Uruguay: las tres burocracias agitan el panorama electoral que se abrirá este año

La burocracia progresista decae a ojos vista ante la emergencia de la recomposición de la derecha tradicional y la fuerte emergencia de la derecha militarista pro Bolsonaro.
Dos figuras han cobrado protagonismo mediático en los últimos días: el expresidente y actual precandidato por el Partido Colorado (PC), Julio María Sanguinetti, y el excomandante en jefe Guido Manini Ríos.



Un giro a la derecha

Caras y Caretas
18.03.19

El diputado frenteamplista Gerardo Nuñez sostuvo que el protagonismo que han adquirido estas dos personas no es “casual” y que es “peligroso” porque son “fieles representantes” de los sectores empresariales más poderosos de Uruguay.

Dos figuras han cobrado protagonismo mediático en los últimos días: el expresidente y actual precandidato por el Partido Colorado (PC), Julio María Sanguinetti, y el excomandante en jefe Guido Manini Ríos.

Desde el Frente Amplio (FA) se está prestando atención a los movimientos de estas dos figuras. El diputado por el Partido Comunista Gerardo Núñez sostuvo a Caras y Caretas que el protagonismo que han adquirido estas dos personas no es “casual” y que es “peligroso” debido a que “significa que hay un sector de los militares que quiere regresar al poder porque se siente amenazado por las propuestas impulsadas por el gobierno del FA”.

En la misma sintonía, el politólogo y militante del FA Pablo Álvarez dijo a Caras y Caretas que “la derecha cree que es momento de hacer una presentación pública sin vergüenza”, mostrando a “ese sujeto político [Manini Ríos] que fue escondido hasta ahora”.

Núñez consideró que la candidatura de personas como Manini Ríos, que “llaman mercaderes del odio a los familiares de las víctimas del terrorismo de Estado”, le haría “muy mal al país” porque generaría una grieta entre los uruguayos.

Asimismo, señaló que tanto Sanguinetti como el excomandante son “fieles representantes de los intereses de los sectores empresariales más poderosos de nuestro país” y aseveró que esta situación responde a una estrategia que va más allá de Uruguay.

“Hay una ofensiva regional que plantea el autoritarismo y la mano dura contra los sectores populares. Lo que está pasando en Brasil y en Argentina es mano dura con los derechos de los trabajadores y con las condiciones de vida de la gente común y corriente. Eso es lo que quieren llevar adelante sectores empresariales muy poderosos en nuestro país, quienes encuentran en Manini Ríos y en Sanguinetti fieles representantes de sus intereses”, agregó.

Álvarez consideró que esos intereses empresariales, que están fuertemente relacionados con algunos sectores militares, hoy se expresan contra la expansión de derechos y las políticas redistributivas.

Esos intereses encuentran en el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, la expresión de una posible “coordinación de las derechas regionales”, dijo el politólogo.

“Algunos actores políticos uruguayos han procurado sintonizar con las acciones del presidente de Brasil, pero no sé cuánto se animarán a ser estandarte de la ultraderecha conservadora y antidemocrática”, agregó.

En la misma sintonía, Núñez afirmó que Uruguay está ante un momento “clave”, ya que puede adoptar una perspectiva democrática o tomar el camino del “retroceso conservador”.

El diputado señaló que sectores militares tienen un poder “muy importante” en Uruguay y lamentablemente el FA no ha podido exigirles su debida contribución en la lucha por la verdad y la justicia.

“Cuando se comenzaron a tocar determinados intereses económicos, como la reforma de la caja militar, que buscaba afectar a los altos mandos y los grandes privilegios que tienen, ahí pusieron el grito en el cielo. Lo mismo pasa con la ley orgánica militar”, agregó.

La reaparición de Sanguinetti

El hecho de que Sanguinetti sea nuevamente candidato significa que los líderes de la derecha colorada se toman “muy en serio” las próximas elecciones y no ven a “los líderes del Partido Nacional como candidatos serios para ganar”, reflexionó Álvarez.

