Autor: “Gustavo Esteva”

Nuestra travesía

El esfuerzo, aquí y en todas partes, necesita concentrarse en lo que tenemos a la mano, en la acción concreta en cada lugar y contexto, para la construcción autónoma de un modo de vida más allá del patriarcado y el capitalismo, que es la forma de resistencia más eficaz. Comprende, naturalmente, tejerse paso a paso con grupos con semejante rebeldía, para aprender de ellos y practicar solidaridad, como lo hacen hoy en Europa los zapatistas.
Una concurrencia masiva el día 1º, con un sí contundente, sería en sí misma un juicio histórico de las víctimas sobre lo que padecieron en el último medio siglo por la acción u omisión de un régimen en agonía que incluye al actual gobierno. Ese juicio tendría en sí mismo un inmenso valor político. De esa manera, acaso, podríamos empezar nuestra propia travesía.


Ante la guerra

Esta guerra tiene en todas sus instancias carácter patriarcal, pero adopta diversas formas y estilos, según se trate de mujeres, defensores de derechos o territorios, periodistas o pueblos indígenas. Aunque esos parecen ser los principales blancos, se dirige también contra muchas otras personas y grupos.


Fuerzas y debilidades

Se extienden las capacidades concretas de gobernarse. A menudo por estrictas razones de supervivencia, la gente se reinventa y cambia sus maneras de pensar y actuar. Se junta con otras, otros que están también en un ejercicio autónomo y poco a poco se tejen entre sí insumisos y rebeldes. Es útil explorar bien dónde están hoy las fuerzas y las debilidades políticas, la capacidad de resistencia y conducción, la posibilidad misma de detener el horror.


Más allá del Estado

Es indispensable insertar en el análisis la cuestión patriarcal, los miles de años de pensar que nuestra coexistencia requiere formas de mando, dominación y control. No logramos imaginar un mundo en el cual podamos realmente gobernarnos, en vez de que alguien lo haga por nosotros, supuestamente en nuestro nombre. Pero sólo de eso se trata: de construir esa alternativa, más allá del Estado, como ya han empezado a hacer muchos grupos y pueblos.


Recuperar el piso

El Estado-nación, como forma política del capitalismo, se creó sustituyendo creencias y convicciones basadas en tradiciones ancestrales y experiencias cotidianas con nuevas construcciones abstractas. Aunque hubo resistencia en todas partes, se logró crear, a menudo por la fuerza, a individuos homogéneos sin género –el ciudadano, el homo economicus– que quedaron subordinados a las nuevas estructuras.
Es difícil que fluya en la conciencia general la convicción de que se ha vuelto especialmente urgente construir modalidades de organización social y política que pongan en relación a los grupos, entramados y organizaciones, en barrios urbanos o en comunidades rurales.
Afortunadamente, al atreverse a abrir los ojos de esa manera se descubren por todas partes iniciativas a ras de tierra de quienes hace tiempo se dieron cuenta de esta perspectiva.


Barbarie

Desde pequeños, infortunadamente, nos han programado para respetar, obedecer y hasta a amar a quienes nos oprimen y destruyen.


Polarizaciones

Es hora de concertarnos, de actuar conjuntamente. Pero es al revés: estamos separándonos cada vez más.
Hay interesados en que así sea. “Divide y vencerás” ha sido siempre lema para quienes quieren dominar y controlar. Nos dividen cotidianamente personas y grupos bien conocidos e identificados, que nos quieren separados y débiles a la vez que obedientes y sumisos.


Complicidades

Se ama al poder que nos oprime…
La principal función de la escuela es formatearnos de ese modo. Es difícil imaginar un régimen más despótico que el del salón de clase. El maestro tiene el poder y la razón, y actúa bajo el supuesto de que todo lo que hace es por el bien de quienes tiene a su cargo. Aunque pueda arruinar su infancia, imponer normas opresivas y cometer todo género de arbitrariedades, muchas niñas, niños y niñoas aprenden a quererlo.


En movimiento

Por necesidad o decisión algunas personas nunca dejaron de estar en movimiento ante el Covid-19. Otras muchas, paso a paso, abandonan ahora el encerramiento que habían aceptado y toman de nuevo la vida en sus manos.


La epopeya de la editorial Siglo XXI: Salto al abismo

Otro episodio vergonzoso de la batalla por Siglo XXI Editores se produjo el pasado viernes. Por su flagrante ilegalidad, fue cancelada la asamblea en que se pretendía consumar el atropello en que cambiaría de dueños.


La insurrección en curso

Confrontaciones interminables de la guerra en que estamos, a menudo violentas, hacen imposible seguirla disimulando. Pero ha cambiado su forma y su sentido. La sociedad de control, más allá del Estado-nación y el capitalismo, como forma superior y última del patriarcado, se ha estado construyendo por muchos años.


Aniversario

No es posible olvidar el 16 de febrero.
Los acuerdos de San Andrés, que se firmaron en esa fecha, tienen ya un lugar bien ganado en la historia. Los artículos que en estos días aparecieron en La Jornada hacen debido honor al acontecimiento. Vale aún la pena subrayar un par de aspectos.


El gran reacomodo (The Great Reset)

No basta la resistencia; tenemos que reinventarnos. Los caminos de ayer no llevan ya a parte alguna. No tiene sentido seguir buscando empleos que ya no existen ni existirán. Ni tocar las puertas que antes satisfacían demandas. Ni confiar en promesas para un futuro siempre pospuesto.


