Jugar y jugarse. Sobre la dimensión lúdica de la Educación Popular

15.May.06    Universidad Libre

JUGAR Y JUGARSE
Sobre la dimensión lúdica de la Educación Popular

Mariano Algava
Equipo de ed. Popular
“Pañuelos en rebeldía”
área “juego, arte y cultura”

“Nosotros aquí como educadores y educadoras o somos un poquito locos o no haremos nada. Si, sin embargo, fuéramos solamente locos nada haríamos tampoco. Si fuéramos solamente sanos también nada haríamos. Sólo hay un camino para hacer algo, es ser sanamente loco o locamente sano.”
Paulo Freire

“Para jugar bien hay que apasionarse. Para apasionarse hay que salir del mundo de lo concreto. Salir del mundo de lo concreto es introducirse en el mundo de la locura. Del mundo de la locura, hay que saber entrar y salir. Sin introducirse en la locura no hay creatividad. Sin creatividad uno se burocratiza. Se torna hombre concreto. Repite palabras de otro.”
Eduardo “Tato” Pavlosky

En la educación popular, lo lúdico, no pasa solamente por la utilización de técnicas participativas. Descubrir y descubrirnos, en los vínculos y en las matrices de aprendizaje viciadas de los valores del capitalismo, y disponernos a la construcción de nuevas relaciones, de nuevos saberes, de nuevas subjetividades, que involucra el construir creativamente con otros, constituye una actitud lúdica. Implica comprometerse con nuevas reglas consensuadas, supone un “hacer” sobre la realidad que transforme y acerque esa realidad a los sueños, todo esto implica un desafío, implica desarmar para volver armar creativamente, significa un aventurarse, en definitiva se trata de un verdadero hacer lúdico.
Hacer lúdico que desafía lo instituido, lo burocrático, lo dogmatizado y que propone el movimiento, la construcción, el debate, la tolerancia, la confrontación dialéctica, la incompletud, la creatividad.
La creación solo es posible en el juego, en ese espacio transicional que no es ni el mundo interno (fantasías, sueños, etc), ni el mundo externo, pero en el que ambos están involucrados. Es en ese espacio de juego donde los elementos se combinan, se sintetizan en formas nuevas, superadoras.
Los que viven la realidad como algo inmóvil, se vinculan a ella en una relación de acatamiento, piensan que solo es posible adaptarse a ella. El acatamiento involucra una sensación de inutilidad de la persona en el mundo, en definitiva, la vida no es sentida como desafío, como espacio de dignidad, que merece ser vivido. Los conservadores, los desesperanzados, no ven en la vida la aventura, son incapaces de entrar en ese espacio donde realidad y sueños son materia prima de nuevas relaciones, nuevas significaciones.
El vivir creativamente, transformando el mundo en el encuentro con el mundo, implica una actitud saludable, que disputa la naturalización de las condiciones de opresión, que no niega la indignación y la vuelve motor de la transformación. Saludable, porque vence a la alineación.
El “jugarse”, estar dispuesto a confrontar, a dejarse transformar, es arriesgar . Arriesgar, es asomarse al vacío de lo desconocido y dar el salto, aventurarse a crear.
“…Toda la gente que me dicen que no hacen nada por la transformación, porque la transformación tiene en sí este riesgo, yo digo, esta es la mejor manera que tú tienes de no hacer nada porque en cualquier momento, si existo, me arriesgo…” (Paulo Freire)
En un taller de educación popular, alguien dijo: “educación popular es abrir la puerta para ir a jugar-se”y esta frase simboliza un montón de cosas.
Salir a jugar, abrir la puerta de los corralitos que nos imponen, que quieren adoctrinar nuestros sueños, nuestras ideas y nuestra producción.
Abrir la puerta a la risa, a la alegría. Porque venimos de procesos excesivamente serios, de donde el juego, la expresión libre y la alegría, escaparon.
Jugar y jugarse hablan de andar por un camino que se va construyendo con otros y otras con clara dirección, pero incierto destino, habla de un impulso lúdico motorizado por la esperanza.