“Sanguinetti viene a impulsar a la derecha desde la legitimidad de su historia como presidente y a ordenar un frente común de los partidos tradicionales. Sabe que no ganará la elección y desde ese lugar buscará articular a toda la oposición del FA”, agregó.

El politólogo consideró que la aparición de Sanguinetti no implica ningún tipo de peligro para el sistema político.

“No veo peligros en su presentación, más bien constata la estrategia opositora. Los datos de las encuestas, a pesar de los importantes márgenes de error, parecen darle un relativo vitalismo al Partido Colorado con su presentación. Eso habla mucho de dicho partido y cómo el mismo ya hace rato que no puede cobijar las ideas más progresistas del enfoque batllista”, agregó.

“Sanguinetti tiene un discurso de guerra fría”

Sanguinetti tiene un “discurso de guerra fría” que está “abiertamente cargado de odio” y que se fundamenta en la “teoría de los dos demonios”, dijo Núñez.

“Es la misma teoría que justificó el golpe de Estado cívico militar y que después amparó la impunidad durante la democracia”, agregó.

El diputado consideró que la candidatura de Sanguinetti sería “muy peligrosa” para el país, ya que el exmandatario está “ligado” a la impunidad del pasado y al “fracaso” de Uruguay desde el punto de vista productivo y social, con índices de desempleo y del desmantelamiento del aparato productivo “muy elevados”.

“Es altamente preocupante que un expresidente con estas características vuelva al ruedo político como si nada pasara. Considero que la sociedad uruguaya tiene suficiente memoria y capacidad para discernir que el proyecto que representa Sanguinetti significa volver 20 pasos atrás de todo lo que ha avanzado Uruguay en estos 15 años. Es volver a todo lo que está mal en términos de país”, agregó.

Asimismo, dijo que el Sanguinetti representa la “incapacidad” que tiene la oposición -y en este caso el Partido Colorado- de presentar candidatos que signifiquen una renovación generacional y política.

Por su parte, el senador Rubén Martínez Huelmo dijo a Caras y Caretas que Sanguinetti es un “político avezado, que cuenta con mucha experiencia”.

“Ha visto que su partido está en una situación complicada. Como colorado que es, hizo un esfuerzo y salió a combatir por su partido con 83 años. Es una acción loable porque en definitiva cada uno tiene el derecho en este país democrático de salir al ruedo político a pelear por las ideas que crea convenientes”, agregó.

Sin embargo, sostuvo que el expresidente “siempre ha tenido un discurso que polariza”, ya que constantemente busca “echar la culpa” a las restantes fuerzas políticas.

“Él siempre busca quedar en el lado soleado de la vereda. Por tanto, a mí no me llama la atención que Sanguinetti salga a responsabilizar de todo al FA. Este discurso de guerra fría muestra su clásica intolerancia y arrogancia. Él siempre expresa que es el depositario del liberalismo político en Uruguay, de la Constitución y de los valores, negando todo lo que han hecho las demás fuerzas políticas por respetar el funcionamiento de la ley”, agregó.

Martínez Huelmo consideró que el liberalismo de Sanguinetti es “sectario” “porque necesita para sobrevivir de la confrontación, no del abrazo y de la cooperación entre todos”.

La estrategia de la derecha

La estrategia de la derecha es abrir la mayor cantidad de espacios para disputar la elección; en ese contexto, el sector militar es uno de los que el FA menos ha procurado entender a pesar de que tiene “muchos votos”, explicó Álvarez.

“Faltaba la figura que pudiera aglutinar un discurso militar y enarbolar su defensa. Esa figura [Manini Ríos] se fue consolidando y ya tiene un partido político esperando para promoverlo como precandidato, ya que no tiene ninguna inhibición constitucional para hacerlo. Hay que considerar que los militares por su propia formación no toman decisiones sin haber considerado las consecuencias. Esto viene armado desde hace mucho tiempo”.