Escucharnos

Hablábamos de una crisis civilizatoria y mucha gente, en el mundo entero, se movilizaba contra el régimen dominante, patriarcal y capitalista, encarnado en estados-nación supuestamente democráticos. Pero llegó el Covid. Ocupó toda la atención y se usó para legitimar formas del estado de excepción que han estado organizando los comportamientos colectivos ante la “pandemia”. La diversidad ante políticas y medidas de los gobiernos se profundizó a lo largo de 2020 y empezamos 2021 con una gran polarización.


Resistir, luchar, movilizarnos… por la vida

Es hora de actuar, de ponernos en movimiento. Es estricta cuestión de supervivencia.


Fin de ciclo

No es sólo el fin del año. Termina un ciclo, una era, una época. No es el predicamento de Gramsci, cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Son los predicamentos por la muerte de lo viejo y las formas de lo nuevo.


Tiempo de descubrimiento

Los desechables, las personas que no tienen uso alguno para el capital, han estado siendo desechados. Prosigue aceleradamente la destrucción de sus condiciones materiales de vida, los empleos lo mismo que las fuentes autónomas de ingreso, y también sus entornos, suelos, aguas, bosques, selvas… Hay quienes esperan aún el regreso de la “normalidad” o que se produzca la “nueva normalidad” tan prometida. Creen que gracias a la vacuna y otros factores podrán volver los empleos que perdieron o regresarán los turistas a los que vendían bienes o servicios.
El mercado o el Estado podrán aún, por un tiempo, dar oportunidades de supervivencia. Seguirán fluyendo recursos bajo las más distintas modalidades –seguro de desempleo en algunas partes, en otras ayuda a personas mayores o discapacitadas, becas de estudio, apoyos productivos y todo lo que aún ofrece la imaginación burocrática. También habrá mercado para vender algo de lo que se produce o llegarán algunos turistas. No es un terremoto arrasador, que nada deja en pie. Pero cada vez más gente se da cuenta de que el mundo que teníamos ya no está. Es preciso crear otro nuevo. Y en eso están.


Tiempo de ruptura

Faltan ya palabras e imágenes para referirse a la catástrofe que estamos viviendo. El mundo que teníamos cae a pedazos alrededor de la peor manera imaginable. La ridícula promesa de regresar a cierta normalidad es otra forma de amenaza: se busca llevar aún más lejos el horror que caracterizaba ese mundo que desaparece.
No hay optimismo posible. Todas las opciones están cargadas de violencia y destrucción. Parece imposible detener a una clase dirigente inmoral e irresponsable, que lleva adelante el despojo al que se dedica y devasta todo a su paso, la naturaleza lo mismo que el tejido social y la cultura.
Y así, en esa condición tan desoladora como realista, cuando hasta el ánimo más audaz se desespera, el zapatismo cobra fuerza como fuente de esperanza. No es un cuento, una promesa, una ilusión. Menos aún una doctrina, un evangelio, una receta. Es una realidad nueva, construida a golpes de alma a lo largo de 37 años.


Comunalizarnos

Es hora de juntarnos y detener esta locura. Con quienes tengamos cerca. Vecinas y vecinos del edificio que habitamos o de la calle en que vivimos; amigas y amigos cercanos. Alrededor de una mesa, en un jardín o en una calle. Podemos usar cubrebocas y mantener distancia, para cuidarnos de ese virus tan contagioso. Pero de ésta sólo saldremos si nos organizamos.
Revisemos, ante todo, cómo se forma nuestra comida, qué llevamos a nuestro cuerpo. Veamos juntas y juntos qué podemos cultivar en el lugar donde estamos. Nos sorprenderá, acaso, descubrir la gran cantidad y variedad de hortalizas y otras plantas, algunas medicinales, que podemos producir en casa. Algún contacto o el amigo de un amigo nos permitirá arreglarnos con grupos campesinos que nos abastezcan de todo lo que no podemos producir en nuestros hogares, en nuestro lugar. Y podremos tener al fin comida sana suficiente. Oiremos, acaso, la historia de las ollas populares en ciudades chilenas, donde no sólo hacen intercambios de lo que producen, sino que lo comparten con quienes nada tienen para llevarse algo a la boca.
Veríamos en seguida lo que nos enferma. Y exploraríamos, juntas y juntos, cómo sanar con empeños autónomos, con prácticas más sanas de vida, con remedios tradicionales, con lo que recomiendan tías y abuelas que todas y todos tenemos, con las sanadoras que alguien conoce.


Tiempo de desobediencia

Necesitamos desobedecer, antes de que sea demasiado tarde. No se trata de volverse irresponsables y prescindir de toda precaución. Se trata de recuperar, por todos los medios posibles, la interacción con los demás que nos permite seguirnos llamando humanos. Se trata de multiplicar las iniciativas para una profunda reorganización social, desde abajo, que para la mayoría será la única manera de sobrevivir ante el desastre climático, económico y socio-político que se agrava continuamente. Muchas personas, tanto en la ciudad como en el campo, especialmente entre los pueblos originarios, lo están haciendo ya. Son fuente de inspiración que deberíamos considerar seriamente.