Autor: “Rodrigo Montoya Rojas”

Pandemia: olvido de las emociones y sentimientos

Hoy parece cierta la frase “El coronavirus llegó para quedarse”, dicha por epidemiólogos, meses atrás; si fuera efectivamente así, el horizonte nuestro podría llenarse de más sombras. Basta observar los tres picos de las dos o tres olas en el gráfico de la Universidad Johns Hopkins sobre Perú, para constatar nuestra dramática situación: al fin del primer año y a comienzos del segundo, el último pico es más alto que el segundo y el tercero.


Perú: la juventud sorprende como nuevo sujeto político

Es muy probable que la política peruana tenga en estas grandes marchas un antes y un después, un punto de inflexión. Por el momento, las fuerzas golpistas tratarán de recuperar parte de lo perdido. En la otra orilla, nos queda una pregunta: ¿qué hacer para compartir con la juventud una propuesta política que llene las calles de Lima? Tejer con los jóvenes, desde abajo, paso a paso, un proyecto político alternativo, podría ser una posible respuesta. Paralelamente, tenemos la grave responsabilidad de conocer las grandes líneas de la historia peruana, vacío pendiente desde tiempos de Mariátegui, pese a los esfuerzos de Valcárcel y Arguedas. Conocer a fondo el legado inca en nuestro tiempo sería parte de la respuesta. Ellos fueron los únicos que organizaron el espacio vertical andino a través de triángulos económicos, sociales, políticos y espirituales. Ese podría ser un buen punto de partida; salvo mejores opiniones, por supuesto.


Aquí termina Lima

Cerca de 200 personas, adultos, hombres y mujeres, jóvenes y niños salieron de Lima caminando rumbo a Chosica en la tarde del lunes 13 de abril. En un momento tan grave como el que vive Perú, esta marcha fue un abierto desafío a la autoridad del gobierno que dio la orden a todos los habitantes del país a quedarnos en casa, a que no salgan a las calles dos personas juntas, y a pagar multas si lo hacemos o desobedecemos. Se trataba de una clara provocación.
No se trataba de manifestantes camino a una plaza pública para protestar. Quienes iban a Chosica, tenían en común su deseo de irse de Lima. No aguantaban más. Los 200 se multiplicaron y llegaron a más de 1,000 huancavelicanos; luego, centenares de pucallpinos, huanuqueños, arequipeños, etc. optaron también por regresar a sus tierras caminando. Es posible que el número se multiplique.