Con respecto a las posibles opiniones políticas que puede tener Manini Ríos, Álvarez dijo que hay algunas declaraciones anteriores del excomandante que pueden brindar pistas.

“Por ejemplo, en agosto de 2018 anunció que ‘cuando la patria esté en peligro no hay derechos para nadie, sino deberes’, lo que puede llevar a muchas interpretaciones, sobre todo ¿cuándo considera él que la patria está en peligro? Todo parece indicar que tiene gran capacidad de mando y de planificación, lo que le está faltando a la oposición y a sus principales referentes”, agregó.

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¿La izquierda tuvo errores?

Por Esteban Valenti (*)
Bitácora

“Podremos meter la pata pero nunca meteremos la mano en la lata”. Esta es una famosa frase reiterada en diversas oportunidades por Tabaré Vázquez. Resulta que ocupando el poder departamental durante 29 años y el nacional durante 14 años, hemos metido la pata y también la mano ostensiblemente en la lata. Y la combinación de ambas situaciones cambió radicalmente la situación.

Pero como la política como yo la conocí y, en el ambiente en el que me crie no era una simple descripción de los hechos, sino básicamente el análisis de las causas de los diferentes procesos y realizar siempre, o tratar de realizar una prospección de hacia dónde nos dirigíamos y que debíamos hacer. No solo que debíamos pensar, que bases teóricas debíamos utilizar, sino como debíamos actuar en cada momento concreto y con una visión estratégica.

Esa enseñanza, que de alguna u otra manera la llevo en el ADN de mi visión de la política, no es fácil de aplicar en estos tiempos. Por el desbarranque teórico ideológico generalizado, por la decadencia intelectual de la política, porque las estructuras partidarias o del Frente se han ido sumergiendo en una pobreza política y cultural cada día más profunda y peligrosa. No hay con quien discutir.

Lo malo es que ese proceso lo hemos transmitido a la sociedad, a los diversos sectores sociales, incluso a los organizados sindicalmente y a los gremios y, lenta pero seguramente nos hemos dejado invadir por el concepto que las mayorías, o el poder derivado de esas mayorías lo justifica todo, incluso promover la lumpenización de la política.

Una de las peores maneras de chapotear en esa decadencia cultural e ideal es manipular la verdad, los hechos, las circunstancias a nuestro gusto y gana o, mejor dicho a gusto y gana del poder y los poderosos.

¿Es la misma base teórica deformada sobre la que construimos en muchas latitudes un socialismo estatista y totalitario que se derrumbó estrepitosamente? Tiene cosas similares, pero una base diferente.

Aquel “socialismo real” estaba encorsetado en una ideología, el “marxismo leninismo” que definía los límites de todo y para todos y que representó la renuncia consciente al uso irrestricto de la crítica y por lo tanto de la principal herramienta del progreso de la humanidad, de su organización, sus ideas, sus formas de producción, sus tecnologías, sus ciencias y en particular sus ciencias sociales. Para mantener el predominio de ese corset ideológico era necesaria una maquinaria estatal implacable y la construimos y con ella surgió una burocracia que copó todos los resortes del poder, incluso pretendió copar las ideas. Parecía eterna e indestructible y se vino estrepitosamente al suelo.

Fuimos militantes tenaces y apasionados de esa ideología y de esa política mientras levantábamos las banderas más nobles de la liberación de la opresión social y política e imponiendo sin embargo una opresión insoportable y burocrática.

Lo que nos sucedió ahora es diferente. Ningún partido integrante del FA, ninguna de las fuerzas que en América Latina lograron triunfos electorales proclamándose de izquierda, invocó una ideología completa y total, al contrario. Ni siquiera los partidos comunistas. Se pasó de la más absoluta rigidez a la flacidez total, tratando en algunos casos de mantener las apariencias y las banderas.

¿Qué tiene que ver la ideología, la historia del Partido Comunista de Uruguay y la del MLN o la de Chávez y Maduro y su socialismo del siglo XXI en Venezuela? Nada, absolutamente nada. ¿Y entonces?

