Autor: “Felix Guattari”

Para acabar con la masacre del cuerpo (r)

Cualesquiera que sean las pseudotolerancias de que haga alarde, el orden capitalista bajo todas sus formas (familia, escuela, fábricas, ejército, códigos, discursos…) continúa sometiendo toda la vida deseante, sexual y afectiva a la dictadura de su organización totalitaria fundada sobre la explotación, la propiedad, el poder masculino, la ganancia, el rendimiento…
Sin descansar, continúa su sucia tarea de castración, aplastamiento, tortura y cuadriculado del cuerpo para inscribir sus leyes en nuestras carnes, para clavar en el inconsciente sus aparatos de reproducción de la esclavitud.


De lo posmoderno a lo posmedia

Una cierta concepción del progreso y de la modernidad se halla en bancarrota, poniendo en peligro con su caída la confianza colectiva en la idea misma de la práctica social emancipatoria.
La izquierda comunista se hunde irremediablemente en la esclerosis y el dogmatismo, mientras que los partidos socialistas, ansiosos de presentarse como socios tecnocráticos confiables, han renunciado a todo cuestionamiento progresista de las estructuras existentes. No hay que sorprenderse, después de esto, si las ideologías que pretendían, hace mucho tiempo, servir de guía para reconstruir la sociedad sobre bases menos injustas, menos desiguales, han perdido su credibilidad.


El capitalismo es un humanismo

La máquina del capital regula la intrusión maquínica. A su manera, la humaniza. La crueldad del comerciante no es la del guerrero.


Para acabar con la masacre del cuerpo

Cualesquiera que sean las pseudotolerancias de que haga alarde, el orden capitalista bajo todas sus formas (familia, escuela, fábricas, ejército, códigos, discursos…) continúa sometiendo toda la vida deseante, sexual y afectiva a la dictadura de su organización totalitaria fundada sobre la explotación, la propiedad, el poder masculino, la ganancia, el rendimiento…


Las tres ecologías

EL PLANETA TIERRA vive un período de intensas transformaciones técnico-científicas como contrapartida de las cuales se han engendrado fenómenos de desequilibrio ecológico que amenazan, a corto plazo, si no se le pone remedio, la implantación de la vida sobre su superficie. Paralelamente a estas conmociones, los modos de vida humanos, individuales y colectivos, evolucionan en el sentido de un progresivo deterioro. Las redes de parentesco tienden a reducirse al mínimo, la vida doméstica está gangrenada por el consumo «mass-mediático», la vida conyugal y familiar se encuentra a menudo «osificada» por una especie de estandarización de los comportamientos, las relaciones de vecindad quedan generalmente reducidas a su más pobre expresión… La relación de la subjetividad con su exterioridad ya sea social, animal, vegetal, cósmica se ve así comprometida en una especie de movimiento general de implosión y de infantilización regresiva. La alteridad tiende a perder toda aspereza. El turismo, por ejemplo, se resume con frecuencia a un viaje in situ en el seno de las mismas redundancias de imágenes y de comportamiento.
Las formaciones políticas y las instancias ejecutivas se muestran totalmente incapaces de aprehender esta problemática en el conjunto de sus implicaciones.