Autor: “Aram Aharonian”

Democracia simulada: Llega Biden, pero el trumpismo se queda

Recordamos claramente las exclamaciones de alegría de las izquierdas ante el triunfo de Biden, que no cambia nada, pero hace creer a los electores de esas izquierdas que entonces hay posibilidades de “ganar”


El harakiri centrista del Frente Amplio uruguayo, el modelo y referente del Frente Amplio chileno. Mientras los pueblos se insurreccionan, las burocracias partidarias se institucionalizan cada vez más

El proceso que viene sufriendo el Frente Amplio es de franco retroceso ideológico, en conquistas, organización popular y también en lo electoral. La burocracia frenteamplista, tirada hacia la centroderecha, fue horadando las bases de su propia existencia, desarticulando la participación popular. El tercer gobierno del Frente Amplio (FA), el segundo de Tabaré Vázquez, fue un tiempo de derechización.
Hubo un evidente corrimiento a la derecha del FA y su gobierno. Se ha esforzado en emigrar de la izquierda a la centroizquierda y de allí al centro. Viejos leones revolucionarios se convertían en mansos corderos veganos. Pero en ese tránsito ha perdido su esencia.
Sus argumentos sobre el giro al centro se caen ante la realidad: los grupos del FA con mayor votación y representación fueron el Movimiento de Participación Popular que lidera Pepe Mujica y el Partido Comunista.


Balance del encuentro “crítico” de Clacso y su directiva socialdemócrata.

Muchos dirigentes populares, ilusionados por el espacio institucional, emigraron de los movimientos –o fueron cooptados– para ocupar espacios en el parlamento y en el gobierno, lo que quitó experiencia acumulada a los movimientos y llevó a su práctica desaparición de las calles. En esa relación gobierno-Estado-movimientos populares, el error principal, quizá, fue de los movimientos. La realidad es que el Estado siguió siendo burgués y los gobiernos atados en sus programas sociales y de distribución (no de redistribución) de renta.
la dirigencia socialdemócrata de Clacso trató de evitar cualquier referencia –aún crítica- a Hugo Chávez y a la Revolución Bolivariana. Las “recomendaciones” de los intelectuales europeos y la estigmatización mediático-hegemónica hicieron su trabajo, convirtiendo a Venezuela (tal como lo quiere Washington y la OEA) en los parias de la región.
Ya los intelectuales de Clacso no se pasean con remeras (franelas, chombas) con la figura de Chávez. Ya alguien creará un logotipo para este nuevo pensamiento transgénico, tan parecido en sus formas al de la derecha.


Analistas izquierdistas y progresistas se azotan el rostro como autocrítica descubriendo verdades viejas ante la derrota cultural y electoral

Los movimientos sociales que llevaron a Lula y al PT al poder, habían sido desarmados: cooptados por el Estado en parte, sin mayor participación real en el tipo de democracia impuesta por el PT. Los antes poderosas centrales sindicales, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, el de los Sin Techo, entre muchos otros, habían abandonado las calles. No se trabajó en construir un movimiento, una fuerza progresista; no surgieron nuevos cuadros (políticos, administrativos, gerenciales). Todo quedó cobijado bajo la figura del caudillo.
Es necesario callarle la boca a las vacas sagradas de los analistas de izquierda, tales como el argentino Atilio Borón y el brasileño Emir Sader, defensores a ultransa de lo hecho y defensa intelectual de la izquierda derrotada, que podrá (o no) comprender que se ha acabado la izquierda y hace falta abrir el paso al protagonismo social y los autogobiernos sociales desde abajo (sin partidos, por favor)


Bolsonaro y la derrota cultural del progresismo

Un férreo defensor del progresismo reconoce la derrota cultural