Entonces el hilo conductor fue el poder, el ocupar el poder y utilizarlo sin una base ideológica y cultural crítica y profunda, que nos permitiera acompasar los procesos económicos, sociales, culturales que nosotros mismos fuimos construyendo, nos llevó a esta situación, de meter manos y patas en la lata.

Hace poco me recriminaron desde la derecha y la izquierda porque había defendido con tanta pasión a los primeros gobiernos del FA. Es posible que me haya excedido, y que el calor de la obligada polémica política de todas las semanas, me haya impuesto algunos excesos, pero también hay que considerar la involución del proceso.

Pero lo que no acepto es que el ideal es el silencio, es callarse y dejar que la barca de vaya hundiendo lentamente no solo en la natural lucha política, sino en la pérdida totalmente de rumbo. Los errores, las desviaciones los horrores que se han cometido, en particular en el segundo gobierno del FA y en este, que básicamente hace la plancha complaciente y demostrando una soberbia inigualable tienen sus causas.

No son simplemente errores humanos y comprensibles o simplemente el desgaste del poder, obligados por la propia condición del poder. Las causas son profundas y peligrosas.

La primera es no haber forjado - y uso este verbo especialmente - una generación de cuadros, con una base ideológica plural, pero con capacidades intelectuales, en un clima de crítica sana y constructiva y no basada en la disputa feroz por parcelas de poder, donde la máxima virtud es adueñarse de la mejor y más suculenta parte de la torta.

Sobre ese débil pedestal se construyeron políticas de una gran debilidad y muchas de ellas opuestas y enfrentadas, me refiero a políticas económicas, productivas, sociales, educativas, fiscales, de vivienda, de infraestructura, de las empresas públicas, culturales y en el resumen se edificó todo sobre una estructura partidaria, el Frente Amplio cada día menos representativa y más propensa a ser correa de transmisión del poder, dentro del poder y de dominio de un sector que de forma sistemática ha impuesto su visión de la historia, su predominio político y su visión del poder y su más absoluta falta de ideología, el MPP. La misma falta de ideología que tenían antes de entrar al FA y previa al golpe de estado. No es ninguna sorpresa.

¿Todo estuvo mal? No, hubo avances en diversos frentes, pero lo fundamental el Proyecto Nacional, es decir una visión coherente y en permanente evolución de un país en crecimiento, en desarrollo y con una mejora permanente de la distribución de la riqueza y de las oportunidades, con nuevas sensibilidades humanas y sociales, se ha ido desmoronando. Los datos están a la vista, la falta de entusiasmo social y económico son estridentes.

No metieron la pata, metieron su propia ideología, porque el desorden, los proyectos faraónicos sin ninguna base, la elección de dirigentes sin tradición y sin capacidades para responsabilidades fundamentales, el anteponer una supuesta “política” a la ley, es toda una ideología. Hay una variante de esta ideología que se difundió desde Venezuela de Chávez y se llevó al extremo “burro” con Maduro, que es la ideología del dinero. Con plata, con mucha plata se puede todo. Y se puede sin límites legales o morales. Se la podría llamar la “revolución petrolera”, un fracaso estrepitoso comenzando por la propia Venezuela y sus dramáticas condiciones de vida o mejor dicho de supervivencia actuales.

Que el proceso de lumpenización de una parte de la sociedad, también integrado a esta visión ideológica y política, se trague este mejunje ideológico, es en cierta manera comprensible, pero que lo haga el tercer gobierno del FA, haciendo la plancha y no cambiando nada de nada que no sea para peor y sobre todo que muchos militantes con experiencia, con cabeza propia, sigan embarcados sin decir una palabra en esta metamorfosis de la izquierda uruguaya, eso ya es otra cosa. Eso es complicidad, aunque suene mal.

¿Hasta cuándo había que quedarse callados? O ¿Simplemente había que protestar, discutir o mejor dicho tratar de discutir ante las mentiras y las inmoralidades e ilegalidades defendidas por el aparato, pero dentro del redil, decorando un modelo en el que no se cree y que ya muestra sus consecuencias nefastas?