El sistema nos propone el juego como embudo de saberes, en la escuela, en los planes de desarrollo local, inclusive en propuestas participativas , sociales, de carácter asistencialista, donde se ha cambiado el “la letra con sangre entra”, por “la letra con juego entra.”
Para la ed. Popular, el juego surge como consecuencia de un proceso de libertad y de su proyecto político creador y desafiante, no es una propuesta de “divertido adoctrinamiento”.
Me cuesta pensar en una revolución que no sea también, una revolución lúdica, ya que ningún lugar al que nuestra imaginación pueda llegar alcanza para revolucionar tanta miseria, tanta muerte, tanta burocracia. Los esperanzados con la insurrección de la ética y de la justicia, tendremos necesariamente que ser creativos, arriesgadas, locos, apasionadas, para poder “jugarnos” y avanzar hacia aquello que nunca ha sido.
Asumir riesgos, en todo sentido, al ridículo, a ser separado del rebaño, a perder las comodidades y las seguridades. Jugarnos, hacer una elección de clase, una elección ética, una elección de transitar el camino mas difícil, una elección de atravesar el dolor de reconocernos penetrados por el opresor y elegir expulsarlo aunque esto implique un grado de sufrimiento. Dice Freire: “La liberación es un parto. Es un parto doloroso. El hombre y la mujer que nacen de él es un hombre nuevo y una mujer nueva, que solo son viables en la y por la superación de la contradicción opresores-oprimidos que en última instancia, es la liberación de todos y todas.”
La mujer y el hombre nuevos, en su proceso de constituirse como tales, le disputan las significaciones y los valores al orden instituido por el sentido común. Significaciones que son construidas en conjunto y no “acatadas”, no repetidas de manuales, sino rescatadas de los sueños y de la práctica de los colectivos populares. Esta acción de resignificar, resimbolizar aspectos de la realidad, está cargada de un goce que pertenece a las experiencias infantiles de juego, cuando por ejemplo cualquier objeto puede convertirse en un juguete, de hecho esta cualidad de resimbolizar constituye la actitud lúdica.
Para el sentido común hegemónico, regido por los valores del mercado, del patriarcado, por la subjetividad privatista, mercantilizada y el individualismo, el juego se opone al trabajo. Es una conducta residual, destinada a los sectores de la población que no producen, como los niños y los ancianos, menospreciando el aspecto generacional y también al juego. En el mejor de los casos se lo transforma en una herramienta para imponer contenidos.
Para nosotros y nosotras, el juego subyace a toda conducta transformadora y creadora (arte, pensamiento, el trabajo) Entendiendo al factor lúdico como el impulsor del vínculo entre las personas y su entorno, el factor desequilibrante de donde brota la cultura humana . Basta conocer las experiencias de recuperación de fábricas, de reinvención de vínculos y participación de las asambleas, y de varios espacios militantes que reinventan formas nuevas de la política, colectivos artísticos que ganan la calle, los escraches, los cambios de nombres a las calles y a las estaciones, los juicios populares, etc. espacios creadores de una nueva cultura, que rechazan el pensamiento único y las viejas estructuras.
En la raíz del impulso lúdico está la tendencia a ensayar combinaciones nuevas, a explorar con el cuerpo, con la mente, con la sensorialidad, con el intelecto, lo no previsible, lo soñado, lo novedoso. Es por eso que jugar constituye una fuerza y una actitud inseparables de todo intento de transformación. Lo importante de este impulso resulta que en esta dinámica creadora de cultura, también se crean los nuevos hombres y mujeres. El juego, el vivir creador, la experiencia del hacer lúdico sobre la realidad, desempeña un papel fundamental en la constitución de la subjetividad.
Desarrollar y desarrollarnos en procesos creativos, y “seriamente lúdicos”, implica ir asumiendo el derecho de transformar el mundo.
“El educador es también artista: él rehace el mundo, él redibuja el mundo, repinta el mundo, recanta el mundo, redanza el mundo” (Paulo Freire)

