Autor: “Gustavo Esteva”

Aprender capitalismo

En estos meses peculiares mucha gente descubrió la incorregible naturaleza del régimen dominante. Busca ya otras formas de existencia social.
El capitalismo y su forma política se presentaron siempre como una forma deseable de vivir. Cuando el camino socialista pareció fracasado o perdió atractivo, en los años 80 y 90, la vía capitalista no sólo pareció deseable, sino única. Fukuyama se hizo famoso al proclamar el fin de la historia. Llegó a decir que el matrimonio del capitalismo con la democracia liberal era la culminación de la historia humana y ni siquiera podíamos imaginar algo mejor. Mucha gente lo creyó.
Se multiplican, sobre todo, hasta en los lugares más inesperados, iniciativas de quienes por estricta supervivencia o por un deber moral han decidido tomar un camino que hasta hace poco tiempo parecía impensable, un camino que va más allá del capitalismo.


Contra el miedo, la esperanza

Necesitamos compartir experiencias e informaciones que revelen nuestras capacidades autónomas, la forma en que podemos resistir bien la amenaza y aprovechar la coyuntura para reorganizar la vida cotidiana en forma más sensata y gozosa. En vez de miedo, precaución. Y dedicarnos, sobre todo, a construir una nueva esperanza.
Seguirán fracasando las expectativas de regreso a la “normalidad”. Serán incumplidas todas las promesas que alimentan ilusiones de que podrá recuperarse cuanto se ha perdido. Al mismo tiempo, se multiplicarán testimonios de quienes están usando la coyuntura para sustentar en viejas tradiciones y antiguos sueños la construcción autónoma de mundos propios.
La esperanza que así está materializándose no es ideológica ni se basa en el anuncio de nuevas tierras prometidas. A menudo por razones de estricta supervivencia, se hacen realidad todos los días innumerables utopías concretas que se levantan serena y orgullosamente sobre las ruinas del mundo que termina, el que nos hace la guerra.


Aprender guerra

No lo quisimos creer. Nos lo advirtió el finado subcomandante Marcos hace más de 20 años. Pero no lo quisimos creer. Nos pareció una metáfora útil para el análisis, no lo que era, una advertencia. Estamos ante una guerra. No podemos seguirnos comportando como si no lo fuera o no nos tocara directamente.
Tiene aspectos abiertamente criminales. México es ya el país más violento del mundo, en particular para ciertas categorías de personas, como periodistas, dirigentes sociales y defensores de derechos humanos. En esta administración se producen ya cuatro asesinatos por hora. Zonas cada vez más amplias del país están controladas por la fuerza. En algunas son los llamados cárteles, que distribuyen despensas o imponen toques de queda. En otras está la Guardia Nacional, que tiene ya efectivos tres veces superiores a los de la guerra de Calderón, junto a fuerzas paramilitares y grupos de choque.


Desintoxicarnos

La extraña materia tóxica que hoy ­circula como información alcanzó ya dimensiones epidémicas. No sólo corrompe todo a su paso y extiende la confusión. Es también fuente de conflictos y defensa abierta o simulada de intereses dañinos.
La primera línea de protección está en nuestras manos: austeridad. No sólo hemos de huir como de la peste de ciertos medios y dispositivos, con sesgos y compromisos muy conocidos. También de las redes sociales. Además, necesitamos reducir la dosis que ingerimos. La cantidad de información que consumimos alcanza ya niveles patológicos.


México: Enseñar el cobre

La cuestión no es solamente el respeto a la autonomía y los derechos de los pueblos originarios. Es que ante una catástrofe sin precedentes, cuando experimentamos el más grave colapso climático y sociopolítico de nuestra historia, es indispensable que aprendamos a escuchar a los pueblos que poseen los saberes y las tradiciones que hoy necesitamos.