Hace 30 años que gobernamos Montevideo. ¿Esta es la ciudad capital que soñamos, que imaginamos, que queremos cuando emprendimos la tarea de gobernarla? ¿Todo es culpa de ADEOM? O mejor dicho ¿También ADEOM es de nuestra responsabilidad?

30 años de gobernar Montevideo, con 14 de esos años con gobiernos del FA y de crecimiento incesante de la riqueza nacional. ¿Qué hay que agregar?

¿Los 656 cantegriles, el doble de los que había en el 2002, con más de 60.000 familias que viven en la indigencia o algo parecido, no tiene nada que ver con nuestros fracasos? ¿La precariedad actual de los empleos y los 60 mil empleos que se han perdido, tuvieron alguna explicación racional, seria o al menos humana de parte del presidente Tabaré Vázquez en su reciente eufórico balance?

Para la izquierda, los errores son mucho más dolorosos, porque sus consecuencias las pagan los más débiles, los que decimos defender y representar, el pueblo.

Luego de mucho pelear, discutir, proponer y opinar tengo la más absoluta convicción que la izquierda uruguaya necesita un profundo baño de humildad, de autocrítica, de análisis profundo y serio con la sociedad de su identidad y su trayectoria y que eso difícilmente se hará desde el poder. La izquierda uruguaya tiene una base social verdadera muy importante, que por este camino se transformará en una ruedita cada día más chica de la máquina del poder.

Estamos todavía a tiempo de construir un proceso natural y no el trauma de una tragedia parecida al socialismo del siglo XXI o al capitalismo a lo Bolsonaro o a lo Macri.

(*) Periodista, escritor, director de Uypress y Bitácora. Uruguay.

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17.MAR.19 | Posta Porteña 2001
La Mirada Larga de Guido Manini Ríos
Por Marcelo Marchese

Como los tres millones de habitantes de un país austral esperaban, el comandante en jefe del Ejército siguió toreando al Gobierno hasta lograr su objetivo: ser relevado y de esa manera convertirse en un ídolo opositor a este desastre

A Vázquez no le quedaba otra opción y en rigor, le servía, pues ante la mayor entrega de soberanía de todos los tiempos, ante uno de los gobiernos más funestos de la Historia nacional, y habiendo perdido en un 100% la mística del Frente Amplio, sólo le restaba agitar la bandera de la lucha contra la dictadura, lucha que si bien involucró al Frente Amplio, a él, en particular, no lo involucró en absoluto y ni por un sólo instante.

Antes de entrar a hacer riesgosos pronósticos de futuro, debemos decir que lo mejor que puede hacer el actual comandante en jefe del Ejército, el que acaba de ser relevado, y el que vendrá, es cerrar la boca con respecto a los juicios sobre las animaladas que perpetró nuestro asaz innecesario Ejército en los años en que hizo lo que se le dio la gana, incluyendo atrocidades tales como castrar gente y arrancarle las uñas a niños recién nacidos delante de sus madres. Cierren, por el amor de Dios, la boca, y si tienen un mínimo de pudor, ábranla para contarnos dónde sepultaron a todos los que asesinaron y cómo van a hacer para devolvernos todo el dinero que se afanaron como viles rateros, y mientras tanto, agradezcan que el pueblo uruguayo no tuvo en su hora, el coraje de mandar a la cárcel a los responsables de los crímenes más aberrantes de nuestra Historia, crímenes que la humanidad debe sancionar, pues esa sanción es crucial para definir sus límites, los límites que de ninguna manera puede traspasar un ser humano.

Ahora bien, en tanto la Justicia llegue algún día, y en tanto los viles y sádicos y rateros recuperen un mínimo de pudor, tenemos otros problemas acuciantes, problemas de hoy, violaciones a los Derechos Humanos y violaciones en todos los sentidos que suceden en el día de hoy, y para decir sin rodeos lo que nos preocupa, el problema actual es que corremos derecho al abismo, un abismo en el que, cuando caigamos, tendremos que vernos con los cocodrilos, los tiburones y los endriagos.

