Autor: “Yayo Herrero”

Presentes complejos, futuros vivibles

Yo nunca he entendido el decrecimiento como una propuesta ética y política. He discrepado bastante —no tanto al principio, cuando empecé a oír el término, sino después, con la reflexión y la práctica— de tratar de hacer una propuesta decrecentista que fuera ilusionante como tal propuesta política. Para mí el decrecimiento —que además es decrecimiento de la esfera material de la economía, no decrecimiento económico sin más— es simplemente un dato.


Con la crisis ecosocial la idea de una situación estable ya no es más que una ilusión

La pandemia supuso una verdadera explosión de solidaridad. Muchas organizaciones de barrio funcionaron como núcleo articulador de una red de soporte social autoorganizada que sirvió para resolver necesidades básicas de muchas personas. Tres personas han investigado estas redes y han sistematizado su experiencia. Este trabajo es muy importante, porque los discursos dominantes tienden a prestar poca atención a aquellas situaciones y acontecimientos en los que brota la política más humana y, sin embargo, se regodean en la pugna, la violencia e incluso en el desprecio a las iniciativas locales y próximas.


Estamos educando a los niños en contra de su propia supervivencia

Herrero ha expuesto cómo ve ella la educación del futuro. O, mejor dicho, cómo cree que debería ser ya en el presente. «Sería un espacio en el que el conjunto de la comunidad educativa tendría que preocuparse de las tareas del propio espacio».
Nosotros pensamos que el espacio pedagógico ya no es la escuela, sino el barrio, y todos se deberían preocupar en conjunto horizontalmente en forma autónoma y comunitaria de las tareas de administración, producción, alimentación, recreación, cuidados y salud del barrio.


Contra el capitalismo del desastre

Sería catastrofista pensar que no hay nada que hacer ante los datos, que los seres humanos somos un virus, que la historia está marcada por el determinismo energético o climático, que el devenir material y político sigue una trayectoria inexorable.


La vida puede reventar en primavera

Prólogo de ‘El otoño de la civilización’, de Juan Bordera y Antonio Turiel.
Soñar con la posibilidad de un crecimiento que proporcione bienestar generalizado a todos es una quimera. Son muchos los avisos que van permitiendo ver los signos del desbordamiento material. Antonio Turiel y Juan Bordera, autores de este libro, lo advierten persistentemente a través de la inmensa tarea de información rigurosa y sensibilización que realizan.


Cooperar y cuidar de lo común para sobrevivir (r)

Todos los seres humanos nacen del seno de una madre y llegan a ser iguales en dignidad y derechos gracias a una inmensa dedicación de atenciones, cuidados y trabajo cotidiano, de unas generaciones por otras, que debe ser compartida por hombres y mujeres como una tarea civilizadora fundamental para nuestra especie. Gracias a este trabajo, las personas podrán llegar a estar dotadas de razón y conciencia que les permita comportarse fraternalmente las unas con las otras, conscientes de habitar un planeta físicamente limitado, que comparten con el resto del mundo vivo, y que estarán obligados a conservar.


El gran reto es generar diferentes formas comunitarias en unas culturas absolutamente individuales

Esa transformación cultural que vamos haciendo es importante hacerla articulando iniciativas, proyectos y cosas a las que les demos la oportunidad de funcionar. Me estoy refiriendo a todo aquello que llamamos alternativas sociales que impulsamos, que ponemos en marcha y que construimos de forma autogestionada. Creo que el gran reto que tenemos por delante es generar diferentes dimensiones y formas comunitarias. Y eso hay que experimentarlo y hay que ponerlo en marcha en unas culturas absolutamente individuales. Y creo que el ponerte en marcha y experimentar el éxito colectivo da posibilidad y capacidad de organización.


Ausencias y Extravíos (IV); Ausencia de vínculos y extravío del saber

Con el abandono de los lazos, se extravía el conocimiento. El saber que nació en Europa se autoproclamó como conocimiento universal y el sujeto patriarcal se convirtió en el protagonista de la economía y la política.


Ausencias y extravíos

1. Ausencia de gravedad y extravío del equilibrio.-
Nuestra sociedad padece el síndrome de astronauta. Ha crecido en ausencia de gravedad. Y ahora, en esta fase de aterrizaje al que aboca la crisis ecosocial, se ve obligada a reducir el tamaño que adquirió en condiciones artificiales.
2. Ausencia de miedo y extravío del valor.-
De una forma metafórica, podríamos decir que el capitalismo heteropatriarcal y colonial se ha infiltrado en el sistema amigdalino social y lo ha puesto a trabajar en su favor. Contra eso, mucho miedo y más valor. No sola.