Confrontaciones

Paso a paso se extienden rebeliones que definen la condición actual. Las hay silenciosas y pacíficas, casi invisibles, que siguen empeñosamente su ruta radical. Otras muchas entran a confrontaciones abiertas de difícil pronóstico.


México: El atropello redentor

El gobierno de México confesó, por escrito, su intención ­etnocida.
No se muerde la lengua. Llama etnocidio, citando a Rodolfo Stavenhagen, “al proceso mediante el cual un pueblo… pierde su identidad debido a políticas diseñadas para minar su territorio y la base de sus recursos, el uso de su lengua y sus instituciones políticas y sociales, así como sus tradiciones, formas de arte, prácticas religiosas y valores culturales. Cuando los gobiernos aplican estas políticas, se vuelven culpables de etnocidio”. Eso es lo que están haciendo ya y finalmente confiesan. Sin quererlo. Así nomás.


Alejamientos

Se dio inmenso poder a una ciencia médica dominada y corrompida por la industria farmacéutica, cuyas ineptitudes abrumadoras y atroces son tan profundas como su arrogancia


Acercamientos

Los individualizados, que no tienen nada que puedan llamar comunidad, empezaron a forjarla. Lo hicieron primero con amigas y amigos, a veces en forma virtual. Pero fue también con vecinos, hasta con aquellos que ni siquiera saludaban aunque vivieron por años a unos pasos de distancia. Lo local recobró su importancia. Se trataba de habitar de nuevo el lugar en que se vive, más allá de la mera residencia. El barrio renació, se formó o se conquistó.
Se multiplicaron los huertos urbanos. Las semillas llegaron a escasear en algunas partes, por la cantidad de familias que instalaron macetas o prepararon el patio trasero o la terraza de sus casas. Muchas cocinaron juntas de nuevo.


Recuperar el apetito

La batalla principal de la guerra en que estamos se librará en el estómago.
Desde los años treinta no se veía una cola como la de ahora en el Gran Depósito de Alimentos de Chicago o en los millares de kitchensoups (cocinas populares) que distribuyen despensas gratuitas en Estados Unidos. Muchísima gente no tiene para comer. Antes de la emergencia, más de 800 millones de personas en el mundo se iban cada noche a la cama con el es­tómago vacío. El número aumenta todos los días. En los próximos meses, según los especialistas, aparecerán hambrunas como no se veían desde la Edad Media.Millones de personas, en México y Estados Unidos, perdieron sus empleos. Muchas no los recuperarán. Casi todas ellas deben ser alimentadas. En México se ocuparon de eso cárteles y organizaciones caritativas en la emergencia. No podrán hacerlo indefinidamente. Deberán crearse dispositivos para ­alimentarlas.


De la emergencia a la insurgencia

Tan irresponsable resulta cultivar el miedo como alzarse de hombros. No es “la crisis de salud más grave de la historia”, ni una simple gripa o una nueva versión del chupacabras, como se dice en Juchitán. Se trata de crisis profundas y catástrofes muy reales que exigen respuestas apropiadas.


La amenaza real

La amenaza es real. Pero es otra.


Usos del miedo

Muchas y muchos, abajo, nos preparamos para lo peor, aunque sigamos esperando lo mejor. Combatiremos el aislamiento y la individualización. Sabemos que sólo de la mano de otras y otros podremos enfrentar el desastre, pero nos enlazaremos con imaginación y sin amontonamientos. Confiaremos en el flamante liderazgo femenino, que llegó en buen momento. No se unirán individuos homogéneos en torno a banderas deshilachadas y vacías. Será el tejido fuerte de los nosotros forjados en el lazo cotidiano, en pequeños grupos de amigas y amigos o en el seno de barrios o comunidades; habrán nacido apenas ayer… o hace siglos. Buscaremos lo que no haga daño al planeta ni al tejido social. Regresaremos al presente, a construirlo con ánimo renovado.