¿Qué pretende Manini Ríos?

La situación es la siguiente: con casi total seguridad, el Frente Amplio perderá las próximas elecciones. Así lo indica la última encuesta de CIFRA y sobre todo, la evolución del último año y la comparación con las encuestas de cinco años ha, y además, así lo indica que el viejo zorro de Mujica no se largara como candidato y que el otro viejo zorro, Sanguinetti, sí se largara como el gran articulador de la coalición que sacará, por fin, a los zurdos del poder.

Cuando ganen los blancos y gobiernen junto a los colorados, profundizarán el desastre, pues la política económica seguirá siendo la misma, es decir, salvo una bonanza internacional de los precios de nuestras materias primas, terminarán de arrojarnos al abismo donde nos aguardan los tiburones, los cocodrilos y los endriagos, y ese abismo, si justo el dólar se disparara, como es dable esperar, será bien profundo.

¿Qué sucederá después?

Sucederá lo que viene sucediendo a nivel mundial, el hartazgo de las poblaciones con el sistema político, es decir, el hartazgo de las poblaciones con el empuje globalizador el cual, el sistema político, lejos de enfrentar, auspicia, como le corresponde a todo capataz de empresa. Es tan alevosa esta invasión, esta invasión sin ejército, este robo de recursos y destrucción de los herramientas culturales de los países invadidos, con la consecuente pobreza que se agrava, y las perspectivas de futuro que se endurecen, y la educación que es un desastre, y la inseguridad que campea, y los ineptos que nos gobiernan que no hacen nada, salvo atender sus propios y dudosos beneficios, que por fin las poblaciones se hartan y votan a aquello que, al parecer, les traerá algo nuevo, y eso nuevo, como Trump o Macri o Bolsonaro en su momento, nos hará creer Manini Ríos que es él.

¿Manini Ríos será lo nuevo?

En cierto grado es injusto comparar a Trump con Bolsonaro y compañía, pues Trump tiene cómo atender a una política proteccionista, es decir, tiene clases sociales que lo impulsan, pero tal cosa no sucede en Brasil, o en todo caso, esas clases sociales no tienen el mismo poder que las del norte, pero la clave acá es otra, y es que Trump o Manini Ríos, actúan como resultado del desastre, son “lo nuevo” ante el desastre

Dejemos de lado a Trump y dejemos de lado la certeza de que culmine su mandato y atengámonos a lo nuevo que traerá Manini Ríos, si fuese el triunfador de las elecciones del 2024, a las que se presentará con grandes chances de triunfar.

Manini Ríos, mientras un Artigas de acero flotaba en el cielo de la patria a modo de telón de fondo cibernético, acusó a los gobernantes, y acaso a todo el sistema político, de ser peones bien pagos de los centros de poder mundial, cosa que, fuerza es reconocerlo, es una verdad enorme

Ahora bien, Manini Ríos no será el primero en la Historia humana que discurseé contra los cocodrilos, los tiburones y los endriagos, para luego ser quien invoque a los tiburones, los cocodrilos y los endriagos, y a modo de ejemplo, ahí tenemos al Frente Amplio, gran enemigo histórico del imperialismo y todos los diablos con sus endriagos, para luego, apenas llegado al poder, dar una voltereta de 180% y auspiciar cualquier inversión y plan extranjero a cargo de los tiburones, los cocodrilos y los endriagos.

¿Quién será el responsable del eventual triunfo de Manini Ríos en 2024?

Primero que nada el partido que nos gobernó durante quince años, que obtuvo el changüí de la bonanza de los precios de nuestras materias primas y que sólo ha logrado primarizar más aún nuestra economía, al tiempo que primarizaba todo lo demás, incluyendo en esta primarización de todo lo demás, su agenda de derechos impulsada por los centros de poder mundial.

