Estados Unidos: La rebelión indígena de 1973

¡Hace ya medio siglo! El 27 de febrero de 1973, en un lugar llamado “rodilla torcida” (Wounded Knee), en el corazón mismo de Estados Unidos, se desató una rebelión de indígenas oriundos de esa tierra, que pretendían independizarse de Estados Unidos. Claro está que 71 días después el movimiento quedó aplastado “a la brava” por las fuerzas del orden, en este caso en su mayoría de la FBI. Como decían antiguamente los españoles, impuestos a hacerlo, se aplacó a los rebeldes “a fuego é a sangre”.



 

¡Hace ya medio siglo! El 27 de febrero de 1973, en un lugar llamado “rodilla torcida” (Wounded Knee), en el corazón mismo de Estados Unidos, se desató una rebelión de indígenas oriundos de esa tierra, que pretendían independizarse de Estados Unidos. Claro está que 71 días después el movimiento quedó aplastado “a la brava” por las fuerzas del orden, en este caso en su mayoría de la FBI. Como decían antiguamente los españoles, impuestos a hacerlo, se aplacó a los rebeldes “a fuego é a sangre”.

Los rebeldes de la “reserva” indígena –así llaman a esa suerte de campos de concentración– llegaron a tal inconformidad que el 8 de marzo siguiente de plano izaron de cabeza la bandera de las barras y las estrellas y declararon su independencia de la “Gran Nación”. Cabe recordar que el presidente era Richard Nixon y la guerra de Vietnam estaba en su apogeo, aunque no es de suponer que otro presidente y en otra situación hubiera recurrido a otros procedimientos.

Vicent Partal, un periodista valenciano que visitó el sitio 10 años después, definió muy bien el estatus de la pequeña comarca en Dakota del Sur, inmediata a Nebraska, diciendo que para comer una hamburguesa “como Dios manda” había que recorrer 150 kilómetros y al menos 30 de ellos para encontrar un sitio, aunque fuera modesto, dónde dormir. Tal era su naturaleza, diferente del resto del país…

También contaba que todavía 10 años después de estos hechos nadie se atrevía aún a hablar de ellos con un extranjero.

Asimismo, refiere en su reportaje que el ingreso per cápita equivale a menos de la mitad que el de su vecino en el estado de Nebraska. De hecho, este condado llamado Pine Ridge puede presumir que, de los 3 mil 142 condados en que está dividido ese país, es el que tiene el menor ingreso.

Pero resulta que la pequeña región llamada Wounded Knee tiene antecedentes mucho más dolorosos que datan de 1890. Hay un monumento, bastante feo por cierto, que conmemora “la batalla” de ese año, aunque tímidamente dicha palabra fue sustituida de manera tosca por otra que la define como realmente fue: “masacre”. Nadie sabe quién hizo la modificación, pero lo cierto es que nadie ha osado hasta la fecha imponerle de nuevo el vocablo original.

Fue una revuelta que respondía no sólo a la pobreza, sino también a la discriminación de que eran objeto los nativos. No hace mucho que la prohibición de que éstos accedieran a ciertos lugares era manifiesta, incluso con letreros muy visibles.

En aquella ocasión, a fines del siglo XIX, básicamente los rebeldes fueron sometidos (o aplastados) por el 7º Regimiento de Caballería respaldado por cuatro espléndidos cañones diseñados para tales combates, gracias a los cuales lograron superar la cifra de 250 muertos, algunos de los cuales yacen al pie de dicho monumento.

Por cierto que sobrevive el recuerdo de que 20 uniformados, que se esmeraron en su cometido, fueron condecorados con la medalla de honor que se impone a los que consideran héroes en el combate.

No cabe duda de que, si no resultara totalmente imposible, la insurgencia de toda la comarca conocida como Wounded Knee volvería a pugnar por independizarse de Estados Unidos, como es el caso de Hawái y de Puerto Rico, pero la cuestión es que el sur de Dakota se encuentra, vale repetirlo, en el corazón mismo de la “Gran Nación Americana”, que se reconoce a sí misma como el paradigma del progreso.

Información adicional

Autor/a: José M. Murià
País: Estados Unidos
Región: Norteamérica
Fuente: La Jornada