Autor: “Silvia Ribeiro”

Alternativas reales frente al cambio climático

Existen alternativas reales, justas y saludables para frenar el cambio climático y estudios científicos recientes lo demuestran, contrariamente a los que proponen opciones especulativas, teóricas y altamente riesgosas como la geoingeniería climática.


Caos climático, capitalismo y geoingeniería

Se acaba de hacer público un nuevo informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, referencia científica de Naciones Unidas en el tema) que alerta sobre la necesidad urgente de cambios y reducciones drásticas de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para detener el calentamiento global y que no sobrepase 1.5º C respecto de niveles preindustriales. El informe es una advertencia importante e insoslayable en cuanto a la gravedad del cambio climático y las reducciones que son necesarias. Ya con el aumento de 1º C sufrimos extremos climáticos devastadores en muchas regiones del mundo. Cada décima de grado implica nuevos riesgos, amenazando de extinción ecosistemas enteros.


Frentes de crisis, vanguardia del cambio. “Echar raíces”, la notable alianza socio-ambiental en Estados Unidos

Se necesitan raíces para aguantar la tormenta. Más profundas y sólidas cuánto más fuerte arrecian, algo que el cambio climático hace aún más dramático. Este es el lema de la alianza de alianzas de organizaciones de base y movimientos populares más contundente de Estados Unidos. It takes roots, como se llama en inglés, reúne a cuatro grandes redes de todos los puntos cardinales de ese país: la Red Ambiental Indígena, la Alianza de Organizaciones de Base por la Justicia Global, la Alianza por la Justicia Climática y los movimientos por el derecho a la ciudad. Por sus siglas en inglés, IEN, GGJ, CJA y Rigth to the city.
En conjunto, se trata de cientos de organizaciones de pueblos indígenas, de migrantes, barriales, feministas, comunidades negras y otras, en campo y ciudad. Entre todas representan las resistencias de base más significativas de Estados Unidos ante la contaminación, la devastación y las injusticias ambientales, sociales, económicas, políticas y de género y culturales.


Entre Tlatelolco y Ayotzinapa

El 26 de septiembre de 2018 se cumplieron cuatro años de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa y el asesinato de seis personas, tres de ellos alumnos de ésta. Según reportó el Grupo Internacional de Expertos Independientes (GIEI) en 2015, se trató de un ataque masivo: seis muertos, 43 desaparecidos, más de 40 heridos y 80 víctimas de persecución y atentado, en nueve distintos escenarios de agresión, de tres a seis horas. Fue concertado: policías municipal, estatal, federal y Ejército monitoreaban por su sistema de comunicación C-4 que estudiantes de Ayotzinapa iban en autobuses hacia la ciudad de Iguala. Miembros de todos esos cuerpos participaron en los hechos desde ese momento.
Los alumnos iban a tomar autobuses para participar en las protestas del 2 de octubre en Ciudad de México, fecha de la matanza masiva de estudiantes en Tlatelolco, ordenada por el gobierno en 1968, que desde entonces se convirtió en símbolo de dolor y rabia en México y el mundo, pero también en poderosa muestra de la fuerza de la memoria colectiva que no permite la impunidad ni el olvido, no sólo de los crímenes cometidos, sino también de los sueños y luchas que representan.


Vender el cielo. Los estados y empresas contribuyen al cambio climático, las comunidades tenemos soluciones y las estamos construyendo

Las resistencias de base más significativas de EEUU ante la contaminación, la devastación y las injusticias ambientales, sociales, económicas, políticas y de género y culturales.
Resistimos a todo eso, pero además también tenemos verdaderas soluciones. No sólo hablamos de la necesidad de una transición justa para salir de la civilización petrolera, ya la estamos construyendo. Muchas de nuestras comunidades y barrios están organizados en cooperativas y colectivos que van de alternativas económicas a la atención de la salud y contra las violencias.


