De como los autonomistas aniquilan la autonomía social. Respuesta a Ezequiel Adamovsky

19.Mar.06    Análisis y Noticias

Estimado compañero:

Llama la atención un sinnúmero de pequeños detalles que aparecen contradictorios con la intención explícita del texto.

Se aspira a la autonomía, pero la propuesta la aniquila.

De forma desordenada, digo:

Los anarquistas no son individualistas, usted ha elaborado un mal comienzo hacia un “adversario” ideológico. Hay anarquistas que son individualistas, de eso no cabe duda, pero sacarlos de una plumada de la lucha o el debate de la autonomía con ese simple expediente es como una limpieza previa antes de operar.

No existe el autonomismo, ya que de ser así es una contradicción, puesto que sería entonces una ideología o una doctrina, esto es, un conjunto de ideas apriorísticas, que se asumen o no se asumen, se entra en ello o no se entra. Distinto sería el zapatismo, que recoge las ideas y experiencias de una persona y formas de lucha.

Es extraña su manera de plantear la problemática de los soviets, donde fueron precisamente los anarquistas los que más avanzaron en el asambleismo y la horizontalidad, aunque no los únicos. Basta ver como en Ukrania se crecía la organización campesina por abajo. O en Kronstadt. Usted generaliza sobre los soviets.

También es poco autónoma su manera de operar desde su racionalidad “hacia lo social”. Con su mente usted aspira a asesinar la autonomía de la autoorganización social tratando de definir las maneras en que podría o debería moldearse.

No es posible hablar de autonomía elaborando un “proyecto político” o de “nuevas instituciones”. El encuentro de personas en las localidades tiende a conformar y erigir una voluntad de muchos, eso es cierto, por eso se hace posible que mediante la racionalidad instrumental a que estamos acostumbrados, veamos en esa voluntad de muchos eso, simplemente eso: otra “voluntad”, a la cual le aplicamos todas las características, procesos y acciones que le reconocemos a la voluntad individual.

Usted ve la asamblea como la suma de las voluntades y su unificación en una nueva “voluntad única”. Eso obviamente proviene de la base iluminista de la mayoría de las corrientes que dicen ser marxistas (que, dicho sea de paso, al serlo, asesinan a Marx, que se negó sistemáticamente a que Engels hablase de “marxismo”).
Así usted ve la asamblea como el terreno de la acción comunicativa habermasiana, donde los más capaces dan origen a las ideas mejores.
Si usted se hubiese referido a la rotación constante de las personas en las “instituciones” autónomas, quizás yo me hubiese detenido un poco más a analizar sus propuestas, pero veo que cae en la la práctica de las corrientes argentinas y de otros lados que hablan mucho de autonomía, crean coordinaciones, frentes y bloques entre experiencias, pero se aseguran de que en los espacios de definición de tareas o de elaboración de textos estén siempre los mismos.

Eso es una nueva manera de hegemonizar con discurso adormecedor. Y los argentinos que lo hacen lo aprendieron del MST brasileño, fueron a sus escuelas de cuadros llenas de retratos del Che y volvieron con la argumentación suficiente y necesaria para aniquilar la autonomía, como ha sido hecho allá.

Usted prioriza lo global por sobre lo local, sin embargo no podría ser capaz de nombrar alguna experiencia argentina o de cualquier lugar que se haya desarrollado como el sujeto “nosotros” a que todos aspiramos. O sea, que lo “local” de hecho aún está en gestación, y antes de que diga “agú” como un niño que viene al mundo, ya estamos los intelectuales imaginando como se van a articular con otros en nuevas formas superiores de etc etc etc.

Increible, antes de que lo local hable, otros, los globales, hablan por ello. Dígame usted si los piquetes que conocemos hacen asambleas, podría encontrar alguna diferencia con la práctica asamblearia que se ha ido instalando en Gualeguaychú?

Una hipótesis: si el MST brasileño no reconoce la autonomía de los movimientos locales, ya que los dirige desde arriba, en qué se diferencia eso de las decisiones que elaboran algunas corrientes piqueteras y de MTDs argentinos entre gallos y medianoche para luego ser “trasladadas” a las asambleas?

Asambleas como cajas de resonancia de reflexiones y decisiones tomadas entre algunos. Y que conste que afirmo que ese es el comportamiento de la mayoría de las agrupaciones argentinas que se reclaman “autónomas”.

Y dejo constancia que esto lo digo con el ánimo de avanzar en las ideas sobre las experiencias y viceversa.

Afirmo que ser guevarista sincero significa romper de hecho, como rompió el Che, con las instituciones.

De ahí que le dejo dos preguntas:

¿Cómo relaciona usted la discrepancia del Che con el cálculo económico vs. la planificación económica centralizada y la autonomía de los soviets? Refiérase a la NEP si le parece.

¿Cómo relaciona usted los incentivos económicos y los incentivos morales del socialismo con la construcción de las nuevas relaciones sociales en las localidades y la autonomía de los soviets?

Veo a los compañeros más preocupados de armar el referente global que en construir relaciones de democracia directa en los barrios. Sin eso, sólo quedaría aspirar a que venga un Chávez alguna vez o que un Morales surja antes de que las autonomías locales asuman sus territorios.

Saludos fraternales.

Profesor J

Vea el texto referido de Adamovsky, “Problemas de la política autónoma: pensando el pasaje de lo social a lo político” en http://argentina.indymedia.org/news/2006/03/385420.php