Muy buene entrevista a Yayo Herrero, la ecologista

Lo primero que te quiero preguntar es cómo le afecta a la tierra en sí misma que nos hayamos acostumbrado a tener productos frescos, productos de todo tipo en todo momento del año y una cantidad muy abundante.
Que en cualquier supermercado haya siempre todo bueno afecta de una forma muy grave porque la posibilidad de producir cualquier tipo de producto en cualquier temporada y en cualquier momento y en cantidades enormes, lo que supone es extraer o agotar muchos recursos de la tierra que son finitos.


Construir utopías en los tiempos del cólera

Prácticamente en todos los barrios y pueblos han surgido redes de personas autoorganizadas que han dado un paso adelante con la voluntad de hacerse cargo de otros y otras. Estas redes, que en estos días están saliendo al paso de la insuficiencia de la instituciones, muestran la importancia de la articulación social para superar circunstancias y crisis que, sin duda, se van a reproducir en el futuro.


No hay economía ni tecnología ni política ni sociedad sin naturaleza y sin cuidados

Si nos preguntamos qué es lo que sostiene la vida tenemos que reconocer que somos seres radicalmente dependientes de un planeta tierra que tiene límites físicos y somos dependientes, además, de esos bienes fondo de la tierra que no son fabricados ni controlados a voluntad por los seres humanos


Los cinco elementos (y V) Vida

No hay ningún organismo vivo en estado libre que no dependa de otros y de su entorno. Son muy pocos los que pueden vivir con el privilegio de ignorarlo, pero este sujeto termina erigiéndose como sujeto universal y tiene el poder de definir la economía, la política, o la cultura…
Son mayoritariamente mujeres –no por esencia, sino por imposición, otros territorios, otros pueblos y otras especies, el conjunto de la vida, en definitiva, quienes soportan las consecuencias ecológicas, sociales y cotidianas de esa supuesta independencia.


Los cinco elementos (IV) Fuego

Cuenta Galeano que “un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida. Y dijo que somos un mar de fueguitos. El mundo es eso – reveló–. Un montón de gente, un mar de fueguitos”.
Y es que la pasión política, el amor por la vida y por la gente, es también fuego.


Los cinco elementos (III) Tierra

La sostenibilidad pasa por aterrizar en la tierra y reconstruir lazos rotos con ella.
Vista desde fuera, la tierra es azul. Vista desde dentro, es nuestra casa y hay que defenderla de lo gris.


Los cinco elementos (II) Aire

Dice Galeano que en el aire tiende la araña sus hilos de baba.
El cóndor, el cernícalo, el vencejo y el colibrí se sostienen, cada uno a su modo, sobre el aire.
El paisaje, el molino, el barco y el aerogenerador son hijos del viento.
Para los seres vivos el aire es vida y relación.
El grito, el esfuerzo y el eco también son aire.


Los cinco elementos (I) Agua

Tengo una fuente por mi madre.
-Gabriela Mistral-


Los monstruos que habitan la normalidad

¿Podemos organizar la existencia para que la vida de la gente, el territorio o los animales tengan sentido en sí mismos y no solo por ser valiosos –monetariamente valiosos? ¿Cómo convertir en normal la explosión comunitaria que estamos viviendo? ¿Es posible pensar en una forma de alimentarnos, de acceder a la vivienda, de cuidarnos y de construir seguridad que sea igualitaria? ¿Es posible construir horizontes de deseo que sean compatibles con las condiciones materiales que los hacen posible para todas? ¿Es posible blindar suelos mínimos de necesidades para todas las personas?¿Se puede aprender a vivir bien con lo suficiente? ¿Es posible dejar de destruir y regenerar esa tierra que nos alimenta y nos sostiene? ¿Cómo construir una autodefensa colectiva que nos proteja de quienes desahucian toda forma de vida con tal de ganar dinero?


El estado ha tenido mayor visibilidad en esta coyuntura, pero no se toman en cuenta los hogares y las posibilidades de cambiar de raíz nuestro modo de vida

Se menciona lo que se ha hecho en el sector público, pero no tanto lo que se ha hecho en los hogares, porque no se les tiene en cuenta. Se da como hecho que se trata de un servicio familiar, día a día y de generación en generación, base de la vida. Esta crisis ha dejado más en evidencia todas las deficiencias que tiene ese modelo. Y ha dejado en evidencia, además, que cuando hay voluntad política se pueden tomar rápidamente decisiones para proteger a las personas. Y al mismo tiempo, que las personas también podemos cambiar de raíz nuestro modo de vida cuando vemos que hay que proteger la vida de los que nos rodean. La cuestión es ¿podremos hacer eso mismo sin tener una hecatombe a la puerta? Creo que esto nos ha enseñado que sí, que es posible.


En guerra con la vida

Se requieren cambios en los estilos de vida, en las dinámicas de consumo. La clave es aprender a vivir bien con menos materiales, energía, agua, bienes de la tierra y aprender a compartirlos.