Capitalismo verde contra los pueblos mayas

En junio de 2018, los pueblos mayas de la península ganaron definitivamente un proceso judicial contra el llamado “Acuerdo para la sustentabilidad de la península de Yucatán” (ASPY), que fue declarado “insubsistente” por un Tribunal de Quintana Roo, hasta que las autoridades cumplan las condiciones de la demanda que emprendieron las organizaciones del Consejo Regional Indígena Maya de Bacalar, la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Muuch´Xíimbal y el Colectivo de Semillas Nativas Muuch Kanan I´ínaj, acompañados por la organización Educe y asistidos jurídicamente por el abogado Raymundo Espinosa de la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales.
Paradójicamente, ante su victoria, los pueblos mayas recibieron críticas y nuevos ataques de parte de autoridades, de grandes ONG e instituciones, acusándolos de oponerse a la “sustentabilidad” en la península.


Las propuestas del ministro de agricultura de López Obrador en México: Nuevo proyecto para terminar el campesinado

Afirma que no usarán transgénicos – a los que considera que “van de salida” – pero como razona burdamente en la entrevista con La Prensa, es porque serán sustituidos por otras técnicas de ingeniería genética, a las que las empresas han rebautizado con el nombre general de edición genómica


El final de Monsanto

Una de las compañías más repudiadas del planeta terminó sus días sin pena ni gloria. No murió ni desapareció, Monsanto fue comprada y absorbida por Bayer, otra transnacional con un negro historial de fabricar venenos y drogas. Finalmente aprobada la compra en junio de 2018 por Estados Unidos y antes por la Unión Europea, el primer anuncio de Bayer fue la desaparición de la marca, haciendo que Monsanto saliera del mercado por la puerta trasera.
Por supuesto, esto no significa la desaparición de sus semillas transgénicas ni de sus tóxicos, que seguirán siendo vendidos por Bayer, pero el cambio de nombre fue uno de las motivaciones de Monsanto para buscar fusionarse, buscando desvincularse de las múltiples protestas y campañas en su contra.
Definitivamente –y pese a que la fusión es una mala noticia para la gente, el ambiente y la soberanía alimentaria– la desaparición del nombre Monsanto es un triunfo de la extendida resistencia popular, de campesinas y campesinos, de ambientalistas, consumidores y muchos más, contra los transgénicos, en todo el mundo.


Impactos invisibles de la era digital

Cuando pensamos en la era digital, probablemente lo primero que acude a la mente son computadoras, teléfonos móviles y otros elementos obvios de lo que se ha dado en llamar TIC: tecnologías de información y comunicación. Parece algo etéreo, pero en realidad conlleva enormes impactos ambientales y energéticos.


Muerte a control remoto

En el desarrollo de las máquinas con inteligencia artificial, como vemos en el caso de las empresas nombradas y muchas más, no existe un clara línea de diferencia entre su uso bélico y muchos usos comerciales que ya están alrededor en nuestra vida cotidiana, desde celulares a cámaras de vigilancia, vehículos no tripulados y drones en campo y ciudad, además de los buscadores electrónicos y las redes sociales que todo el tiempo drenan datos y los procesan según sus algoritmos para vender la información a quién se las compre.


Monsanto-Bayer y la ciencia transgénica

El contexto real de las semillas transgénicas: cuatro empresas gigantes y sin escrúpulos, cuya fuente principal de lucro ha sido fabricar venenos, y todas con con un historial negro de crímenes contra el ambiente y la salud, incluyendo catástrofes como el derrame químico en Bhopal, India, que mató a miles de personas y envenenó a casi medio millón.


Inteligencia artificial, vigilancia y manipulación electoral

No sólo es preocupante por la intención de manipular elecciones, sino también porque pone sobre la mesa el uso y manipulación que se puede hacer con nuestros datos, que por razones personales, de trabajo, de acceso a servicios públicos, médicos, educativos y de entretenimiento, la mayoría entregamos a diferentes instituciones y empresas. Situación que se combina con la cada vez más extendida red de cámaras de vigilancia públicas y privadas, información geográfica satelital, ampliación de redes de Internet y nuevas formas de minería de datos y extrapolación de éstos con programas de inteligencia artificial.