Renacer

Hoy amaneció otro mundo, distinto al que teníamos. Necesitamos aquilatar lo que significa. Y ­disfrutarlo.
No debemos adelantar vísperas. Llevará mucho tiempo desmontar el aparato patriarcal, empezando por sacarlo de cabezas y corazones de hombres y mujeres que por miles de años fuimos formateados con ese diseño. Pero podemos celebrar sin reservas el cambio que ya ocurrió y no tiene precedente. El desafío radical y masivo a la normalización patriarcal hará imposible restablecerla


Entre la ilusión y el coraje

Esperanza:
Brian Snyder acaba de quedarse ciego. Una enfermedad genética degenerativa lo privó de la vista de que gozaba hasta hace poco; y fue entonces, dice él, cuando empezó a ver. Ni él, que tiene 40 años, ni su esposa, que sufre una grave crisis de salud, tienen seguro médico ni ingresos para pagarlo. Reaccionó de inmediato al artículo de Hedges. Una carta en Facebook describe su dramática situación y aclara de inmediato que no escribe para que le manden dinero. “Es una exigencia a mí mismo para conseguir la fuerza y el coraje necesarios para dejar de participar en este sistema económico de mierda y comenzar la organización para construir un mundo en que cada quien obtenga amor, comida, techo y sanación, porque eso es lo ético y moral como seres humanos con capacidad de actuar con empatía y amor”.
Brian pide que lo contacten quienes vivan en su municipio y quieran organizarse para el cambio a escala local. “No hablo de salir a protestar a la calle, mientras la gente toca el claxon, y luego seguir con lo cotidiano. Hablo de ocupar en forma no violenta las corporaciones y evitar que operen, creando simultáneamente una comunidad autónoma y flexible que no dependa de esas corporaciones para sobrevivir.”


México: El frente de batalla

Es hora de reconocer que el modo de producción capitalista se convirtió en modo de despojo, que lleva el de siempre a niveles sin precedentes. Ha entrado, además, en un frenesí destructivo. Creó una nueva clase social, la de los desechables, los que no tienen ni tendrán utilidad alguna para el capital. Los desechables están siendo desechados. Luchan por la supervivencia.
Se trata de una guerra. Estamos en uno de los bandos. Vemos en el otro al gobierno actual, asociado con quienes nos siguen despojando y asesinando.


Voces

He estado oyendo voces. Algunas son meros murmullos. Otras llegan a gritos. Y hay también escándalo, algarabía.
Las que vienen de arriba están llenas de confusión. Cuando no están cargadas de ignorancia o desinformación, expresan cinismo o mala fe.


Tiempos de revuelta II

Muchas revueltas de abajo son retorno al presente. No se cuelgan de alguna tierra prometida o de cierta doctrina e ideología que haga del presente un porvenir siempre pospuesto. Construyen hoy, desde la autonomía, otra forma de vivir que se enfrente valientemente a la incertidumbre radical que define la coyuntura. Saben vivir con ella; muchas y muchos vivieron siempre así.


México: frente al abismo

No podemos anticipar el grado de violencia que estará dispuesto a emplear el gobierno ante la resistencia que enfrenta y se convierte en obstáculo creciente a sus proyectos. El recuento de la violencia que se ha estado ejerciendo contra defensores de territorios y derechos en todo el país es síntoma peligroso de una actitud que resulta por lo menos amenazante.
Poco a poco se debilitan las esperanzas. Se comprueba que el gobierno mexicano sigue plenamente al servicio del capital y sus sucesores. Aunque modera algunos de sus excesos más disparatados y llega a limitar ciertos abusos destructivos insoportables, tiene un compromiso evidente con el capitalismo. Lejos de darse cuenta de lo que ocurre con ese régimen en el mundo entero, atribuye los problemas cada vez más evidentes que nos ha creado el capitalismo a una dosis insuficiente de esa medicina. Quiere más.


Escapar del horror

La esperanza no viene de gobiernos y empresas, sino de la sociedad y de las personas que comienzan a despertar