La dimensión lúdica del aprender-enseñar

“Propiciar la invención y el placer en el proceso de construcción del saber ¿no implicaría atentar contra el modo moderno del uso del tiempo y de la posición frente al trabajo? Si, esto implicaría. Fácil de lograr no es. Hay que ser muy niño para lograrlo”
Helí Morales Ascencio

Dice Pilar Ubilla: “En el proceso de aprendizaje es necesario construir una zona de juego, un espacio lúdico y creativo, con el objeto de vencer vincularmente al síntoma, que no es otra cosa que la creatividad encapsulada, la curiosidad anulada, la renuncia a pensar, a conocer y a crecer. El acto educativo requiere de un clima afectivo apropiado y de buen humor.
El concepto de poder cambia, transformándose en un poder que despierta poderes
Por eso circula, tiene carácter provisorio, reclama constantemente participación activa.
Avanzamos en nuestro aprendizaje cuando el gozo y la búsqueda que lo deben acompañar superan a la ansiedad y a los goces de la seguridad.
De esta manera el acto de conocimiento en el marco de un proceso de aprendizaje liberador, siempre se encuentra impulsado por intereses comunicativos y emancipatorios, es decir por intereses y motivaciones de carácter ético.
Autonomía supone audacia para crear significados y valores nuevos, desafiando significados estériles y cristalizados.”
El modelo lúdico implica sostener abierta la duda, molesta y generadora, la incompletud inherente a los seres humanos, como motor de la búsqueda y de la acción que construye la historia. De allí la pedagogía de la pregunta y no la de las respuestas, no la de los saberes absolutos. De allí la construcción colectiva del conocimiento y no la reproducción acrítica, acatadora y obediente.
Juego y aprendizaje, tienen un mismo origen y espacio de desarrollo. D. Winnicot, en “Realidad y Juego”, despliega el tema del objeto transicional, objeto que la madre entrega al bebe, para mitigar la angustia de su ausencia temporal, y con el que el niño o la niña juega. En este acto de confianza se instaura tanto el “jugar” como el “conocer el mundo externo” ya que se establece un vínculo con un objeto. Vínculo que se irá desplegando en la curiosidad por otros objetos, y en la exploración lúdica. (fenómenos transicionales) Finalmente Winnicot, afirma que el vivir creador de los adultos, es el destino del mismo impulso, nacido en la primer relación objetal y en el juego.
Dice Helí Morales Ascencio: “En el juego, el niño no solo intenta anudar historias, sino que eso le produce alegría. ¿Por qué una niña ríe cuando juega? Porque está creando un texto nuevo a partir de otros textos. Jugar es descubrir las bondades del lenguaje; es inventar nuevas historias; es asistir a la posibilidad humana de crear nuevos latidos, y eso es maravillosamente placentero.
(…) Jugar es poner a trotar las palabras, las manos y los sueños.(…) Jugar es soñar despierto; aún más: es arriesgarse a hacer del sueño un texto visible” partiendo de esta cita Alicia Fernández dice: “El aprender es apropiarse del lenguaje; es historiarse, recordar el pasado para despertarse en el futuro; es dejare sorprender por lo ya conocido. Aprender es conocerse, admitirse. Creer y crear. Arriesgarse a hacer de los sueños textos visibles y posibles”
Solo en el juego, o podríamos decir “en juego”, los hombres y mujeres son capaces de crear. En la educación popular construir conocimiento es un acto creativo. Acto donde se involucran aprendientes y enseñantes (aprendiseñantes) con compromiso, confianza y esperanza. Por otro lado este acto creativo, no es un acto individual, es colectivo, es grupal.
El aprendizaje en grupo, es un proceso desestructurante. El grupo al confrontar dialécticamente con nuevas situaciones, nuevos contenidos, nuevas significaciones, es decir involucrado en el proceso de aprendizaje; experimenta el desacomodamiento del sistema que hasta entonces sostenía su estructuración conceptual y vincular. El grupo entra en crisis. Crisis necesaria para poder reestructurar y superar las viejas estructuras y de esta forma construir nuevas posiciones, incorporar contenidos, en definitiva ir aprendiendo. La vivencia de esta crisis, es comparable con el “caos” o vacío” necesario para comenzar un nuevo orden lúdico. Construir lo nuevo desde la necesidad que nos provoca la vivencia del vacío, constituye el “hacer” lúdico. Es el mismo vacío que experimenta el bebe, ante la ausencia de su madre y que promueve el jugar y el hacer sobre el mundo.
Creemos que los educadores, actuamos como provocadores de las estructuras, para desectructurarlas y estimular la necesidad de aprender. Para esto es necesario conocer, estar, vibrar con el grupo. Esta escucha, convierte a las y los educadores populares, en investigadores e investigadoras de los temas generadores, de las expectativas grupales, de las necesidades reales de los grupos y sitúa a la educación popular en una educación “con” el pueblo y no “para” el pueblo. En última instancia esta opción, también constituye un elemento de la dimensión lúdica de la ed. Popular.
En esta acción pedagógica y lúdica, radica una de las grandes diferencias entre las experiencias de educación popular y las experiencias, muchas veces llamadas así, pero de carácter asistencialista y manipulador. Estas parten de “saber” que cosas necesitan “los otros”. No parten del diálogo, ni de la experiencia de las personas a las que destinan “su saber”. Aquí se establece una gerarquización, que resulta inadmisible en una estructura lúdica, ya que no hay juego si no hay “democracia lúdica”.
El juego es espacio público, no hay juego si hay propiedad. El juego libre, como la curiosidad y la capacidad y el deseo de aprender, no son patrimonio de nadie. Las escuelas privadas, y la privación de la escuela, los cursos de capacitación que “venden” datos o títulos, que a su vez generan un puntaje, para ir escalando puestos en la jerarquía docente, etc. distan mucho de ser verdaderos espacios de aprendizajes. En todo caso se explican desde la lógica bancaria de la acumulación. La educación llamada pública, no escapa a esta lógica, ya que viene siendo privatizada y privada a gran parte de la población. Pública sería realmente si todas y todos pudieran acceder a ella, inclusive siendo partícipes de pensarla.
Volviendo a las técnicas y juegos; muchas experiencias, como ya mencionamos, las utilizan para amenizar los aburridos contenidos impuestos. Dinamizan un poco el formato externo de un planteo pedagógico que no tiene nada de lúdico, ni de riesgo, ni de aventura cognitiva. Pervirtiendo tanto el jugar como el aprender.
La educación popular, en su dimensión lúdica, que es parte de su concepción, es generadora, en su praxis, de juegos, técnicas y dinámicas, que a su vez realimentan esta concepción y reafirman su carácter lúdico.
Jugar a aprender y a aprendernos, aprender a jugar y a jugarnos, forman parte de nuevos desafíos a la hora de la formación, la educación popular y del desarrollo de un campo popular capaz de revolucionar las estructuras.