El sueño de la razón: Floreciendo rebeldías

Flores en el desierto, es un documento extraordinario en muchos sentidos. Tiene tantas raíces y se proyecta en tantas ramas, hojas y flores, que cada vez que se recorre, se descubren nuevos brotes y horizontes. Tanto por lo que muestra cómo por lo que se avizora.


Genocidio constituyente: ataques al pueblo mapuche

El Pueblo Mapuche también ha padecido robó de bebés, desaparición de personas, torturas, campos de concentración, asesinatos. Pero no hubo jamás pedido de perdón, tampoco reparación ni justicia. No hubo un “nunca más” para lo sufrido por los pueblos indígenas.


Junto a la nueva ley de seguridad interior que militariza aún más a México, senado aprueba ley de saqueo de biodiversidad

El Senado aprobó también, como si fuera un mero detalle administrativo, la Ley General de Biodiversidad. Lejos de ello, es una ley que instaura una nueva plataforma para la privatización de la biodiversidad: legaliza la venta y patentamiento de conocimientos tradicionales indígenas y campesinos, además de la apropiación a manos de empresas trasnacionales de plantas medicinales, semillas, insectos, microbios y otros elementos de la biodiversidad englobados en el término recursos genéticos. Como si fuera poco, la ley permite que mineras, petroleras y otros emprendimientos altamente contaminantes se instalen en áreas naturales protegidas.


Política partidaria, transgénicos y comunidades

En el tema de transgénicos en América Latina, los gobiernos que más han avanzado su siembra son los de Lula da Silva en Brasil, Kirchner en Argentina y José “Pepe” Mujica en Uruguay. En el caso de Brasil, la fuerte resistencia campesina y ambientalista a los transgénicos logró parar su siembra legal hasta que Lula impuso como ministro de agricultura a Roberto Rodrigues, que era entonces el presidente de la Asociación Brasilera de Agronegocios, el candidato de Monsanto.


El negocio del cambio climático y la geoingeniería

En 2015, el Acuerdo de París sobre cambio climático acordó limitar el aumento de la temperatura a muy por debajo de 2 ºC, pero no fijó la obligación de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), medida crucial por que éstas son las que causan el cambio climático. Por tanto, los países principalmente responsables de las emisiones de GEI, siguen sin considerar medidas reales que ataquen las causas y permitan una solución de largo plazo. En su lugar empujan soluciones falsas, como mercados de carbono y medidas tecnológicas como la geoingeniería: la manipulación tecnológica y a gran escala del clima para manejar los síntomas del cambio climático.


El sueño de la razón: Las y los que sostienen la vida

Uno de los mayores mitos del sistema dominante es que para alimentar a la mayoría de la población, necesitamos agricultura industrial, con altos niveles de tecnificación, maquinarias, agroquímicos, semillas “mejoradas” y monocultivos. Y que para que la comida llegue a todas partes, necesitamos además sistemas industriales de almacenaje, distribución, transporte, empaquetamiento, venta a gran escala.


Lo que nos ocultan sobre nuestra alimentación

En 2009, el grupo ETC publicó un informe que mostró que 70 por ciento de la población mundial se alimenta gracias a la producción de las redes campesinas y otros proveedores de alimento en pequeña escala. El dato provocó sorpresa y a veces negación, porque las trasnacionales que dominan la cadena alimentaria industrial se han encargado de hacernos creer que son imprescindibles y que sin ellas no se podría alimentar a la población, lo cual es totalmente falso.


Nos faltan los 43, Santiago Maldonado y miles más

La desaparición del joven Santiago Maldonado, que participaba en una protesta del pueblo mapuche en Chubut, y fue visto por última vez el 1 de agosto cuando fue detenido por la Gendarmería en medio de violenta represión, ha conmocionado a toda la Argentina y mucho más allá. Al igual que pasa con los 43 estudiantes de la Escuela Rural Isidro Burgos, de Ayotzinapa, México, su desaparición forzada hace aparecer realidades que se pretendía ocultar.