidas para lograr un adelanto de las elecciones para este año, sin embargo, no renuncia, que es  la única solución para la convocatoria inmediata a elecciones. Dina Boluarte no puede mantenerse después de su trágico haber de 63 muertes, una masacre; quedarse en la presidencia es como institucionalizar el asesinato del pueblo.

La crisis múltiple del Perú está lejos de resolverse, como dicen los “analistas políticos”, por el momento, en la coyuntura, se puede especular sobre algunos hipotéticos escenarios. Especulemos sobre estos escenarios. El más catastrófico, en el caso de que Dina Boluarte no renuncie, el conflicto, que ya ha llegado lejos, no solamente va a continuar, sino que va adquirir un carácter más intenso y expansivo.

Un segundo escenario tiene que ver con la renuncia de Dina Boluarte, que derivaría en la convocatoria a elecciones. En este caso el problema es la directiva del Congreso, el que recibiría la presidencia, en sustitución constitucional, sería un parlamentario cuestionado, un militar, es decir la derecha de mano dura. Considerando el contexto, la complejidad misma del contexto de la crisis múltiple, esto puede resultar altamente problemático. Por eso también se pide el cambio de directiva para lograr una sustitución constitucional potable. Considerando este escenario, se solucionaría una de las demandas de la movilización, que corresponde a la renuncia de la presidenta; empero otra demanda es la convocatoria a la Asamblea Constituyente. Esto queda pendiente, está por resolverse. Considerando el conjunto de demandas de la movilización social, que no dejan de tener un carácter  coyuntural,  en el caso hipotético que se respondan a las demandas, incluyendo la más difícil, la convocatoria a la Asamblea Constituyente, tampoco se resuelve el problema de la crisis estructural; la crisis es profunda, tiene larga data, conformando como obstáculo histórico y político la acumulación de problemas, cuya sedimentación histórica la hace altamente compleja y  problemática. Pasando de la heredad colonial a las huellas cruentas del capitalismo dependiente y extractivista, capitalismo que adquiere un perfil especulativo y perverso con la incursión del lado oscuro de la economía. La crisis estructural está lejos de resolverse; para decirlo puntualmente, como hablan las cooperaciones internacionales, la pobreza, la desigualdad social, están lejos de resolverse.  Ciertamente, se puede considerar una transición, en la coyuntura pueden darse pasos para la solución de demandas concretas y coyunturales, en espera de seguir adelante, en busca de la resolución estructural de la crisis múltiple.

Un tercer escenario, que quizá sea el más improbable, dadas las circunstancias, la composición de las propias fuerzas en concurrencia. Este escenario tiene que ver con un desemboque de carácter insurreccional, usando términos acostumbrados, un tanto desvalidos, a estas alturas de la experiencia social, una salida revolucionaria. En todo caso, a pesar de ser improbable esta posibilidad, es parte de las tendencias inherentes del contexto, aunque no sean las más fuerte de las tendencias. De todas maneras se requiere nombrarla para tenerla en cuenta en el análisis de la composición de la crisis, de la composición dinámica de la crisis, abarcando la profundidad misma de la crisis. Este escenario supone una espiral más fuerte de violencia estatal, del terrorismo de Estado, con el desplazamiento militar, ya a mayor escala, del ejército; esta situación nos lleva a enfrentamientos de magnitud. Como hemos dicho, este escenario es improbable, dada la composición de las fuerzas en concurrencia, hay que tenerla en cuenta, puesto que esa posibilidad nos muestra el grado de la crisis múltiple del Estado y de la crisis de la sociedad institucionalizada.