Notas:

“El jugar tiene un lugar y un tiempo. No se encuentra adentro, tampoco está afuera. Para dominar lo que está afuera es preciso “hacer” cosas, no solo pensar o desear. “jugar es hacer” D.W.Winnicot, “realidad y juego” Ed. Gedisa, Bs. As. 1972
Poseemos tres estados de experiencia humana, observamos primero la realidad exterior y el contacto del individuo con ella en términos de relación de objeto. Observamos ahora la realidad psíquica interior y en contraste con las dos realidades enunciadas sugiero, la tercera zona, en términos de la tercera manera de vivir (donde está la experiencia cultural o el juego creador) zona del juego, que se ensancha en el vivir creador y en toda la vida cultural del hombre.
He usado la expresión experiencia cultural como una ampliación de la idea de fenómenos transicionales y del juego. Resulta útil pensar en esta tercera zona de la vida humana, que no está dentro del individuo, ni fuera. Puede verse ese vivir intermedio como si ocupara un espacio potencial y negase la idea de espacio. (Winnicot.)

Freire Paulo, “pedagogía del oprimido” ed. Tierra nueva, Montevideo, 1970
Los animales no esperaron la presencia humana para empezar a jugar. “El juego es mas viejo que la cultura”, a partir de esta frase del “homo ludens” Johan Huizinga desarrolla la idea de que la cultura humana brota del juego y es juego, y se desarrolla jugando.
Partiendo, de esta hipótesis, Huizinga analiza las expresiones mas primitivas de la civilización: el derecho, el saber, la poesía, el arte, la filosofía, encontrando en ellas el impulso lúdico.
En “ética y pedagogía (o recreando a José Luis Rebelato) ” en “pedagogía de la resistencia” Ed. Madres de plaza de mayo y América Libre, Bs.As., 2004
“Me gusta ser hombre, ser persona, porque se que mi paso por el mundo no es algo predeterminado, preestablecido. Que mi “destino” no es un dato sino algo que necesita ser hecho y de cuya responsabilidad no puedo escapar. Me gusta ser persona porque la historia en que me hago con los otros y de cuya hechura participo es un tiempo de posibilidades y no de determinismo.” Paulo Freire, “pedagogía de la autonomía”, Ed. Paz e terra, San Pablo, 1996
Helí Morales Ascencio, “la infancia, el tiempo y el exilio” revista E.Psi.B.A. N°2 y N°3, Bs. As. Junio 1996. Citado por la psicopedagoga Alicia Fernández, en “Psicopedagogía en psicodrama”, Ed. Nueva Visión, Bs. As., 2005
Término utilizado por Alicia Fernández. Opcit.
Solo se juega sobre el caos o el vacío. Caos proviene del griego “kaivelv” y significa”espacio vacío”. Vacío y caos fueron en principio una misma palabra.
Los hombres (y las mujeres) no pueden habitar el vacío ni el caos, se pierden en las tinieblas, se abisman. Fundar un orden sobre el caos o vacío es lo que los salva. Y eso es jugar.
“En el ámbito lúdico no rigen las jerarquías ni los niveles válidos en la vida corriente. Los jugadores entran descalzos en la realidad envolvente del juego, hermanos en la democracia no jerarquizante del juego.” Graciela Scheines, “juguetes y jugadores” Ed. De Belgrano, Bs. As. 1981