Luego, el futuro gobierno blanco y colorado terminará de demostrar que por aquí no va la cosa y ahí, los tres partidos que sólo cumplen la función de ser las tres alas del Partido Único de las trasnacionales, terminarán de abonar el terreno de Manini Ríos que, no se necesita ser profeta para augurar el paisaje asentado en ese terreno, será particularmente tenebroso y será, con certeza, la vía de acceso más rápido de dichas trasnacionales para terminar de arar nuestra economía, nuestras construcciones culturales y en particular, nuestra República.

La síntesis de este proceso, si triunfa, es que allá afuera se cargará el arma para que acá adentro se le dispare a la República en la frente a quemarropa.

¿Podemos salvarnos de caer en el abismo donde seremos pasto de los cocodrilos, los tiburones y los endriagos?

Como el atento lector imaginará, los tres partidos de la derecha, el Frente Amplio, el Partido Colorado y el Partido Nacional, se opondrán con toda la fuerza de su retórica al ascenso inevitable de Manini Ríos y cada letra de esa retórica, los hundirá todavía más, mientras, de forma inversamente proporcional, elevará a Manini Ríos pues la gente, al escucharlos despotricar contra el militar, y al ver de parte de qué sujetos viene el despotrico, concluirá que el despotricado debe ser muy buena gente.

Así que ellos intentarán evitar que él ascienda y con esos intentos, sólo lograrán elevarlo, con lo cual es difícil considerar a esos partidos aliados en esta cuestión de evitar que los tiburones, los cocodrilos y los endriagos, naden en círculo alrededor nuestro antes de devorarnos.

Ahora bien, que las tres alas del Partido Único hagan macanas, no implica necesariamente que sus votantes y militantes compartan ni las macanas, ni las ideas, ni mucho menos los beneficios de quienes dirigen el Partido Único, y olvidar este detalle sería funesto. Esos votantes y militantes, que ya observan a sus partidos de reojo, recibirán la llegada del tsunami arrollador con gran preocupación, y este tsunami no se detendrá hasta establecer un nuevo sistema político, un sistema político donde los Estados nacionales ya no serán un freno al saqueo, y donde las Repúblicas ya no serán las herramientas que se den los pueblos para protegerse y gobernarse.

Así como el pichón rompe el cascarón y el brote quiebra la semilla, de igual manera el nuevo sistema político, al nacer, destruirá las viejas estructuras que en su momento le fueron de utilidad. Surgen estructuras, se desarrollan y luego de cumplida su misión, mueren y se arrojan al basurero de la Historia. Nuevas aguas corren tras las aguas. Sin embargo, nada, y mucho menos una cosa mala, puede ser mirada de manera unilateral y esto que sucederá, el derrumbe del Partido Único, puede obligarnos a abrir los ojos, precisamente porque de dicho derrumbe resultará el festín de los cocodrilos, los tiburones y los endriagos.

Existe una posibilidad de salvación cuyos gérmenes tenemos frente a nosotros: la conformación de un amplio movimiento ciudadano que apele a la defensa de nuestros recursos naturales, al desarrollo de nuestra economía, a la defensa de nuestras tradiciones y al renacimiento de nuestra República

No uno, sino varios movimientos, ante la ausencia de liderazgo del sistema político, se han levantado frente al desastre que imponen las trasnacionales ¿Podrán crecer, aliarse y ordenar sus fuerzas a tiempo para evitar la hecatombe? No lo sabemos, sólo sabemos que sólo un movimiento ciudadano que tome con vigor las riendas de la República, y que levante del barro palabras tales como política y democracia, para resituarlas en sus lugares de privilegio, puede evitar las fuerzas que conjuren este panorama sombrío.

Para los cuerdos, esta esperanza es un triste resultado de esa cosa ridícula de soñar despierto. Lo que no saben los cuerdos, es que el hombre que ha perdido la facultad de soñar despierto, ha caído para siempre en el abismo de la locura, y en esas negras aguas, medran sin dormir un sólo instante, los tiburones, los cocodrilos y los endriagos.